Rocigalgo. Paso de la Cornisa.
SENDERISMO

Techo de Toledo: Corocho de Rocigalgo

Hoy os traemos un pequeño homenaje a nuestra tierra. La ascensión al punto más alto de la provincia de Toledo. Con  unos humildes números, el Corocho de Rocigalgo establece en 1449 msnm este punto.

Una ruta senderista muy sencilla, que únicamente tendrá el factor de dificultad en su longitud, unos 21 km de distancia.

¿Cómo llegar?

Para llegar hasta el punto de inicio debemos dirigirnos hasta la localidad toledana de Los Navalucillos y tomar la carretera CM-4155 que une esta población con Los Alares. En su punto kilométrico 16, tendremos un desvío que nos introduce por una adecentada pista forestal al paraje de Las Becerras. En menos de cinco kilómetros nos encontraremos un parking y la caseta de información del Parque Nacional de Cabañeros, zona de protección donde se encuentra esta ruta.

Previamente habremos pasado un puentecito sobre el río Pusa, quedando a la derecha un chiringuito donde, a la vuelta de la ruta, podremos recuperar energías con su afamado cocido «soterrao». Pero esto lo dejamos para el final…

Una vez hayamos dado nuestros datos en la caseta y nos hayan dado información necesaria, comenzamos nuestra caminata.

Opciones de ruta

Debemos saber que es una ruta muy «flexible» en el sentido que no hay necesidad de hacer los 21 km para disfrutarla.

Si queremos ir con niños, con intención de aficionar al senderismo, o no disponemos de mucho tiempo. Podemos visitar El Chorro, a unos 4,5km (y vuelta). Avanzar un poco más hasta la Chorrera Chica, a unos 6,6km (y vuelta); o incluso coronar el Rocigalgo (10km) y volver por el mismo camino.

Rocigalgo.
Rocigalgo.

Hace unos años ya hice la opción de El Chorro con un gran amigo. Seis años más tarde me disponía, con otro gran amigo de la infancia, a realizar la ruta más ambiciosa de todas ellas.

Nuestra opción en esta ocasión fue realizarla circular, completa. Os contamos.

La ruta circular al Corocho de Rocigalgo se compone de los 21km y, la nada despreciable cifra de casi 1.100m de desnivel positivo. Se recomienda hacer en sentido antihorario, coincidiendo el inicio con las opciones propuestas anteriormente.

Camino de El Chorro

Así pues, iniciamos los primeros tres kilómetros por una ancha pista que nos van introduciendo poco a poco por el valle del Chorrito. En cómodo ascenso vamos disfrutando de la flora autóctona del bosque mediterráneo y de la observación de pequeñas aves con características singulares. Es lo bueno de hacer una ruta con un amigo biólogo, y experto ornitólogo.

La pista desaparece definitivamente, transformándose en una escalera «natural». Nos obliga a elevarnos sobre el cauce del arroyo, a la vez que nos introduce en un bonito sendero. Un auténtico túnel vegetal de un kilómetro hasta llegar al primer punto de interés de la ruta.

Rocigalgo. Sendero hacia El Chorro.
Rocigalgo. Sendero hacia El Chorro.

 

En el suelo vemos una cuerna y en algún claro entre las encinas divisamos ya cerca el Chorro. Mientras tanto, disfrutábamos de todo el monte solo para nosotros (es lo bueno de madrugar).

El camino se bifurca a los cuatro kilómetros para desviarnos hacia la base del Chorro. Una pasarela de madera nos deja a los pies de un bello rincón que parece descontextualizado de las latitudes en las que nos encontramos. Un «Edén del Norte» es como lo define el panel informativo junto a la caída de agua.

Rocigalgo. El Chorro.
Rocigalgo. El Chorro.

Volvemos sobre nuestros pasos hasta llegar a la bifurcación y seguir nuestro camino. Ahora toca ascender un poco más duro para conseguir salvar el desnivel de 20m de la cascada. Una vez arriba, y con muchísima precaución, nos salimos del camino para conseguir ver desde la perspectiva opuesta la caída del agua.

Camino de la Chorrera Chica

Una vez retomado el camino, nos ponemos rumbo al segundo objetivo de la jornada. Poco antes de llegar al sexto kilómetro, estaremos en el tramo conocido como La Cornisa. Dispone de unas cadenas ancladas a la roca para asegurar un paso con vuelo. Paso que no resulta excesivamente complicado, pero que por precaución o por días húmedos, está muy bien situado.

Rocigalgo. Paso de la Cornisa.
Rocigalgo. Paso de la Cornisa.

Tras disfrutar de este segmento del trazado, poco nos quedaría para llegar al tercer punto de interés del día. La Chorrera Chica.

Una nueva bifurcación nos lleva hasta este salto, que nada tiene que envidiar en altura al primero. Pero al estar dividida en tres saltos, desluce en grandiosidad, que no en belleza.

El desvío es algo más largo que el primero, y no debemos engañarnos por un pequeño salto que hay poco antes de llegar al objetivo real. El llamarse «Chorrera Chica» confunde, y muchos detienen su marcha al ver un pequeño salto de camino al verdadero. Continúa un poco más, vadea el río y busca. Merecerá la pena.

Rocigalgo. Chorrera Chica.

Desandando los pasos, retomamos el camino ya con la mente puesta el el verdadero objetivo de hoy. Los 1449m del techo toledano.

Robledal del Rocigalgo

Durante los dos kilómetros siguientes, nos adentraremos en un mágico robledal. Conversaciones de amigos y ritmo decente nos obligan a hacer una pequeña parada antes de ganar el collado del Chorro y disfrutar de este bonito tramo con algo más de pausa.

Serán nueve los kms que llevaremos en nuestras piernas en el momento de hollar al collado. Giraremos a la izquierda. Faltará un último kilómetro, ya por la cuerda de la montaña, y con un desnivel algo más duro. Toma aliento y prepárate para rematar la faena.

Rocigalgo. Robledal.
Rocigalgo. Robledal.

Poco más de dos horas y media nos llevó coronar el Rocigalgo. Las nubes, que amenazaban durante toda la mañana nos respetaron respecto a las precipitaciones, pero no con las vistas. Se situaron justo en la cota 1400, impidiéndonos disfrutar de los montes y sus extensas rañas.

Un panel informativo, un banco, una estación meteorológica y el «hito geodésico» fueron nuestros único compañeros en lo alto de nuestra provincia.

Rocigalgo. Cima nublada.

Cresteando para volver

Nos disponíamos a volver siguiendo la ruta circular. El sendero desaparecería definitivamente a cambio de una pista con rodadas creadas por los agentes forestales. Buscamos un resguardo del viento entre las paredes de unos riscos para recuperar energías de cara a la segunda parte de la jornada de hoy.

Media hora más tarde, estábamos de nuevo en camino. Cresteando por la arista de la Sierra Fría con continuos sube y baja durante unos 4 kms. Las nubes por momentos nos dejaban disfrutar de las vistas hacia el valle que habíamos recorrido por su fondo en la primera parte de la ruta.

Rocigalgo. Cresteando por la sierra Fría.
Rocigalgo. Cresteando por la sierra Fría.

Paneles informativos nos mostraban algunos intereses geológicos  y faunísticos del lugar. Una última subida, la más larga de este trayecto por la cuerda, nos dejaba definitivamente a las puertas del definitivo descenso. Y a la vez nos cambiaba el paisaje, dejando atrás el valle del Chorro para mostrarnos el valle del Pusa. Con vistas mucho más amplias.

Descenso definitivo

A los 15 km de ruta se inicia el descenso con estas nuevas vistas. Nos quedarán, pues, los últimos seis kilómetros de ruta, todos ellos con porcentajes negativos. Algunos tramos, incluso ciertamente violentos (del km 16 al 18), pero siempre por pista adecentada. Ojo a las rodillas, cuádriceps y dedos de los pies.

En una de las curvas, un banco invita al descanso. Una perfecta excusa para detener brevemente la marcha, de cara al último tramo de hoy.

Decenas de águilas sobrevuelan nuestros pasos. Una nueva clase teórica sobre el vuelo de las aves planeadoras y sus corrientes térmicas… Da gusto venir al monte con alguien que sabe tanto y lo transmite tan bien.

Los últimos dos kilómetros de descenso ya son llevaderos y livianos. Solo nos quedará vadear el cauce del arroyo del Chorro por un adecentado puente de madera para terminar los últimos metros en un leve ascenso que nos deja en el punto de salida.

Un total de cinco horas y media para hacer estos 21 km y casi 1.100 m de desnivel acumulado. Un ritmo ligero, una parada de media hora para comer y otras tantas más cortas para disfrutar de las vistas y aves.

Una ruta apta para cualquier persona acostumbrada a hacer cualquier tipo de ejercicio físico.

¿Habíamos reservado cocido para comer…?

 

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