XXXVI Marmotte Alpes

Hoy recuperamos las historias ciclistas que, no olvidemos, fue el objetivo original del blog. Una década hace ya de todo esto… ¡Cómo pasa el tiempo!

Os voy a contar nuestro fin de semana por los Alpes Franceses, concretamente en el valle de Oisans. Realizamos este viaje con un único objetivo de cerrar el tríptico de marchas cicloturistas europeas.

La Quebrantahuesos, que representa La Vuelta a España, ya había realizado tres participaciones (2013, 2014 y 2018); es la marcha con más solera de la cordillera pirenaca. La Maratona, que representa El Giro de Italia, donde solo he tenido una única participación en el 2015, es la marcha con más carácter que rueda por los Dolomitas, la más bella región de los alpes italianos. Solo quedaba esta, La Marmotte, la marcha de las marchas europeas, la más tradicional de todas ellas, la representante del Tour de Francia a nivel cicloturista.

Y aquí las tengo. Aquí están las tres, juntas. Ya no se escapan, aunque no fue fácil. Os cuento.

Marmotte Alpes. Triple corona cicloturista.

Marmotte Alpes. Triple corona cicloturista.

Desde octubre, todo estaba planificado, todo estaba atado. Todo gracias a las gestiones con CicloRed que nos reservaría los apartamentos, nos facilitaría la inscripción sin sorteos y nos trasladaría las bicis desde Madrid, amén del transfer entre Lyon y Bourg d´Oisans. No teníamos marcha atrás. Nueve meses por delante en busca de un único objetivo.

Durante este tiempo hubo tiempo de descanso y preparación, con una recta final en busca del pico de forma que aunaba Bedelalsa, Lagos y Quebranta. O lo que es lo mismo; Covatilla, Covadonga y Portalet; amén de infinitas visitas a Gredos, Sierra de Madrid, Piélago y Montes de Toledo.

Todo estaba en orden para que el 8 de julio nada saliese mal. A excepción de una inesperada gastroenteritis que me tuvo contra las cuerdas una semana antes de la cita.

Primer día.

Viernes, 6 de julio.

Pero llegó el día, el viernes cogíamos el avión a Lyon (cuyo vuelo estaba reservado desde noviembre). Las bicis, con una pequeña mochila y los atos ciclistas, las habíamos dejado el miércoles previo para que nos lo trasladasen los chicos de Ciclored.

Marmotte Alpes. Preparados para el viaje.

Marmotte Alpes. Preparados para el viaje.

Y así nos vimos Samu, Mario, Ángel y el que escribe en la T4 del aeropuerto Madrid-Barajas con unas ilusiones infinitas. Nervios y mucha motivación volaban con nosotros en busca de nuestro cuartel general en Bourg d´Oisans. Allí, en Lyon, los chicos de CicloRed nos esperaban para trasladarnos a los apartamentos de «Le Grand Renaud» donde llegamos a medio día.

Saludos con viejos conocidos y presentaciones de nuevas amistados. Tiempo para acomodarnos en los humildes apartamentos, comer y hacer la compra de cara al fin de semana.

El sol se estaba desperezando a medida que avanzaba el día y eso animó a enfundarnos los ropajes ciclistas y dar una vuelta para ascender al desconocido y completo Col de Solude.

Un imprevisto en el freno de Samu nos obligó a retrasar la salida. No importaba, el ambiente que se vivía en este pueblo nos recordaba mucho a Luz St Suveur. La tienda de bicis no daba a basto para atender a tal volumen de ciclistas. Pero el problema se resolvió a la vez que la selección francesa de fútbol comenzaba a fraguar su pase a semifinales del mundial.

Ascenso al Col de Solude

Iniciamos la ruta que sale directamente desde la localidad. Una carretera que corta literalmente la falda de este valle glaciar en U, y que se hace hueco entre túneles (no iluminados) y cortes impresionantes en la roca.

Marmotte Alpes. Subida al Colde Solude.

El valle va quedando abajo. En frente, al otro lado del valle, se yergue otra pared blanca donde se puede observar un cortado horizontal que ralla la roca. Se trata de la carretera de los balcones de Oisans (tal vez posible trayecto para el día siguiente).

Marmotte Alpes. Túneles no iluminados.

Marmotte Alpes. Túneles no iluminados.

Embobados en esta impresionante carretera, no nos damos cuenta de que el porcentaje no baja de los dos dígitos. Las ganas y la frescura de las patas nos evitan el sufrimiento.

El puerto llega a un punto en el que comienza a zigzaguear adentrándose en un denso bosque que nos impide disfrutar de las vistas que traíamos en los primeros kms. Pero pronto nos recompensa con un giro brusco donde se nos presenta una imponente cascada que sale directa de un glaciar. Excusa perfecta para hacer el descanso que la carretera no nos permitía.

Marmotte Alpes. Cascada.

Marmotte Alpes. Cascada.

Tras disfrutar de este místico momento, continuamos hasta la localidad de Villar Notre Dame, donde un niño nos confirma la victoria de La France contra Uruguay. Aquí acaba el ascenso oficial, pero como estamos hipermotivados continuamos subiendo a pesar de la pérdida de calidad del asfalto.

Marmotte Alpes. El piso empeora.

Marmotte Alpes. El piso empeora.

Sterrato

Dos kilómetros más allá del pueblo, cuando el GPS marcaba 12 de ascenso, el puerto llega a un prado que nos regala unas vistas únicas del valle de Oisans. A su vez, la pista se transforma en tierra durante los últimos tres km.

Marmotte Alpes. Zona de «sterrato»

Los dos primeros en liviano descenso y un último, en ascenso. Completamente practicable para la bici de carretera siempre y cuando las cubiertas sean nuevas o de calidad.

Iremos alternando nuestra mirada al suelo para evitar las pocas piedras conflictivas, con la imagen del Alpe d´Huez que se levanta en la vertiente opuesta del valle. Impresionante.

Marmotte Alpes. Tramo final.

Marmotte Alpes. Tramo final.

Hollamos la cima a 1637 m de altura. Unos bancos estratégicamente situados nos invitan a descansar de cara a disfrutar las vistas que desde allí podemos divisar.

Descenso del Col de Solude

Tocaba descender, dejando Villard Reymond de lado, disfrutando de un nuevo valle que nada tiene que envidiar a su vecino de Oisans. Una carretera agrietada en su inicio y con curvas muy traicioneras en su segunda mitad, nos obligan a bajar con ligera precaución. Nadie quería perderse la cita principal del domingo.

Marmote Alpes. Descenso norte del Col de Solude.

Llegamos a la carretera del valle que nos invita a visitar el Col de Ornon. Pero lo obviamos para volver al punto de salida, no sin antes ascender un leve repecho, tras el cual solo quedaría dejarse llevar hasta las puertas de nuestro cuartel general.

Tras la ducha, volvíamos al pueblo a cenar, dar un paseo y descansar de este largo pero interesante día de bienvenida.

Segundo día.

Sábado, 7 de julio.

Amanecía el segundo día con un sol brillante. El desayuno en la terraza nos llenaría de fuerzas necesarias, tal vez demasiadas, para rodar por la mañana y así aprovechar al máximo los días previos por estas bellas tierras.

Marmotte Alpes. Desayuno.

Marmotte Alpes. Desayuno.

La decisión final fue la de realizar la ruta por la carretera de los balcones de Oisans para después hacer el ascenso al Col de Sarenne y llegar al Alpe d´Huez por su vertiente trasera de cara a la recogida de dorsales.

Balcones de Oisans

La ruta comenzaba realizando la parte inicial y más dura del ascenso al Alpe d´Huez. Sus primeras 5 curvas hasta La Garge d´Oisans. Allí nos desviaríamos del afamado ascenso para tomar un carreterín que asciende duro hasta la población de Armentier. Desde allí, la carretera se asoma de nuevo al imponente valle de Oisans. Al fondo, al otro lado del valle, se divisaba la carretera que habíamos tomado el día anterior para ascender al Col de Solude.

Todo era un espectáculo para la vista que nos hacía olvidar el ligero ascenso al que nos sometía ahora la carretera. Encaramada esta a las verticales laderas de este bonito valle.

Marmotte Alpes. Balcones de Oisans

Marmotte Alpes. Balcones de Oisans

Justo cuando nos despedimos del valle, la carretera comienza un descenso, ligero en su inicio y fuerte en su parte final, en busca de la carretera principal en lo más profundo del valle, ahora estrecho y denominado Garganta del Infierno.

Marmotte Alpes. Vistas al valle de Oisans.

Marmotte Alpes. Vistas al valle de Oisans.

Ascenso al Col de la Sarenne

En Le Freney, tomamos la carretera principal para ascender hasta el Embalse de Chambón, donde nos desviamos de nuevo hacia Mizoen, en unas duras rampas iniciales que doblan los dígitos en el porcentaje del GPS.

Tras la localidad, un ligero descenso nos sitúa en el ascenso definitivo al Col de Sarenne con 10 km por delante que nos sacará desde lo más profundo del valle hasta la parte trasera del Alpe d´Huez.

Marmotte Almpes. Embalse de Chambon

Marmotte Almpes. Embalse de Chambon

Un ascenso constante, con una parte media de ligero descanso, pero tras el cual, se mantendrá firme en sus 7 kms finales, siendo los últimos los más duros que tensan nuestras piernas para conseguir llegar al collado de la Sarenne.

Solo podíamos disfrutar de las vistas y guardar el mayor número de fuerzas, siempre pensando en el día principal.

Marmotte Alpes. Ascenso al Col de la Sarenne

Marmotte Alpes. Ascenso al Col de la Sarenne

Se nos fue un poco de las manos, las piernas notaron esa tensión en sus kms finales. Solo esperábamos que no nos pasara factura de cara al día decisivo. Pero es que, ya que estábamos allí, ¿Cómo nos íbamos a quedar en el apartamento?

Marmotte Alpes. Col de la Sarenne.

Marmotte Alpes. Col de la Sarenne.

En busca de Alpe d´Huez

La cima la conseguimos a 1999 metros. El asfalto castigado por las quitanieves y las inclemencias del invierno, no nos permite un descenso cómodo. Al que además se le une un par de repechos de esos que duelen antes de llegar a la estación de esquí de Alpe d´Huez.

Marmotte Alpes. Llegando a Alpe d´Huez por detrás.

Marmotte Alpes. Llegando a Alpe d´Huez por detrás.

Los prados que por allí se hayan, resultan demoledores. Fresco, paz, tranquilidad. Todo queda contrastado en cuanto rebasamos la última cota y ante nuestros ojos aparecen las grúas y la urbanización imponente de Huez.

Allí paramos para recoger los dorsales y dar un breve paseo por la feria ciclista. Unos bidones de recovery para recuperar las piernas. Se nos había ido de las manos con 2.000 m de desnivel el día antes de la Marmotte.

Marmotte Alpes. Alpe d´Huez.

Marmotte Alpes. Alpe d´Huez.

Con la bolsa del corredor a la espalda nos lanzamos Alpe d´Huez abajo para llegar a Bourg d´Oisans, hacer una pequeña compra. Preparar la comida y realizar una merecida siesta.

Una visita a la tienda del pueblo para que Mario se entienda con el mecánico y solventar sus problemas de la bici y vuelta al cuartel general para atender a la reunión de información sobre lo que nos esperaba al día siguiente.

Unas cervezas, una buena cena a cargo de Angelote. Unas risas que no faltaban nunca y a descansar que a las 6:00 tocaba diana.

Tercer día.

Domigo, 8 de julio.

Llegó el día decisivo. Ya había realizado una Marmotte particular el año anterior, pero no tenía nada que ver con lo que viviríamos durante las horas siguientes. Nuestro cajón tenía la hora de salida a las 7:50. Media hora antes estábamos situados disfrutando de un ambiente que nos resultaba familiar pero en un entorno que no tenía comparación.

Marmotte Alpes. Preparados para la batalla.

Marmotte Alpes. Preparados para la batalla.

7.500 ciclistas salíamos en varias tandas horarias, nosotros seríamos los últimos. Pero no teníamos prisa, o sí.

Tras dar un rodeo a la localidad de Bourg d´Oisans, pasamos bajo el arco de salida para afrontar los 10 primeros kms llanos hasta la base del Glandón. Samu, arrancó inquieto y cogió la rueda de un gigantesco ciclista que iba pasando grupos y grupos. Yo miraba para detrás a Ángel y Mario que asentían con la cabeza.

Ascenso al Glandon

Así llegamos a Allemond, para tensar las piernas con sus primeras rampas que salvaban el desnivel del dique de la presa.

Un pequeño llaneo para bordear este lago artificial sería el último descanso para afrontar los 26 km de ascenso que se nos presentaba por delante.

El bosque se cerraba, la temperatura ya no era tan fresca. Y las rampas se endurecían, con un silencio sepulcral solo roto por los españoles. Cinco kms duros hasta llegar a Le Rivier d´Allemod donde se nos brinda un descanso y un corto descenso algo rápido.

Si somos capaces de levantar la mirada en la bajada, observaremos como al cruzar al otro lado de la vertiente, la cosa se inclina y te frena cual campo magnético. El valle es encajonado y el viento apenas se deja notar.

Tocaba pues otro tramo de ascenso hasta ganar la orilla de una nueva presa. Aquí tendremos un leve descanso seguido de otro descenso que nos dejaría unas impresionantes vistas de un valle que se abre y despliega unos extensos prados dignos de disfrutar.

Marmotte Alpes. "Katacraker"

Marmotte Alpes. «Katacraker»

Al fondo ya se divisaba el refugio donde la carretera se bifurca hacia la cima del Glandon o la opción de la Croix de Fer.

En la cima, un multitudinario avituallamiento sólido y líquido. Todos habíamos subido con respeto, cada uno por sus circunstancias particulares, pero Samu seguía manteniendo ese carácter agitador con el que había iniciado la ruta.

Marmotte Alpes. Col du Glandon

Marmotte Alpes. Col du Glandon

Descenso y valle de Maurienne

Tocaba ahora descender con mucha precaución (la organización corta el cronometraje) por una carretera tan botosa como bonita. Merecía la pena, tras varias curvas, arriesgarse y girar la cabeza para buscar el paso que acabábamos de ganar.

El resto, con precaución y descanso de cara al falso llano del valle de Maurienne, donde el viento siempre pega de cara.

El objetivo era claro, gastar la menor fuerzas posibles en estos 20km de rodaje al 1-2%. Pero no, ahí estaba Samu, saltando de grupo en grupo, disfrutando como un crío. Y allí estábamos los demás, donde el corazón nos pedía seguirle y la cabeza dejarle. Pero, ¿cómo le íbamos a dejar? Así que Ángel se fue con él; y Mario y yo saltamos del grupo donde nos habíamos quedado a la caza de nuestros compañeros que nos buscaban con la mirada.

En uno de esos grupos me llevé el susto de la mañana, donde me comí un boquete en el asfalto que a la postre definiría el destino de la jornada.

Tras parar en el avituallamiento líquido en la base del Col de Telegraph, iniciamos el ascenso de sus 12 km por una carretera en perfecto estado, con sombras gracias a su denso bosque y con unos porcentajes mantenidos que no bajaban del 8%.

Col de Telegraph

La subida fue dinámica, tal vez porque fuese la menos dura de todas. Levantamos las cartas, y subimos a un ritmo ligero. Samu en plan «martillito» y yo a su rueda como buenamente podía. Por detrás, a muy poca distancia llegaron Ángel y Mario. Buen ascenso que nos situaba en el ecuador de la ruta.

Marmotte Alpes. Col du Telegraph

Marmotte Alpes. Col du Telegraph

De nuevo, avituallamiento líquido, foto de rigor; no se nos olvide que somos cicloturistas; y a descender cuatro kms en busca de Valloire.

Allí se daba por oficializado la subida más respetuosa de la jornada, el Galibier, que con 18km nos ascendería hasta los casi 2.700 metros de altura.

Una parada en el avituallamiento para recuperar líquidos y echarse algo a la boca que no fuesen barritas o geles. El reloj marcaba el medio día y el estómago se resentía. Un par de pulguitas de queso camembert y unos vasos de coca-cola fueron suficientes.

Tras retomar las bicis, afrontamos lo que sería el reto más duro de la jornada. Pero en ese momento no me imaginaba hasta que punto iba a sufrir.

Problemas

Al poco de coger la bici, siento que la rueda trasera me bota. Paro y veo un huevo en la cubierta. Tal vez el boquete que me comí en el valle de Maurienne, unido al calor del tiempo en el avituallamiento fueran los causantes. Dudo en quitar presión, pero no lo hago. A los dos km de ascenso, reventón.

Mario intenta parar a todo coche que nos pasaba (el 80% de la marcha estaba abierta al trafico en el mismo sentido de la carrera), pero sus esfuerzos eran en vano. Un motorista de «seguridad» me ignora por completo. Llamadas a Luis que nos esperaba con la furgo de apoyo en lo alto de Galibier, pero no tenía cobertura.

Decisión. Que sigan mis compañeros hacia la cima para avisar de lo sucedido, mientras me vuelvo hacia el pueblo con la rueda en llanta en busca de alguna solución.

Marmotte Alpes. Descenso de Galibier.

Marmotte Alpes. Descenso de Galibier.

Es domingo, y a pesar de que están pasando 7.500 bicis por Valloire, todas las tiendas están cerradas.
Hablo con un gendarme y un componente de la organización que de primeras no me hacen caso, pero mi insistencia les hace buscar alguna solución.

Sacan una cubierta reventada de una de las maleta de un motorista, cortan un trozo y me lo ponen bajo mi cubierta reventada a modo de parche, incluso me montan y desmontan la rueda ellos mismos.

Me habían solucionado el problema que estuvo a punto de dejarme sin mi deseada Marmotte.

Col de Galibier

Asciendo Galibier con rabia, sin superar mis posibilidades, pero tampoco en plan amarrategui. Conocía el ascenso de la visita hacía dos años y sabía de la linealidad de los primeros kms junto al río. No disfruté de las vistas. Pero estaba enrabietado.

Pasando a multitud de ciclistas, cogí aliento en Plan Lanchat de cara a los últimos 8 km, los más duros del ascenso.

Los zigzag iban a cambiar de valle y me iban a permitir divisar por primera vez el paso del Galibier. Obviando el homenaje a Pantani, con los ojos puestos en el horizonte, daba pedales mientras calculaba dónde podrían estar mis compañeros y cómo habrían subido este coloso puerto de montaña.

Marmotte Alpes. Vertiente sur de Galibier.

Marmotte Alpes. Vertiente sur de Galibier.

Este esfuerzo podría costarme un sufrimiento en el último puerto, pero la bajada de casi 50km sería suficiente para descansar de cara a los kms finales.

Los mojones con coronilla amarilla que indicaban la distancia a la cima, pasaban poco a poco hasta llegar a la altura del túnel, el último km de ascenso. Y allí estaba Luis con el puesto de apoyo.

Mis compañeros habían salido hacía un rato, me informó. Sé que estuvieron dudando si esperar o seguir, pero la falta de cobertura y mi intención de no condicionarles su Marmotte, hizo que no volviésemos a tener comunicación más allá de unos whatsaap para indicarles que había solucionado el problema de la rueda.

Asistencia

Luis me esperaba, a sabiendas de mi problema gracias a mis compañeros, pero cuál fue mi sorpresa al informarme que acababa de cambiar las dos ruedas que tenía de repuesto a un compañero que había reventado sus ruedas de carbono. Flipando por la situación, no podía seguir. Sería cavar mi propia tumba si bajaba Galibier con la cubierta como la llevaba, hecha un ocho.

En una mezcla de sensaciones entre defraudado, enfadado y desilusionado por la situación. Propuse quitar la cubierta de la rueda que acababa de cambiar para ponerla en la mía. Ya al terminar hablaría con el dueño para explicarle los motivos.

Así pues, continué el último km, duro, para llegar al avituallamiento y disfrutar de las dos vertientes de la montaña. Todo un espectáculo visual. Rellenar los bidones y lanzarme hacia abajo con tanta precaución como diligencia.

Marmotte Alpes. Col du Galibier.

Marmotte Alpes. Col du Galibier.

Descenso de Galibier

Las vistas obligaban a levantar la mirada, pero no demasiado, puesto que el rugoso asfalto no permitía el más mínimo despiste.

En el Col de Lautaret la carretera mejora y es donde pude soltarme de manos para quitar el chubasquero que protegía del aire en el descenso.

En los casi 50 km de bajada, hubo de todo. Empezando por un incómodo viento de cara y terminando por un pequeño repecho al final. Entre medias, túneles y más túneles; algún que otro pueblo y el embalse de Chambón. Y comer, y beber.

Rodaba a mi ritmo, bajando sin parar de mover las piernas, acompañando el pedaleo. Pasando grupos sin tener en cuenta el pequeño esfuerzo que estaba haciendo sin querer. Pero iba cómodo, no me importaba.

Tras cruzar el barranco del infierno, la carretera llega al fondo del valle de Oisans, 5km de llaneo hasta la base del Alpe d´Huez que pasaron volando. Era un cómodo rodar.

Parada obligatoria en la base del Alpe d´Huez para reponer los bidones y oxigenar las piernas de cara a los últimos 12 km de ruta.

Alpe d´Huez

Los primeros kms de ascenso son los más duras hasta La Garde. Luego se relaja, pasando del 10% inicial al 8% de media. Y así curva tras curva, dos avituallamientos líquidos para combatir los 36 grados que marcaba el GPS en la base a las 17:30 de la tarde.

Todo un rosario de ciclistas y «en cada curva una tertulia». El 32 metido desde abajo, y es que los 4000 metros desnivel acumulados que llevas en las piernas condiciona mucho el ascenso.

Poco a poco el calor empieza a desaparecer con la altura y el paso de los minutos. Levantando la vista aparece un muro vegetal con un zigzag dibujado sobre su ladera. Cabeza gacha para no desmotivarse.

Marmotte Alpes. Alpe d´Huez

Marmotte Alpes. Alpe d´Huez

Llegaba al pueblo de Huez y las vistas se hacen más largas, las carretera más abierta y solo 4 km para llegar a la cima.

Intercalando el ir de pie y sentado, ya uno no sabía ni como acomodarse. Solo pensando en llegar.
Dos km y esto estaba hecho, aunque fuese a pata. Momento emotivo, ya lo tenía en mis manos a pesar de unas sensaciones de náuseas provocadas por la cantidad de sales, geles y barritas consumidas.

Estábamos en el Alpe d´Huez. Un corto callejeo y la meta. Conseguido.

Conseguido

Allí en la zona de meta, en una mezcla de emoción y cansancio extremo, oí gritos que me avisaban. Estaban mis compañeros. Ángel por delante y luego Samu y Mario con su particular calvario también. 20 minutos de diferencia. Medalla al cuello. Comida de la pasta y para abajo. A disfrutar de Alpe d´Huez sin dar ahora una sola pedalada.

Llegamos a nuestro cuartel general. Felicitaciones. Invitación a cenar y a la cama. El sueño había concluido. Solo quedaba volver en avión y hacer planes para traer al resto de la grupeta para disfrutar todos juntos.

GRACIAS CHAVALES.

Marmotte Alpes. Gracias.

Marmotte Alpes. Gracias.

 

Escapada a Las Hurdes y Las Batuecas – Peña de Francia

Con la entrada de hoy intentamos acercaros una zona un tanto «escondida» a caballo entra las comunidades de Extremadura y Castilla y León. Un lugar con una orografía difícil, que parece arrugada sobre el papel. Con unos montes que dificultan el acceso, aspecto este que le da una característica singular.

Casi deshabitado por estas circunstancias, es este mismo «problema» es el que la hace más atractiva. Sus sinuosas carreteras nos obligan a tener paciencia para llegar al destino, disfrutando del viaje por estas recónditas tierras que guardan auténticas sorpresas en su interior.

Os proponemos una escapada para varios días donde podemos compaginar rutas de senderismo, en bici y turismo rural.

Carretera de las Batuecas

Carretera de las Batuecas

De las primeras, existen múltiples opciones; nosotros os indicaremos dos de ellas. La Ruta de las Raíces y las Pinturas Rupestres de las Batuecas.

De la segunda opción, sus intrincadas carreteras alejan el tráfico de ellas, lo que permite un rodaje con bici de carretera completamente tranquilo (excepto la zona de La Alberca-Peña de Francia).

Y respecto al turismo rural, cualquiera de sus pueblos guardan bonitas tradiciones. Pero especialmente tres de ellos sostienen el cartel de «Pueblos más bonitos de España».

El «centro de mandos» lo podemos instalar en cualquiera de los pueblos de la zona. Todos tienen un oferta variada de alojamientos rurales bastante interesante.

Esta es nuestra programación. ¡Adelante!

Pinturas rupestres de Las Batuecas.

El recóndito valle de las Batuecas, establece el límite sur de Salamanca con la vecina Cáceres. Para llegar hasta el punto de partida, debemos desplazarnos por la carretera SA-201 que une La Alberca (Salamanca) con Las Mestas (Cáceres).

Ruta de las Batue

Ruta de las Batuecas

A la altura del km 35 existe un adecentado parking donde podemos dejar el coche para iniciar la ruta por un trazado accesible para todos los públicos.

Un paso de madera acompañará durante el primer kilómetro paralelo al río Batuecas, completamente llano hasta las puertas del Monasterio de San José de las Batuecas donde hacen votos de clausura la orden de las Carmelitas Descalzas.

Una vez en la puerta, abandonamos el tramo accesible, para comenzar un bonito sendero que en este momento queda sitiado a la izquierda por el cauce del río y a la derecha por la tapia del monasterio.

Sendero junto al río Batuecas

Sendero junto al río Batuecas

Comenzamos a adentrarnos por este tranquilo, recóndito y pacífico lugar. El silencio solo es roto por el agua que nos acompaña a la izquierda de nuestra marcha. Seguimos por el fondo del valle sin percibir ningún desnivel significativo hasta encontrarnos con el cartel que nos indica la ubicación de las primeras pinturas rupestres del lugar.

Pinturas rupestres

Pinturas rupestres

Pinturas rupestres

Será a los casi 3 km de marcha cuando se nos ofrezca un desvío para ascender por unas escaleras naturales hasta la cueva (vallada) donde poder observar las pinturas rupestres con formas de cabra en color ocre. Desde aquí arriba, un balcón natural nos regalará unas vistas espectaculares del valle. Cuidado.

Será un leve desvío de menos de 100m la que nos dará acceso de ida y vuelta a este punto con tanta importancia arqueológica y singular.

Volviendo sobre nuestros pasos, podremos volver o seguir más adelante. Si tomamos esta segunda opción debemos tomar en cuenta que el camino empeora, pero por contra se vuelve más «vivo». Los carteles desaparecen pero el paso es obvio entre la vegetación.

Lado opuesto del río

Lado opuesto del río

Encontraremos un punto donde será obligado el vadeo del cauce. Utilizaremos las piedras para cruzar el río sin mojarnos.

El camino se levantará sobre el cauce, lo que dificultará un poco el tránsito cómodo que traíamos hasta este punto. Vamos en busca del paraje del Cristo donde unas nuevas pinturas se hallan escondidas. Serán más difíciles de verlas. En color negro y con formas más difíciles de reconocer. También valladas para la protección del vandalismo.

Pintura rupestre

Pintura rupestre

Vuelta

Será en este punto. Kilómetro casi cuatro, donde retornaremos sobre nuestros pasos disfrutando de la frondosidad del lugar y del aire puro, que por estos rincones aún podemos respirar.

Tras unas tranquilas tres horas de paseo, llegaremos de nuevo al punto de partida con algo menos de 8 km y unos 200 m de desnivel acumulado.

El día se prestará para visitar el cercano puerto del Portillo, que se levanta sobre 1.240 m sobre el nivel del mar tras ocho curvas de herradura o tomar el sentido opuesto de la carretera y descender hacia Las Mestas (donde disfrutar de su miel) o Ríomalo de Abajo (y darnos un baño en su piscina natural).

Senda de las Raíces.

Para el segundo día podemos realizar esta sencilla, temática y bonita ruta que parte desde la misma población de La Alberca.

Un paseo que nos adentra en un bonito y denso robledal. De carácter circular, que nosotros hicimos en otoño ya casi entrando en invierno. El suelo cubierto de hojas le daba esta belleza tan característica de esta época.

Particularmente nos ahorramos un kilómetro de ida y otro de vuelta desde La Alberca hasta el inicio circular del recorrido. Dejando el coche en una adecentada Área de Recreativa Fuente Castaño, a un kilómetro saliendo por la carretera de Mogarraz.

Tomando la senda en sentido horario comenzamos en cómodo descenso durante el primer kilómetro para familiarizarnos con una vegetación completamente diferente a la que tuvimos en el día anterior, a pesar de la cercanía entre ambos lugares.

El terreno ondulado comienza a hacerse presente, pero sin obligarnos a hacer un esfuerzo físico. Vamos en busca de la laguna de San Marcos que se nos de bruces en el momento que el robledal se abre y nos permite disfrutar de este bonito paraje escondido en medio del bosque.

Sendero de las raíces

Bordeándolo por su margen izquierda, nos conduce a las paredes que aún mantienen en pie el derruido Monasterio de San Marcos. Casi tres kilómetros de recorrido y nos hallamos en el lugar más bajo de la ruta.

Monasterio de San Miguel

La apertura del bosque, nos permite ver en lontananza las antenas de la Peña de Francia, que controla desde la altura toda la comarca que estamos visitando.

Tramo artístico

Toca abandonar este lugar para adentrarnos de nuevo en el robledal y comenzar un trayecto artístico. Ahora ascendiendo poco a poco. Irán apareciendo obras de arte en fusión con la naturaleza. Hojas gigantescas de roble, espejos entre árboles… Y en lo alto de este leve ascenso, unas nuevas vistas. Ahora hacia el lado opuesto, donde divisar la silueta de la otra sierra que compite en importancia este lugar. La sierra de Béjar, en esta ocasión, nevada en sus cotas más altas.

Arte en el camino

Arte en el camino

Cruzaremos con cuidado la carretera para llegar a una nueva ermita. En este caso la de las Majadas Viejas, en mejor estado de conservación que la anterior.

El camino se ensancha y pasa a compartirse con un sendero de Gran Recorrido. Ya en busca de La Alberca.

A la izquierda de nuestro paso, un redil con una puerta con carácter artístico. Un nuevo paso por una nueva carretera levantará el camino bruscamente. Nos hará esforzarnos un poco para llegar al punto de desvío, la Fuente Castaño. De frente hacia La Alberca, a la derecha hacia el punto de partida.

Escapada a Las Hurdes y Las Batuecas - Peña de Francia

Escapada a Las Hurdes y Las Batuecas – Peña de Francia

Serán unos 7km con no más de 150 m de desnivel que podemos realizar en poco más de dos horas.

Nos queda todo el día para disfrutar. Tal vez para visitar el Monasterio de la Peña de Francia a la tarde y dejar un día más redondo por estas bonitas tierras salmantinas.

Las Hurdes

El tercer día saltamos de Comunidad Autónoma y nos desplazamos hasta Vegas de Coria. El norte cacereño guarda con recelo esta comarca de Las Hurdes. Un paraje que parece escondido en la geografía española. Pero que nosotros queremos sacar a la luz.

En esta ocasión usamos la bicicleta de carretera para aprovecharnos de este olvido a modo de tráfico casi inexistente.

La razón del inicio en Vegas de Coria es por si visitáis esta zona en época calurosa, dispone de una interesante piscina natural para disfrutarla al acabar la ruta. Al igual que su vecina Riomalo de Abajo que ya visitamos en otra escapada para conocer su espectacular Meandro Melero. 

Puerto del Robledal

La ruta sigue en su primer tercio todo el valle del río Hurdano durante sus primeros 14 km. Un constante sube y baja que nos va dirigiendo hacia el corazón de este recóndito lugar.

Rubiaco, Nunomoral y Asegur son los tres pueblos que yacen a orillas del cauce. Un tramo que sirve para calentar piernas, no sin encontrarnos alguna rampa seria (como en la travesía de Nunomoral) que nos permitirá ir entrando en calor.

Siempre acompañando aguas arriba con el cauce a nuestra izquierda hasta cruzar el puente de Asegur.

Será en el cruce hacia Casares de las Hurdes donde podremos oficializar el ascenso al puerto del Robledo.

Doce curvas de herradura por un asfalto ancho y adecentado durante los ocho kilómetros de puerto para ascender los 600 m de desnivel. Un puerto fácil, cómodo, rápido. Que enlaza en su ascenso con tres localidades, lo que le hace ser más llevadero aún si cabe.

Las vistas desde esta cabecera del valle, mejoran a medida que giramos cada curva y tomamos altura.

Una vez en el puerto, tenemos la opción de cruzar a la provincia salmantina, pero la descartamos para seguir adelante por una pista forestal asfaltada. Una propina de dos kilómetros donde se acumularán los porcentajes más altos de todo el ascenso. Pero las vistas servirán como recompensa.

Las Hurdes

Las Hurdes

Largo descenso

Se iniciará un descenso de 5km. Divertido y juguetón por la misma pista que enlaza con Riomalo de Arriba. Precaución.

Desde Riomalo de arriba nos adentraremos en el valle del Ladrillar. Carretera estrecha de montaña que cruza las localidades de Ladrillar y Cabezo. Paraje más bonito que el de ascenso. Tal vez nos pudimos confundir de sentido de la ruta. Un descenso desquiciable con falsos llanos, leves repechos… Nunca dejas de pedalear… Largo, de 25 km hasta el desvío hacia Vegas de Coria.

A los 50 km, justo en el desvío, un leve ascenso hasta la Portilla del Pino de unos 3km que pican en las piernas tras el largo e incómodo descenso.

A los 57 km y 1400 m de desnivel habremos concluido una bonita jornada por esta recóndita comarca de Las Hurdes. Te quedará toda la tarde para disfrutar de la piscina natural y relajar las piernas en su frescas aguas.

Vega de Coria

Vega de Coria

Las Batuecas y la Peña de Francia

Cuarto día por la zona. Toca hoy recorrer la parte sur de Salamanca. En esta ocasión, iniciaremos la ruta en Riomalo de abajo con el mismo objetivo que el de ayer. Terminar en su coqueta piscina natural y refrescarnos en sus aguas al acabar nuestra jornada.

Las Batuecas

El inicio, durante los primero 12 km, seguiremos la carretera hacia Las Mestas para tomar el desvío hacia el valle de las Batuecas, que ya visitamos el primer día. En leve ascenso, siempre con el cauce a nuestra derecha. Al llegar a la puerta del Monasterio comienza el puerto del Portillo.

Casi 10km para salvar un desnivel de casi 700 m. Un puerto cómodo, sin mucho tráfico. Con unas curvas de herradura que le dan un «porte» respetable. Mantenido, sin variaciones de desnivel. Interesante. Con unas vistas que alivian la fatiga.

Valle de las Batuecas

Valle de las Batuecas

Una vez coronado, el descenso hacia La Alberca es más corto. A penas 4 km y otro poco más hasta el puente de Francia sobre el río del mismo nombre que levanta una corta rampa que pone las piernas tensas. No será hasta el km 31 cuando podamos dar por iniciada la subida a la Peña de Francia. Entre un denso robledal, con exceso de sombra y un asfalto algo rugoso.

Peña de Francia

Siete kilómetros hasta el collado de los Lobos y otros tres como apéndice hasta lo alto de la afamada Peña. Ascenso bonito. Que va ofreciendo diferentes vistas a medida que recorre una ladera u otra del promontorio que alza orgullosa sus 1728m sobre el nivel del mar.

Vistas de 360º y un monasterio en lugar privilegiado. Tómate tu tiempo para disfrutar del lugar. No es lo mismo subir en coche, que hacerlo con tus propias piernas.

Puerto del portillo

Puerto del portillo

Prácticamente has acabado tu jornada. Ahora toca descender por la misma carretera hasta La Alberca. Único tramo complejo el del puente de Francia en sentido opuesto pero mismo desnivel y esfuerzo que a la ida.

Pueblos con encanto

Desvío hacia Mogarraz por una bella carretera estrecha de montaña, con sinuosas curvas. Casi tomada por la vegetación y un espectacular asfalto.

Mogarraz

Mogarraz

Callejeo por la bonita Mogarraz, característica por sus retratos en las fachadas de las casas. Y seguir descendiendo hasta el cruce a Miranda del Castañar.

Pequeño apéndice de ida y vuelta a esta otra localidad de solo 5 km para recorrer su empedradas calles, previo ascenso a su particular enclave.

Descenso para llegar a Cepeda, que se alza en un pequeño alto que pasaremos sin problemas de cara al descenso definitivo a Riomalo de abajo, previo paso por la localidad de Sotoserrano.

95km y 2.200 metros de desnivel que dejarán tus piernas perfectas para disfrutar del frescor de la piscina natural de Riomalo.

La Alberca, Mogarraz y Miranda del Castañar

Si no las has visitado durante estos días de actividades, te recomiendo que dediques un día para pasear por ellas. Todas se sitúan próximas unas de otras. Todas tienen la denominación de Pueblo más bonito de España. Y todas se visitan en un par de horas como mucho. Tal vez La Alberca necesite algo más de tiempo.

La Alberca

La Alberca

Es por ello que son perfectas para ser visitadas todas en un misma jornada exclusiva para ellas. O también dedicar una tarde a cada una después de haber disfrutado de una mañana de senderismo o ciclismo.

Solo piérdete en sus calles. Pasea, toma una cerveza y pide de tapa un poco de jeta. El farinato también es típico.

O entra en cualquiera de sus restaurantes y disfruta de su cultura culinaria.

Así acaba nuestra propuesta. Deporte, naturaleza, turismo cultural y gastronómico.

¿Qué más se puede pedir?

Dolomitas. «Las montañas más bellas del mundo»

Para mí, de todos los lugares visitados hasta hoy, los Dolomitas son las montañas más bellas del mundo.

Siempre mantengo en mis conversaciones que «volver a un lugar ya conocido, es perder tiempo de conocer otros lugares desconocidos». Pero, como en toda regla, siempre existe la excepción. Y en este caso volvería una y otra vez a esta bella región del noreste italiano.

Ya en el verano del 2015 estuve por aquellos lares visitándolos con la bici. Me prometí volver. Y volví. Pero no solo. Ahora acompañado. Y con un objetivo mucho más romántico.

Dolomitas. "Las montañas más bellas del mundo"

Dolomitas. «Las montañas más bellas del mundo»

Os cuento como programé esta escapada sorpresa. Una visita fugaz a un lugar concreto. Val di Funes. Para mí, el rincón más bonito de las montañas más bonitas del mundo.

Preparativos

Afri no sabía nada. De hecho, pensaba que ese fin de semana viajaríamos a Cuenca… Pero ya había alquilado casi con un mes de antelación una Volksvagen California en el aeropuerto de Venecia.

La plataforma Yescapa permite el alquiler de furgos entre particulares. Era el lugar donde «pescar» el coche perfecto. Tuve la suerte de encontrar a Alessandro, propietario de una hermosa California. Muy amable y simpático que me facilitó mucho la planificación. Concretamos las condiciones del alquiler para recoger en el mismo aeropuerto «Marco Polo» de Venecia. Muy recomendable si queréis visitar Dolomitas en camper.

Aterrizamos en el aeropuerto, y allí estaba Alessandro esperando para entregarnos el vehículo. Media hora de explicación fue suficiente para ponernos rumbo a Val di Funes. Poco más de tres horas de viaje bajo la lluvia nos separaba del destino final en San Pietro.

Val di Funes.

Val di Funes.

Allí hicimos noche. Tiempo justo para buscar un lugar donde dormir sin molestar a nadie de cara a la jornada principal del día siguiente.

Val di Funes

Amaneció encapotado. Salimos de San Pietro en busca de la cercana localidad de St. Maddalena Alta, objetivo principal. Solo 10 minutos de desplazamiento para llegar «al lugar».

Un desayuno con vistas a la bucólica iglesia de Sta Maddalena, entre tranquilos prados ondulados y verdes. El fondo con los abruptos acantilados graníticos que caracterizan los Dolomitas. Energía repuestas de cara a un relajante paseo por el valle.

Desayuno especial.

Desayuno especial.

Muy cerca del inicio quedaba «El banco». El verdadero objetivo de esta visita exprés. Lo dejamos de lado mientras ascendíamos por un bonito sendero que recortaba el zig-zag de la estrecha carretera. A nuestra espalda aún quedaba el paisaje. Cada vez que volvíamos la cabeza, una explosión de belleza saltaba a nuestros ojos.

Paseo especial.

Paseo especial.

Por momentos el sol asomaba entre pequeñas oquedades de las densas nubes. Era perfecto.

Pronto llegamos al punto más alto. Nos sentamos en un nuevo banco y disfrutamos de las vistas. Impregnadas en nuestras retinas. El paseo se tornaba sencillo y fue «el momento».

Nervios y risas flojas en medio del paraíso. «Sí, quiero». No había lugar más bello. Solos los dos en medio de los Dolomitas. Rodeados de naturaleza pura. Paz. Serenidad. Belleza.

Fuente.

Fuente.

Nos introducimos en un tramo pequeño de bosque donde empezaban a caer regatos ladera abajo. Un pequeño zig-zag para descender hasta el pueblo donde globos con forma de corazón de una celebración ajena a la nuestra quedaban en nuestro paso. Todo un regalo del «karma».

El karma.

Las nubes que amenazaban lluvia, cumplieron tibiamente su propuesta. Debíamos recortar la ruta. Visitar la  iglesia y esperar en la furgo a que remitiese la lluvia.

El banco nos esperaba, con la botella de Champange que Alessandro nos había preparado para la ocasión. Y ahí, sentados ante la naturaleza, empezaron los primeros preparativos. Ilusiones.

El Banco.

El Banco.

Corvara in Badia

En Dolomitas, cualquier lugar es perfecto para patear. Miles de opciones teníamos en la cabeza, pero solo apetecía disfrutar.

Tomamos la furgo rumbo Corvara in Badia, lugar donde establecimos el «cuartel general» en el verano del 2015.

El valle de Gárdena es precioso… disfruta del trayecto como si fuese parte del viaje. Carteles de los Dolomitas nos confirmaban que estábamos allí, por si lo dudábamos.

Disfrutando del viaje.

Disfrutando del viaje.

Un pequeño desvío nos llevó hasta el Passo Sella. Precioso, imponente, espectacular. Sassolungo al frente. Y sus telecabinas sin estar en funcionamiento. Daba igual. Nieve perfecta para conducir y disfrutar del paisaje.

Passo Sella. Sassolungo.

Passo Sella. Sassolungo.

Volviendo sobre nuestros pasos, retomamos sentido hacia el Passo Gardena y la espectacular vista al valle de Corvara.

En esta localidad buscamos lugar para comer. La temporada de mayo es complicada porque ya no es de tiempo de esquiadores y aún no hace tiempo para el trekking o el ciclismo. La encontramos deshabitada. Pero pudimos comer y dormir la siesta con otras espectaculares vistas desde el ascenso al Campolongo y el Sassongher presidiendo la foto de postal.

Campolongo. Sassongher.

Campolongo. Sassongher.

Alleghe

Continuamos el rumbo hacia Alleghe, previo paso por Araba y Caprile.

Una cerveza en un kiosko antes de entrar a Alleghe nos permite tener una primera toma de contacto con su precioso lago. Debíamos cruzar la ciudad y a su salida desviarnos a la derecha para ubicar la furgoneta a la otra orilla del lago. Desde allí unas vistas impresionantes de la que denominan el pueblo más bonito de los Dolomitas.

Noche en Alleghe.

Noche en Alleghe.

Pasamos la noche con ganas impresionantes de que amaneciese para disfrutar de un apacible paseo por el perímetro del lago.

A la mañana siguiente, amaneció lloviendo livianamente. Pero las ganas de disfrutar del lugar pudieron a la lluvia. Chubasquero y paseo.

En sentido horario. Empezamos por la cola del pantano, cruzando su cauce por un adecentado puente. Aquí pudimos observar la bravura de sus aguas. Poco más adelante pasamos por el kiosko del día anterior para llegar a un bonito balcón cercano a la localidad.

Alleghe.

Alleghe.

El paseo por su orilla nos descubre una playa artificial preparada con sus hamacas y sillas para el disfrute del turimo. Pero hoy no era el día adecuado.

Salimos de la localidad, con el lago siempre a nuestra derecha donde algunos patitos se nos presentan en nuestra marcha.

Cruzamos de lado sobre la presa del lago para llegar a un lugar residencial que cruzamos para observa una de las mejores perspectivas del paseo con el lago, la ciudad y la imponente montaña de telón, escondida por las densas y bajas nubes.

Alleghe.

Alleghe.

Tras algo menos de dos horas de paseo, tomamos nuestro desayuno. Tocaba volver camino a Venecia.

En el recorrido, disfrutamos del paisaje donde poco a poco va desapareciendo la montaña.

Venecia

Llegamos a Venecia. Afri ya lo conocía. Yo no. Aparcamos en uno de sus parking privados (ojo 48€ por ser furgo por unas 4 horas).

Nos introdujimos en sus callejuelas en busca de la plaza de san Marcos. ¿Qué contar de Venecia? Tan bella como masificada. Me gustó, pero no me gustó. Aún en mente tenía la soledad y tranquilidad del Val di Funes y lago de Alleghe.

Venecia.

Venecia.

Una vez visitada la plaza de San Marcos, el puente Rialto, la galería de la Academia y demás lugares pertinentes…Nos perdimos adrede por sus calles. Ahí disfrutamos de verdad… de nuevo solos, en Venecia. Merece la pena. Calles cortadas, callejones sin salida. Canales.

Puente Rialto.

Puente Rialto.

Comimos en uno de sus restaurantes para seguir el paseo por la parte izquierda del Canal Principal. Siempre con el objetivo de salir de las calles principales. Cuanto menos gente veíamos, más bonita me parecía la ciudad.

Sinceramente no entraba en los planes del viaje. Pero… ¿por qué no? Y no me arrepentí a pesar de ello. Gracias Afri.

Galería de la Academia.

Quedaba el tiempo justo para recoger la furgo, limpiarla y entregarla a Alessandro en el mismo lugar de recogida. Pero allí estaba el propietario en horario adelantado. Furgo llena de depósito, pero no limpia. Una sonrisa recibimos a cambio de haber cumplido a medias lo acordado.

Un guiño pícaro y una pregunta «¿Tutto bene?». Todo bien, Alessandro. Gracias por tu complicidad. Volveremos.

El avión nos esperaba puntual para dar regreso a casa tras tres días y dos noches por el paraíso montañero italiano.

Hasta la próxima.

Hasta la próxima.

Croacia en 4 días

Hoy os contamos nuestra escapada de cuatro días por Croacia. Son muy pocos días para conocer de lleno el país, pero lo suficiente para descubrir sus dos ciudades más importantes de la costa sur y alguna de sus islas bañadas por el mar Adriático. La costa Dálmata nos recordará en ocasiones a nuestra mediterráneas islas baleares.

Día 1 Dubrovnik

El vuelo directo al aeropuerto de Dubrovnik nos permitirá disfrutar del día completo en esta preciosa ciudad. Pero nada más llegar, cometimos el primer error del viaje; bueno, fueron dos errores en uno.

No os aconsejamos contratar un coche de alquiler en el mismo aeropuerto para llegar a Dubrovnik, y mucho menos para moveros por allí. Y si lo hacéis, que no sea con la empresa Surprice. Una ineficiente empresa que nos hizo perder un valioso tiempo con el papeleo para tomar el coche.

Nosotros lo alquilamos porque la idea era usarlo durante los cuatro días de estancia en el país. Pero Dubrovnik no es una ciudad amiga de los coches. No hay sitio para aparcar. Por lo que, al tiempo perdido en la recepción del renting, debimos sumarle las casi dos horas para aparcar.

Os recomendamos ir en taxi desde el aeropuerto hasta el centro de Dubrovnik, que están separados por unos 20km y el día que abandonéis la ciudad, alquilar el coche para desplazaros por la costa.

Dubrovnik.

Dubrovnik.

Una vez conseguimos aparcar, entramos en la amurallada ciudad por su monumental puerta Pile. Callejeamos por sus estrechas calles. En una primera toma de contacto, llegamos a la conclusión de que tiene bien ganada su fama. Una mezcla de Toledo, Ávila y Conil.

Dejamos las maletas en Kaboga Rooms (c/Marojice kaboge, 4). Una habitación limpia, baño privado y aire acondicionado (imprescindible debido al calor y humedad).

Calle principal de Dubrovnik.

Calle principal de Dubrovnik.

Un paseo por la calle principal Stradun nos confirmó la evidencia. La ciudad estaba hasta arriba de turismo. Para intentar escapar de la masificación, compramos dos entradas para ver la ciudad desde la altura de sus perfectas murallas.

Existen varios accesos, nosotros lo hicimos por el más cercano a la puerta Pile, junto al Monasterio Franciscano y la fuente de Onofrio. Dos kilómetros de perímetro que nos permite conocer esta mediterránea urbe desde otro punto de vista. Los tejados el sol cayendo, y el mar de fondo. Toda una preciosidad. Imprescindible.

Haciendo el recorrido en sentido antihorario nos topamos con la zona sur que recorre la zona de costa, con varios bares que invitan a para y tomar algo. El paso por el puerto nos adentra a la zona norte que la separa de la tierra hasta llegar a la torre Minceta.

A la tarde, decidimos visitar la otra parte de la ciudad, la cercana al puerto. En torno a la plaza Luza se encuentra el Palacio del Rector, el palacio de Sponza, la Catedral, la torre del campanario y la iglesia de San Blas.

Dubrovnik "Shame"

Dubrovnik «Shame»

Vuelta a la habitación para darnos una ducha y salir por tercera vez a recorrer esta preciosa ciudad. Ahora tocaría cenar junto a la famosa escalinata de la iglesia de San Ignacio y pasear en busca del Buza bar, una terraza extramuros situada en el mismo acantilado que baña el mar. Toda una recomendación.

Día 2. Krka y Split

Al día siguiente tocaba visitar el Parque Natural de Krka previo paso por alguna playa de aguas cristalinas.

Para llegar al destino, debemos pasar brevemente por la franja de la frontera bosnia. Tranquilos, simplemente os pararán, pedirán el pasaporte. Les indicáis que estáis de turismo en Croacia y que vais dirección a Split. A nosotros casi ni nos miraron. Pero estarían en su derecho de pedirte visado y demás, recuerda que Bosnia no es terreno de la Unión Europea. Serán solo 8 km de trayecto y tendrás que cruzar de nuevo por el paso fronterizo para volver a entrar en Croacia.

De camino por la carretera de la costa A-8, si vais con tiempo de sobra podéis parar a ver un par de playas que pillan de paso. Punta Rata y Promajna, ambas protegidas por las montañas del Parque Nacional de Biokovo.

Si queréis ir directos al Parque Natural de Krka, es mejor tomar la autopista E-65. Tened en cuenta que esta opción rápida os llevará unas tres horas y media.

Ya en Krka, compramos las entradas y montamos en el bus que nos aproxima desde la zona de taquillas y restaurantes hasta el inicio de la ruta. A penas tarda 5 minutos en dejarte en las puertas de este monumento natural. Accesible para niños y mayores donde en menos de una hora podemos ver la totalidad de sus cascadas.

Parque Natural de Kraka

Parque Natural de Krka

El paseo por el parque es muy interesante, a penas llega a los 4 km y puedes ver lagos que forma el río e incluso está permitido el baño en uno de ellos. Las cascadas de fondo lo hacen un baño particular.

En España lo podemos asemejar a las Lagunas de Ruidera, pero con más encanto. Aunque no tanto como el Parque Natural de Plitvice, en Croacia también, que son mucho más monumentales. Pero quedan lejos de esta zona que estamos visitando.

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La vuelta a Split en coche es de una hora aproximadamente. Antes de buscar nuestro alojamiento, nos dirigimos a la playa de Kasjuni, donde nos dimos un baño fresquito. Es una playa situada al otro lado del Parque Marjan, un pequeño promontorio al oeste de la ciudad de Split.

Llegaríamos a media tarde a nuestro alojamiento Rooms Secer (c/Ulica Petra Svacica, 10). Tres veces tuvimos que pasar por delante de la puerta para confirmar que ese era el alojamiento. De feo aspecto exterior, pero una limpieza y un trato exquisito interior.

Catedral de Split

Catedral de Split

Con los consejos y recomendaciones de la «casera», porque alquilamos una habitación de un piso que parecía particular, cambiamos el coche de lugar y nos dispusimos a conocer la ciudad.

Cena en el restaurante Fife para recargar energías y directos a conocer el Palacio Diocleciano. Perderte por sus estrechas y blancas calles, sus puertas de acceso como la puerta de Oro al norte. Gran ambiente y bonitos rincones donde parar y disfrutar de una ciudad con magia.

Al salir de este laberíntico trazado urbanístico nos dirigimos al paseo marítimo o de la Riva para tomar un mojito y disfrutar de los fuegos artificiales que casualmente aparecieron en el horizonte del mar.

Paseo marítimo de Split.

Paseo marítimo de Split. 

Día 3. Hvar

A la mañana siguiente nos esperaba el ferry de la empresa Jadrolinija para desplazarnos hasta la isla de Hvar. Un buen madrugón bien mereció la pena para disfrutar de las vistas del skyline de Split. La ciudad se alejaba ante nuestros ojos mientras surcábamos las aguas del Adriático. Poco más tarde de una hora llegamos al puerto de Stari Grad y de ahí con nuestro flamante Fabia llegamos a la capital de la isla, Hvar.

La llegada no fue muy satisfactoria puesto que perdimos la excursión contratada, sin embargo tras varias gestiones conseguimos alquilar una barquita con un pequeño motor de 50cc para pasar el día en el mar.

Y ahí que nos vimos de capitanes por la pequeñas islas que se sitúan frente a la ciudad de Hvar. Casi 20 km recorriendo islitas y parando a comer en calas.

También echando el ancla y disfrutando de una buenas cervezas en algunos de los chiringuitos repartidos por esta bonita costa. O incluso practicando snorkel.

Navegando por Hvar

Navegando por Hvar

Primero visitamos la parte trasera del Carpe Diem Beach Bar. Un poco de snorkel y continuamos para ubicarnos frente al Baccus Palmizana (isla que rodeamos para visitar su puerto al norte) y finalmente en el Tri Grede Bar. Este último es donde pasamos la mayor parte del tiempo, con aguas azules cristalinas, cervezas y buena comida. Toda una recomendación.

Al atardecer, dejamos la barca para ir en busca de nuestra residencia de hoy donde nos trataron con una atención exquisita. Barko Rooms en la calle Kroz Burak, 99.

Nos llamó especialmente la atención este tipo de alojamientos. Donde la gente alquila habitaciones de sus casas con su aire acondicionado, sus baños, cocinas e incluso patios. Es como alojarse en casas rurales. Muy recomendable.

Por la noche, la ciudad de Hvar parece otra. Nos recuerda mucho a Split y Dubrovnik, pero más acogedor. Un paseo por sus calles, el puerto, la amplia plaza. Espectacular.

Puerto de Hvar.

Puerto de Hvar.

Cena en uno de sus cientos de restaurantes turísticos, mojito y después fiesta en la discoteca Carpe Diem.

Curioso lo de esta discoteca que se sitúa en una de las islas que visitamos por el día. En el precio se incluye, a parte de la entrada y una consumición, el traslado en barco hasta la isla.

En definitiva un final de fiesta por todo lo alto, aunque aún nos quedaba un pequeño apéndice.

Día 4 Playa Sveti

El día de vuelta. Tocaba recorrer la isla de Hvar de punta a punta para coger el ferry en Sucuraj, en su lado opuesto. De esta forma conoceríamos de otro modo el resto de la isla. Interesante conducir por ella, pero llenate de paciencia, la carretera es muy sinuosa. 1:30 horas para 80km.

El ferry, también de la empresa Jadrolinija, nos deja en Drvenik

Volvimos al continente con la idea de disfrutar de la última playa del viaje. Cruzamos la frontera bosnia sin problemas y llegamos a Dubrovnik. Pasamos de largo la ciudad, para ir en busca de la playa Sveti, la de los croatas, lejos del núcleo turista.

Llegar a ella no fue fácil. Nos costó encontrarla, y una buena sudada llegar a ella por su escalinata. Pero mereció la pena. Playa de piedras redondas y agua cristalina. Comimos en uno de sus chiringuitos disfrutando de bellas vistas a la ciudad. Perfecto para un fin de viaje.

Playa de Sveti

Playa de Sveti

Solo quedaba volver al aeropuerto. En la misma playa hay duchas públicas para refrescarte. Te vendrá bien, hay una buena escalinata de salida para llegar al coche.

Solo quedaba devolver el coche de alquiler y esperar el retraso de dos horas del vuelo, que fue compensado con la presencia de Luis Figo entre nosotros.

Aquí os dejo el enlace con todos los lugares visitados en esta pequeña escapada. Necesitarás Google Earth para poder abrirlo.

Ya sabéis que si tenéis alguna duda. Aquí estamos para ayudaros y recomendaros.

Playas asturianas

Hoy os vamos a hablar de nuestro idilio personal con las playas asturianas. La costa norte española; tanto vasca como cántabra, asturiana o gallega albergan verdaderas obras de arte naturales que bien merecen la pena ser disfrutadas.

Son cientos de arenales, tantos, que es imposible darles cabida en una sola entrada del blog. En esta ocasión nos centraremos en algunas de las playas del centro y este asturiano. Nuestra intención es la de mirar más allá de los baños refrescantes o su uso deportivo; es simplemente el pasear por su orilla, escuchar la mar, observar los imponentes acantilados que les rodean, sentir la brisa y oír los ecos que se producen… Es, en definitiva, disfrutar con los cinco sentido estos bellos lugares.

Playa de Gulpiyuri

Somos conscientes de que existen muchas más playas y calas por la zona, que las que vamos a tratar hoy. Pero solo hablaremos de las que nos han permitido disfrutar las mareas bajas en cada una de estas dos jornadas.

Recomendaciones.

Antes de empezar, debemos tener en cuenta varios aspectos:

Mareas. Es importante informarnos sobre la horas de marea baja para poder disfrutar plenamente estos lugares. Siempre con visitas entre tres horas antes y tres horas después de la bajamar.

Aparcamientos-accesos. Muchos lugares tienen aparcamientos adecentados. En algunos incluso os pueden cobrar por usarlos según las ordenanzas municipales en vigor. Los accesos normalmente son caminos que pueden estar cortados al tráfico en los meses de verano. Sé respetuoso, todos queremos disfrutar. A veces es hasta agradable dar un suave paseo para llegar a la playa. No es necesario ir con el coche hasta el mismo objetivo final.

Playa de Cobijeru

Playa de Cobijeru

Ubicación. Normalmente son playas que están «escondidas» o es difícil de acceder a ellas. En este enlace os ubico todas las playas de las que hablamos en la entrada de hoy. Necesitarás tener instalado Google Earth para poder visualizarlas.

Comenzaremos con las playas más orientales de todas las que hablaremos hoy.

Costa oriental

La playa de Cobijeru, en Buelna, es conocida como «la otra Gulpiyuri». Para acceder a ella debes recorrer un corto sendero de a penas 500. Una playa sin horizonte donde las aguas se filtran por los acantilados y nos dejan un tranquilo remanso donde poder chapotear. Pero esta playa no solo tiene este interés.

De camino a ella, a mano izquierda, observaremos una cueva que es la responsable de esta filtración de agua salada tierra adentro.

Y si no estás contento con ello, aún queda un tercer punto de interés. Un arco en el mismo acantilado, erosionado por el agua, que crea un ambiente único en este particular paraje asturiano.

Playa de Cobijeru

Playa de Cobijeru

Las playas de Ballota y Andrín están separadas por el mirador de la Boriza en la carretea LLN-2. Un lugar con localizaciones conocidas por ser utilizadas para decenas de películas de producción española como «El Abuelo».

El acceso al mirador es muy sencillo, y desde él puedes disfrutar de unas preciosas vistas panorámicas de ambas playas, una a cada lado.

Playa de Andrin

Playa de Andrin

Si nos desplazamos un poco más por la carretera hacia Llanes, aparecerá el acceso a Ballota por un camino que zigzaguea para descender el acantilado hasta su bonito arenal.

En el horizonte aparece su característico Castro Ballota y al final de la playa, un murallón vertical nos indica que es el espacio reservado para los nudistas del lugar.

Playa de la Ballota

Playa de la Ballota

Playa de Cue. De aguas cristalinas, azul profundo y recovecos acantilados. Tres islotes rodean este paraje que en función de la marea quedan unidos o separados para su acceso a pie. Su color te recordará a las playas caribeñas.

Playa de Cue

Playa de Cue

Playa Toró. Es la primera playa que nos encontramos entrando a Llanes por el este. Sus piedras, que salen puntiagudas por debajo de su arenal parecen colocadas adrede para una caprichosa decoración. Es un playa con un acceso mucho más sencillo, por lo que se notará en el aumento de personas que por allí nos dejemos ver.

Playa de Toró

Playa de Toró

Playa de Poo. Aunque más que una playa, es una pequeña ría que queda anegada en cuanto sube la marea (como nos pasó a nosotros). Un ancho arenal que se adentra en la tierra y ensancha. Donde su salida a la mar queda reducida a un estrecho paso de 25 m. Según te ubiques, parecerá una playa sin mar.

Playa de Poo

Playa de Poo

Existen decenas de playitas en las cercanías de Celorio y Barro que nosotros en esta ocasión pasamos por alto para poder llegar a otras con marea baja.

Una breve parada en la ensenada de Niembru, en la misma carretera LLN-10. Merecerá la pena si, en este caso, la marea está alta. Una bonita imagen de postal para guardar en tus retinas.

Ensenada de Niembru

Ensenada de Niembru

Para acceder a la playa Torimbia, debemos callejear por las estrechas y empinadas calles de Niembro. Ojo si vais con un coche ancho. Tampoco pasaría nada si dejamos el coche en el pueblo y llegamos andando. Tan solo lo separan unos 500 m hasta llegar a su mirador, subiendo eso sí. Una vez en el mirador, existe un camino de acceso de aproximadamente un kilómetro para descender hasta el arenal.

Impresionante el paraje de este lugar donde la playa queda reducida a escasos metros si la marea la encontramos alta.

Playa Torimbia

Playa Torimbia

La famosa Gulpiyuri, en Naves. La playa sin mar. A diferencia de la de Cobijeru, aquí sí se nota el vaivén del mar. Muestra unas tímidas ondulaciones que son el reflejo de las olas al otro lado del acantilado quebrado y montañoso. Podremos subir por dicho acantilado para observar la playa desde otro punto de vista. Un lugar peculiar para visitar. Pero invadido por turistas curiosos como nosotros

Playa de Gulpiyuri

Playa de Gulpiyuri

Sin salir a la carretera y por camino botoso podemos llegar hasta el Castro de las Gaviotas, situado en Villahormes. Es un enclave también atractivo, casi cinematográfico. Y con un carácter aventurero si te dedicas a buscar las escaleras que dan acceso a una estrecha grieta abierta al mar, la playa Canalina. Con vistas exclusivas de este peñón tomado por gaviotas y forma de arco natural.

Playa Canalina

Playa Canalina

Un pequeño canal de a penas 3 metros de anchura se abre en el acantilado.. En él una antigua máquina de extracción de algas nos indica su ubicación. Una humilde escalera nos adentra en el fondo de este característico lugar. Baja con precaución.

Playa Canalina

Playa Canalina

Muy cerca se haya la hermana mayor, la playa de Huelga. Con un arenal decente y unas espectaculares vistas al mismo castro

La playa de Cuevas del Mar, quiere hacer la competencia a la afamada playa de las Catedrales, con oquedades abiertas en los acantilados que solo asoman en bajamar. Curioso también y perfecto para pernoctar. Se accede a ellas por una carreterita desde la localidad de Nueva.

La playa Canal es exclusiva. A penas 20 metros de anchura de playa con unas vistas peculiares. Infinitas. Acantiladas. Para llegar a ella tenemos un paseo de menos de un kilómetro desde la localidad de Villanueva de Pría (podemos ir en coche si no es época alta de turismo)

Playa Canal

Playa Canal

Costa central.

Hasta aquí podemos dividir la primera de las partes de la entrada de hoy. Nosotros paramos en Caravía, concretamente en la playa del Arenal de Morís. Hicimos noche cerca de la playa donde hay bancos y duchas. Aunque en temporada alta siempre hay carteles que prohíben pernoctar. Hay un camping al lado. Decidid vosotros si os merece la pena un sitio u otro. Pero las vistas y la tranquilidad son casi innegociables.

Arenal de Morís.

Arenal de Morís.

A la mañana siguiente continuamos nuestro recorrido hacia Gijón.

La primera parada en la playa de Rodiles. Mucho más accesible que las que visitamos el día anterior. Más ancha y amplia y con muchos más servicios. Una playa más cómoda, pero no por ello menos bonita.

Playa Rodiles

Playa Rodiles

La siguiente, fue la playa acantilada de Ñora. Más estrecha, con algo más de dificultad para aparcar. Pero un punto más bonita que la anterior. Rodeada por un lateral por un bosque que te invita a dar un paseo por él. A veces mirarás más al lateral verde que al fondo azul. Prueba.

Playa Xagó, junto a Avilés. Casi dos kilómetros de playa. Perfecta para pasear e iniciarse en el deporte del surf. Merecerá la pena invertir tiempo en tocar ambas puntas extremas mientras el agua caricia tus pies. Relájate y disfruta de los sentidos en ella.

Playa Xagó

Playa Xagó

Playa Bayas, los casi cuatro kilómetros de arena ennegrecida junto a sus acantilados te querrá parecer una playa canaria. Salvaje. Es una joya dentro de Asturias. Lo peor. Su proximidad al aeropuerto que rompe violentamente con la tranquilidad de la zona.

Playa Bayas

Playa Bayas

Todas y cada una de ellas tienen su particular carácter, cada una diferente. Pero todas bellas y hermosas. Asturias es nuestro particular paraíso. Ahora ya sabéis dónde están, ahora os toca disfrutarlas a vosotros.