Puentes colgantes. Hooker Valley Track. Nueva Zelanda.
VIAJES

Diario de un viaje a Nueva Zelanda

La antípoda española. Nuestro lugar opuesto en el globo terráqueo. La zona más lejana en La Tierra que cualquier español pueda visitar.  20.000 km de distancia tienen la culpa. Principal razón que atrae a cualquier español nada más nombrar a Nueva Zelanda. Una antípoda que, además, somos de los pocos países afortunados que coincide con tierra emergida.

Toda una ironía del destino que escribamos este diario sobre el lugar más retirado de España, cuando llevamos más de un mes de confinamiento sin poder salir de casa por causa del Covid-19…

Nueva Zelanda. Te Anau

Dicha razón tan solo fue el «cebo» para elegir este destino. Un país, que con la mitad de extensión que España, aglutina una variedad infinita de relieves geográficos. Volcanes, dunas, fiordos, glaciares, bosques tropicales, estepas…  Todo un paraíso para el amante de la naturaleza. Perfectamente organizada y estructurada para recorrerla con un espíritu nómada.

Una cultura indígena, la maorí, que convive coordialmente con los descendientes de colonos holandeses y británicos… dando un perfecto ejemplo de respeto, empatía, hospitalidad, simpatía… y puntualidad. Da gusto tratar con sus gentes; correctas y joviales a la vez.

Cultura Maorí. Nueva Zelanda.

Pero no seremos nosotros los que os hablemos de la interesante historia de Nueva Zelanda, para ello hay libros y webs especializadas con cantidad de información de calidad. Aquí simplemente queremos compartir nuestra experiencia vivida durante los 21 días que disfrutamos por aquellos preciosos y lejano lugares. Con el único objetivo de transmitir ideas que os puedan servir a vosotros para crear vuestro propio viaje.

¡Adelante!

Preparación

Como siempre, antes de viajar, le dedicamos muchas horas a la preparación y documentación. Pero esta ocasión resultaría especial; era nuestra Luna de Miel.

Entendíamos que íbamos a estar muy ocupados con otras organizaciones del evento. Es por eso que tanteamos la posibilidad de ceder esta parte de la boda a agencias de viaje para poder ahorrar tiempo en otros menesteres que dominamos mucho menos. Pero las propuestas de estas fueron «sota, caballo y rey», excesivamente turísticas y organizadas.

Pero a nosotros nos gusta sentirnos libres para elegir dónde, cuándo y por qué visitar cada uno de los lugares. Por tanto decidimos plantearlo como acostumbramos hacer; buscando información en decenas de blogs de viajes por internet. De esta manera configuraríamos nuestro propio viaje tomando la información necesaria de cada una de las webs visitadas.

El país abarca múltiples tipos de opciones; desde las localizaciones de El Señor de los Anillos, hasta su particular flora y fauna autóctona; pasando por su interesante cultura maorí o su impactante historia geológica.

Nosotros nos decantamos por la temática de sus paisajes naturales; pero sin dejar de lado algo de cada uno de los otros temas planteados. El objetivo era obtener una idea general del país. Pinceladas de todo, sin profundizar en ningún tema concreto. La concreción la dejaremos para una segunda visita…

Hooker Valley Track. Nueva Zelanda.
Hooker Valley Track. Nueva Zelanda.

Disponíamos de 13 días para ello. En nuestro proceso de documentación, todo nos indicaba que, para conocer el país, era necesario mínimo un mes. Y por tanto, para un viaje de dos semanas como era nuestro caso, nos centrásemos en una de las dos islas. Hicimos caso omiso. Intentamos recorrer ambas islas. Obviando la parte sur de la isla sur y la parte norte de la isla norte; confiados en nuestra intensidad de viajes a la que estamos acostumbrados… Pero tuvimos que claudicar en ruta… Más adelante os contaré.

Ahora con la experiencia en nuestras espaldas, mantenemos la recomendación del resto de los blogs visitados. Un mes para todo el país, dos semanas para una de las islas.

La norte, más cosmopolita. Una cuarta parte de la extensión donde viven tres cuartas partes de la población. Volcánica. Con distancias más cortas. Clima benévolo. Y su cultura maorí.

La sur, más rural. Tres cuartas partes del territorio donde viven una cuarta parte de la población. Naturaleza a raudales. Distancias más largas. Clima caprichoso. Y su ritmo lento.

Ropa-Clima

Y ya que mencionamos el clima. Os recordamos, por si no habíais caído en el detalle, que al ser las antípodas las estaciones son las opuestas a las que tenemos en España. Nosotros viajamos en marzo, lo que corresponde al septiembre español. Final del verano. Buscábamos estabilidad climática… Ingenuos. En un mismo día en Nueva Zelanda te pueden pasar las cuatro estaciones. Frío, calor, lluvia y viento en menos de 24 horas.

Esto debes tenerlo muy en cuenta a la hora de organizar tu maleta antes de partir. Y para que, una vez allí, cuando comiences cada jornada, no te fíes del tiempo que haga por la mañana, porque en una hora todo puede cambiar. Nosotros acabamos llevando todos los días una sudadera, con una manga corta debajo y un chubasquero atado a la cintura. No te digo más…

Planificando una de las jornadas. Nueva Zelanda.
Planificando una de las jornadas. Nueva Zelanda.

Este clima tan cambiante condiciona mucho la forma de viajar en Nueva Zelanda. La info que obteníamos de todos los blogs era que tuviésemos una mentalidad flexible a la hora de programar actividades. Algo que «chocaba» con nuestro planteamiento de viaje.

Éramos conscientes de ese «punto débil» de nuestra programación. Pero si queríamos conocer el máximo de lugares en el menor tiempo posible, no teníamos otra opción. Cada día en un lugar diferente, con una actividad distinta. Todo reservado desde casa con un mes de antelación. Arriesgamos. Y en varias ocasiones, perdimos. Es nuestra forma de viajar; que en esta ocasión no comulgaba mucho con el país. Pero al menos, estábamos avisados y mentalizados de ello.

Una vez de vuelta en casa, nuestro consejo es que vayáis reservando según el transcurso de vuestro viaje; con 3-4 días de antelación; así evitáis también, no quedaros sin plaza.

No obstante, todas las empresas de actividades de allí están adaptadas a estas circunstancias cambiantes y la mayoría te devuelven el dinero de la reserva si por condiciones climáticas no se puede realizar. Algunas ni te retienen el dinero hasta el mismo día de la actividad, incluso habiéndola reservado. En el peor de los casos, solo nos ocurrió en una de las actividades, nos dieron un bono canjeable para otra ocasión que nosotros decidiésemos (que evidentemente no pudimos disfrutar).

Teléfono

Como ya os hemos mencionado, viajamos por nuestra cuenta. Y para ello es imprescindible la planificación. Pero sobretodo el apoyo de internet en el móvil para gestiones, orientación y comunicación. De esta forma daremos sentido a la  planificación previa.

Vudú Café, Queenstown. Nueva Zelanda.
Vudú Café, Queenstown. Nueva Zelanda.

Disponer de datos móviles te da una gran libertad. En este viaje utilizamos la tarjeta SIM de HolaFly. Contratamos por 35€ 5Gb de datos, suficientes para dos semanas. La ventaja de esta SIM es que te la mandan a casa, donde la puedes dar de alta con unos pasos muy sencillos. Y en cuanto llegues al lugar de destino, solo tienes que cambiar tu SIM española por esta de HolaFly. Y ya tendrás tus datos móviles. Sin necesidad de perder tiempo en buscar en el aeropuerto de destino o tiendas locales una SIM. Completamente recomendable.

Dinero

En Nueva Zelanda su moneda es el dólar neocelandés. En marzo del 2020, el cambio estaba aproximadamente a 0,60 $ por 1 €. Puedes ver el cambio actual aquí. El cálculo mental era sencillo; un poco más de la mitad. A pesar de ello, no es un país precisamente barato.

Nosotros no llevamos nunca dinero en efectivo. Para viajar usamos las tarjetas monedero BNext, Reevolut; y en esta ocasión nos estrenamos también con la tarjeta N26.

Champagne Pool. Nueva Zelanda.
Champagne Pool. Nueva Zelanda.

Son tarjetas con ventajas en divisas y en las comisiones de pagos y cajeros automáticos. Nosotros recargamos dichas tarjetas con dinero desde nuestras cuentas corrientes antes de viajar, y en el momento de llegar, en cualquier cajero del aeropuerto puedes sacar dinero en efectivo con la divisa del país.

En Nueva Zelanda, el 90% de los pagos de nuestro viaje lo hicimos con tarjeta. Solo sacamos dinero en efectivo para pequeños pagos.

Visados

España tiene convenio con Nueva Zelanda para un visado turístico de 3 meses. No obstante, desde octubre de 2019, todos los turistas que visiten Nueva Zelanda deben registrarse con el Visado Electrónico.  Debes registrarte y pagar la tasa. Te lo van a exigir en las compañías aéreas para entrar en el país.

Otra cosa a tener en cuenta es que te pedirán también el billete de avión de salida del país, para comprobar que no excederás los tres meses de visado turista.

Documento de registro. Nueva Zelanda.
Documento de registro. Nueva Zelanda.

Y para terminar este apartado, en el avión de entrada al país te darán una tarjeta donde debes registrar todo lo que lleves en la maleta. Y cuando digo todo, es todo. Ya os hemos comentado lo correctos que son allí. No sirve sacar la típica picaresca española con el «Ay no me acordaba que llevaba esto, perdone». Cualquier tipo de comida (incluso una bolsa de snacks). Entre otras cosas llamativas, se interesan por la limpieza de las deportivas. Te preguntan si has hecho senderismo con esas zapatillas en otros lugares.

Todo esto es comprensible con el fin de mantener el equilibrio de su particular ecosistema, entre otras cosas.

Enchufe

El enchufe a la red eléctrica es de los más raros que he visto. Parecido al británico, con su toma de tierra, pero con dos clavijas planas y oblicuas. Nosotros compramos un adaptador con salidas para usb y nos vino genial. Pero también es cierto que en la furgo había muchas tomas de usb repartidas.

No obstante, si te alojas en hostales, apartamentos u hoteles. Es imprescincible que tengas el adaptador.

Seguros

¿Es necesarios viajar con seguro de viaje a Nueva Zelanda? No es obligatorio viajar con seguro de viajes a Nueva Zelanda, pero yo no viajaría sin tener uno contratado, teniendo en cuenta lo cara que es la sanidad en el país.

Si tu también quieres viajar a Nueva Zelanda asegurado con Mondo, pulsa sobre la imagen para conseguir nuestro 5% de descuento.

Furgoneta

La decisión de recorrer Nueva Zelanda en furgo se basa en dos razones principales:

  • Particularmente nos gusta este tipo de turismo. Con todos sus «pros y contras» que no vamos a entrar a valorar en este momento (se necesitaría una entrada para hablar de sus partes positivas y negativas).
  • Nueva Zelanda está en la vanguardia mundial para conocer el país en furgo o autocaravana. Con miles de lugares donde dormir (gratis, públicos y privados).

No obstante, si no habéis viajado nunca en furgo, no os recomendamos que os estrenéis en este viaje. Este tipo de turismo te da mucha flexibilidad. Pero requiere de ciertos «cuidados» como el vaciado de aguas grises y negras, el llenado de aguas o el control de bombona de gas…

Nosotros para equilibrar estos «cuidados de la furgo» con la libertad que se busca en este tipo de viajes, alternamos las pernoctaciones en lugares públicos con campings privados.

Si definitivamente decides viajar por Nueva Zelanda con furgo o autocaravana, descárgate desde ya la App CamperMate en tu móvil. Será como tu madre que te indique donde dormir, comer, repostar, lugares de interés… y todo lo que te puedas imaginar. Súper completa e imprescindible esta aplicación. Tanto, que si no quieres programar nada desde casa, con ella tienes toda la info que necesites.

Hay cientos de empresas de alquiler de furgos. Unas más conocidas que otras. Muchas internacionales, otras nacionales y bastantes locales. Y no son precisamente baratas.

En algunas te puedes ahorrar algunos días de alquiler si utilizas la opción de «recolocación». Esto es porque normalmente la gente alquila en Auckland (en la isla norte) y las deja en Christchurch (en la isla sur). Por lo que a veces hay ofertas para coger la furgo en lugares de la isla sur, y devolverlas en la norte. Pero esto es factible si vas sin programar el viaje, ya que las ofertas salen aleatoriamente.

Tras estudiar las múltiples opciones, que no fueron pocas, nos decantamos por la empresa TuiCampers. Una Ford Transit de 2018 de gasoil automática. Con baño y ducha.

Ford Transit, de TuiCampers. Nueva Zelanda.
Ford Transit, de TuiCampers. Nueva Zelanda.

Os recomendamos que no escatiméis en vuestro presupuesto en la furgo. Una furgo nueva será más cara, pero más fiable (un problema mecánico puede hacerte perder un par de días de vuestro viaje). El hecho que sea automática te ayuda a la hora de maniobrar con una caja de cambios a tu izquierda. Que debido a la sinuosas carreteras, deberías utilizar en muchas ocasiones. Y el tema del gasoil, depende de los km que estimes que vas a realizar. Si son muchos, compensa; si son pocos, mejor gasolina. Nosotros estimamos unos 3.000 km (más o menos lo cumplimos).  Gasta menos, tiene un precio similar a la gasolina… pero debes tener en cuenta que el gasoil en NZ tiene un impuesto especial. Echa tus cálculos y decide.

Otra cosa a tener en cuenta es que la furgo debe estar catalogada como «SelfContainer» para poder pernoctar en muchos de los lugares. Esto es, que sea autosuficiente.

Un último consejo. En la medida de lo posible, no planificar un trayecto muy largo el primer día. El cansancio y la adaptación a la conducción por la izquierda, pueden ser una combinación incómoda.

Vuelos

Es recomendable que reserves el vuelo con la mayor antelación posible. Será más económico. Nosotros lo hicimos 5 meses antes con una sola escala en Sanghai (que posteriormente debimos cancelar debido a las restricciones de entrada a Nueva Zelanda a causa del Coronavirus de todo avión procedente o con escala en China). Viajamos finalmente con escalas en Doha y Sydney. Horas de viaje totales con escalas,  28+7  horas. Salimos de Madrid el día 1 de marzo a las 22:00 horas y llegamos a Ackland el 3 de marzo a las 16:00. Y a eso le añadimos, un vuelo nacional a Christchurch, para llegar a nuestro lugar de pernoctación el mismo día 3 a las 23:00. Ten en cuenta que la diferencia horaria es de +12 horas.

Vuelos. Nueva Zelanda.
Vuelos. Nueva Zelanda.

Tras las dos semanas por NZ,  tomaríamos un vuelo desde Auckland a Rarotonga (Islas Cook) para volver a casa por la misma vía (Sydney-Doha). Pero esto ya fue otra historia en medio de la pandemia del coronavirus para contar en otro momento.

Otras informaciones

Antes de empezar, unas últimas notificaciones:

  • A parte de nuestra planificación previa, siempre nos gusta complementarla con una guía especializada. En esta ocasión la guía Lonely Planet fue nuestra compañera de viaje.
  • Anotación importante para fumadores. NZ es un país muy respetuoso con las personas no fumadoras. Si estás en una terraza podrás fumar, siempre y cuando no molestes a otros clientes. No obstante siempre pregunta para asegurarte si se puede, porque existen lugares exteriores «libres de humo».
  • Es un país muy respetuoso también con el Medio Ambiente. Un dato curioso es que todas las empresas te pedirán por favor que no imprimas documentos de reserva si los puedes llevar en tu teléfono o apuntados en una libreta. Y con los tickets de compra, igual, te preguntarán si lo quieres, para evitar el gasto/uso de papel.
  • En la mayoría de las localidades siempre hay un i-Site, lugares oficiales con información y mapas sobre las zonas que visitar en sus alrededores.
  • Respecto a las comidas y bebidas típicas… creo que en eso les ganamos nosotros. La gastronomía no es su fuerte, pero siempre puedes pedir algún cordero cocinado de cualquier manera. Nueva Zelanda el el país con más ovejas por habitante del mundo. De herencia colonial tiene las fish&chips, no es un manjar… pero en algunos sitios merecen la pena. Desde el punto de vista maorí, debéis probar el Hangi Maorí, una mezcla de verduras y pescado cocinado con una patata dulce llamada kumara. Como dulce es típico el Pacvlova tarta crujiente por fuera y cremosa por dentro. Y de súpermercado las TimTam, unas galletas de chocolate que dependiendo de la marca, están riquísimas. Respecto a la bebida, allí son unos frikis de la cerveza artesana; así que existen miles de opciones. Pero la más comercial es la Steinlager. Y cualquiera de sus vinos también merecen la pena, en eso sí coinciden con España (algo tendrá que ver compartir latitud). Y como refresco, existe el Lemod & Peroa, una especie de limonada con gas que no está nada mal.
  • Ojito con las carreteras, solo en los alrededores de Auckland y Wellington existen autovías. El resto son carreteras de doble sentido. Y muy sinuosas, nada de viaductos y túneles… Adaptados a las vicisitudes de un terreno vivo, que muchas veces las hacen desaparecer. Así que disfruta de la conducción y tómatelo como parte del turismo por el país. Muchos carteles llaman al sentido común y otros son una exaltación a la sinceridad; «Las carreteras de NZ son diferente. Tómate tu tiempo» rezaban algunos de los que nos encontramos por las carreteras. Te recomiendo que tengas siempre a mano la web de carreteras para informaciones que cambian de un día para otro. Muchas obras. Y puentes… el 90% de un solo carril de un único sentido. Son como nuestros «badenes».
  • Usa mucha protección solar, incluso estando nublado. El agujero de la capa de ozono está sobre NZ. Gorras y gafas de sol siempre contigo.
  • Especial atención debéis tener con las sandfly. Unas diminutas mosquitas que pican de lo lindo. Su método es como los mosquitos; son silenciosas y ligeras. Solo te das cuenta de ellas cuando ya te han picado. Llévate repelente, sobre todo cuando estés por la costa oeste. Pero tranquilo, no transmiten ninguna enfermedad. Pero es muy molesto su picor.
  • Web de carreteras: https://www.journeys.nzta.govt.nz/traffic/
  • Departamento de conservación (mucha info sobre rutas a pie): https://www.doc.govt.nz/
  • También es aconsejable descargar alguna web de Tabalas de Mareas si vamos a visitar alguna de sus maravillosas playas. Muchas perderán o ganarán encanto dependiendo de la marea.
  • Web/App Campervan. Imprescindible si viajas en furgo. Muy interesante para cualquier turista.
  • Algunas de las carreteras escénicas por las que transitamos fueron: Milford Road (Te Anau-Milford Sound) – Crown Range (Queenstown-Wanaka) – Lindis Pass (Comwell-Omarama) – West Coast (Makarora-Westport) – Lewis Pass (Reefton-Hanmer Springs). Y muchas más…

Nueva Zelanda

Con todas estas anotaciones previas. Ya tenemos unas nociones básicas de como afrontar nuestro viaje. Ahora nos disponemos a contar, a modo de diario, todos los lugares que visitamos en nuestra estancia en las antípodas. Como ya te hemos dicho antes, os cedemos toda nuesta info con el objetivo de que tú crees tu propio viaje. Esperemos que te sirva de ayuda. O quien sabe… ¡hagas el mismo planeamiento que nosotros!

¿Preparado?

Christchurch y Lago Tekapo

Miércoles 4 de marzo.

Llegamos sobre las 22:oo horas del martes 3 muy cansados del largo viaje. Afri había reservado la habitación principal del M&Y Guest House. Limpia, acogedora y con baño privado. Un recibimiento muy amable. Puedes concertar con ellos tu recogida en el aeropuerto (se tardan 10 min en coche por solo 10$). El desayuno va incluido en el precio. Es libre y variado.

M&Y Guest House, Christchurch. Nueva Zelanda.
M&Y Guest House, Christchurch. Nueva Zelanda.

Tras el acertado descanso en esta tranquila casa, decidimos estirar las piernas por la Roydvale Av. Unos veinte minutos de paseo que nos llevó hasta la central de TuiCampers de Christchurch. En el camino, cantidad de moteles que viven de la cercanía del aeropuerto y la peculiar escena de la entra al colegio de los chicos neozelandeses donde ellos mismos son los encargados de cortar el tráfico para dar paso a sus compañeros en esta transitada avenida. Una primera y modesta toma de contacto directo con el país.

Colegio en Chistchurch. Nueva Zelanda.
Colegio en Chistchurch. Nueva Zelanda.

Tras la firma del contrato, que previamente había gestionado Afri desde España, pasaron a explicarnos el uso de la furgoneta. GPS y pack de 3 Gb como extra. Me requirieron el carnet de conducir español e internacional y una tarjeta de crédito. Nos dieron varias recomendaciones y nos aconsejaron descargarnos la app CamperMate, que ya traíamos estudiada desde casa.

Tocaba ponerse al volante y, con mucha precaución, desandar los pasos hasta la Guest House para recoger las maletas y poner rumbo al supermercado para llenar la casa rodante de víveres.

PacknSave o Countdown son dos supermercados económicos. Nosotros pusimos en dirección al Centro Comercial de Riccarton Rd donde realizamos la compra básica en el PacknSave. Un pequeño homenaje a modo de Sushi mientras paseamos en busca de un mechero (sí mechero para fumar) por alguna de las múltiples tiendas de este enorme centro comercial. (Creo que ya os hemos informado de las dificultades para los fumadores, ¿no?)

Compra en Pack´n Save. Nueva Zelanda.
Compra en Pack´n Save. Nueva Zelanda.

Una vez llena de víveres la furgo. Nos dirigimos con al parking del Jardín Botánico de Christchurch (3horas gratis).

Comenzaba oficialmente nuestro viaje con un paseo por el Jardín Botánico que nos daba una bonita y relajada bienvenida. El río Avon nos guiaba con su cauce por bellos jardines mostrándonos rincones que nos hacían pensar que estamos en medio del bosque tropical neocelandés.

Río Avon en el Jardín Botánico, Christchurch. Nueva Zelanda.
Río Avon en el Jardín Botánico, Christchurch. Nueva Zelanda.

Antes de salir hacia la ciudad por la puerta del Canterbury Museum (interesante entrar por su momia, sus huesos de dinosaurio o su jade verde), decidimos tomar un relajado café en la terraza del Curators Café. Fue ahí donde nos dimos cuenta de la mala relación de los neozelandeses con el tabaco. Podíamos fumar en la terraza siempre y cuando no hubiera más clientes a los que les pudiese molestar.

Retomando el paseo, tomamos Worcester Bulevard, calle principal que vertebra la ciudad. En ella pudimos encontrar el Art Centre, un edificio neogótico reconstruido de los terremotos con tiendas, cafés, galerías de arte y a veces conciertos.

En la misma avenida nos encontramos la Galería de Arte en un moderno edificio que ofrece la exposición de objetos locales desde lo más tradicional hasta lo más contemporáneo.

Galería de Arte, Christchurch. Nueva Zelanda.
Galería de Arte, Christchurch. Nueva Zelanda.

Tras cruzar el río Avon de nuevo, observamos la realidad de esta ciudad en continua reconstrucción por los terremotos sufridos habitualmente. Ciudad que convive con estructuras metálicas que apuntalan edificios, obras de nueva construcción creadas en tiempo récord y solares limpios anteriormente ocupados por edificios.

Girando a la derecha por Oxford Terrace, encontramos cantidad de bares y restaurantes que nos invitaban a descansar frente al río. Pero nosotros seguimos en busca de Cashel St, para cruzarnos con infinidad de tiendas. Salimos casi del centro urbano para llegar hasta la Catedral Provisional o Catedral de Cartón. Que como su propio nombre indica se levantó (en tan solo 11 meses) para sustituir  a la Catedral Original fuertemente dañada por los terremotos de 2010 y 2011.

Catedral de Cartón, Christchurch. Nueva Zelanda
Catedral de Cartón, Christchurch. Nueva Zelanda

De vuelta al centro por Hereford St llegamos hasta la Plaza de la Catedral. Allí nos llamó la atención el estado en el que se haya el edificio principal de la «Iglesia Cristiana» que durante años se ha estado debatiendo entre la reconstrucción o su demolición.

Catedral de Christchurch. Nueva Zelanda.
Catedral de Christchurch. Nueva Zelanda.

El hambre comenzaba a hacer acto de presencia y decidimos ir en busca de New Regent St. Pero previamente cruzamos por los bajos del «edificio tranvía». Curioso ver como los raíles del tranvía se introducen en el interior de un edificio que parece salir por su patio trasero. Patio que desemboca en la calle que estábamos buscando.

La pintoresca New Regent St combina terrazas de cafés-restaurantes con tiendas de compra y el paso del tranvía. Lugar ideal para reponer energías en cualquiera de sus terrazas.

New Regent St, Christchurch. Nueva Zelanda.

Tras un gran primer encuentro con la gastronomía neozelandesa a modo de hamburguesa y cerveza artesana, nos dispusimos a volver por Armagh St hacia el punto de partida para dar por concluida esta completa visita.

De camino nos encontramos con el Quake City Museum donde, si te interesa, puedes informarte sobre todos los terremotos acaecidos en la región de Canterbury.

Tras un poco más de tres horas y unos 4km de recorrido por esta peculiar ciudad, recogimos la furgo para bordear el Hagley Park y disfrutar de la calidad de vida de estas gentes enamoradas del rugby.

Tocaba ponerse en ruta en busca del segundo y definitivo objetivo de hoy. Algo más de dos horas y media de camino hasta llegar al Lago Tekapo.

La carretera N-1 es sencilla para conducir y acostumbrarte a la furgo. Mucha recta que sirve para conocer la actitud respetuosa de los neocelandeses con las normas de tráfico y los turistas principiantes como era nuestro caso.

Carretera escénica N-79. Nueva Zelanda.
Carretera escénica N-79. Nueva Zelanda.

Dunsandel, Rakaia, Ashburton son ciudades que vamos dejando a nuestro paso. Pero antes de llegar a Timaru, tomamos un desvío hacia la carretera 79 que nos separa de la monótona llanura para introducirnos poco a poco en la realidad.

Geraldine (famosa por sus jardines ingleses) y Fairlie (denominada «la puerta de la región de Mackenzie») son dos poblaciones por las que cruzaremos en esta sinuosa ruta.

Tendremos muchas opciones de parada en la ruta. Entre ellas el Farm Barn Café y sus vistas de presentación a las tierras de Makenzie. Al paso por la localidad de Kimbell podremos observar alguna granja de llamas. El Paso Burke y su vintage-café Route 66. El histórico Dog Kennel Corner. O ya casi llegando al lago Tekapo, decenas de apartaderos para disfrutar de los bellos campos de Lupin en primavera.

Una vez en el Lago Tekapo, paramos para disfrutar de su inmensidad. Sus aguas turquesas y las cumbres de fondo invitan a quedarse en el lugar. Su preciosa y coqueta Iglesia del Buen Pastor, a orillas del lago, casi te obliga a ello. Los rayos de sol caen horizontales a última hora de la tarde. Un paseo por su puente de acceso para buscar diferentes perspectivas a la vez que estiramos las piernas es suficiente.

Iglesia del Buen Pastor, Lago Tekapo. Nueva Zelanda.
Iglesia del Buen Pastor, Lago Tekapo. Nueva Zelanda.

Retomamos el viaje en busca del Observatorio de Sant John para disfrutar de este Espacio Nocturno Protegido. Lugar donde dicen, la Vía Láctea parece caer sobre nuestros hombros. El acceso está cerrado a partir de las 18:00 y decidimos continuar hasta el siguiente lago para pernoctar.

En solo media hora estamos en el Lago Pukaki. En el camino hemos parado para hacer una foto en Braemer Rd. Una carretera de grava con un horizonte que parece de otro mundo. Al pasar por el Tekapo Military Camp cae la noche sobre nosotros con una bella estampa en el horizonte donde el sol agoniza entre las nubes.

Llegamos al Lake Pukaki Reserve, primer lugar de acampada gratuita. Es recomendable aparcar en la parte alta para obtener unas bellas vistas del lago a los pies y las montañas al fondo. De ello nos dimos cuenta a la mañana siguiente.

Noche estrellada, lago Pukaki. Nueva Zelanda.
Noche estrellada, lago Pukaki. Nueva Zelanda.

La noche fue fría y estrellada. La Reserva Nocturna no defraudó. Millones de diminutas luces en la oscuridad hipnotizaban hasta tal punto de no sentir la fría noche sobre nuestros cuerpos. Tanta luz desprendían que se adivinaba la silueta de las montañas en el horizonte. Pero era hora de preparar la cena, y descansar. De disfrutar la furgo en su primera noche.

Mañana habría más y mejor.

Aoraki National Park: Hooker Valley y Glaciar Tasman.

Jueves 5 de marzo.

La mañana amanecía despejada. Las vistas del lago Pukaki eran espectaculares desde esta zona alta del parking. Algunas nubes al fondo tapan las montañas. Un buen desayuno y rumbo al Centro de Visitantes del Mt Cook National Park.

Amanece en el lago Pukaki. Nueva Zelanda.
Amanece en el lago Pukaki. Nueva Zelanda.

Tan solo son 45 minutos son los que nos separan del destino principal de hoy. Abandonamos la N-8 por la carretera N-80. Todo un espectáculo visual con el lago Pukaki a la derecha y las recortadas montañas al fondo. Muchos miradores para detener la marcha del coche y disfrutar de las vistas. Pero la más famosa es la parada en St Peters Lookout.

Es pronto y las nubes tapan la siluetas de la montaña. Una breve parada es suficiente para continuar y llegar al destino mientras vamos disfrutando de la salvaje naturaleza neocelandesa.

Un primer desvío a la derecha nos invita a visitar el glaciar Tasman, que veremos a la vuelta y un segundo desvío nos dirige a la zona de acampada y parking donde se inicia la ruta más famosa de este lugar. Se recomienda llegar pronto para aparcar en los lugares adecentados.

Poco antes de las 10:00 nos ponemos a patear. La ruta es sencilla para cualquier persona que esté acostumbrada a hacer ejercicio. Son 10km en total entre la ida y la vuelta sin un desnivel pronunciado que nos llevará poco más de 3 horas. Aunque tiene pista adecentada es aconsejable usar botas de montaña o al menos deportivas cómodas.

Hooker Valley Track. Nueva Zelanda.
Hooker Valley Track. Nueva Zelanda.

Tiene tres pasos por puentes colgantes que le da un punto de aventura. Cada puente puede entenderse como un punto y seguido de la ruta. Hasta el primero vamos rodeados de árboles que nos recuerdan a las encinas mediterráneas. Entre el primero y el segundo el tramo el valle comienza a abrirse disfrutando de las vistas de un imponente lago glaciar. Entre el segundo y el tercero una estepa abre definitivamente la vista a un valle amplio acompañado del río Hooker a nuestra derecha. Y a partir del tercer puente, el camino serpentea para encontrar el lago Hooker con la lengua glaciar y el impresionante monte Cook ante nuestros ojos.

Hooker Valley Track. Nueva Zelanda.
Hooker Valley Track. Nueva Zelanda.

Nosotros iniciamos la ruta con nubes a media ladera que permitían las vistas de las zonas bajas del valle y los imponentes ríos glaciares, pero nos negaban las vistas de las cumbres. Un encapotado perfecto que impedía el acceso de los rayos de sol.

Pero estábamos en Nueva Zelanda y poco antes de llegar al tercer puente, el sol comenzó a ganar la batalla a las nubes. En cuestión de menos de media hora no quedaba ni un solo cúmulo gris. El sol radiaba con fuerza en un límpido cielo azul. Increíble. Todo ello justo cuando llegamos al lugar clave.

Lago Hooker y Mt Cook. Nueva Zelanda.
Lago Hooker y Mt Cook. Nueva Zelanda.

Allí tomamos un pequeño picnic mientras disfrutábamos de las bellas vistas de la naturaleza. El lago, la lengua glaciar, los minicebergs en el lago y las paredes verticales que levantaban los 3724m del Mt Cook sobre el nivel del mar.

Tocaba volver sobre nuestros pasos, ahora con un sol radiante y con las vistas del monte a nuestras espaldas. Giraba la cabeza una y otra vez… Impresionante, parecía como si el camino no fuera el mismo que habíamos tomado a la ida.

El sol, las vistas de las crestas de las montañas… y el aluvión de turistas que llegaban a estas horas.

Puentes colgantes. Hooker Valley Track. Nueva Zelanda.
Puentes colgantes. Hooker Valley Track. Nueva Zelanda.

Sobre la 13:00 terminamos la caminata. El parking completo de coches, pero vacío de turistas. Momento perfecto para tomar unas cervezas Stainlager bien fresquitas de la nevera de la furgo junto a unos snacks.

Desde este mismo punto también se puede visitar el Kea Point track, de algo más de hora y media de duración desde el cual se obtienen unas maravillosas vistas del valle por el que hemos transitado. Nosotros lo obviamos.

PN Mount Cook. Nueva Zelanda.
PN Mount Cook. Nueva Zelanda.

El segundo objetivo de hoy distaba en coche tan solo 15min. Hacia allí nos dirigimos, escapando de la multitud. El parking a los pies de una imponente morrena nos ofrece tres cortas opciones. Lagos Azules, Cresta de la Morrena y vista del río Tasman.

Lagos Azules. Nueva Zelanda.
Lagos Azules. Nueva Zelanda.

Elegimos la Cresta de la Morrena (Glaciar Tasman View Track) porque en su ascenso también veremos los Lagos Azules desde la altura, además de hacer top en la morrena y poder ver el lago Tasman y la lengua del glaciar Tasman (el más largo de Nueva Zelanda con 27km). Ojo porque, a pesar de ser un recorrido muy corto que no llega al kilómetro de ascenso, su pendiente es pronunciada. Pero merecerá la pena. En menos de una hora lo tienes hecho.

Glaciar Tasman. Nueva Zelanda.
Glaciar Tasman. Nueva Zelanda.

Si eres un poco cabezón, a la bajada puedes hacer el ramal que se dirige al río Tasman. Tras un tramo que te recordará mucho al bosque mediterráneo, saldrás al caos de piedras de la morrena. Una vez en la orilla del río, si tienes suerte, podrás ver los iceberg desprendidos de la lengua glaciar. Es una ruta de poco más de un kilómetro si apenas desnivel. Nosotros lo hicimos, pero no mereció mucho la pena.

Morrena Glaciar Tasman. Nueva Zelanda
Morrena Glaciar Tasman. Nueva Zelanda

Una hora exacta nos tomó esta visita a la cresta de la morrena y el río. Eran las 14:30 y tocaba volver sobre nuestros pasos con la furgo. La idea, comer en el mirador de St Peters que ahora estaba despejado y disfrutar de sus vistas junto al lago Pukaki.

El día estaba echado, tocaba aproximarnos hacia Queenstown que distaba unas 3 horas en coche por la N-8.

Mirador St Peters. Nueva Zelanda.
Mirador St Peters. Nueva Zelanda.

En el camino tienes varias opciones de parada. Un café en el pueblo de Twizel o en el High Country Salmon.

Toda la carretera te recordará a la meseta española. Una estepa amarilla y seca, con algunos pivots de regadío (estábamos a finales de verano) entre Twizel y Oamarama.

Es aquí donde paramos en el bar «Boots and Jandals» buscando un café que se convirtió en cerveza. Una terraza con césped mientras un grupo de jóvenes del pueblo celebraban una despedida. Estábamos completamente integrados.

Boots and Jandals, Oamarama. Nueva Zelanda.
Boots and Jandals, Oamarama. Nueva Zelanda.

Pero debíamos continuar. Al poco de empezar, un desvío nos invitaba a visitar las Clay Cliffs que obviamos. Poco a poco nos fuimos introduciendo el Valle de Lindis. El llano comenzaba a arrugarse y la carretera a juguetear con nosotros. Todo amarillo, poco verde. Y nada de radio… Un tramo algo aburrido si no fuese por el serpenteo de la carretera para ganar el Lindis Pass.

Lago Dunstan. Nueva Zelanda
Lago Dunstan. Nueva Zelanda

El cansancio se apoderaba de nosotros y decidimos parar antes de llegar a Queenstown. Un buen uso de Afri con la app Campermate nos llevó hasta el área de Bendigo a orillas del lago Dunstan.

Segunda noche, y segunda pernoctación gratuita. Pero antes de que se fuese el sol. Tuvimos tiempo de montar la mesa, abrir un par de cervezas y brindar por la paz y tranquilidad del lugar. Unos patos nos saludaban a la vez que disfrutábamos de este plácido momento.

Afri preparaba la cena a la vez que el sol se escondía tras las montañas y un jetboat practicaba piruetas sobre las calmadas aguas.

Área de descanso Bendigo. Nueva Zelanda.
Área de descanso Bendigo. Nueva Zelanda.

Era el momento de descansar. Pero no queríamos «desaprovechar el tiempo». Mirábamos por las ventanas de la furgo la preciosidad del lugar. El lago, las montañas y las estrellas, que de nuevo volvían a iluminar la noche, como si de una luna llena se tratase.

A media noche, tuve que salir de la furgo para disfrutar de nuevo de una Vía Láctea que parecía se pudiese tocar con las manos. Algo inexplicable. Algo precioso. Algo sencillo. Algo perfecto.

Queenstown y Te Anau

Viernes 6 de marzo.

El lago Dunstan, aún sombrío, nos daba los buenos días para continuar nuestro camino en busca del objetivo que no conseguimos ayer. Queenstown.

De camino a la «ciudad de los deportes de aventura» pasamos por Cromwell, característico por una serie de frutas gigantes junto a la carretera que representa la amplia industria de la fruta en la región.

Tomado la N-6 que nos introducía en el Kawarau George. Un tajo producido por el río Kawarau. Aquí la carretera transita paralelo al cauce y podremos hacer una breve parada en una de sus curvas para observar el codo que produce las Roaring Meg Falls.

Kawarau George. Nueva Zelanda.
Kawarau George. Nueva Zelanda.

Al salir de este cañón, estábamos en el valle de Gibbstone. Famoso por sus viñedos y numerables bodegas que por allí se ubican.

El mismo río que riega estas tierras y que se nos presentaba abrupto desde que tomamos la N-6, es el que sirve para el paso del Bungy Bridge. Famoso puente donde dicen se creó el «puenting». Una breve parada por simple curiosidad. Pero era demasiado pronto y aún no había ningún loco practicando este «deporte». Nos daba así la tarjeta de presentación de esta ciudad de la aventura.

Arrowtown, ciudad con historia de la fiebre del oro quedaba a nuestra derecha, pero no era nuestro objetivo.

Llegamos a Queenstown con idea de aparcar la furgo en cualquier calle. Difícil. Allí nos familiarizamos por primera vez con las señales verticales y horizontales de aparcamiento. Líneas discontinuas impedían el aparcamiento (gracias a la empatía de un conductor local que nos lo explicó rápidamente) y los carteles con numeritos indicaban el tiempo máximo de estacionamiento (sin ninguna regulación aparente más que la honradez de los ciudadanos)

Desayuno en Vudu Café, Queenstown. Nueva Zelanda.
Desayuno en Vudu Café, Queenstown. Nueva Zelanda.

Con este percal encontramos en el Lakeview Holidaypark una zona de estacionamiento de pago no muy caro por cuatro horas. (Sería gratuito si contratas alguna actividad con ellos en la recepción del camping)

Era media mañana y urgía ya desayunar. El Vudú Café es un bar-cafetería con dos accesos. El principal tiene una amplia terraza con vistas al lago Wakapitu; pero sombrío a la mañana. Y dos mesitas pequeñas en la parte trasera de acceso a Rees St; con un sol impresionante. Ahí nos dimos nuestro homenaje.

Tras llenarnos de energías, cruzamos el bar para salir al pequeño paseo marítimo y continuar confirmando la dificultad para fumar con libertad. Sentados en un poyete con cigarro a escondidas pudo Afri «culminar su desayuno», muy cerca de la península Queenstown Gardens. Es este un lugar recomendable para visitar en una media hora y observar sus 18 hoyos para jugar al «frisbee», su bolera de hierba, o sus exóticos árboles y jardines.

Queenstown. Nueva Zelanda.
Queenstown. Nueva Zelanda.

A la vuelta, durante el breve paseo por «arena» de la playa, observamos la cantidad infinita de ofertas de ocio que ofrecía la ciudad. La actividad estrella era visitar el Shotover Canyon en Jet boat. Una lancha motora que circula a gran velocidad por el cañón haciendo giros de 360º.

Un paseo marítimo con muy buen ambiente, incluso vimos un perro aullando al ritmo de su dueño con la trompeta. Nos separamos del lago por The Mall. Una calle con decenas de terrazas y restaurantes. Paralela a ella, otras calles comerciales con mucho ambiente e infinidad de negocios ofertando decenas de actividades en la naturaleza por tierra, agua y aire.

Paseando por Queenstown. Nueva Zelanda.
Paseando por Queenstown. Nueva Zelanda.

En Shotover St, se halla la hamburguesería más famosa de la ciudad. La Fergburguer, tentador. Pero acabábamos de desayunar con bastante consistencia. Aunque al lado está la heladería de la misma empresa que también es muy recomendable. En ambos, si llegas en hora punta, tocará hacer cola.

Nos disponíamos a salir del centro de la ciudad para ascender por la Brecon St en busca del Skyline Góndola. Un telecabina que asciende al Bobs Peak para ofrecernos unas imágenes panorámicas impresionantes de la ciudad, el lago y las montañas Remarkables de fondo.

Skyline Góndola, Queenstown. Nueva Zelanda.
Skyline Góndola, Queenstown. Nueva Zelanda.

Arriba, múltiples opciones. Restaurante, bar, cafetería. Parapente, descenso en bici de montaña, senderismo… y la actividad peculiar, el Luge. Una especie de trineos con ruedas que conduces tú mismo y descienden desde un nivel superior al la zona de restaurantes. Dos rutas, azul y roja, con diferente dificultad. Si quieres entrar en la roja, debes conducir primero en la azul. (No uses la picaresca española, te pillarán).

Luge. Queenstown. Nueva Zelanda.
Luge. Queenstown. Nueva Zelanda.

Nosotros tomamos un solo viaje, pero es recomendable al menos dos para poder circular una ocasión por cada pista. Es divertido y recomendable.

Tras la experiencia, unas cervecitas tomando el sol radiante que de momento nos dejaba disfrutar de las vistas.

Tomamos la góndola y descendimos para continuar el día, previo paso por el IndoorSkyDiving que nos llamó mucho la atención y el Kiwi Birdlife Park. Todo en la misma zona.

La furgo nos esperaba, con una «receta» que solventamos sin mayor problema, para poner rumbo a Te Anau. Unas dos horas nos esperaban por delante.

El pueblo de Glenorchy y sus alrededores es un lugar muy interesante que debimos eliminar de nuestra planificación debido al tiempo del que disponíamos.

La N-6 se encajona entre el lago Wakatipu y la ladera de la imponentes montañas Remarkables. Serpentea según la naturaleza creando un trazado que casi parece una montaña rusa. Una parada en el mirador Devils Stair Case confirmará las vistas de este trazado.

Devils Stair Case. Nueva Zelanda.
Devils Stair Case. Nueva Zelanda.

Antes de llegar a Kingstown, donde nos estrenaremos con las gasolineras, Afri encontró un lugar para comer perfecto a orillas del lago. El sol comenzaba a esconderse… Pero hasta lo agradecíamos. Momento de felicidad absoluta. Mesas montadas, cocina a pleno rendimiento y cervezas sobre la mesa. Las vistas… A esto habíamos venido.

Comida a orillas del lago Wakapitu. Nueva Zelanda
Comida a orillas del lago Wakapitu. Nueva Zelanda

Retomamos la marcha, repostamos por primera vez sin problemas en Kingstown, pero tocaba el café. En la app de CamperMate nos recomendaban una parada en el Garston Hotel. Así lo hicimos. Acierto rotundo. Café perfecto en su porche, tranquilos, relajados…

Un curioso cartel nos informaba que estábamos en el pueblo más interior de toda Nueva Zelanda. Ver tanto lago gigante nos había desubicado, haciéndonos creer que en ningún momento nos habíamos separado de la costa. 120km en cualquier dirección eran los culpables de este cartel.

Seguimos hacia el sur por la N-6, pero nos desviamos por la N-97 hacia Mossburn, que se nos presenta a sí misma como Capital de los Ciervos. Y para nosotros un hito geográfico, nuestra latitud más al sur de la que nos hemos encontrado en la vida.

La N-94, por tanto, toma el testigo para llegar a Te Anau. Allí habíamos reservado una parcela en el camping Lake View Kiwi holliday Park por 17€.

Parcela en Lake View Kiwi Holliday Park, Te Anau. Nueva Zelanda
Parcela en Lake View Kiwi Holliday Park, Te Anau. Nueva Zelanda

Vistas al lago, cocina, duchas, baños… Limpios y en buen estado. Tiempo justo para cambiarnos y encontrarnos con Alba, una chica que conocimos semanas antes por el grupo de facebook «Españoles en NZ».

Puntuales nos «pusimos cara» y nos fuimos conociendo a la vez que paseábamos por la orilla del lago Te Anau. El muelle del Marakura Yatch Club era nuestro objetivo de hoy. Una breve sesión de fotos a modo de postboda fue el inicio de esta bonita tarde noche.

Nos encanta conocer gente. Si además, su compañía es agradable y podemos compartir experiencias, mucho mejor. Alba estaba de vacaciones tras cumplir sus obligaciones profesionales. Gran aficionada a la fotografía; el resultado de su trabajo es profesional. Así pues, llegamos a un acuerdo para una sesión de fotos para esta tarde. Podéis ver aquí más de sus trabajos. 100% recomendable.

Marakura Yatch Club, Te Anau. Nueva Zelanda. (Foto de Alba)
Marakura Yatch Club, Te Anau. Nueva Zelanda. (Foto de Alba)

Tras el reportaje. De nuevo, dimos un paseo por la orilla del lago, ahora hasta el centro de la localidad donde se concentran los restaurantes. Un objetivo, The Ranch Bar Grill; pero su larga lista de espera nos abrió las puertas de su vecino Kepler restaurat.

Era el objetivo de Alba para el día siguiente, el Kepler Track. Así que, como anuncio del destino allí entramos. Regentado por argentinos, agradecimos escuchar castellano por primera vez desde que salimos de Madrid. Comida buena, pero servicio lento.

https://500px.com/albaem
https://500px.com/albaem

Tras la agradable cena, donde no paramos de hablar y conocernos, llegó la hora de la despedida. Otro paseo hasta el camping y directo a la cama para despedir un intenso día por NZ. Ahora ya en tierras de Fiorland.

Milford Sound

Sábado 7 de marzo.

Antes de empezar. Consejo. Cuando organicéis vuestro viaje no caigáis en la tentación de ir a Milford Sound y volver el mismo día desde Queenstown. Son casi 5 horas de ruta desde la ciudad de la aventura, y otras tantas de vuelta. Además, la visita a Milford Rd bien merece una única jornada de ida, con noche en Milford Lodge; y un segundo día con la visita al fiordo y la vuelta a Queenstown.

Así lo teníamos planificado inicialmente, pero unas lluvias torrenciales a principios de febrero obligaron a cortar Milford Rd a tráfico privado durante más de un mes. Por tanto no podríamos circular con la furgo, ni pernoctar con ella en Milford Lodge (lugar más próximo al fiordo para dormir).

Cortes en Milford Rd. Nueva Zelanda.
Cortes en Milford Rd. Nueva Zelanda.

Cambio de planes. He aquí la flexibilidad, en este caso desde casa. Debimos contratar un bus turístico que nos llevase desde Te Anau hasta Milford Sound, era la única opción dadas las circunstancias. Y anular la reserva en Milford Lodge. Ambas gestiones sin problema y reembolso de dinero, como os comentábamos al principio.

Existen diferentes operadores y opciones para visitar Milford Sound. Puedes pasar una noche en un crucero, recorrerlo en canoa… Pero nosotros reservamos la más demandada. Un crucero de unas dos horas con Go Orange. Esta misma empresa fue a la que acudimos para el acceso en bus turístico, debido al corte de la carretera.

Otra opción, muy interesante en la zona, es visitar Doubtfoul Sound. Un fiordo menos conocido pero que, según nos contó Alba, mucho más espectacular. No tiene acceso directo por carretera. Debes tomar un barco que cruza el lago Manapuri, y posteriormente un bus te aproxima al recóndito fiordo, mucho menos visitado. Tienes incluso la posibilidad de conocerlo en canoa y pernoctar allí como ella hizo. Suena muy bien.

No había amanecido cuando estábamos saliendo del camping en dirección al LakeFront Café desde donde saldría el bus turístico. Aparcamos la furgo en frente del lago (siempre respetando el lugar indicado para nuestro tipo de vehículo).

Eran las 6:45 y el bus ya estaba preparado para su salida a las 7:30 de la mañana. Una pregunta en nuestro inglés de andar por casa y la respuesta fue traducida literalmente «el bus sale a las setecientos treinta, pero debéis estar a las setecientos quince aquí». Dialectos…

Mirror Lake. Nueva Zelanda.
Mirror Lake. Nueva Zelanda.

El LakeFront Café no estaba abierto aún, así que doblamos la esquina para encontrar una pequeña cafetería donde desayunar un sandwich y un café.

A las 7:15, clavados, pasaba lista el chófer; y a las 7:30, clavados, salía el bus.

Curioso el trabajo de los conductores de autobus, que no solo se dedican a conducir, si no que también hacen las veces de guías turísticos durante todo el recorrido. El nuestro no paró de hablar las más de dos horas de camino.

Los primeros kilómetros los recorrímos con el lago Te Anau a nuestra izquierda hasta llegar a Te Anau Downs, lugar desde el que parte el barco hacia el inicio del afamado Milford Track. Uno de los nueve senderos de largo recorrido de Nueva Zelanda.

Desde aquí la carretera comienza a impregnar su carácter. La primera parada obligatoria es en la explanada del Eglington Valley. Una llanura llena de calma que contrasta con la arrogancia de las montañas que la flanquean en sus laterales. Tuvimos la suerte de que el bus turístico nos dejó 5 min para disfrutar de este paisaje.

Continuando por Milford Rd (N-94), la siguiente parada obligatoria serán los Mirror Lakes. Una pasarela de madera de unos 300m te aproximarán a unos pequeños lagos que, en perfecta calma, reflejarán las montañas creando una imagen completamente simétrica.

Puntos de interés en Milfor Rd. Nueva Zelanda
Puntos de interés en Milfor Rd. Nueva Zelanda

La siguiente parada con el bus fue Knobs Flat, una de los múltiples lugares que existen para pernoctar en la N-94 antes de cruzar el Tunnel Homer. En la app CamperMate tienes todas las opciones posibles.

Donde el bus turístico no paró, pero nosotros teníamos prevista la visita, fue en el Lago Gunn. Un paseo de unos 1.800m que te adentra por un bosque tropical hasta llegar a las orillas de este pequeño lago. Nos tuvimos que conformar con verlo a través de las cristaleras en movimiento.

Es a partir de este punto donde el valle se encajona. El modesto lago Fergus aparece en el lado opuesto de la carretera justo cuando llegamos The Divide.

Es aquí donde la carretera se cortó al tráfico libre. Debimos esperar al resto de autobuses turísticos para pasar en convoy por la zona más afectada. Eran las 9:45, las «novecientos cuarenta y cinco horas» como ya entendíamos. A las 10:00 en punto saldría el convoy.

Un breve paseo para estirar las piernas nos hizo casi perder el bus. A las 9:55 estaba todo el mundo subido. Y las 10:00 empezaba a moverse. Puntualidad escrupulosa. Forma de entender el respeto por los demás.

Comenzaba la verdadera fiesta. Muros de piedra que se elevaban centenas de metros sobre el estrecho valle. Ahora se podía comprender el por qué de la fuerza del agua con el asfalto semanas atrás.

Otro lugar que merecía la pena la parada, pero que solo pudimos disfrutar desde el movimiento del autobús, fue el Pops View. Una ventana abierta a un valle imponente desde el que parten múltiples rutas de senderismo («tramping» como lo llaman allí).

Sinceramente, los senderos salen desde cualquier lugar insospechado en cualquier lugar del país. Es una locura los millares de rutas que existen marcados. Todos ellos indicados en CamperMate.

Siguiente lugar de interés. Monkey Creek. Una parada en este mirador, en lo profundo de un valle que ahora se abre tímidamente entre las gigantescas y rocosas montañas. El Monte Cristina es la principal de las imponentes elevaciones de esta zona.

Monkey Creek. Nueva Zelanda.
Monkey Creek. Nueva Zelanda.

Recorrido lento en caravana con el resto de autobuses. Las pick-ups del Parque Nacional nos escoltaban por delante y detrás. Esto nos permitía ver la fragilidad de la carretera frente a la fuerza de la naturaleza.

Comenzamos un nuevo ascenso en busca del paso por el Homer Tunnel. Pero antes de entrar era obligatoria una parada en Gertrude Valley Lookout. Mirar hacia atrás y ver de donde venimos. De esos lugares que donde uno se siente insignificante ante tanta naturaleza.

Tras cruzar el túnel, se nos presentaba otra imponente imagen. La carretera serpenteaba para descender hasta nivel del mar. Curvas de herradura se sucedían y nos permitían ver la longitud del convoy excepcional.

Milford Rd desde Homer Tunnel. Nueva Zelanda.
Milford Rd desde Homer Tunnel. Nueva Zelanda.

The Chasm sería la última parada antes de llegar al objetivo final. Un paseo de unos 400m para observar el cauce del río. Pero el convoy pasó por delante de él sin pena ni gloria; entre otras cosas, porque permanecía cerrado debido al peligro que aún sostenía.

Poco antes de las 11:00 llegamos al imponente Milford Sound. Ya ves, como ovejitas saliendo todos de las decenas de autobuses turísticos. En fila hacia los andenes, control de pasajeros y cada uno a su barco.

Una estampa que siempre que podemos, pretendemos huir. La masificación turística en este caso era inevitable por las circunstancias. Habíamos planificado dormir en Milford Lodge, despertar pronto, y tomar el primer crucero a las 8:30 de la mañana, precisamente para evitar esto que estábamos viviendo.

Milford Sound. Nueva Zelanda.
Milford Sound. Nueva Zelanda.

Los cruceros salían uno detrás de otro. Atasco para salir de puerto. Había que abstraerse de ese momento. Nos acomodamos en nuestros bancos. Café y snacks se vendían en su interior. Nosotros llevamos los nuestros en la mochila. Con ellos en la mano, salimos para clavar la mirada en el Mitre Peak. Su silueta se levantaba amenazante sobre las tranquilas aguas del fiordo.

Poco a poco los barcos iban dispersándose rumbo al mar de Tasmania. Una sucesión de cascadas se divisaban a uno y otro lado. Un cielo encapotado amenazaba con lluvia. Las nubes levantaban poco a poco su presencia, pero nunca dejando el paso del sol. Aún así, la claridad del lugar nos permitía usar las gafas de sol con comodidad.

Tras casi una hora de navegación, la brisa se transformó en vendaval. Estábamos llegando a mar abierto. Nuestro crucero viró para volver sobre sus pasos. Ahora por la orilla opuesta.

Disfrutando de la navegación. Nueva Zelanda.
Disfrutando de la navegación. Nueva Zelanda.

Con un poco de suerte pudimos ver a una pareja de leones marinos posados sobre una roca. Y cuando aún estábamos disfrutando de esas vistas, llegó la cascada. Así, de repente.

Esa que observábamos diminuta en la primera parte del trayecto, se levantaba ahora impresionante sobre nosotros. Con una tranquilidad amenazante, el capitán del barco nos aproximaba a su base. Sí, nos duchamos un poco. Es recomendable el chubasquero. Que nos cortó el viento de primeras y nos protegió del agua de segundas.

Cascadas en el fiordo. Nueva Zelanda.
Cascadas en el fiordo. Nueva Zelanda.

Siguiendo el recorrido, al volver la vista el fiordo se abría en forma de «Y» presentándonos un bello apéndice. Una segunda cascada, ahora vista desde una distancia respetable, nos hizo recordar lo insignificantes que somos ante la Naturaleza.

Tras dos horas exactas arribamos al puerto. Tiempo justo para ir al baño. De nuevo, un reguero de turistas en busca de sus autobuses. Con puntualidad inglesa, a las 13:00 salía el convoy para volver sobre el espectacular trazado de Milford Road (N-94).

Tres horas de camino de vuelta para llegar a Te Anau. Ahora observando el lado opuesto de la carretera. Las nubes habían levantado un poco más y veíamos algunas cumbres que en el camino de ida no pudimos disfrutar.

En cualquier caso, se confirma que la propia carretera, bien merece al menos una jornada para disfrutar de muchos de sus rincones.

Leones marinos. Nueva Zelanda.
Leones marinos. Nueva Zelanda.

Sobre las 16:00 llegábamos a la furgo, aparcada en primera línea del lago. Nos hicimos unos pequeños sandwich, nos sentamos en uno de sus bancos y sentíamos la ligera brisa. Mientas, buscábamos en internet algún partido de rugby de cualquier liga local que nos pillase de paso; era sábado y podríamos tener suerte…

Estábamos ya preparados para algo más de dos horas de camino y desandar la carretera que el día anterior nos llevó hasta este bello rincón de Nueva Zelanda.

Solo hicimos un amago de parada en Mosburn; fue allí donde vimos un partido de rugby a campo abierto desde lo lejos. Pero estábamos realmente cansados. Ni si quiera una parada en el Garston Hotel para tomar ese café que tanto nos gustó a la ida. Llegamos a Queenstown y lo dejamos de lado para tomar rumbo Wanaka.

Crown Range Summit. Nueva Zelanda
Crown Range Summit. Nueva Zelanda

Un par de vistazos a la App CamperMate fueron suficientes para elegir el lugar para dormir esta noche. Crown Range Rd nos ofrecía un bonito final de día. La carretera serpenteaba sobre una ladera que se elevaba para regalarnos unas preciosas vistas del valle de Queenstown y su lago Wakapitu.

Justo en la cima, una explanada da cobijo a poco más de una decena de furgos. El cielo encapotado, cumplió con su amenaza. La lluvia se hizo presente por primera vez.

La aparición de una pareja de ciclistas nos sorprendió; sobre todo cuando vimos que se disponían a acampar bajo la intensa lluvia. Eran los primeros que veríamos en los siguientes días. Todos realizando la Gran Ruta de Nueva Zelanda que recorre el país de norte a sur.

Vistas desde Crown Range Summit. Nueva Zelanda
Vistas desde Crown Range Summit. Nueva Zelanda

Acomodados; disfrutamos de las vistas del lugar, calentitos, y con la cena preparada. A la vez, oíamos la lluvia golpear las ventanas y techo de la furgo. Por primera vez, teníamos sensación de «hogar».

El sueño hizo presencia, casi antes de que anocheciera.

Wanaka y Haast Pass

Domingo, 8 de marzo.

La mañana amaneció estable, pero encapotada. El olor a café dentro de la furgo mientras confirmábamos la ruta de la jornada, es uno de esos pequeños placeres que te erizan la piel sin saber por qué. Tal vez por la sensación de pura libertad.

Hoy tocaba visita a Wanaka y jornada «en ruta». La N-6 sería nuestra guía durante los próximos tres días.

Para llegar a Wanaka, tan solo teníamos media hora de recorrido por el Valle de Cardrona. Un lugar ideado para los amantes de los deportes de invierno.

Dos pequeñas paradas recomendadas antes de llegar al primer destino de hoy eran el Cardrona Hotel y el Cardona Bra Fence. Ambos en la misma carretera.

El primero, un lugar perfecto para hacer una parada; desayunar o comer. Tal vez el pub más antiguo de NZ. El segundo, un particular lugar en homenaje a todas las mujeres luchadoras contra el cáncer de mama. Espacio facilitado por la Destilería Cardrona, donde voluntariamente puedes realizar un donativo para la lucha contra el cáncer.

Cardrona Bra Fence. Nueva Zelanda.
Cardrona Bra Fence. Nueva Zelanda.

Pronto llegamos a Wanaka, la hermana pequeña de Queenstown. El lago con su mismo nombre nos da la bienvenida. Un cómodo parking adecentado para furgos nos permite estacionar con vistas al «mar».

Un paseo por la misma orilla nos lleva hasta el lugar donde se ubica el árbol más fotografiado de NZ. El Wanaka Tree emerge de las aguas del lago, muy cerca de la orilla, creando un áurea especial al su alrededor. Unos curiosos patos quisieron acompañarnos en nuestra visita.

El lugar a esta primera hora de la mañana respiraba paz y tranquilidad. Pero nosotros debíamos continuar nuestro camino.

Wanaka Tree. Nueva Zelanda.
Wanaka Tree. Nueva Zelanda.

Volvimos sobre nuestros pasos hasta la furgo. Era tal la tranquilidad y relajación que se respiraba, que extendimos nuestro paseo hasta la otra punta de la orilla. Allí nos introducimos en el centro de Wanaka en busca de un supermercado para reponer nuestra nevera.

De vuelta a la furgo, transitamos por el carril bici entre el lago y la carretera. Ahí se encuentran las «2000 baldosas» que hacen de eje cronológico de la historia mundial. Nos resultó muy interesante que en varias de ellas se hiciese mención a fechas importantes de la historia de España. Principalmente relacionadas con sus «descubrimientos» en el mundo y sus anexiones entre coronas.

Las 2000 baldosas, Wanaka. Nueva Zelanda.
Las 2000 baldosas, Wanaka. Nueva Zelanda.

Antes de abandonar Wanaka, buscamos con la mirada el afamado Roys Peak. Es este un ascenso duro que regala unas de las vistas más bonitas de NZ  gracias a su impresionante lago y las montañas que lo rodean. Si te decides a hacerlo, necesitarás al menos media jornada. Es recomendable hacerlo a primerísima hora de la mañana para no coincidir con mucha gente y tener sitio donde aparcar. A pesa de su dureza, es un lugar muy popular.

Para salir de Wanaka, pasamos por el curioso Puzzling Word con laberintos 3D y cantidades de rincones con ilusiones ópticas. Pero no paramos.

Pusimos dirección Albert Town/Lake Hawea para comenzar nuestra segunda parte de la jornada de hoy. Un camino de unas 3 horas (más paradas) hasta llegar a la Costa Oeste.

La carretera N-6 serpenteba por la orilla del Lago Hawea que nos ofrecía unas vistas impresionantes. Existen varios lugares para hacer una parada y disfrutar de sus frías aguas, de la pesca o simplemente de su paz. De todas ellas, una está marcada en la carretera y es la más visitada por los turistas. Mira en CamperMate para elegir la tuya.

El cielo encapotado comenzó a precipitar justo al cruzar The Neck, un pequeño istmo que separa este lago del lago Wanaka, que nos volvía a dar la bienvenida.

Lago Hawea. Nueva Zelanda.
Lago Hawea. Nueva Zelanda.

Cambiamos de orilla. Ahora el agua se hace presente a nuestra izquierda. Una lluvia, ya con personalidad, comenaba a obligarnos a extremar precauciones.

Makarora es la última localidad antes de llegar a la costa. En medio nos esperaba el Hasst Past. El paso sobre los Alpes del Sur más meridional de la isla.

Al igual que la carretera de Milford Road; esta que nos esperaba por delante bien merecía al menos una jornada para disfrutar de su infinita oferta de actividades en la naturaleza. Nosotros le dedicamos menos de tiempo del que merece. Lo justo para hacer las paradas «obligatorias», las más turísticas, suficientes para hacernos a la idea del lugar por el que íbamos a transitar. Estábamos entrando en el Mount Aspiring National Park. Valles verdes, prados alpinos, ríos glaciares, montañas abruptas… hacen de este lugar un paraíso al aire libre.

La primera parada fueron las Blue Pools. Una caminata de casi tres km ida y vuelta que hicimos en algo menos de una hora.

Blue Pools. Nueva Zelanda.
Blue Pools. Nueva Zelanda.

Una primera toma de contacto con el frondoso bosque tropical que nos indicaba de la alternancia de lluvias y calor en la zona. Y al parecer, nos iban a tocar los días lluviosos.

Chubasquero puesto para afrontar bajo la lluvia esta suave caminata. Suave y en ligero descenso hasta las piscinas azules que se producen en la unión entre los ríos Makarora y Blue. Precioso sendero adaptado que desemboca en dos puentes colgantes sobre ambos ríos. El agua límpida creaba un color turquesa que era todo un regalo para nuestros ojos. Se ofrecía la posibilidad de bajar para darnos un baño en sus aguas. Pero ya estábamos suficientemente «bañanados» sin necesidad de ponernos el bañador.

Blue Pools. Nueva Zelanda.
Blue Pools. Nueva Zelanda.

La vuelta, por el mismo camino, asciende ligeramente hasta el aparcamiento. Calados hasta los ojos, nos cambiamos de ropa dispuesto a seguir nuestro camino.

La lluvia no remitía, la conducción por estos paisajes servían de opio para el cansancio. Es otra forma de conocer el país, transitando por sus carreteras disfrutando de las vistas que se nos ofrecen a uno y otro lado del asfalto.

El Haast Pass llega con sigilo. Nos esperabábamos un puerto de montaña como los que acostumbramos a ver en España. Con cartel grande que lo anunciase orgulloso, zonas de descanso y vistas a ambos lados. Pero no, casi lo pasamos sin darnos cuenta. Solo un cartel que nos despedía de la comarca de Otago para darnos la bienvenida a la Costa Oeste.

Aunque bien podría estar dándonos la bienvenida a Costa Rica… Era increíble como cada 100km parecía que cambiábamos de país… En solo unos días teníamos la sensación de haber estado en países tan diferentes como Inglaterra, España, Tanzania, Noruega, Suiza y ahora en cualquiera de latitudes tropicales…

La lluvia se ponía seria. Tanto, que la atención solo se centraba en el asfalto. Los limpiaparabrisas trabajaban a su máxima velocidad. Pero teníamos que parar en al menos dos lugares más. Fantfail falls y Thunder falls.

Fantfail Falls. Nueva Zelanda.
Fantfail Falls. Nueva Zelanda.

La primera de ellas dispone de un pequeño parking, suficiente para el rápido tránsito en la zona. Tan solo 300 m de camino ida y vuelta para ver como las aguas del arroyo Fantfail desemboca en caída en el aún joven río Haast. Un tronco gigante sirve de expresión artística para todos los turistas que pasamos por allí, creando las típicas pirámides de piedra en equilibro. Reconozco que da un aspecto peculiar, pero no sé hasta que punto altera la naturaleza del lugar.

De nuevo en el coche, con lluvia, continuamos nuestro camino hasta la segunda parada programada. La Thunder Falls. Un parking algo más pequeño, pero igualmente para un tránsito rápido. Al igual que las cascada anterior, el camino de acceso no es de más de 300m ida y vuelta. Pero aquí vamos a encontrar una caía de agua mucho más alta y espectacular que recibe también un río Haast que se ve va incrementando poco a poco su caudal.

Thunder Falls. Nueva Zelanda.
Thunder Falls. Nueva Zelanda.

De vuelta a la furgo. La lluvia se hizo constante y densa. Llegar hasta la localidad de Haast resultó excesivamente estresante. A penas podíamos ver la carretera. Y las vistas del imponente cauce del río a la derecha y de la pared vertical de la montaña a la izquierda, pasaron a un segundo plano.

Una parada en Haast para descansar de la conducción, nos permitió ver en Campermate un lugar donde comer.

La costa oeste nos había recibido tan salvaje como nos la habían mencionado en infinidad de webs.

El puente, de casi un kilómetro sobre el cauce del río Haast antes de desembocar en el mar de Tasmania, nos colocaba ya paralelos a la costa oeste. Nuestro objetivo para comer, Sheep Creek.

Allí nos detuvimos bajo la lluvia. Comimos. Paseamos rápidamente por sus dunas, vimos la serpenteante desembocadura del río Ship y la vigorosidad del mar de la costa oeste.

Sheep Creek. Nueva Zelanda.
Sheep Creek. Nueva Zelanda.

De nuevo en camino, pudimos hacer una breve parada en Knight Point para ver la abrupta costa desde un ángulo privilegiado. Pasamos por los pequeños lagos Moeraki y Paringa que la lluvia nos impidió disfrutar con tranquilidad; no nos atrevimos a bajar de la furgo. Pero sí en Bruce Bay, donde pudimos observar con nuestro propios ojos la bravura de unas aguas golpeando sobre la costa neozelandesa. Naturaleza en estado puro. Vida.

Solo quedaban unos pocos kilómetros para llegar a nuestro camping de hoy el Top10 FoxGalcier Holliday Park.

Estaba previsto un paseo al atardecer por el mágico Lago Matheson, próximo al camping. Dicen que desde allí a primera o última hora del día, se observan reflejadas en sus aguas bellas imágenes de los Alpes del Sur. Pero con esas condiciones climáticas ni se nos pasó por la cabeza. Necesitábamos una ducha para nuestro cuerpo, una lavandería para nuestras tropas.  Y , por primera vez en el viaje, eliminar aguas grises y negras; sí como la reposición del agua de la furgo.

Todo ello bajo una lluvia que no paraba de precipitar desde hacía horas. En nuestra cabeza, la excursión del día siguiente. Pero, de momento, solo podíamos descansar, cenar en sus instalaciones, probar por primera vez el refresco típico neocelandés Lemond&Paroa, y rezar porque al día siguiente amaneciese despejado.

Top10 FoxGlacier Holliday Park.
Top10 FoxGlacier Holliday Park.

Comenzaba a estar presente en mi cabeza esa flexibilidad con la que hay que viajar a Nueva Zelanda, que muy acertadamente recomendaban en todas las webs.

Glaciares y costa oeste.

Lunes, 9 de marzo.

Como temíamos, la mañana amaneció nublada; pero sin lluvia.

Al salir de la furgo, la vista se clavó directa hacia las montañas que ayer no pudimos ver. Media ladera era lo único que nos permitían observar las nubes.

A las 11:30 teníamos la reserva con la compañía Glacier Helipocters para hacer un vuelo en helicóptero con aterrizaje en el glaciar Franz Joseph, desde el poblado con el mismo nombre. Tan solo media hora de camino nos separaba desde donde nos encontrábamos.

La idea era madrugar para poder divisar el Fox Glacier antes de desplazarnos a nuestro vuelo. Tres opciones teníamos para ello.

-Visitar una de las dos carreteras de acceso al Glaciar Fox. Ambas paralelas cada una a un lado del cauce del río Fox. La más al norte cortada al tráfico por un desplazamiento de tierras hacía un año. La más al sur, Glacier View Rd; nuestra primera opción del día, pero cortada al trafico por un movimiento de tierras reciente. Tuvimos pues que anular nuestra primera opción.

Si es cierto que, a pesar de estar cortado el acceso en coche, se podía acceder andando o en bici. Unos 7km ida y vuelta para llegar al mirador del glaciar. Pero no teníamos tiempo para ello si queríamos llegar al vuelo.

Carretera de acceso Fox Glacier. Nueva Zelanda.
Carretera de acceso Fox Glacier. Nueva Zelanda.

-Visitar el Lago Matheson, que estaba previsto para la tarde de ayer. Allí hay una cafetería donde incluso desayunar antes de dar la pequeña vuelta de 4,5 kms y que nos regala unas imágenes impresionantes de los Andes del Sur reflejados en sus aguas. Pero se puso a llover en cuanto iniciamos el paseo.

Matheson Cafe. Nueva Zelanda.
Matheson Cafe. Nueva Zelanda.

-Visitar el recóndito Peak View Point. Al final de la carretera que se dirige hacia la costa, en un camino indicando la dirección de la playa Gillespies. Antes de cruzar un puente existe a la derecha un mirador con un aparato que te permite reconocer los picos que se observan desde el lugar. Fue aquí donde pudimos ver, muy escondido y desde la lejanía, la parte más baja del glaciar Fox.

Glaciar Fox desde Peak VP. Nueva Zelanda.
Glaciar Fox desde Peak VP. Nueva Zelanda.

Estábamos en tiempo para tomar el coche y dirigirnos hacia Franz Joseph. La carretera, excesivamente sinuosa, nos obligaba a reducir la velocidad. Ya lo avisaban los múltiples carteles distribuidos por la red de carreteras. «Las carreteras de NZ son diferentes.Tómate tu tiempo». Y tanto.

Una vez en el lugar, conseguimos aparcar con facilidad. Nos presentamos en local de la empresa Glacier Helicopter, y nos informaron de lo que nos temíamos. Anulación por climatología. Nos ofrecieron otro horario, otro día; incluso otro lugar de despegue. Pero era hoy el día, teníamos que continuar. Nos ofrecieron volar una hora más tarde. A la desesperada aceptamos.

Carteles serios y divertidos. Nueva Zelanda.
Carteles serios y divertidos. Nueva Zelanda.

Un paseo por el pueblo, unas compras de recuerdos y un par de cervezas fueron suficientes para darnos cuenta de que la excursión iba a ser imposible. Volvimos al local y sin ningún problema anulamos la actividad sin que nos cobrasen un solo dólar.

Planteamos la realización de alguna ruta corta y sencilla (de una hora de duración) que partiesen desde esta localidad. Terrace Track, Callery George Walk y Tatare Tunnes (esta última con necesidad de chubasquero y linterna) fueron las tanteadas. Pero el agua no cesó en ningún momento.

Esperando para el vuelo en helicópero. Franz Joseph Glacier
Esperando para el vuelo en helicópero. Franz Joseph Glacier

Con mucha resignación, tomamos unas cervezas y montamos en la furgo camino a Hokitika. Antes de llegar, una parada para comer junto al lago Lanthe.

Llegamos a Hokitika tras dos horas de viaje. La primera parada en la localidad fue para repostar por segunda vez la furgo. Unos 800km de autonomía para llenar el depósito por unos 90$.

Comida en lago Lanthe. Nueva Zelanda.
Comida en lago Lanthe. Nueva Zelanda.

Nos acercamos lo que pudimos a la playa y nos sorprendió que no existiese una calle de «primera línea de playa». Y es que, la calle paralela más cercana daba sus partes traseras a la playa.

Nuestra estancia allí se resumió en un café para llevar en la calle Revell St y un paseo por la playa en busca del «fotocol» de Hokitika a base de los troncos que caracterizan esta brava y ruda costa oeste.

Hokitika. Nueva Zelanda.
Hokitika. Nueva Zelanda.

No tenía mucho más que ver la ciudad. Por lo que decidimos hacer un apéndice para visitar el Hokitika George. 27km por una inmensa planicie y estrecho asfalto que nos dejarían en un parking adecentado. El paseo no es de más de 700m. Pero el día amenazaba con despejarse y no queríamos perder la oportunidad.

Puentes colgantes, Hokitika George. Nueva Zelanda.
Puentes colgantes, Hokitika George. Nueva Zelanda.

Nos adentramos en una bonita senda que nos introducía en un denso bosque tropical. Pequeños kauris asomaban entre la vegetación. Un puente colgante nos permitía un paso sobre las aguas del estrecho cañón. Y poco más adelante, un recodo del río nos ofrecían descender hasta el agua mediante unas escaleras. Allí llegamos. Y allí conocimos en primera instancia los incómodos bocados de los conocidos sandflys.

Bosque de kauris. Nueva Zelanda.
Bosque de kauris. Nueva Zelanda.

De vuelta por el mismo camino, llegamos al la furgo para desandar esos 27km hasta la carretera principal y continuar rumbo norte.

Ahora sí, definitivamente la carretera daba un respiro a modo de rectas kilométricas con el mar a nuestra izquierda. El sol ganando la batalla a las nubes y disfrutando de una conducción más tranquila.

Hokitika George. Nueva Zelanda.
Hokitika George. Nueva Zelanda.

Dejamos atrás la localidad de Kumara, desde donde sale la carretera que da el segundo de los tres accesos por los Alpes del Sur. El famoso Arthur Pass, es el encargado de ello. Pero nosotros continuamos hacia el norte.

Una breve parada en el Mc Donals de Greymouth (sí, caímos en la tentación), fue suficiente para recargar las pilas y tomar el desvío para conocer la verdadera Carretera de la Costa. Desde Greymouth hasta Westport.

Infinidad de miradores se suceden este tramo de carretera que discurre entre olas y playas de guijarros por un lado; y acantilados imponentes por el otro. Elige el tuyo. Cualquiera merecerá la pena. Aunque la más conocida de todas es Pankake Rocks, nuestro destino final de hoy (una hora y media, más paradas, desde Hokitika)

Nosotros paramos en el mirador de la playa Nine Mile. Un espectáculo para la vista. Nos costó mucho volver a retomar la marcha.

Nine Mile VP. Nueva Zelanda.
Nine Mile VP. Nueva Zelanda.

La propia conducción por esa carretera ya te permite el disfrute. Tómatelo como una visita más a pesar de tener las manos en el volante.

El sitio marcado por la App CamperMate era McMilland Rd, un lugar libre para acampar junto a la playa, pero con poco espacio. Allí llegamos para dormir y disfrutar de la puesta de sol. Pero ya os he hablado de lo estrictos y respetuosos que son en este país con las normas. Un cartel indicaba que estaba permitido pernoctar a 12 furgos y no había ni una más, a pesar de que había hueco físico para ello. Pudimos hacerlo, pero nos dimos la vuelta.

De nuevo a mirar la aplicación, pero por la hora solo teníamos la opción de camping. Encontramos el más económico de la zona. Punakaiki Beach Camp.

Punakaiki Beach Camp. Nueva Zelanda
Punakaiki Beach Camp. Nueva Zelanda

Allí tuvimos el tiempo justo para dejar la furgo en nuestra parcela y acceder de manera directa a la playa para disfrutar de un atardecer nuboso pero bonito. Hacia nuestra derecha asomaba  «The Boot» una roca gigantesca que indicaba también la desembocadura del río Pororari y su pequeña laguna. Sin querer habíamos encontrado un camping con una ubicación muy interesante y que, gracias a ella, ofrecía múltiples actividades.

Pankake Rocks, Lewis Pass. Hanmer Springs.

Martes, 10 de marzo

La noche lluviosa dio paso a una mañana soleada. El arcoíris hacía presencia para disfrute de nuestros ojos a la vez que nos ponía en alerta. El sol venía acompañado de agua.

Tras el desayuno, recogimos los bártulos y retrocedimos uno pocos kilómetros para visitar las Pankake Rocks. Unas rocas estratificadas en la costa que tienen formas muy particulares. Un parking amplio, con cafetería y suficiente espacio (siempre recomendamos madrugar) al otro lado de la carretera nos permitía iniciar el paseo de 1300 metros. El sol permitía disfrutar de la costa como nos hubiese gustado hacer durante los dos días anteriores. Pero fue solo un espejismo. Antes de terminar la ruta, la cortina de agua que había permitido la formación del arcoíris por la mañana, ya estaba sobre nosotros.

Arcoíris a primera hora. Nueva Zelanda.
Arcoíris a primera hora. Nueva Zelanda.

El Paparoa National Park donde nos encontrábamos ofrecía, como el resto del país, infinitas opciones de senderismo. Dos de ellas son las sencillas visitas al Pankake Cavern; pequeña cavidad de acceso corto y sencillo. O el Truman Track, de una media hora de duración para atravesar un espectacular bosque tropical de cara a ofrecernos una impresionante y solitaria bahía.

Pero la lluvia nos impidió realizar cualquiera de esas dos opciones, por lo que tomamos la furgo y nos pusimos en dirección Westport.

Pankake Rocks. Nueva Zelanda.
Pankake Rocks. Nueva Zelanda.

Nos tuvimos que consolar con una breve parada en Irimahuero View Point para observar la realidad de los kilómetros que nos quedaban por delante. Un mar embravecido sobre unas playas que parecen pedir auxilio en días ventosos y encapotados como hoy. Riscos que ceden ante la persistencia de la tenaz erosión. Todo eso a la izquierda de nuestra marcha. A la derecha prominentes laderas completamente tupidas por una densa vegetación tropical. Sinceramente, conducir por esta carretera es toda una experiencia. Y si tuvieras la suerte de coincidir con un día soleado… Mejor ni imaginarlo.

Irimahuero VP. Nueva Zelanda.
Irimahuero VP. Nueva Zelanda.

Tras varios kilómetros, a la altura de Charleston, la carretera comenzó a distanciarse de la costa. Nuestro objetivo era visitar la bahía de Tauranga, donde reside una importante colonia de leones marinos, y su cercano Cabo Foulwind. Un desvío en la carretera principal nos informaba que son 13 los km que nos separaban de este interesante lugar. Pero desestimamos la opción. Era absurdo pasear por la costa un día tan violento e inestable. Sobre todo en un punto donde normalmente, como el propio nombre del cabo indica, suele ser muy ventoso.

Es este el punto que se define por ser la puerta de salida (o entrada) a la carretera de la costa. Un desvío próximo a Westport nos despide definitivamente de la costa oeste. Una costa que no tuvo piedad con nosotros y que no nos permitió disfrutar de ella como hubiésemos deseado.

Pero esto es Nueva Zelanda que, a pesar de estar avisados de ello, nos costó mentalizarnos de su verdadera realidad.

Así pues, pusimos rumbo a la costa contraria. Objetivo Kaikoura, vía Lewiss Pass. Pero aún quedaba mucho por conocer.

El río Buller era ahora el que conducía a la carretera N-6 hacia el interior de la isla. El paisaje cambiaba por completo. Costa y bosque se daban el testigo de una manera fulminante en este lugar. Afri buscaba lugres de interés que estuviesen a nuestro paso en CamperMate. La app nos ofrecía una breve parada en Kilkeny Point para observar un espectacular meandro del río. Así hicimos.

Kilkeny Point, Buller River. Nueva Zelanda.
Kilkeny Point, Buller River. Nueva Zelanda.

Inangahua. Un pueblo sin mucho interés, si no fuese porque es donde tocaba decidir si seguir hacia el norte por la N-6 en busca del los espectaculares parque nacionales Abel Tasman y Kahurangui; o tomar la carretera que se dirigía al Lewis Pass.

Realizar senderismo o canoa por la costa del PN Abel Tasman, o conocer la playa de Wharakiri en el PN de Kahurangui, bien merecían al menos esta duda. El puente Pelorus y el Queen Charlot Track son otras puntos de interés que ofrece este lugar. Pero el objetivo era claro; Kaikoura y sus delfines. Rumbo pues, al este.

Ya por la N-69, el valle se abría y comenzaban a aparecer llanuras de cultivo. Pero no solo estas tierras labradas son las que asomaban por las ventanillas de la furgo. Parecía que el sol se hallaba escondido por estos lugares y quería realizar una súbita presencia.

Reefton, ciudad que vive con nostalgia sus años pasados de la minería del oro, nos daba la bienvenida. «La localidad de la luz» rezaba su eslogan. Ello es debido a su temprana adopción de la electricidad y el alumbrado. Pero hoy vive de la naturaleza y el turismo activo.

Carrerera N-7, Victoria Forest Park. Nueva Zelanda.
Carrerera N-7, Victoria Forest Park. Nueva Zelanda.

Una breve parada para estirar piernas y acercarnos a un súper de la calle principal. Necesitábamos reponer víveres (cerveza principalmente) y curiosear sus edificios antiguos que nos recordaban a películas del oeste americano.

Tras la parada, tomamos la N-7 que vuelvía a encajonarse. El Victoria Forest Park por el que se abría paso merece todos los respetos de senderistas. Lugar de culto para esta actividad estrella en NZ.

Pronto llegamos a Spring Junction, famoso por sus aguas termales. Pero no tanto como las de nuestro objetivo de hoy.

El Lewis Pass aparecía con la misma discreción que hizo el Haast Pass. Casi sin apariencia, en un giro a derechas más o menos marcado, la carretera cambiaba el desnivel positivo por negativo. Ningún cartel grande, solo un breve lugar de descanso a la izquierda de nuestra marcha.

El sol comenzaba a desaparecer de nuevo a medida que nos acercábamos a la costa. Pensando en nuestro infortunio con el sol, llegamos al desvío de Hanmer Srings ya con la lluvia amenazando. Es esta una localidad afamada por sus aguas termales.

Tres horas (más paradas) nos había tomado el camino desde la costa hasta este lugar.

Hanmer Springs. Nueva Zelanda.
Hanmer Springs. Nueva Zelanda.

Fue aparcar en la avenida próxima a sus instalaciones termales y comenzar a llover. Con resignación, preparamos la comida para hacer tiempo. De poco sirvió. Incrédulos, veíamos como a la gente no le condicionaba la lluvia para disfrutar de las instalaciones. Y así hicimos. Nos merecíamos una tarde de relax.

Disfrutamos de nuestra tarde. Diferentes piscinas (artificiales) con aguas (naturales) y temperaturas entre 36 y 42 grados. Curioso lo de las gigantescas sombrillas sobre algunos de los charcos para proteger del sol/lluvia. Aguas, algunas sulfurosas con su característico olor a huevo podrido con carteles de advertencia para joyas de plata.

Hanmer Springs. Nueva Zelanda.
Hanmer Springs. Nueva Zelanda.

Y una zona de entretenimiento infantil (y para los no tan pequeños) con un par de tubos rizados divertidos para pasar un buen rato.

La lluvia fría alternaba con el agua caldosa de las cuencas que íbamos disfrutando. Sensación rara. Pero divertida.

Estuvimos allí media tarde, suficiente. Una ducha y vuelta a la furgo. Dos horas nos separaban de Kaikoura, pero decidimos no llegar. Parar en algún lugar gratuito de camino y descansar. En Waiau tomamos la solitaria carretera N-70 en busca del Wandle Bridge. Un lugar en medio de la nada, con vistas a nada. Era la única opción gratuita que nos ofrecía CamperMate de camino a Kaikoura. Conducir por la costa, tal vez hubiese sido más atractivo. Pero para nosotros, estar en un lugar perdido, solos, también tiene su encanto.

Wandle Bridge. Nueva Zelanda.

Un pequeño pasto con ovejas al lado y el cauce del río al otro era suficiente para considerar interesante este lugar poco turístico y conocido.

Hicimos la cena, preparamos la cama. Y a dormir.

Kaikoura, región de Marlboroug y Picton.

Miércoles, 11 de marzo.

El día amaneció medio despejado. Nos daba ilusiones para disfrutar de la segunda experiencia reina del viaje. El baño con delfines en su entorno natural.

Kaikoura quedaba a menos de una hora desde nuestra posición. Un pueblo que aún se recupera del violento terremoto que sufrió en el 2016. Un pueblo a los pies de una pequeña península que tiene un lugar estratégico cobijando una fauna muy variada y fácil de ver. Ballenas, delfines, lobos marinos, pingüinos… todo ello gracias a una corrientes marinas y unas condiciones de la placa continental que benefician el cúmulo de nutrientes en este lugar.

Dolphin Encounter es la mejor empresa neocelandesa de encuentros marinos. Con ella hicimos la reserva, con un mes de antelación, para disfrutar junto a Afri de un baño con delfines en su hábitat natural.

Dos horas antes de la salida de nuestra excursión, llegamos a sus instalaciones para confirmar la actividad. El mar estaba revuelto y no pudieron confirmar en ese momento.

Aprovechamos para visitar Point Kean, en el extremo de la pequeña península, en busca de la famosa colonia de leones marinos. Es muy recomendable para ello hacer la Kaikoura Peninsula Walkway, que permite la posibilidad de recorrer andando la península por su costa durante 3-4 horas. Pero nosotros no disponíamos de ese tiempo.

Point Kean. Kaikoira. Nueva Zelanda
Point Kean. Kaikoira. Nueva Zelanda

Allí, andando sobre la rasa mareal, nos encontramos con varios de estos simpáticos animales. Siempre respetando su entorno y los metros de separación que nos pedían los carteles.

Un paseo de una media hora fue suficiente para conocerlos de cerca.

A la vuelta, fue obligada la parada en el quiosco del BBQ SeaFood para comer pescado fresco a la brasa frente al mar antes de realizar nuestra expedición marítima.

BBQ SeaFood. Nueva Zelanda.
BBQ SeaFood. Nueva Zelanda.

De nuevo en las instalaciones de Dolphin Encounter, nos confirmaron la realización la actividad. Pero debíamos ser conscientes de que el mar estaba muy revuelto. Nos obligaron a firmar el aviso de la situación  y nuestro consentimiento personal.

Tras el vídeo instructivo, la puesta de neopreno, el traslado al lugar donde esperaba el barco… Nos informaron que por seguridad cancelaban la actividad. Vuelta a las instalaciones donde, sin ningún tipo de problema nos ofrecieron reservar para otro día o devolver el dinero. Desilusión, molestia, enfado. Pero esto es Nueva Zelanda, y estábamos avisados.

Dolphin Encounter. Nueva Zelanda.
Dolphin Encounter. Nueva Zelanda.

Recomendación. Se realizan tres salidas al día 5am, 8am y 12 am. Craso error el nuestro el de coger la última hora pensando en nuestro descanso. Las salidas tan tempranas tienen su razón. Aguas tranquilas y mayor facilidad de avistamiento de delfines. Os recomiendo reservar la primera hora. No os pase como a nosotros, que perdimos nuestra oportunidad.

Antes de tomar rumbo Picton, teníamos dos opciones. Bañarnos en la playa de Explanade, justo en frente de las instalaciones donde nos encontrábamos; o subir con la furgo a la península (junto al depósito y cerca del cementerio) para tener unas preciosas vistas de la ciudad, la bahía y sus montañas nevadas de fondo. Optamos por esta segunda opción tomando una cerveza en el interior de la furgo. El viento que había obligado a anular nuestra actividad, se hacía muy presente en este elevado punto.

Vistas de Kaikoura. Nueva Zelanda.
Vistas de Kaikoura. Nueva Zelanda.

Nos despedimos de este lugar tomando la N-1 en busca de Picton. Ahora bordearíamos la costa este compartiendo camino con la vía férrea. Infinidad de lugares para detenerse y descansar se nos ofrecen en este trazado.

En los dos horas, realizamos una parada para tomar un café. La carretera comenzaba a separarse de la costa para introducirse en el campo vitivinícola de Marlboroug. Blenhein es la capital de esta zona. Ciudad con gran densidad que cruzamos en busca de nuestro objetivo de hoy.

Aquí podríamos habernos  desviarnos hacia Havelock (aumentando una hora más nuestro camino) si queríamos visitar Coollen Look Out o Queen Charlote Drive. Pero desestimamos esta opción.

Top10 Picton Holliday Park. Nueva Zelanda
Top10 Picton Holliday Park. Nueva Zelanda

Llegamos a Picton y nos hospedamos en el Top10 Picton Holliday Park. Con tiempo suficiente para hacer un par de coladas. Descansar. Cambiar las aguas grises y negras a la furgo. Y charlar para analizar cómo marchaba nuestro viaje. Replanteo de ideas y paseo al puerto para cenar como nos merecíamos en el restaurante Oxley´s.

Cena en Oxley´s . Nueva Zelanda
Cena en Oxley´s . Nueva Zelanda

Estábamos despidiéndonos de la isla sur. Mañana a las 7:30 zarparíamos en el ferry camino de la Isla Norte.

Pero eso ya os lo contamos en la siguiente entrada…

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