Arribes del Duero. Mirador de Castrilhouço.
NIÑOS,  SENDERISMO,  VIAJES

Arribes del Duero, con niños.

Retomamos la rutina del blog, que teníamos bastante olvidada, con esta nueva escapada de 4 días a una zona con gran proyección turística. Nos referimos a «las» (si estás en Salamanca) o «les» (si estás en Zamora) Arribes del Duero.

Una comarca poco conocida, ya que pilla muy a «trasmano» para llegar hasta allí, pero donde tienen muchas ganas de darse a conocer. Lo confirman las últimas inversiones económicas de su comunidad en vista a potenciar el turismo rural.

Arribes del Duero.
Arribes del Duero.

Las arribes no son otra cosa que un profundo tajo que ha producido el río Duero a lo largo de su historia a los largo de 180 km de recorrido, creando una frontera natural entre España y nuestra vecina Portugal. Un cauce que a la vez que ha separado países, también a unido a sus comarcas más próximas.

Estos acantilados de hasta casi 400 metros de desnivel tienen un interés propio por sí mismo, pero no por ello debemos olvidar los pueblos y costumbres que rodean todo este Parque Natural de Arribes del Duero.

De entre todos los núcleos urbanos que salpican este bonito rincón de la península, podemos destacar dos. Ambos son los que cuentan con más servicios para poder asentar el «campamento base»; Fermoselle, en Zamora y Aldeadávila, en Salamanca. De los dos, el primero es más interesante como núcleo urbano y el segundo tiene su atractivo por la proximidad de puntos de interés más cercanos.

Arribes del Duero. Bodegas subterráneas.
Arribes del Duero. Bodegas subterráneas.

Nosotros elegimos Fermoselle, concretamente el Hotel Rural Dos Aguas Arribes. Allí nos sentimos durante estos tres días como en casa. Dispone de solo cuatro habitaciones lo que permite un trato muy personal, con un desayuno muy abundante y productos caseros. La posibilidad de usar la cocina nos dio mucha flexibilidad para poder guardar las comidas de la peque; y también para economizar el viaje pudiendo preparar nuestras propias cenas.

Jueves, 12 de octubre. Fermoselle.

Desplazamiento.

Tres horas y media de coche nos separaban desde nuestra casa hasta Fermoselle, de las cuales más de la mitad por carretera convencional. Decidimos madrugar para evitar que India nos diese el «viaje». Así pues, a las 6:00 ya estábamos con el coche cargado de camino al destino.

Me gusta conducir de noche y ver el amanecer, me relaja. Pero hay ciertas carreteras que no son propias para ello como fue el caso. Podíamos haber parado en Ledesma a desayunar, pero llevamos el café en el termo. Quedaba poco para llegar cuando comenzamos a observar lo que se suponía que era el embalse de Almendra. Seco, sequísimo.

Arribes del Duero. Fermoselle.
Arribes del Duero. Fermoselle.

Casi sin darnos cuenta estábamos cruzando por la carretera por su propia presa, la más alta de España con 202 m de altura. Existen dos miradores en el propio tramo donde poder detener el coche con seguridad para admirar esta obra de la ingeniería. No es que seamos muy fan de este tipo de construcciones tan artificial y completamente opuesto a nuestros gustos naturales. Pero debemos reconocer que nos impresionó.

Es una obra no exenta de polémica respecto a la «muerte» que produce al propio caudal del río Tormes en sus últimos 15 km antes de ceder sus aguas al Duero.

Ya en Fermoselle

Un poco más tarde de las 9:30 estábamos entrando a Fermoselle. Es muy difícil transitar con vehículos por sus estrechas calles, y mucho menos aparcar. Existe un parking municipal a las afueras donde asegurar el aparcamiento del coche, pero arriesgamos a entrar hasta dentro por ser horas muy tempranas sin a penas tráfico… y tuvimos suerte. Dejamos el coche en la misma plaza de la iglesia, a penas a 50 metros del hotel.

Según Booking, el check-in no se podía realizar hasta las 16:00, pero llamamos a Ana y nos abrió las puertas en cuanto llegamos, justo en el momento que India comenzaba a despertarse.

El hotel rural, como hemos mencionado, excepcional. Y el trato de Ana, superior; como si de una madre se tratase. Todo tipo de ayudas, recomendaciones, facilidades… Los desayunos muy abundantes, se alargaban con interesantes conversaciones. Recomendable 100%.

*Atención con confiar los desplazamientos 100% al gps del móvil en la zona, porque la cobertura falla mucho en toda la comarca. No está de más usar mapas físicos o confiar en las indicaciones de los vecinos.

Foto02. Arribes del Duero. Fermoselle, plaza Mayor.

Tras asentarnos en nuestra habitación, salimos en busca de la plaza Mayor donde a las 12:00 teníamos concertada la visita guiada a las Bodegas Subterráneas.  El reloj del Ayuntamiento no marcaba aún las 11:00 de la mañana cuando nos sentamos en una mesa de la terraza del restaurante El Medieval para desayunar como nos merecíamos. La plaza, cerrada al tráfico, perfecta para que India corretease junto a los rayos de un sol que ya comenzaba a apretar.  Eran los últimos coletazos de este verano que se había adentrado hasta mediados de octubre.

Mañana en Fermoselle

Poco antes de las 12:00 nos acercamos al Ayuntamiento donde la gente comenzaba a arremolinarse en torno a la guía que nos aconsejaba otras visitas naturales en la zona para el resto del puente. Consejos que no incluía la visita al afamado Pozo de los Humos o cualquier otra cascada de la zona debido a las escasas lluvias y a las características temporales de los saltos de agua del lugar.

Con puntualidad inglesa, comenzamos nuestra ruta por Fermoselle para visitar cinco bodegas en orden cronológico desde la más antigua hasta la más moderna, desde el centro de la localidad hasta la más exterior. Una visita donde el carro de bebés no tiene cabida, pero India ya «es mayor»… al menos lo fue hasta la tercera bodega.

Arribes del Duero. Bodegas subterráneas.
Arribes del Duero. Bodegas subterráneas.

Dos horas y media donde aprendimos el porqué de estas bodegas tan particulares, de cómo se fueron heredando y ampliando, de los tipos de uvas característicos de la zona, de sus usos como sinagogas escondidas, de costumbres traídas del norte a modo de «chocos»… Y todo ello aderezado con interesantes apuntes históricos de la localidad y otros datos de interés que nos íbamos encontrado por las calles entre unas bodegas y otras.

Como decía, India aguantó más de la mitad del recorrido, pero la proximidad del hotel nos permitió coger el carro para poder continuar con la visita, aunque fuese de forma alterna entre Afri y yo.

Arribes del Duero. El Arco.
Arribes del Duero. El Arco.

A las 14:30 había terminado esta interesante y acertada actividad. Muy recomendable. Tomamos rumbo al centro de la localidad para comer en alguna de las terrazas de los bares de la plaza mayor, pero estaban hasta arriba. Nos quedamos en una mesa de la Cafetería Plaza para tomar unos vinos, junto a dos pequeñas y sencillas raciones de croquetas, embutido ibérico y «preñás» típicas de la zona. Algo rápido, para aprovechar la siesta que ya se estaba echando India y que nosotros queríamos alargar en el hotel.

Tarde en Fermoselle.

Tras la siesta, volvimos a la cercana Plaza Mayor para tomar un café y desperezarnos por completo de cara al paseo integral por el casco urbano de la localidad. Había muchos puntos de interés que visitar marcados en el mapa…

Arribes del Duero. Calles de Fermoselle.
Arribes del Duero. Calles de Fermoselle.

La primera parada era la visita al castillo, que estaba cerrado al público; por lo que nos obligaba a iniciar la ruta por la calle Tenerías en busca de su perímetro norte. Por esta zona disfrutamos de las vistas con paisajes menos abruptos y de las casas colgadas que rodean todo el perímetro del núcleo urbano.

El mirador de los Barrancos, escondido entre estrechas y desordenadas calles, nos dará una perspectiva interesante de la parte norte de la ciudad, la menos conocida. Antes de llegar a él podremos visitar El Arco que da acceso a la población.

Arribes del Duero. Mirador de las Peñas.
Arribes del Duero. Mirador de las Peñas.

La iglesia de Santa Colomba nos regala la amplitud que nos privaba las calles aledañas. Un un punto de inflexión que nos invita a iniciar la segunda parte de la ruta, la de la zona sur, más abrupta y turística.

El escondido mirador de las Peñas nos muestra un horizonte más interesante que la de su lado opuesto, toda una carta de presentación para lo que se nos venía por delante.

De camino al mirador del Torojón, el más afamado de todos, los amables y simpáticos vecinos nos saludaban e intentaban relacionarse con India desde las puertas de sus casas.

Arribes del Duero. Mirador del Torojón.

Una vez en el Torojón, su fama quedaba más que justificada. Foto postal de presentación de la población desde el punto más alto de la urbe.

Ahora tocaba descender hacia el sur. Dos calle tienen nombre propio: la calle Palomberas, que desciende en zigzag con algún que otro bonito rincón; y la calle Nogal, con estilo completamente medieval y un desnivel significativo. Debes elegir bajar por una de las dos; si vas con carro, mejor por Palomberas.

Con este paseo era suficiente por el día de hoy. Ponemos rumbo al hotel para cenar y descansar.

Arribes del Duero. Calle Nogal, Fermoselle.

Viernes, 13 de Octubre. Crucero fluvial y miradores.

Amanecía el día algo más nublado de lo esperado. Ana nos presentaba el desayuno a la par que nos daba exquisitas recomendaciones de lugares y zonas que visitar. No teníamos ninguna prisa que no fuese el horario de embarque del crucero fluvial.

Hoy tocaba visitar la zona sur de las Arribes, la de la provincia de Salamanca. Decenas de miradores salpican los precipicios encajonados del cauce del Duero, pero había que elegir de entre todos ellos y adaptarnos a India.

Foto11. Arribes del Duero. Desayuno Hotel Dos Aguas.

De todas las recomendaciones de Ana, le tomamos prestada la visita a la zona de Ambasaguas. Para después hacer el Crucero Fluvial y visitar el mirador de El Fraile. Con ello, estaríamos más que servidos en este día plomizo y amenazante de lluvia.

Más tarde de lo programado salimos hacia la localidad de Trabanca. Para ello hay que «bajar el puerto  de San Lorenzo» por un descarnado y zigzagueante asfalto que nos desciende hasta el puente del mismo nombre que salva el cauce del río Tormes. Es esta también la frontera natural entre las provincias zamoranas y salmantinas.

Paraje de Ambasaguas

En Villarino de los Aires, tuvimos que rezar y poner en el mapa del móvil el «paraje de ambasaguas» para que nos facilite el callejeo por la pequeña localidad. Con ayuda de algún vecino, dimos con la pista que nos descendía hasta este tranquilo y especial enclave.

Una zona de picnic, las tímidas aguas del Tormes por la derecha, de frente el cauce del Duero y al fondo el color chillón de la presa de Bemposta. Un pequeño paseo para estirar las piernas, algunas fotos y mucha tranquilidad en este punto donde las aguas de ambos ríos se juntan para continuar un camino común.

Vuelta al coche para desandas nuestros pasos y dirigirnos hacia Corporario. Allí nos esperaba nuestro paseo fluvial. Durante el camino obviamos varios de los miradores, como el de la ermita de Nuestra Señora del Castillo; y también el Pozo de los Humos, por su escasez de agua en estas fechas.

En Corporario, pocos kilómetros antes de llegar a Aldedávila, tomamos el desvío hacia la playa del Rostro. 4 kilómetros de vertiginoso asfalto, para descender casi 400 metros de desnivel, nos dejaron en la playa fluvial con el respectivo embarcadero.

Paseo Fluvial

Las entradas las habíamos reservado con antelación. Con puntualidad inglesa se presentó el barco a las 13:00 para iniciar un paseo de poco más de una hora aguas a bajo; justo en el momento que la lluvia cumplía su promesa de aparecer.

Sentido sur, hacia la presa de Aldeadávila, comenzaba la ruta con interesantes explicaciones sobre la flora, fauna y costumbres del lugar. También de sus características particulares atmosféricas. Y de las similitudes y diferencias de los acantilados españoles y portugueses. Media hora de tranquila y magistral explicación a la ida que daba paso a una revoltosa y observadora vuelta.

Arribes del Duero. Crucero Fluvial.
Arribes del Duero. Crucero Fluvial.

Tras la experiencia del barco, tocaba comer. No habíamos preparado picnic y teníamos que buscar algún lugar cercano. Las horas y los pocos establecimientos de la zona no ayudaron a saciar nuestro hambre, hasta que encontramos un verdadero oasis en la plaza de Aldeadávila.

El Bar El Encuentro, en la plaza del cardenal Martín Herrera, nos adaptó una mesa en el exterior a pesar de la lluvia. Nos preparó una buena hamburguesa en horas de cocina casi cerrada y nos dio conversación sobre lugares para visitar con las condicionantes que nos encontrábamos.

Arribes del Duero. Crucero Fluvial.
Arribes del Duero. Crucero Fluvial.

Mirador de El Fraile

Retomando el coche nos dispusimos a buscar el mirador de El Fraile gracias a las indicaciones de los dueños del bar. Como avisamos en el inicio de la entrada, no podemos confiar 100% en los móviles ya que la cobertura falla constantemente.

Este mirador fue modificado hace pocos años creando una estructura metálica que vuela sobre el acantilado. A la vez decidieron restringir el acceso hasta el propio mirador por seguridad. Pero esto no es un impedimento para ir con niños ya que el asfalto (aunque muy descarnado) permite llevar el carro sin problemas. La distancia del parking al mirador es de unos 800m en descenso (y luego la vuelta).

Arribes del Duero. Mirador de El Fraile.
Arribes del Duero. Mirador de El Fraile.

Desde el mismo parking también se puede acceder al mirador del Picón de Felipe, pero no apto para ir con carro. Allí mismo disponen de un área de picnic que nosotros no utilizamos.

Una vez en el mirador, las vistas son impresionantes, hacia la izquierda la presa de Aldeadávila y a la derecha, el tajo del Duero imponente ante nuestra mirada. Si eres de los que sufren con las alturas… mejor ni lo intentes.

Habíamos tenido suerte con la «ventana» que la lluvia nos había dejado, pero pronto comenzaba a chispear de nuevo. Directos al coche con la opción de ver el mirador de La Code… Pero visto uno… vistos todos… El día no acompañaba y ya habíamos disfrutado de las Arribes desde las alturas y desde su orilla.

Vuelta a Fermoselle

A la vuelta, un pequeño jaleo con el GPS del móvil nos compensó con pasar junto a la Peñagorda, sin detenernos a verla. Una emergencia nos obligó a parar la marcha en Trabanca, en el bar El Mochuelo, donde India disfrutó de la presencia de su caballo mientras nosotros tomábamos el café de costumbre.

Arribes del Duero. Bar el Mochuelo, Trabanca.
Arribes del Duero. Bar el Mochuelo, Trabanca.

De nuevo en marcha, era obligada la parada en el Puente de San Lorenzo para dar un breve paseo por la orilla y tomar algunas bonitas fotos del «puerto». Un lugar interesante para hacer senderismo, como algunos carteles así lo indicaban.

Justo al anochecer llegábamos al hotel. India se empeñaba en explicarnos delante del mural del cabecero lo que eran las arribes. Una cenita ligera en la habitación y a ver la película de Trolls.

Arribes del Duero. Puente de San Lorenzo.
Arribes del Duero. Puente de San Lorenzo.

No habíamos visto todo lo que estaba planeado, pero había sido perfecto e intenso para todos.

Sábado, 14 de octubre. Las Arribes portuguesas.

En este tercer día no íbamos a desaprovechar la cercanía a nuestro país vecino. Entendiendo que en la zona española quedaba aún mucho por ver, decidimos darle ese punto internacional al viaje.

Si el jueves justificamos la presencia en terreno zamorano explotando al máximo la localidad de Fermoselle; y el viernes hicimos lo propio en terreno salmantino por los alrededores de Aldeadávila; hoy tocaba poner el centro de atención en Miranda do Douro para conocer con pinceladas la otra vertiente de las arribes.

Arribes del Duero. Capa de Honras, Miranda de Duero.
Arribes del Duero. Capa de Honras, Miranda de Duero.

En poco más de media hora nos presentamos en la frontera portuguesa. Por el camino nos dejamos algunos pueblos de visita interesante como Fornillos y Fariza. Pero el objetivo era claro, Portugal.

Justo al cruzar la presa de Miranda realizamos la parada obligatoria para fotografiarnos con el cartel de Portugal y dejar constancia de ello. Posteriormente continuaríamos para dejar el coche en el parking de la muralla en torno a las 11:30 de la mañana (10:30 en Portugal)

Miranda do Douro

Miranda se ve rápido, tiene una calle principal peatonal muy bonita que reúne todos los edificios de interés hasta llegar a su catedral y los restaurantes más recomendados.

Dudamos si reservar en el restaurante Sao Pedro, a la vez que declinamos la decisión nos adentramos en la Casa Pinmentel para comprar algún que otro artículo.

Arribes del Duero. Concatedral, Miranda de Duero.
Arribes del Duero. Concatedral, Miranda de Duero.

Pronto llegamos a la plaza donde se encuentra el monumento a la Capa de Honras, frente al edificio del ayuntamiento. Una atractiva terraza nos pretendía cautivar para sentarnos, pero era relativamente pronto. Continuamos el paseo hasta la Concatedral y entramos en ella de manera gratuita.

Arribes del Duero. Muralla de Miranda.
Arribes del Duero. Muralla de Miranda.

A la salida, la pequeña y escondida terraza O Cartolinha sí nos convenció para sentarnos a tomar unos oportos junto a unos buenos pinchos de tortilla. Acompañaba el momento e India que estaba tranquila, pero había que seguir.

Antes de volver sobre nuestros pasos, un pequeño rodeo para ver las tres almenas de la muralla que aún quedan en pie y un breve paseo por las ruinas del palacio Episcopal, con una cariñosa visita a modo de bola felina.

Arribes del Duero. Palacio Episcopal, Miranda de Duero.
Arribes del Duero. Palacio Episcopal, Miranda de Duero.

Con el estómago medio engañado, tomamos el coche y nos fuimos a visitar dos de los miradores más recomendados de la zona.

Miradores de Castrilhouço y Sao Joao.

El Mirador de Castrilhouço, está escondido y de acceso mediante una pista relativamente adecentada. Merecerá la pena recorrer con el coche los tres kilómetros a una velocidad casi de paseo.  Una vez en la explanada, debemos andar por un sendero que sale por la derecha y descender un poco con algo de intuición para encontrar un verdadero regalo para la vista.

Arribes del Duero. Mirador de Castrilhouço.
Arribes del Duero. Mirador de Castrilhouço.

Una vez disfrutada esta panorámica, tomamos el coche y seguimos en el mismo sentido norte en busca del segundo mirador, el de San Juan de las Arribes. Para ello saldremos de la pista en la localidad de Vale de Águila para llegar hasta Adeia Nova. Y de aquí seguir las indicaciones hacia la Ermita de Sao Joao das Arribas.

Cinco kilómetros separan estos dos miradores. Aquí la ermita tiene una perfecta explanada para aparcar, comer, visitar la ermita y ver el cauce rectilíneo hacia el sur.  Completamente opuesto al perfecto meandro que dibujaba el Duero en la anterior parada.

Arribes del Duero. Miranda de Duero.
Arribes del Duero. Miranda de Duero.

Extramuros de Miranda.

Tocaba volver con el coche, ahora ya todo por asfalto, de nuevo hasta Miranda. En esta ocasión con visita a la zona extramuros. Buscaríamos algún lugar para comer entre las dos calles más comerciales de la localidad, Rua 25 de Abril y Rua do Mercado. Pero estaba todo hasta arriba. Así que terminamos comiendo en el bar de los Bomberos Voluntarios una «francesinha» que es un sandwich muy muy potente, típico de la zona de Oporto.

Arribes del Duero. Mirador Parque río Fresno.
Arribes del Duero. Mirador Parque río Fresno.

Para bajar la comida dimos un paseo por los alrededores del parque del río Fresno. Desde su bonito mirador de madera podíamos observar los dos jets de agua que dan un toque «chic» junto con la silueta del castillo.

India para este momento estaba dormida, asique decidimos seguir hasta el castillo para verlo desde cerca y esperar que se despertase junto al un gran parque infantil que hay en sus proximidades.

Arribes del Duero. Castillo infantil, Miranda de Duero.

Y así ocurrió. Que mientras India se despertaba, sus padres tomaban una copita en la terraza del Face Lounge Bar. Justo para terminar en el parque infantil con la merienda y un poco de juego para la enana.

Mirador La Pena del Puio.

Tocaba volver a casa, pero no por las carreteras españolas, si no por la portuguesas. De esta manera, podríamos visitar el mirador de La Pena del Puio, en la localidad de Picote.

Apuramos las indicaciones del GPS (en la parte Portuguesa funcionan sin problema) para aproximarnos lo máximo posible. Tuvimos suerte. Dejamos el coche junto al cartel de prohibido el paso (lo normal es dejarlo en la plaza del pueblo), y de ahí, tan solo 200 metros al mirador.

Arribes del Duero. Mirador La Pena del Puio.
Arribes del Duero. Mirador La Pena del Puio.

Un mirador adecentado con una cristalera que permite una visión más completa de este bonito rincón. A la derecha una mole de granito sirve también de aposento para disfrutar de las vistas, pero con mucha menos seguridad. Las horas tardías no ayudaron a disfrutar de la majestuosidad del lugar ya que las sombras de los acantilados caían casi de pleno en el meandro, diluyendo así su esplendor.

El banco sirvió para una nueva merienda para India antes de tomar el coche rumbo a España, pero esta vez buscando el paso de Bemposta.

Arribes del Duero. Fermoselle.
Arribes del Duero. Fermoselle.

Cerrábamos así una ruta circular para este tercer e intenso día por las tierras portuguesas, sin acordarnos del cambio horario al paso de España. Ojo, ahora una hora más.

Domingo, 15 de octubre. Casa del Parque Natural de las Arribes.

El último día lo habíamos guardado para hacer alguna pequeña actividad por el entorno de Fermoselle. Pasar la mañana, comer… y aprovechar el ratito de la siesta de India para volver a casa.

Ana nos daba los buenos días con la energía que la caracterizaba… tanta energía como desayuno acompañaba. Pero el día había amanecido gris.

Teníamos dos rutas, a priori sencillitas para hacer con India. El sendero de los Molinos y el sendero interpretativo de la Casa del Parque. Ana, a parte de energía, nos daba consejos, recomendándonos el segundo de los paseos justificándolo de que iba a ser más sencillo e iba a estar más cuidado que el primero. Por entonces ya había desistido de animarnos a hacer la ruta del mirador de la Escalera, se nos iba de distancia y ya habíamos estado en varios miradores a lo largo de la escapada.

La amenaza de lluvia se confirmó antes de salir del hotel. Por esa razón nos olvidamos por completo de nuestro plan, para hacer el alternativo urbano como era el Paseo de la Ronda, pero Ana insistió en la recomendación de visitar la Casa del Parque. Así que, después de tantos planes descartados, esa sería la solución a la mañana lluviosa del último día. Y fue todo un acierto.

La Casa del Parque.

El antiguo convento de San Francisco, completamente rehabilitado, da cabida a este didáctico y lúdico espacio que nos asombra con cada uno de sus rincones. Muestra de modo muy interactivo la historia de los pueblos, sus costumbres… la fauna y flora.

Cuenta con aulas audiovisuales, e interesantes proyecciones. Muy atractivo para los niños de edad primaria.

Y si con eso no fuera poco, podemos salir al exterior a ver sus jardines. O a su patio interior, que nos sorprenderá con su ambiente que recrea las antiguas labores de este edificio.

Todo por el simbólico precio de 1€ es más que justificable.

A la salida, picoteo de vinos en la cercana bodega Romanorvm y directos al bar que Afri había echado el ojo el primer día. Pequeña terraza con carpa, perfecta para tomar un vino, picotear y marchar para casa.

Arribes del Duero. Portugal.
Arribes del Duero. Portugal.

Muy bien nos atendieron en el bar La Colomba, donde tuvimos la suerte de encontrar la última mesa que quedaba libre. Unos buenos pinchos y agradables conversaciones con lugareños, fue suficiente para despedirnos con un buen sabor de boca de esta desconocida zona de España.

Concluía así esta escapada por unas tierras muy interesantes y completamente recomendables por todo lo que tienen que enseñar y las ganas que tienen de dar a conocer sus costumbres y tradiciones.

Si os animáis a visitarlas, no os arrepentiréis.

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