volar - MOREOCIO https://moreocio.com Viaja no para escapar de la vida si no para que la vida no se te escape Fri, 17 Feb 2023 10:26:41 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.0 https://moreocio.com/wp-content/uploads/2018/09/cropped-logo-moreocio-1-32x32.jpg volar - MOREOCIO https://moreocio.com 32 32 París en 24 horas. https://moreocio.com/paris-en-24-horas/ https://moreocio.com/paris-en-24-horas/#respond Thu, 16 Feb 2023 14:00:03 +0000 https://moreocio.com/?p=4577 París en 24 horas ¿Visitar París en 24 horas? Sí, se pude. Y, sobre todo, cuando surge de un regalo o sorpresa que la otra persona no espera. ¿Locura? Puede ser… Os contamos y luego decidís. La escapada se realizó en un contexto social y económico complicado postpandemia, al que había que añadir otras circunstancias personales que no habían ayudado a mantener nuestro ritmo viajero. Pero todo es cuestión de adaptarse a las nuevas circunstancias de cara a continuar disfrutando de lo que más nos gusta. Viajar. Afri fue la encargada de organizarlo todo. Vuelos, alojamiento, temporalización de visitas… Y yo de disfrutarlo. Estaba claro quién recibía la sorpresa. Horas previas Todo había comenzado mucho antes de un viernes a las 21:00. Esa hora fue clave, justo cuando surgió esta conversación: – Mi madre se queda a dormir en casa -me informó Afri. – Vale, perfecto, pero ¿por qué? -respondí desorientado. – Y tú te vas a despertar a las 4:00 de la mañana… -continuó tajante. No hacía falta seguir hablando, fue suficiente para que empezase a tener sentido el papel que recibí como regalo el día de reyes donde se podía leer «Vale por un viaje egoísta». Mi mente podría entender que, por la hora de salida, tomaríamos un vuelo. Y por la presencia de la madre de Afri, nuestra «peque» se quedaría en casa con su querida «abu». Todo estaba meticulosamente preparado, incluso la pequeña mochila que nos acompañaría en esta breve escapada. Desplazamiento hasta París. A las 5:30 llegamos al aeropuerto. Las tarjetas de embarque electrónicas guardadas en el móvil de Afri, me impidieron conocer el destino final hasta que no llegamos a la misma puerta de embarque. «París-Beauvais». Por delante nos esperaba un viaje al puro estilo low-cost, del que tanto habíamos disfrutado años atrás. Ryanair, mochila, albergue y comida para llevar. Ilusión y nervios a la par. Todo lo necesario lo llevábamos encima; la compañía y las ganas de vivir nuevas experiencias. Pero lo más importante se nos quedaba en casa por primera vez; sabor muy agridulce y sentimientos encontrados por no estar acompañados de nuestra pequeña India. Fue duro, pero positivo para nosotros y para ella. A las 7:00 salía el vuelo hacia París-Beauvais. Dos horas llenas de ilusión y preocupación. A la llegada, vídeos de India tranquila en casa con su «abu» que hizo desaparecer por momentos nuestra preocupación. En el pequeño aeropuerto de Beauvais no tuvimos problemas para encontrar el bus de conexión con París . Sobre las 9:30 ya estábamos montados. Fue el momento en el que Afri aprovechó para sacar sus papeles y ponerme al orden definitivamente de lo que iban a ser 24 horas en París. París por la mañana. Sobre las 11:00 el autobús llegaba a la estación de Porte Maillot, junto al Palacio de Congresos de París. Muy cerca de allí se ubica una boca de Metro de la línea 1 (amarilla) que, sin trasbordo alguno, nos dejaba en el centro de la ciudad en menos de 20 minutos. En enero del 2023 el precio del billete sencillo es de 2,10€ . A las 11:30 estábamos saliendo por la boca de metro de la línea 1 en la parada del Hotel de la Ville. Comenzaban nuestras 24 horas en París. Afri reservó a las 12:00 un FreeTour con Sebastián . Pero para eso aún quedaba media hora. Tiempo que aprovechamos para comer un par de bocadillos. Y resguardarnos del frío y ventoso día con el que nos había recibido la capital francesa en el Bazar del Hotel de la Ville. La ruta de casi tres horas, resultó ser todo un acierto. Sebastián consiguió una combinación perfecta de historia con pinceladas de humor que amenizaron la gélida mañana. Todo ello mezclado con algunas recomendaciones personales para conocer lugares mucho menos turísticos. De esta manera visitamos el Hotel de la Ville, Pont d´Arcole, Notre Dame, Pont Saint Michel, Pont Neuf, Museo de Louvre y el Jardín de Tullieres. Y entre uno y otro, decenas de datos históricos y curiosos sobre París. En torno a las 15:00 terminó el Free Tour. El propio Sebastián nos llevó, sin compromiso, a un pequeño buffet en el que comer por menos de 20€. No fue comida de alta cocina, pero sí bastante decente para el viaje low cost en el que estamos sumergidos. Y a muy pocos metros del Louvre. Perfecto para descansar, recuperar temperatura y recargar energías para lo que nos quede de jornada. Apuntad el nombre del restaurante, «Self Service Tuileries». París por la tarde. En torno a las 16:00 continuamos nuestra visita. La idea era pasear por el Jardín de Tullieres hasta la plaza de la Concordia. Pero la lluvia nos obligó a desplazarnos por las mismas galerías de la calle Rívoli. De esta forma seguiríamos mezclándonos con el ambiente local. En una de las bocacalles que cruzamos, vimos al fondo la Columna Vendome, ubicada en el centro de la plaza con el mismo nombre. Y casi sin enterarnos llegamos a la plaza de la Concordia, el obelisco de Luxor así nos lo confirmaba con su imponente presencia. Obviamos el paseo de los Campos Elíseos para ir junto al río Sena por el paseo de la Reina y disfrutar de las vistas al Palacio de Borbón y el puente de Alejandro III. Antes de cruzar este, el que dicen puente más bonito de Paris, nos acercamos a ver el Palacio Grande y el Palacio Pequeño. Ambos situados uno frente al otro a muy pocos metros del afamado puente. Cruzando por el Puente de Alejandro III, nos encontraremos directamente en la Explanada de los Inválidos. Parte trasera del espectacular Palacio de los Inválidos donde de halla la tumba de Napoleón Bonaparte. Siguiendo nuestro paseo, nos desviamos hacia los Campos de Marte en busca de la icónica Torre Eiffel. La cual ya dejaba verse desde antes de acabar el FreeTour. La Torre Eiffel Serían sobre las 18:00 cuando llegábamos a la base de la atracción turística por excelencia de París. Muy cerca, en la calle Buenos Aires, Instagram ha hecho de las suyas en busca de una de las mejores fotos de París. Como no teníamos tiempo material para subir, allí que nos dirigimos en busca del nuevo ángulo fotográfico. Muy cerca, haciendo esquina se encuentra la cafetería Le Castel. Era necesaria una nueva parada para recuperar energías y calor corporal. Lo pagamos bien; 6,70 por un café americano y 7,70 por un cappuccino, ambos de auténtico aguachirri. (Ya, lo sabemos… Podéis ahorraros todo tipo de comentarios…) Con el dolor aún en el cuerpo, salimos para ver como la torre comenzaba a prepararse para la noche. Las luces engalardonaban sus más de 300m de altura que no podíamos disfrutar al estar tan cerca de su base. Cruzamos por el puente de d´Iena para ir en busca de los Jardines del Trocadero. Allí está el lugar donde sacar «la foto de París». Y allí fuimos. La leve subida por su escalinata encendió el chivato de la reserva. Nos quedaba ver el arco del Triunfo, pero desestimamos la opción de hacerlo andando. Tomamos el metro en Trocadero para ir directos a la parada Charles de Gaulle-Etoile. Plaza (o rotonda) que alberga el afamado Arco del Triunfo. Se puede subir para ver las perspectivas desde lo más alto, pero lo obviamos. Sí que nos acercamos a la base cruzando por un acceso subterráneo que cruza esta mega rotonda de un lado a otro. Bonita perspectiva con la torre Eiffel de fondo. Hacia el albergue Habíamos «visto la luz» con el metro. Lo volvíamos a usar para dirigirnos hasta el albergue donde pasaríamos la noche. La estación de La Chapelle se encuentra fuera del centro parisino, y «cerca» del barrio de Monmatre. A la salida de la boca del Metro, parecía que habíamos cambiado, no de barrio, sino de país. Zona obrera con ambiente extraño. Ya lo había leído Afri en los comentarios del Albergue. Desde la boca del metro, andando, en menos de 10 minutos llegamos a la puerta del albergue . Limpio, amplio. Con literas. En París íbamos a dormir en literas… Viaje Low Cost, con mayúsculas. Pero Low Cost, de calidad. París de noche. Descansamos media hora. De 19:30 a 20:00. Quedaba ver el barrio de Montmartre. Pero a la salida del albergue, chaparrón de los de aúpa. Mientras decidimos qué hacer, se nos planteó la posibilidad de cenar en el Albergue, o en dos bares cercanos; Nord Nord o Vieille Pie. Decidimos salir a probar suerte con alguno de esos bares, pero de camino el aguacero amainó. Así pues continuamos la caminata hasta la parada de metro Marx Dormoy que nos dejaría directos en Abbesses. Esta parada se sitúa en la base de la colina de Montmartre. Justo en el parque del Muro de los «te quiero». Callejeando, algo cansados ​​(no nos vamos a engañar), atravesamos dos calles-escaleras; la segunda de ellas con nombre Calvario, para llegar a la plaza de Terte, también conocida como «de los pintores». Bonita y emblemática. Las luces se reflejaban en el pavés, creando una imagen icónica. Barajamos la opción de cenar en la terraza de algunos de sus restaurantes y disfrutar del lugar. Pero los precios prohibitivos chocaban con el viaje low cost. Continuamos el paseo callejeando por este bucólico barrio hasta llegar al Sagrado Corazón. Imponente la imagen nocturna que nos regalaba. Entramos para guardarnos un poco del ambiente húmedo que había quedado. Algunas fotos y a continuar. Parada técnica En la calle paralela al funicular de Montmartre, algunos escalones abajo se oía música en directo. Una taberna irlandesa. Un oasis. Corcoran´s se llama el establecimiento. Cayeron dos pintas por persona. Apetecía parar y disfrutar. 8€ cada una… Claro, a pocos metros del Sagrado Corazón. Pero estas las saboreamos mejor que los cafés. Tras esta parada en boxes, quedaba la posibilidad de visitar el Moulan Rouge; paseando o en metro. Pero para solo verlo desde fuera sin intención de entrar, no merecía la pena. Calle abajo en busca del Metro de Abbesses para hacer el viaje contrario hacia Marx Dormoy. Una cena rápida de camino al albergue en la calle Riquet en el único restaurante que quedaba abierto a las 23:00 que ya marcaba el reloj. Dos kebab. Que empaparon y fueron baratos. Horas extra en París. A las 7:00 sonó el despertador. Primera noche que dormíamos del tirón desde que nació India. Pero la echamos mucho de menos. Sensación rara. Sin prisas nos despejamos en la habitación. El desayuno buffet del Albergue fue bueno, nos aprovechamos de ello antes de hacer el check-out. El día amaneció completamente diferente al sábado. Fresco pero soleado. De nuevo, mochila en la espalda, al metro de Marx Dormoy, esta vez hacia el centro. Parada en la Magdalena. En torno a las 9:00 estábamos en la imponente Iglesia de Madeleine, no entramos, pero por momentos creímos estar en la antigua Grecia. Increíble todo lo que esconde esta ciudad en sus entrañas. Como la mañana era buena y nos apetecía disfrutarla, paseamos por el Bulevar de los Capuchinos hasta la plaza de la Ópera para quedar impresionados por el Palacio Garnier. A la espalda de este edificio quedan las galerías Lafayette (que abrían a las 11:30). Puede ser interesante su visita por la cúpula interna que alberga este famoso centro comercial. No entramos, y cogimos el metro en la parada Chausse d´Antin-Lafayette hasta Jussieu. Barrio Latino Cambio radical de ubicación, en busca del margen opuesto del río Sena, aproximándonos al Barrio Latino. En menos de cinco minutos andando desde la boca del metro, estábamos junto al Panteón, lugar donde se hallan los restos de Rousseau. Junto a este imponente edificio se ubica la bonita Iglesia de Sant Etienne du Mont. Los cercanos jardines de Luxemburgo nos invitaban a dar un paseo como si en el Parque del Retiro nos encontrásemos. Pero el tiempo empezaba a jugar en nuestra contra. Una breve visita fue suficiente para observar la grandiosidad de cualquiera de los jardines que se reparten por esta bella ciudad....

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Mérida en familia https://moreocio.com/merida-en-familia/ https://moreocio.com/merida-en-familia/#comments Thu, 06 Jan 2022 14:00:33 +0000 https://moreocio.com/?p=4444 Nueva escapada, ahora con formato familiar. En esta ocasión el objetivo principal era disfrutar de tiempo de calidad con los seres más queridos, la familia. Es por ello que, en esta ocasión, las visitas turísticas pasarían a un segundo plano.   No obstante, para motivación de los más mayores, concretamente del abuelo…  Se buscó un lugar que derrochase historia por todos sus costados y, además, las distancias entre los puntos a visitar no estuviesen muy alejados unos de otros. Una de las ciudades españolas que cumplen a la perfección con estos dos requisitos es Mérida. Ciudad relativamente pequeña con una alta densidad de restos romanos.   Así pues, un viernes después de comer nos pusimos rumbo a la capital de Extremadura. Dos horas y media después nos hallábamos a las puertas del apartamento Tíbula Teatro.   Con muy buena ubicación, en zona tranquila, con supermercados cercanos y a tan solo 10 minutos andando del núcleo histórico emeritense. Limpio y amplio. Nos sentimos como en casa. Recomendable. El tiempo restante sirvió para acomodarnos en el apartamento, hacer unas pequeñas compras en el súper, cenar y disfrutar de los peques de la casa en el amplio salón.   No seremos nosotros los que descubramos o propongamos qué visitar en Emérita Augusta. Para ello hay webs mucho más especializadas e historiadores que pondrán sobre la pantalla todo tipo de datos y apuntes históricos de esta civilización romana que tanto nos dejó hace ya dos mil años.   Tan solo nos atrevemos a proponer una ruta pensada para realizar en familia, al ritmo que nos permitan los más pequeños de la casa, sin olvidarnos también del más longevo.   Mañana Tras un gran desayuno en familia, sobre las 11:30 salimos del apartamento para dar un breve paseo de unos diez minutos hasta llegar a la plaza de Margarita Xirgu. Lugar donde se ubica el puesto de Información turística y núcleo principal donde se halla el acceso al Anfiteatro-Teatro romano, el Museo Nacional de Arte Romano y la Casa del Anfiteatro.   Desde esta web oficial puedes sacar las entradas on-line para visitar cualquiera de los monumentos del conjunto histórico-arqueológico del consocio emeritense. Te recomendamos la opción de pagar 16€ para el acceso a cualquiera de los siguientes recintos monumentales, sin necesidad de gastarlo todo en un día (no caduca): Teatro y Anfiteatro romano, circo romano, alcazaba árabe, conjunto arqueológico de la morería, cripta de la basílica de Santa Eulalia, casa del Mitreo-Columbarios, casa del anfiteatro y centro de interpretación del templo de Diana.   Nosotros comenzamos con la visita al anfiteatro y teatro, en este orden. Solo por ello merece la visita la ciudad. No cogimos guía porque no sabíamos si los peques aguantaría toda la explicación, así que nos fuimos documentando con las breves informaciones que nos iban dando los diversos paneles que nos íbamos encontrando a nuestro paso. Y con los humildes datos que el abuelo nos iba comentado, gracias a su pasión por la historia. Fue nuestro particular guía.   Todos disfrutábamos; los pequeños por estar al aire libre en este buen día del mes de septiembre, el abuelo por las explicaciones que nos daba a los nóveles papás, y la abuela viendo a la familia unida. Allí estuvimos casi dos horas. Las suficientes para adentrarnos en aquella rica civilización y sentirnos casi un romano más como espectador en las gradas… o luchador en la arena. Una breve pausa sentado en el teatro admirando la belleza del conjunto que teníamos ante nuestro ojos y valorando la construcción levantada hacía ya mas de dos milenios.   Medio día Tras esta primera visita, era la hora de la comida. Perfecto momento para sentarnos a descansar y recuperar energías en alguna de las terrazas de la calle Jose Ramón Mélida y pagar la «tasa turística» de la comodidad.   Con las fuerzas renovadas, seguimos con nuestra visita en busca del Pórtico del Foro, escondido entre los edificios de la calle Sagasta. Curiosa la sensación de ir paseando para bajar la comida y, en tan solo 400 m, darte de bruces con esta construcción en medio de la ciudad como si de un edificio más se tratase. Pero no era nada más que el aperitivo de lo que nos esperaba un poco más adelante. Siguiendo por la misma calle, 200 metros más adelante, nos toparíamos con el Templo de Diana. Este monumento cuenta con más presencia y se ubica en un espacio algo más abierto que el anterior. Pero siempre rodeado de edificios que parecen querer protegerlo y mimarlo.   Solo quedaban otros 400 metros más para llegar al conjunto de la Alcazaba y el puente romano sobre el río Guadiana. Ambos lugares vigilados bajo la presencia de la loba capitalina. No visitamos la Alcazaba por dentro, pero sí la disfrutamos por fuera desde la perspectiva que nos daba el puente romano. Habíamos conseguido «engañar» al abuelo con estos pequeños hitos en el camino que habían ido saciando su curiosidad… y sin querer había caminado más de lo que estaba acostumbrado.   Primera hora de la tarde Tocaba realizar una segunda parada en la jornada de hoy y la plaza de España estaba a tan solo 200 metros de nuestra ubicación.   La tarde acompañaba y tras unos cafés en una de las terrazas de esta bella plaza, y algún que otro baile por parte del primo mayor, comenzamos el regreso por la calle Santa Eulalia previo paso por el arco de Trajano, hasta la puerta de la villa.   Buscábamos el punto inicial de ruta para visitar el Museo Nacional de Arte Romano, y para ello desandamos por calles paralelas al camino de ida sin para alguna. El cansancio se iba acumulando por lo que decidimos volver a descansar a la vez que seguíamos haciendo turismo. Para ello, tomamos el trenecito turístico que sale desde la misma puerta del museo. Los más pequeños disfrutaron de este viaje de aproximadamente media hora, y los mayores aprovechamos para conocer algunos de los lugares de interés más alejados del centro urbano a la vez que descansaban. De todos ellos, el acueducto de San Lázaro y sobre todo el de Los Milagros son los puntos más interesantes de todo el recorrido. También pasamos junto al puente Lusitania y la zona arqueológica de Morerías.   Si no vas con niños o personas mayores, te puedes ahorrar los 4,50€ que cuesta este paseo de poco más de 5 km. Segunda hora de la tarde Para completar el día, el abuelo quería visitar sí o sí el museo. A pesar de la intensidad de la jornada, su pasión por la historia ganó en la balanza al cansancio. Y con él, toda la familia detrás para seguir empapándonos de esta cultura que no dejaba de impresionarnos.   Los peques, empezaron a quejarse. El abuelo continuó con su visita mientras los más jóvenes esperábamos en la explanada aledaña.   Tras una foto familiar junto a las letras gigantes de Mérida, iniciamos la vuelta al apartamento para descansar, cenar, y seguir disfrutando de la familia. Quedaban en el tintero para visitar en una segunda jornada el Circo Romano, la casa de Mitreo, la Casa del Anfiteatro, la basílica de Santa Eulalia (y sus catacumbas) y la concatedral de Santa María la Mayor. Perfecto para completar un fin de semana turístico en Mérida.   Pero quisimos ser fieles al objetivo principal de pasar tiempo en familia, lo que nos obligaba a posponer esta segunda jornada turística para una futura visita.   Es por ello que el domingo lo dedicamos a recoger, desayunar tranquilamente y volver a casa. El propósito estaba más que cumplido.  

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Benidorm, con niños. https://moreocio.com/benidorm-con-ninos/ https://moreocio.com/benidorm-con-ninos/#respond Thu, 18 Nov 2021 14:00:34 +0000 https://moreocio.com/?p=4271 Seguimos con nuestras escapadas. En este viaje veraniego, India tan solo contaba con cuatro meses (casi cinco) y el Covid parecía remitir gracias a la vacunación masiva. Estas dos razones, junto a otras personales, nos situaron en este punto del levante español. Queremos acostumbrar a la niña a no ser sedentaria, no obstante, es ella la que siempre nos va a marcar el ritmo. Por esta razón establecimos nuestro cuartel general en La Cala de Finestrat; más concretamente en los apartamentos Bellber, en el Tossal de la Cala. Es Benidorm, pero no es Benidorm. Situado en el extremo de la playa de Poniente, pero perteneciente al municipio de Finestrat. Una zona «tranquila», si es que en este verano del 2021 ha existido algún lugar tranquilo en el litoral peninsular. La pandemia ha potenciado el turismo nacional, por razones obvias. Día 1. Acomodación. Antes del nacimiento de India, nuestro primer día en destino siempre lo aprovechábamos para visitar todo lo que nos diese tiempo. Pero desde que está con nosotros, todo hay que tomarlo con más calma. Por tanto, esta primera jornada lo dedicamos al viaje (ahora con más paradas, y más largas), acomodación, pequeña compra… y si sobra tiempo, planificación de algo improvisado. Y así fue como actuamos. En este caso, tuvimos tiempo para improvisar un pequeño plan que consistía en un tranquilo paseo por el extremo de la playa de Poniente hasta llegar al Gastrobar Aruba. Allí cenamos, y poco más pudimos hacer. Suficiente con un bebé. Día 2. Cala de Finestrat y Tossal de la Cala. Semanas previas había reservado una bici de carretera para tres días en CronoBike Benidorm. Por tanto, tras el desayuno, Afri e India me llevaron con el coche hasta la tienda, ubicada en el extremo opuesto de Benidorm. Ellas volverían al apartamento en coche y yo lo haría en bici, previo ascenso a la Cruz de Benidorm y el Tossal de la Cala. Dos pequeños promontorios que flanquean ambas playas, tanto en levante como en poniente. Entre medias, un tranquilo paseo por los carriles bici de ambos paseos marítimos, Levante y Poniente. Tras la comida en el apartamento, inauguramos la piscina del complejo durante la tarde. Después de la cena, nos propusimos ascender hasta lo más alto del Tossal de la Cala. Desde allí se observan unas vistas muy bonitas de toda la playa de Poniente de Benidorm. Un lugar estratégico donde se ubica la ermita de la Virgen del Mar. Poco más arriba existen también unos yacimientos romanos hallados en los años 40 y que datan del s. II a.C. A ellos es posible acceder de manera gratuita pero dentro de unos horarios establecidos. Tras la puesta de sol, descendimos hasta la cala de Finestrat donde dimos buena cuenta a unos helados en La Flor de la Cala y aprovechamos a dar un breve paseo por su mercadillo nocturno. Día 3. Puerto de Tudons y visita a Altea. Puerto de Tudons Por la mañana, mientras las chicas descansaban en el apartamento, y con un buen madrugón con el objetivo de volver lo antes posible; decidí subir el puerto de Tudons con la bici de alquiler. Unos 15 primeros kms de aproximación por Finestrat hasta el cruce de Ortxeta, dieron paso al ascenso desde Sella por un paraje muy bonito y tranquilo (tal vez por las horas tan tempranas). Con 31 km (tras los 16 de ascenso) coroné y volví intentando repetir el trazado de subida lo menos posible. Por esa razón descendí por la carretera que da acceso al Safari de Aitana y posteriormente desviarme hacia Relleu y Ortxeta. La llegada, tranquila por la nacional desde Villajoyosa  hizo un total de 77 km unos 1000 m de desnivel, en unas tres horas y media. Altea La tarde fue planificada para que Kenya también disfrutase de sus vacaciones. Es por ello que nos desplazamos hasta la playa canina de Altea, junto a la urbanización Villa Gadea. Allí mismo hay un chiringuito donde podría ser buena opción reservar mesa en vistas a cenar antes de volver a coger el coche. Pero nuestra opción pasaba por visitar la pintoresca localidad de Altea; en contraposición de las recomendaciones de no hacerlo con un coche de bebé. En la playa canina estuvimos durante la tarde. Como la mayoría de este tipo de playas, tiene muchas piedras; que por un lado se agradece a la hora de subir a nuestra mascota al coche, pero por otra parte, nos obliga a llevar un calzado cómodo para poder desplazarnos por ella. Existe también un islote muy cerca de la línea costera que mucha gente aprovecha para visitarla a nado. Tras el disfrute de ver a Kenya jugando con el agua, tomamos el coche para visitar Altea. Ojo, es cierto que no es recomendable la visita con un coche de bebé debido a sus cuestas y empedrado. Aparcamos en la explanada gratuita prevista por el ayuntamiento y nos atrevimos a ascender hasta el casco antiguo… Subir por sus calles nos puso en alerta. Y una vez arriba, el empedrado y las constantes escaleras usadas para salvar desniveles nos dejaron en evidencia. Confirmado, es posible visitar Altea con un bebé, pero siempre y cuando se use el porteo. A penas tuvimos tiempo para ver un par de bonitas calles entorno al mirador del Portal Viejo. Sus restaurantes con numerosas terrazas invitaban a sentarse en alguna de sus mesas. Muchas de ellas ocupadas o reservadas. La decisión fue la de descender hasta el paseo marítimo, no sin alguna complicación a salvar con el carro del bebé por los pronunciados desniveles. Una vez allí, un tranquilo paseo ya con la noche sobre nosotros y una cena en cualquiera de sus terrazas. Día 4. Torre de Aguiló y Villajoyosa. El día se despertó con amenaza de lluvia. Nos atrevimos a bajar para desayunar en el Alameda Beach una sabrosa tostada de salmón con vistas a la playa mientras los nubarrones se aproximaban por el horizonte. Aprovechando la poca densidad de bañistas debido al escaso sol, nos dirigimos a la playa para instalarnos y saborear una plácida temperatura sobre la arena. Una hora más tarde la lluvia cumplió su amenaza- Recogimos los bártulos para preparar la comida en el apartamento. Durante la sobremesa, observaba la torre de Aguiló que asomaba orgullosa su silueta a lo alto del promontorio opuesto a la cala donde se ubicaba nuestro apartamento. Torre de Aguiló Mientras las chicas descansaban, decidí aventurarme a ascender hasta dicho punto, previas consultas a «San Google». Desde wikiloc, descargué una ruta al GPS de unos 5km para conocer la torre y de paso el Racó de Conill. Una ruta senderista que parte desde la cala de Finestrat, se adentra por un pinar para ir cogiendo altura hacia Villajoyosa y salir a la escondida carretera que da acceso al Racó de Conill. Desde ahí un descenso hasta la misma cala donde mojar los pies y comenzar una dura, pero bonita, subida hasta la torre por una empinada arista. A la derecha el mar, a la izquierda el pinar, detrás la costa de Villajoyosa y al frente estaba por aparecer la torre vigía. Impresionantes vistas desde el punto en destino. Lugar decidido por Felipe II para defender la línea costera de los acosas piratas. Casi 30 km al norte y otros tantos al sur es posible divisar con un simple vistazo. Desde el Peñón de Ifach, en Calpe, al norte; hasta el Cabo de la Horta, en Alicante, al sur. Solo quedaba descender con mucho cuidado por la pronunciada pendiente, pegado al acantilado para disfrutar de las vistas de esta pequeña cala de Finsetrat, con una perspectiva diferente. Villajoyosa Por la tarde-noche tocaba desplazarse hasta Villajoyosa para ver a parte de la familia. En esta vecina localidad existen varios puntos turísticos de interés. Los más golosos cuentan con la presencia de la fábrica de chocolates Valor. Pero nuestro objetivo era una simple y tranquila visita por el paseo marítimo para disfrutar de los más peques de la casa. Aparcamos el coche en una explanada al sur del paseo, justo a la altura de la desembocadura del río Amadoiro. Comenzamos nuestra visita por el paseo marítimo donde nos llamó la atención el colorido de las fachadas que lo presiden. Una cerveza en cualquiera de sus terrazas y vuelta para intentar cenar… pero no hubo oportunidad para ello. No obstante, disfrutamos cantidad viendo a los primos juntos por primera vez tan lejos de sus casas. Día 5. Coll de Rates y Rincón de Loix. Coll de Rates La mañana se presentaba activa por la visita al Coll de Rates con la bici desde la Cala. Kike, que pasa sus veranos en Alicante, se desplazó en coche hasta aquí para compartir la jornada ciclista. A las 8:30 dimos el pistoletazo de salida. Rodamos por la playa de Poniente para salir, en ligero ascenso, por las transitadas carreteras hasta La Nucía y Polop. Desde aquí tomamos dirección hacia Callosa d´en Sarria, donde se encuentras las famosas Fonts del Algar. Es a partir de este lugar donde el tráfico desaparece y comienza el verdadero ascenso. Estamos en Bolulla. 7 km preciosos hasta Tárbena. Lugar estratégico donde la carretera ofrece otra alternativa hacia el col de Bixauca, que obviamos para centrarnos en el Coll de Rates. Un tramo este final, con dos descansos y otros dos ascensos. Siempre con la Sierra de Ferrer presente. Un bonito, tranquilo y escondido valle que merece la pena visitar. Una vez conseguido el objetivo, con casi 40 km en nuestras piernas. Tocaba descender por el mismo trazado hasta el punto inicial. 76 km y 1900 m de desnivel bien merecían unas cervecitas y un baño directo en la playa. Afri e India bajaron del apartamento para unirse a nosotros. Kike marchó y nos quedamos en familia. Comimos en la Tapería Ayala, aunque también pudimos haberlo hecho en el Restaurante Peter. Ambos de buena recomendación. Tras la tarde tranquila en la playa de la cala de Finestrat decidimos que, ya que habíamos visitado el Tossal de la Cala días previos, podríamos conocer el otro punto geográfico que flanqueaba ambas playas de Benidorm. Rincón de Loix Así pues, hasta el Rincón de Loix nos desplazamos con el coche con la idea de hacer la breve ruta de punta Cavall. Ésta transita por una zona asfaltada sin urbanizar que nos lleva hasta un bonito mirador sin necesidad de realizar mucho desnivel. Perfecta para hacerla con niños, e incluso con carro. Pero era tal la conglomeración de coches aparcados en el inicio de ruta y sus alrededores, que cambiamos de opinión. La alternativa fue ascender hasta lo alto de la Cruz de Benidorm. Las vistas desde arriba son mucho mejores que las que habíamos planificado con la primera opción. Aunque sí es cierto que hay que salvar un desnivel mucho más importante. Nosotros lo realizamos en coche, haciendo caso omiso a los carteles que prohibían el paso a vehículos motorizados. Tras las pertinentes fotos coincidiendo con el ocaso, hicimos un breve ascenso a lo alto de la cruz por un corto sendero de firme irregular. Tocaba coger el coche y descender hasta la playa. Un largo paseo al borde de la playa de levante, desde el rincón de Loix hasta el pueblo. Recordando las vacaciones que uno y otro verano repetía con mis padres. Observando los lugares; unos seguían igual, otros completamente cambiados después de más de 20 años sin haber estado por allí. La vuelta hasta el coche, desde la plaza Triangular, lo hicimos por la avenida del Mediterráneo, la segunda línea de playa… Mucho más tranquila. Día 6. Descanso. Este fue un día de transición y relax total. Afri se levantó animada y decidió pasear hasta lo alto de la torre Aguiló.  Mientras, India y yo intentábamos buscarla en la lejanía desde la cristalera que cubría el balcón donde desayunábamos. A la vuelta de su ruta, tocaba llevar la bici de alquiler de vuelta a la tienda. Afri fue a recogerme. Decidimos pasar el día en la playa. Cenar en...

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Cantabria con bebés; alrededores de Santander. https://moreocio.com/cantabria-en-5-dias-con-bebes/ https://moreocio.com/cantabria-en-5-dias-con-bebes/#respond Thu, 30 Sep 2021 13:00:35 +0000 https://moreocio.com/?p=4256 Cantabria con bebés, nueva etapa en el blog, primera entrada escrita tras el nacimiento de nuestra pequeña India. Justo seis meses después de que la vida nos diese este bonito regalo. Ahora ella marcas los tiempos, pero nosotros seguimos manteniendo las costumbres. Un claro mensaje queremos dejar plasmado en esta, y sucesivas, entradas del blog. Seguiremos viajando, documentando y compartiendo nuestras experiencias; pero de forma sintetizada. Más simple, más práctico: fotos, ubicaciones y breves tips que os sirvan como inspiración para crear vuestro propio viaje. Os contamos nuestra experiencia por los alrededores de Santander durante una semana. Día 1. El Astillero. En un verano en el que los españoles hemos decidido hacer turismo nacional, hallar precios económicos en la costa ha resultado complicado. Nosotros encontramos un ático en El Astillero, mediante Air B&B, casi a estrenar por un módico precio. Jornada usada para el viaje, acomodación, pequeña compra… Y breve paseo por la plaza de los 3 titanes hasta la ría de San Salvador para volver por el centro junto a la plaza del Mercado, donde se congregan los bares y restaurantes de la localidad. Dos kilómetros de ruta que nos dejaron un buen sabor de boca con el verde paseo hasta la ría y la urbanita zona a la vuelta. Suficiente para ubicarnos en la localidad. Día 2. Santander. Centro. Dejamos el coche en el parking Castellar para conocer el centro de la ciudad. Visitamos el Puerto Chico, las esculturas de Los Raqueros y el paseo marítimo, hasta llegar a la Grúa de Piedra y el Centro Botín. Tras la experiencia de subir en el ascensor de este edificio hasta su nivel más alto para disfrutar de las vistas, nos introdujimos hacia el centro de la ciudad por los Jardines de Pereda y la Catedral de Santander hacia la plaza del Ayuntamiento. Detrás de esta plaza se encuentra el Mercado de la Esperanza, en el que nos adentramos para disfrutar del ambiente comercial tradicional. Cambiamos el rumbo en busca de la plaza porticada de Velarde y la iglesia del Sagrado Corazón, la cual nos había llamado la atención su aguja desde el mirador del Centro Botín. Una breve parada en un banco urbano fue suficiente para comer, beber y descansar. Retomamos el paseo por la calle Hernán Cortés hacia por otro Mercado, este ahora restaurado con locales actuales, para llegar hasta la plaza Pombo. En los alrededores de la plaza Matías Montero tomamos un helado y café, antes de tomar el coche para cambiar de ubicación. La Magdalena. Nos desplazamos en coche hasta el parking de la playa de los Camellos. Desde allí daremos un bonito paseo rodeando el perímetro de la península de la Magdalena en sentido antihorario. Ya de entrada la playa de los Camellos bien merece una parada para divisar la estatua del Niño Pez, pero nosotros nos dirigimos directos al interior. Allí observamos el escenario del festival Magdalena Deluxe, a la vez que pasábamos por delante del monumento a Félix Rodríguez de la Fuente. La playa de los bikinis con su espigón lleno de jóvenes y el Embarcadero Real. Un poco escondido el Faro de la Cerda, con algunos bancos que invitan al descanso. Al otro lado asoma siempre el puntal de Somo. Llegaremos al punto clave de este lugar real, cuando divisemos el Palacio Real de la Magdalena, en el punto más alto de esta minipenínsula. Comenzaremos la vuelta, y el descenso, con vistas hacia las playas del Sardinero; y algo más al fondo el Cabo Menor. Aquí sí daremos uso a uno de sus bancos para descansar y disfrutar de las vistas y la temperatura. Antes de salir, pasaremos  por el Museo del Hombre y el Mar y el Parque Marino de la Magdalena. Allí podremos disfrutar de las recreaciones de unos buques, primero; y de algunas especies animales, después. Gratuitas y al aire libre. Cabo Mayor Desde el banco que disfrutamos en la Magdalena, divisamos al fondo el Cabo Menor. Un poco más allá se halla el faro del Cabo Mayor. Hasta allí nos desplazamos en coche, tras cruzar las playas del Sardinero, para dejarlo en el parking del Cabo Mayor. Un lugar de recreo donde hay unas tirolinas para disfrutar de la aventura con niños, campings, restaurantes y un café-bar junto al mismo faro. Un paseo de un par de kilómetros, ahora con porteo de India, fue suficiente para darle ese punto de naturaleza que tanto nos gusta. El faro, el mirador; los acantilados. Cala Angosta. Pico el Gallo y el Burro. Para volver por la bonita ensenada de Mataleñas. Mar, prados, acantilados… Corto, pero intenso. Perfecto para terminar un día muy completo por la capital cántabra. Día 3. Playa de Liencres y bosque de Secuoyas. Playa de Liencres. Si ayer dedicamos la jornada a un entorno urbano, hoy toca visitar lugares alejados de ellos. Por la mañana playa y por la tarde montaña. Nos desplazamos hasta el Parque Natural de las Dunas de Liencres para dejar el coche en alguno de sus amplios aparcamientos. Ya el acceso a ellos, por un denso pinar, bien merece la visita. En condiciones normales podíamos haber realizado el sendero de la Costa Quebrada, pero lo dejamos en tareas pendientes para cuando India sea un poco mayor. En esta ocasión, disfrutaríamos de una tranquila y agradable mañana nublada en la playa. Pero como nuestra inquietud siempre nos puede, aprovechamos la bajamar para pasear a lo largo de toda la playa de Valdearenas hasta la punta Rosco, donde la ría de Mogro da acceso al mar. Una hora y media de paseo para realizar unos 4 km con la peque en brazos… Cuando estás a gusto, el tiempo pasa volando. Tras el descanso en la tumbona y el cortavientos, la partida de cartas y el picnic; recogimos los bártulos, cotilleamos la vecina playa de Canallave desde lo alto. Tomamos rumbo a Cabezón de la Sal, no sin antes hacer una breve parada en el mirador Abra del Pas, en la misma carretera, para disfrutar de las vistas de a ría de Mogro. Bosque de Secuoyas. A la altura del km2 de la carretera CA-135 que une Cabezón de la Sal con Comillas existe un parking adecentado para dejar el coche. Desde este punto hasta el Monumento Natural de las Secuoyas del Monte Cabezón, debemos desplazarnos por un carril habilitado para peatones paralelo a la propia carretera. Una pasarela adecentada para personas de movilidad reducida nos adentra en el corazón de este peculiar bosque. Existen varias rutas, pero solo una recorre íntegro el bosque con esta especie arbórea tan característica. Primero en descenso y luego en ascenso. Es un paseo corto de tan solo un par de kilómetros (incluyendo el carril de peatones). Nosotros lo hicimos porteando a India y disfrutamos de una bonita experiencia. Recomendable. Día 4. Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Si el primer día fue urbano y el segundo natural, el tercero sería un mezcla de ambas. El Parque de la Naturaleza de Cabárceno bien merece una jornada completa para disfrutarlo. No es un safari, como nosotros pensábamos. Es un zoo gigante en el que los animales se encuentran en una «libertad condicionada» y para ir de una zona a otra, necesitas desplazarte en coche o en teleférico. Normalmente los parking adecentados en el interior del recinto permiten la visita andando a dos o tres zonas de animales. Al principio puede parecer un auténtico laberinto, pero con un poco de orientación podemos sacar un recorrido eficiente de manera circular de unos 15 km donde podemos ver todas las especies sin repetir paso por ninguno de ellos. Algunos pasos están restringidos a autocaravanas debido a la pendiente y las curvas existentes. Se puede comer dentro de los lugares habilitados y también se puede visitar en bicicleta. El precio es de 39 € por persona (en verano del 2021), con pase gratuito para las dos líneas de teleférico. Teleférico que usamos para sobrepasar la zona de osos y experimentar las sensaciones de India en este medio, que fueron buenísimas. Nos lo aconsejaron, y lo confirmamos. Merece la pena la visita para niños de a partir de unos 7-8 años. Día 5. Traslado a Somo. Día de traslado. Tranquilamente recogimos las maletas, las echamos al coche y a las 12:00 dejamos el apartamento. Hasta las 16:00 no podíamos hacer el check-in en el Glamping Latas de Somo. Por lo que decidimos hacer una visita a Castro Urdiales. Podía haber sido cualquier otro lugar más cercano, pero había sido el lugar elegido para pasar las vacaciones este verano y por motivos de la vida no salió adelante. Así que, decidimos ir al menos a conocerlo aunque fuese por un par de horas. Aparcamos junto a la playa de Brazomar y dimos un tranquilo paseo por el puerto hasta el amplio parque de Amestoy. Desde allí se observan las siluetas del complejo arquitectónico del Castillo Medieval de Santa Ana, la iglesia de Sta María de la Asunción, el puente medieval y la ermita de Sta Ana. Una tranquila cerveza en la terraza de uno de los bares de esta amplia plaza y vuelta por el mismo paseo. Suficiente para conocer de una pincelada este bonito lugar. La comida en Somo. Check-in en el glamping  y a esperar la llegada de todos los amigos. Día 6. Puntal de Somo y Liérganes. Puntal de Somo. El acceso desde el camping hasta la playa de Somo es muy bonita y próxima. Hasta ella llegamos con el carro a modo de carretilla. Y por la bajamar paseamos hasta el centro urbano donde cogimos el barco Regina para cruzar la bahía de Santander y comer en la capital. A la vuelta, también en esta humilde embarcación, volvimos paseando por la playa hasta el acceso al barrio de Latas. Liérganes. Sin descanso alguno,  tomamos los coches y nos fuimos en busca del cercano pueblo de Liérganes. Pequeño, coqueto y entretenido. Merecida clasificación dentro de la lista de «Los pueblos más bonitos de España». Es interesante un paseo por sus calles para disfrutar de su arquitectura y la decoración de sus fachadas con bellas plantas y flores. Busca el puente sobre el rio Miera y la estatua del Niño Pez, es el lugar ideal para hacer una parada y disfrutar de este bonito rincón que escondido un poco más allá de sus calles. Una cena interesante en la terraza del bar De Leyenda di por finalizada la visita y la jornada. Día 7. Laberinto de Villapresente, Santillana de Mar y paseo por la costa. Laberinto de Villapresente. Curioso y peculiar rincón escondido en esta pequeña localidad. El laberinto más grande de España. En torno a una hora y cuarto para salir de aquel quebradero de cabeza. Risas aseguradas… y alguna frustración que otra. Pero si no quieres usar una de las cuatro puertas de emergencia o las indicaciones de dos de los operarios que se hallan en su interior, deberás esforzarte por marcar algunas referencias y orientarte con las pocas referencias de las que dispones con la torre y lo edificios de alrededor. Al final, puedes subir a lo alto de la torre para divisar desde esa magnifica posición lo intrincado del laberinto. Recomendable. Tras la experiencia, es aconsejable reponer fuerzas en el restaurante de la Posada Camino de Altamira, en el barrio de Herrán, camino a Santillana de Mar. Un paseo por este pequeño, bucólico y sobreexplotado pueblo es suficiente para bajar la copiosa comida. Acantilados de Galizano, Langre y Loredo. Para acabar la jornada decidimos hacer este bonito paseo por la costa cántabra. Desde el parking de la playa de Galizano hasta el mismo camping Latas en el que estábamos ubicados. Trazado que coincide con el Camino de Santiago del Norte. Unos 9 kilómetros que cubrimos en poco más de dos horas y media a un ritmo tranquilo. Disfrutando de las vistas que nos regalan estos bellos acantilados rodeados de campos de maíz. Hacerlo coincidir con el atardecer le dará un punto extra de belleza. La dureza y técnica necesaria es mínima. Tan solo...

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Senderos de San Pablo. https://moreocio.com/senderos-de-san-pablo/ https://moreocio.com/senderos-de-san-pablo/#respond Mon, 05 Apr 2021 13:53:59 +0000 https://moreocio.com/?p=4238 En esta vida, todo, por muy negativo que sea; siempre tiene su parte positiva. Y en esta época de restricciones en los desplazamientos entre diferentes comunidades, es el momento oportuno de dar a conocer y potenciar el «turismo de proximidad». Y es curioso como así, obligados por estas excepcionales circunstancias, descubrimos lugares y parajes tan bonitos como interesantes, muy cerca de nosotros.  Tan solo es cuestión de reinventarse, de dar una «vuelta de tuerca» a la forma de encontrar destino. Es momento de valorar «lo nuestro», lo cercano. Lo más sencillo para esta nueva forma de turismo natural es buscar información o visitar cualquier área natural protegida como los Parques Nacionales, Naturales o Reservas de la Biosfera que se encuentren dentro de nuestra región de Castilla-La Mancha. Todas cuentan con una vasta información sobre sus diferentes rutas y posibilidades de ocio natural y activo. En este mismo blog ya disponemos de algunas entradas referenciadas en el Parque Nacional de Cabañeros; o en los Parques Naturales del Alto Tajo, de la Serranía de Cuenca o las Lagunas de Ruidera. No debemos obviar que el turismo rural está en auge. La pandemia nos ha enseñado que los espacios abiertos y con poca densidad de personas, son lugares «seguros». Lo que ha hecho abrir los ojos a muchos urbanitas que han cambiado sus destinos de descanso y esparcimiento. Este cambio va en beneficio de la salud individual y de la sociedad general. Bienvenido sea. De hecho, los organismos oficiales ya son conscientes de esta nueva tendencia y se están poniendo al día con ello. Un claro ejemplo es la nueva web «Senderos de Toledo» potenciada por la Diputación de Toledo a la que os invitamos a visitar, donde poco a poco se van incluyendo senderos locales homologados, señalizados, balizados y documentados. Pero queremos ir más allá, queremos dar a conocer lugares más cercanos aún, menos conocidos. En definitiva, más solitarios. El único precio que debemos pagar es que no cuentan con folletos informativos o balizas oficiales que marquen el recorrido a seguir, por lo que es recomendable contar con una app de móvil que nos permita seguir el trazado que siempre os dejamos en la web de wikiloc. Es por todo ello que os queremos presentar estas cuatro nuevas sendas para disfrutar de la naturaleza en nuestra provincia de Toledo. Todas ellas basadas en rutas ciclistas de montaña. Son segmentos se surgen de un exquisito filtro en el que han prevalecido, en su mayor parte, los estrechos senderos y zonas sombrías. Aquí las tenéis: Vereda del Fraile (Sonseca) 15km – 100m d+ Senderos de San Pablo (San Pablo de los Montes) 11km – 500m d+ Pinar de Almorox (Almorox) 12 km – 300m d+ Barranco de Hormigos (Hormigos) 3km – 40m d+ Podemos decir abiertamente que San Pablo es la capital de los Montes de Toledo en nuestra provincia. Ya que en esta localidad existen múltiples de opciones para disfrutar de esta humilde línea montañosa. Y bien es cierto que, como en el caso del Pinar de Almorox, la cantidad de caminos existentes en estos montes, permiten una variedad casi infinita de kilómetros, desniveles y tipos de vías para que cada uno construya su propio trazado en función de sus gustos y capacidades. No obstante la propia localidad ha creado una serie muy variada de rutas que parten todas desde el pueblo y que tiene publicadas en su web del Ayuntamiento. Nosotros ya os propusimos una ruta por la zona en el blog que comparte algunos tramos con la que ahora os describimos y los propios senderos locales. Después de explorar decenas de recorridos en bicicleta por estos lares, os proponemos esta ruta que combina el máximo de kilómetros por sendero, unido a la búsqueda de bosque que nos proteja con su sombra. Es por ello que os aconsejamos el uso de alguna app de móvil que os permita seguir la ruta de hoy. No obstante, no existe riesgo de pérdida en este monte, puesto que siempre tendremos la referencia visual del pueblo. Con unos 11 km de distancia y un desnivel acumulado de 500m, es la ruta más dura de las cuatro propuestas, pero apta para cualquier persona que realice actividad física con mínima constancia. Dispone de dos ascensos. El primero algo más duro y un segundo más liviano. Un aviso a tener en cuenta es la de llevar calzado adecuado para la montaña, ya que existen algunos segmentos de piedras sueltas donde tu tobillo agradecerá cierta estabilidad. El inicio de ruta lo haremos desde la calle Calera, a la altura del bar-restaurante Arroyo de los Molinos. Saldremos rápido del pueblo, puesto que solo debemos transitar por la calle Encina para tomar el camino de los Molinos. Durante los próximos 3 kilómetros realizaremos el primer ascenso de la jornada siguiendo siempre el arroyo de los Molinos. Ascenso que comenzará liviano para ir endureciendo su pendiente en la parte final. Pero tranquilos, tendrá su recompensa. El primer kilómetro y medio se realiza por un bonito camino que nos dejará en la pista de acceso al Parque de Aventuras Baños del Sagrario. Nos desviaremos ligeramente hacia la derecha para bordear el perímetro de este interesante lugar de ocio activo. Podremos ver algunos de sus animales y las instalaciones de tirolinas, puentes y diversos pasos a diferentes alturas entre los pinos que pueblan esta zona baja de esta ladera norte. Tras dejar atrás a valla perimetral, comenzará la parte mas dura del ascenso, ahora entre robles, por un piso algo más irregular de lo que hemos traído hasta el momento. Seguro que alguna gota de sudor te sacará este tramo. Pero tranquilo, estamos casi llegando a lo alto del primer ascenso de hoy. Una vez arriba, tomaremos la pista que nos encontramos perpendicularmente hacia la izquierda. Las vistas de todo el valle del Tajo se abren ante nosotros. Habrá merecido la pena el esfuerzo. Faldeando por la ladera, la ancha pista nos dejará en el mismo puerto del Robledillo.  Un paso con variedad de opciones para seguir la marcha. Hasta aquí llevaremos 5 kilómetros de ruta. Y optaremos por seguir la balizas con flechas rojas que traza uno de los senderos locales balizados por el Ayuntamiento. Comenzamos el descenso que nos deja unas maravillosas vistas de la localidad. Estaremos atentos en este tramo al gps para tomar la senda correcta. Las jaras comenzarán a dar paso al robledal en el que nos adentramos de nuevo. Será el momento de transición entre el primer descenso y el segundo ascenso, mucho más llevadero por un estrecho sendero. SP04. Cruzaremos la carretera que asciende al puerto del Robledillo para continuar por el sendero que se abre paso entre robles y bajo un piso casi conquistado por pequeñas piedras. Ahora el faldeo nos permite disfrutar de nuevo casi sin esfuerzo de las vistas que nos ofrece esta cara norte de la montaña. Poco antes de llegar al octavo kilómetro el camino nos deja en la misma arista de la sierra para permitirnos disfrutar ahora de la bonita raña que se abre al sur de esta línea montañosa. Momento para descansar y tomar un pequeño aperitivo. Podemos hacer un apéndice de ascenso a la Morra, que con 1367 metros establece el punto más alto de los montes próximos de la zona. Pero decidimos mejor bajar ya en busca del pueblo. Inicialmente por el camino del Tobajero. Pero como nos comprometimos en hacer el mayor número de sendas posibles, deberemos andar con ojo de nuevo en el gps. Prestaremos atención a un escondido desvío a la derecha que nos permitirá llegar al pueblo con un con un concentrado descenso de cotas. Donde en menos de 2 km pasaremos de los 1260m a los 980. Ya en las calles del pueblo, llegaremos sin problema al punto de inicio para disfrutar de unas buenas cervezas en el bar junto al que dejamos el coche. Muy recomendable. Para completar a jornada, tanto si vais con niños como si no, es muy recomendable la visita al Parque de Aventuras Baños del Sagrario para complementar esta jornada en la naturaleza.

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Madeira en 5 días https://moreocio.com/madeira-en-5-dias/ https://moreocio.com/madeira-en-5-dias/#respond Thu, 22 Oct 2020 13:00:35 +0000 https://moreocio.com/?p=4036 Viajar en tiempos de Covid… ¿Irresponsabilidad o adaptación a la nueva normalidad? Las circunstancias han querido que fuese en este momento. Debemos acostumbrarnos a nuevas rutinas en aeropuertos, visitas, restaurantes… Pero con responsabilidad, precaución, respeto y empatía es posible seguir viviendo. Miedo, no; respeto, sí. Madeira Madeira, con una población de 270.000 habitantes, está situada en el océano Atlántico, a menos de 600 km de la costa de Marruecos y a unos 400 km al norte de las islas Canarias. De origen volcánico (nos recuerda mucho a nuestra isla de La Palma), se compone de valles recónditos y sobrecogedores acantilados. Su clima oceánico subtropical, con inviernos suaves y veranos poco calurosos, permiten un bello contraste entre la parte norte húmeda y ventosa; con la sur, calurosa  y seca. Todo ello acumulado en tan solo 58 km de largo y 23 de ancho. Madeira significa «madera», y recibe este nombre por los 7 años que se mantuvo ardiendo la isla debido a su enorme masa forestal. Este hecho fue causado en 1420, dos años más tarde de su descubrimiento, por Joao Gonçalves Zarco, con el objetivo de preparar el terreno para nuevos asentamientos. De flora y fauna muy variada, dispone también de una artesanía de bordados, mimbre y azulejos muy interesante. Respecto a su gastronomía, es especialidad la espetada de carne, el pez espada de preto y el bolo de mel. No debemos dejar de tomar un vino de Madeira con denominación de origen y, para los más atrevidos con el alcohol, una poncha. La isla no dispone de playas naturales, pero sí de imponentes acantilados. Un paraíso para los excursionistas que pueden disfrutar de sus levadas, canalizaciones entre las escarpadas montañas que distribuyen el agua a toda la isla. Tiempos de Covid Como os comentábamos, el viaje se realizó a finales del agosto de este destartalado 2020. Una de las premisas para poder viajar a Madeira en ese momento era presentar un PCR negativo en el aeropuerto antes de las 72 horas de llegada. Y así hicimos. Teníamos la opción de hacer el PCR gratuita en destino, pero con el riesgo de ser positivo y la obligatoriedad de cuarentena. También era obligatorio registrarse en una aplicación donde te pedían una serie de datos sobre tu estancia. Día 1: Funchal. A las 11:30 estábamos en la puerta del Aeropuerto Cristiano Ronaldo de Madeira. En un primer vuelo tranquilo con escala en Lisboa (donde solo viajamos 25 pasajeros desde Madrid) y un segundo pasaje que se esperaba divertido en su aterrizaje. Aeropuerto de Madeira La aventura comenzaba antes de pisar tierra. La escarpada orografía de la isla obliga a su aeropuerto a tener una pista más corta de lo habitual. Algunos pilotos han llegado a confirmar que tienen la sensación de aterrizar en un portaaviones. En 1922 se realizó el primer vuelo, pero con los años los aviones comenzaron a aumentar su envergadura necesitando más longitud de pista. En 1958 un accidente provocó la suspensión del servicio. Por lo que durante años, el acceso aéreo solo era factible en hidroavión. En el 2000, una exitosa obra de ingeniería amplió la pista ganando terreno al mar, zanjando por completo esta historia. Una vez puesto pie en tierra. Una correcta coordinación para entrega de informes PCR y unas fotos junto al busto de Cristiano con mascarilla, fue suficiente para hacer tiempo de cara a la recogida del servicio de Surprice Car Rentals para acercarnos hasta sus oficinas. Coche de alquiler Para movernos por la isla es muy aconsejable alquilar un coche (ganarás tiempo a la vez que vivirás tu propia aventura). Y es más aconsejable aún, que no escatimes en la potencia del motor. Madeira ha hecho una inversión impresionante en su red de carreteras, dando acceso a lugares que hace años era imposible realizar en coche. Creando centenas de viaductos y túneles que permiten reducir exitosamente el tiempo entre ciudades. Pero, a pesar de ello, no estarás a salvo de evitar importantes porcentajes de desnivel en cualquiera de las calles, carreteras o autovías de toda la isla. De cualquier forma, si te gusta conducir y tienes paciencia, creemos que también es interesante experimentar estas carreteras de infarto, estrechas, empinadas y al borde de precipicios, para poder llegar a la Madeira más profunda y auténtica. Es parte del encanto de la isla. Con un humilde, pero coqueto, Fiat Panda de 70Cv iniciamos nuestra aventura por la isla. En el GPS del móvil la Rúa José da Silva, en el corazón de Funchal donde se ubica un amplio parking privado. Durante los 20 minutos de trayecto por la autovía tuvimos tiempo de hacernos a la idea de lo «divertido» que sería conducir por estas carreteras. Ojo a las incorporaciones a la autovía, ojo a las pendientes en la autovía… Estábamos conduciendo por la zona más poblada y con tráfico más denso. El acceso a la capital, tampoco fue aburrido. Paseo por Monte. Una vez aparcados, nos acercamos a uno de los seis teleféricos que hay repartidos por la isla. A tan solo 100m teníamos la entrada del Funchal-Monte. Con un precio de 11 € por persona, solo el viaje de ida, nos adentramos en el cubículo para disfrutar de un viaje de unos 10 minutos sobre la ciudad de Funchal. Mientras disfrutábamos de las bonitas vistas panorámicas de la capital con el mar de fondo y el monte a nuestras espaldas, nos llamó mucho la atención los tejados limpios y cuidados de todas las construcciones de la ciudad en particular, y de la isla en general. La población de Monte, a parte de las vistas sobre la capital, tiene varios atractivos turísticos. Uno de ellos, justo al lado de la cabina de teleféricos, es el Jardim Tropical Monte Palace, con 70.000 m cuadrados repletos de fuentes, estatuas y gran variedad de plantas. Otra opción es tomar un nuevo teleférico que desciende a media ladera hasta el interesante Jardim Botánico de Madeira. Para promocionar el turismo en estos momentos tan delicados, tuvimos que pagar solo el teleférico 10.20 ida y vuelta por persona, ya que la entrada al jardín nos resultó gratuita. En este lugar se concentran todas las especies de la isla. Todas con su nombre y ubicación. Se sitúa en terrazas, por lo que si entramos por el acceso del telecabina, en la parte superior, el paseo será liviano en descenso. Puedes hacer una parada en su cafetería, ubicada en la parte baja, y descansar con las preciosas vistas hacia Funchal antes de ascender al punto de salida. De nuevo en la población de Monte, nos desplazamos para visitar la iglesia de Nuestra Señora de Monte del s. XVIII donde se encuentra la imagen de madera de la patrona de la isla y la tumba del emperador austro-húngaro Carlos I. A los pies de la iglesia se encuentra el punto de inicio de los singulares Carros de cesto, una especie de trineo de mimbre y madera que conducen calle abajo dos guías ataviados con trajes típicos. A pesar de considerarlo una «turistada», el paseo no deja de ser divertido. Para los diez minutos que dura la actividad, deberemos pagar un precio de 20€ por persona y saber que termina en Livramento. Los dos kilómetros restantes hasta el centro de Funchal lo puedes hacer en taxi (están allí mismo esperando), bus o andando por la empinada calle de Camino de Monte. Paseo por Funchal Nosotros bajamos andando y tardamos unos 25 minutos hasta llegar a la Rua do Carmo y tomar un helado en la Gelateria Italiana da Lorenzo. A pesar de ser bajada, cansa un poquito por lo empinado del trayecto. La calle peatonal Fernao de Ornelas acapara nuestra atención y por ella disfrutamos de un paseo ya en plano. Al final de esta bulliciosa calle se encuentra el Mercado dos Lavradores, a las puertas de la Zona Velha de la ciudad. Construido en 1941, es un centro bullicioso donde agricultores y pescaderos venidos de todos los puntos de la isla, ofrecen sus productos. El resultado es un colorido, ajetreado y diverso lugar donde merece la pena mezclarse con los lugareños que van a hacer sus compras diarias. Estaba prevista la visita al corazón de la ciudad. Pero el cansancio del viaje apareció. Por lo que decidimos hacer una pequeña compra y marchar a nuestro apartamento. Aún no habíamos realizado el check-in.  Los Apartamentos do Mar, en la cercana y residencial Sao Martinho nos esperaban para descansar. Día 2: Levada do Caldeirao Verde. El segundo día lo teníamos reservado para realizar una de los cientos de levadas que se reparten por toda la isla. Existe gran variedad de ellas según longitud, desnivel y paisajes según su ubicación. Nosotros decidimos hacer la del Caldeirao Verde que, según las recomendaciones, es una de las más bonitas de la isla. Su inicio está próximo a la localidad de Santana, y dentro del Parque Forestal das Queimadas, al norte de la isla. Personalmente, nos gusta madrugar para llegar al destino pronto y evitar aglomeraciones. No obstante la situación excepcional del Covid nos estaba permitiendo disfruta de la isla sin grandes cantidades de gente. Sobre las nueve de la mañana estábamos en el punto de partida, no sin antes haber disfrutado de las excepcionales conexiones de la isla, para posteriormente sufrir las duras pendientes de la carretera de acceso al Parque Forestal. Calzado cómodo, agua, algo de comida, luz frontal y, chubasquero por si acaso, es lo necesario para afrontar esta ruta. En la zona de recepción de visitantes se encuentran una casas de construcción típica de la zona. En ese momento con cafetería y caseta de información cerradas. Levada do Caldeirao Verde. La humedad era evidente. Estábamos a la misma altura que las nubes. Iniciamos la ruta solos en el monte por un tramo ancho que poco a poco comienza a estrecharse. El canal de agua que nos guiará durante los 7 km siguientes, se hace presente a nuestra izquierda. Un túnel vegetal cubre nuestras vistas que, ayudado por las nubes, nos impiden disfrutar del paisaje. Pero no lo echamos en falta. El camino en sí es espectacular. El aire se siente puro. La humedad y densidad de vegetación nos recuerda a los bosques de laurisilva canarios. Y la canalización nos transporta por momento a los famosos «nacientes» de la isla de La Palma. En realidad es la misma obra de ingeniería y con el mismo objetivo. Trasladar las aguas de la zona norte, al resto de la isla. En lugares puntuales el trayecto se estrecha tanto, que debemos andar sobre el propio dique que dirige el agua. La pendiente es suficiente para que circule el agua y nosotros no tengamos percepción de ascenso. Un pequeño puente colgante da paso a una pequeña caldera, en este momento seca pero llena de humedad. Y más adelante una pequeña cascada salta sobre la pared dejando sus aguas en el canal. Las nubes están perezosas, pero poco a poco comienzan a tomar altura y el paisaje comienza a poder disfrutarse- Una bifurcación de caminos nos obliga a tomar la opción izquierda donde se divisa un túnel en el que se adentra la canalización y deja hueco para nuestro paso. Llegando a la Caldera Verde. Pasamos a una zona donde se alternan una serie de túneles. El más largo de ellos rozando los 200m de longitud. Será necesario frontal para poder cruzarlo. O con la simple linterna del móvil será suficiente. Eso sí forzando las lumbares para no chocarnos con el techo. Las recomendaciones empezaban a quedarse cortas. Estaba resultando un paseo brutalmente precioso y completo, sin ningún tipo de dificultad física más allá de la ligera irregularidad del piso y la longitud del trazado. La soledad ayudaba también a potenciar el disfrute de este lugar. Durante todo el recorrido los precipicios se hacen presentes. Existe unas protecciones para evitar caer al vacío, pero siempre debemos estar alerta. Por momentos, era tal la verticalidad del lugar, que para dar paso al trazado, se había esculpido la roca para crear unos impresionantes balcones naturales....

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Islas Cook https://moreocio.com/islas-cook/ https://moreocio.com/islas-cook/#comments Thu, 28 May 2020 13:00:07 +0000 https://moreocio.com/?p=3747 Las Islas Cook son un secreto del Pacífico. 15 preciosas islas de naturaleza volcánica rodeadas de agua cristalina y atolones de coral. Se dividen en dos grupos. Las islas del norte, de difícil acceso, entre las que se encuentra la famosa Nassau. Las del sur, más accesibles, donde se ubica la isla principal, Rarotonga. Los historiadores creen que este archipiélago fue poblado hace 1.500 años aproximadamente. Donde se dividieron en seis tribus. Hoy en día, su sociedad actual aún sigue repartida en cada una de esas tribus. Se cree que el español Álvaro de Mendana fue el primer europeo en ver las Islas Cook cuando en 1595 navegó cerca de la isla de Pukapuka. Años más tarde, el explorador británico James Cook, cruzó la región en sus expediciones de 1773 y 1777. Pero el primer europeo que pisó tierra en una de sus islas fue Philip Goodenough, en 1814. A partir de 1821 los misionarios ingleses comenzaron a introducir el cristianismo. A pesar de ello, las tribus continuaron con su liderazgo hasta que en 1901 las Islas Cook fueron anexionadas a Nueva Zelanda para compartir su gobierno. En 1965 los isleños consiguieron su independencia, pero manteniendo algunas relaciones muy directas con los neozelandeses. Estos controlan su política exterior a cambio de tener una doble nacionalidad. Vuelo y acomodación. Martes, 17 de marzo. (Lunes, 16 de marzo) Durante la noche en el aeropuerto de Auckland, observamos extrañados el adelanto de las horas de facturación en los paneles informativos La pandemia del Covid-19 nos obligaba a tomarnos la temperatura corporal y realizar un control médico previo para poder embarcar. Por delante tuvimos unas tres horas de vuelo directo hacia Avarua, la capital de Islas Cook, en la isla de Rarotonga. En este desplazamiento cruzaríamos la «línea del tiempo». Os lo intento explicar. Teniendo en cuenta que en Nueva Zelanda existe un adelanto de 12 horas respecto a España; el adelanto de una hora más en el reloj, implicaba que estaríamos 13 horas por delante respecto de España (u 11 horas por detrás)… O lo que es lo mismo, volver al lunes 16 de marzo. Este dato resultó decisivo, puesto que el acceso a las islas estaba permitido si 15 días antes no habíamos estado en países marcados como peligrosos por el Covid-19. Y los españoles ya éramos vistos como tal en ese aspecto. Un pequeño e incómodo problema que solventamos en el control de acceso a la isla. Eran las 13:00 y la isla nos recibía con lluvias. Marzo se sitúa dentro de la temporada húmeda en su clima tropical. A la salida del pequeño aeropuerto nos esperaba una taxista que nos llevaría a nuestro bungalow junto con otro pequeño grupo de turistas. Afri había concertado este tránsfer con el hotel que nos acogería estos días. Un «Kia Orana», seguido de unos collares de flores y una amable sonrisa, fueron suficientes para confirmar la amabilidad y hospitalidad de sus gentes. Tan solo fueron unos 15 minutos de trayecto, con breve explicación de posibles actividades a realizar o recomendaciones de lugares a visitar en la isla. Tiempo suficiente para llegar al Muri Beach Hideway. Allí nos bajamos junto a una pareja de jóvenes neozelandeses. Recibimos una correcta bienvenida por parte de su gerente, que nos expuso toda la  información necesaria sobre las instalaciones y facilidades de las que podíamos disfrutar. Este lugar cuenta con seis bungalows con baño privado, cocina y un generoso porche. Todos giran en torno a la piscina, pero solo uno tiene vistas directas al mar. El nuestro. Informaciones básicas, preguntas imprescindibles y dos conclusiones. La tarjeta SIM no tiene validez. Y para usar wifi, existen dos opciones. Una económica que consiste en comprar datos en cualquier tienda para usarlos en los puntos indicados en la isla o «hotspots» (hoteles, restaurantes y lugares públicos). O la opción cara, de comprar una tarjeta SIM y disponer de datos en cualquier punto de la isla. La primera opción nos duró esa misma tarde, al día siguiente optamos por comprar una tarjeta SIM. El bungalow era espectacular… De película. Las vistas, impresionantes. Pero la acomodación fue rápida ya que teníamos que aprovechar el tiempo para hacer algo de compra para el frigo… y los imprescindibles datos del móvil. Un pequeño paseo nos llevó hasta la primera tienda de «ultramarinos» donde hicimos un pequeño acopio a base de cervezas, leche, galletas y algo de comida para las cenas. Junto a ello, el pequeño pago por los datos de móvil con el que introduciendo una contraseña obteníamos conexión en algunos de los puntos preestablecidos en la isla. Una vez todo en su lugar, nos dispusimos a tomar las canoas que estaban a disposición de los clientes y remar un rato por la Laguna Natural que creaba el arrecife de coral en esta zona de la isla. Durante algo más de una hora con las palas en las manos rodeamos la paradisíaca isla de Taakoka. Típica isla de foto postal. Vimos alguna tortuga nadando bajo nuestras canoas y nos aproximamos a la isla de Koromiri. Allí dejamos varadas los kayaks en una de sus playas para realizar un pequeño paseo a pie. Tras la exploración, volvimos a nuestro bungalow para darnos una merecida ducha y pasear por la blanca playa de la isla. Momento perfecto para tomar nuestro primer cocktel… y ya de paso una merecida cena con vistas a la laguna de Muri Beach. Sails Restaurant fue el elegido. Diversas cervezas artesanas y dos platos de los que quitan el hipo combinando pescado fresco con el hummus, típico de la isla. Se había echado la noche y el cansancio hizo mella. Un breve paseo por la playa de camino al bungalow para bajar la comida fue el broche perfecto para nuestro primer día de aclimatación a la isla. Ruta en coche por Rarotonga. Miércoles, 18 de marzo. (Martes, 17 de marzo) El día amaneció muy lluvioso. Por esta razón cambiamos la idea del alquiler de una scooter por la de un coche. Para recorrer la isla existen también otras opciones como el alquiler de bicis o el uso del autobús interurbano. Tras el desayuno en el porche del bungalow, nos dirigimos a una cercana tienda de Vodafone para comprar la tarjeta SIM. Por 49$ (unos 33€) dispusimos de 5Gb de datos que podían ser compartidos. En la misma tienda realizaron la instalación de la tarjeta en el móvil de Afri, eso sí, previa limpieza de manos con gel hidroalcohólico. La tienda estaba a menos de un kilómetro de distancia, en ese trayecto vimos dos lugares de alquiler de coches, scooters y bicis. Alquilamos nuestro Toyotita manual, sin necesidad de Carnet Internacional. El precio por un día y seguro de todo riesgo, sin necesidad de rellenar el depósito fue de 70$ (unos 40€). El objetivo de hoy era conocer los otros rincones de la isla con total libertad. Así pues, nos pusimos al volante y rápido nos familiarizamos con las dimensiones y velocidades. No fue nada difícil para un coche tan pequeño, cambio automático y con una limitación de velocidad en toda la isla de 30km/h. Respecto a lo de conducir por la izquierda, estaba ya más que superado. La decisión más difícil fue elegir el sentido de la ruta. Horario o antihorario, ya que solo existe una carretera que circunvala la isla de unos 34 km de longitud total. El interior insular es un denso bosque tropical a modo de reserva natural de imposible tránsito. Seguimos el sentido horario y la primera parada fueron los jardines Marie Nui Gardens. Allí aparcamos en la misma puerta. El hecho de que estuviese lloviendo nos dio la exclusividad del lugar. Nosotros solos. Aunque tanta soledad nos mosqueó. Hasta en un par de ocasiones llegamos a pensar que pudiera estar cerrado y nos hubiésemos colado sin permiso. Pero no fue el caso. Una caja en la entrada nos pedía una propina para el mantenimiento del frondoso jardín. Nos adentramos en la densa vegetación que contrastaba con cientos de colores y gran cantidad de especies vegetales. Un aparente laberinto nos conducía por momentos a lugares sin salida. Cada vez que girábamos un paso, parecía cambiar la decoración. Impresionante. Casi sin darnos cuenta nos encontramos con un templete al que recurrimos para protegernos de una fina lluvia que no cesaba de precipitar. Allí, vimos un marco para realizar algunas fotos de postureo que utilizamos para la ocasión. Al salir de este rincón, nos topamos con un bar-cafetería que en estos momentos se encontraba cerrada. En resumen, un pequeño, pero intenso rincón de la isla que bien merece la pena visitar. Si la lluvia hubiese dado paso al sol y hubiésemos podido tomar un breve café en su terraza con vistas al jardín, hubiese sido perfecto. O no… Porque seguramente no hubiésemos disfrutado de esta exclusividad. De nuevo en el coche, en busca del siguiente destino. La paradisiaca playa de Titikaveka. En el extremo sur de la isla. Perfecta para la práctica del snorkel. Sus palmeras jugando con la gravedad, asomando ante las aguas cristalinas y su blanca arena. No muy ancha. Pero perfecta. El clima no acompañaba para esta actividad, tan solo nos asomamos. La divisamos, y pospusimos su visita posterior en caso de que el tiempo mejorase en algún momento de nuestra estancia en la isla. Un poco más adelante se ubica la playa Arorangi, en el suroeste de la isla. Otro tesoro, con mismas características que su vecina. Pero idéntica visita exprés. Tocaba el turno para uno de los puntos más particulares e históricos de la isla. El Black Rock. Localizado en el extremo oeste de la isla, es un lugar perfecto para ver la puesta de sol. Su arena fina con poca profundidad produce una acumulación de calor agradable para los que evitan las aguas frías del mar abierto. La leyenda maorí indica que el Tuoro, como llaman los indígenas a esta roca basáltica de unos dos millones de años, es el lugar donde los espíritus muertos abandonan Rarotonga. Existen evidencias de que este lugar fue explotado desde la época del neolítico, ya que la inexistencia del metal en la isla les hacía depender del basalto para la creación de herramientas. El viaje continuó, tocaba ahora la visita a la capital, Avarua. Situada en el extremo norte, es el lugar de entrada y salida de turistas mediante mar o aire. Pasamos por el aeropuerto y el muelle mercante, sin ningún otro interés que el de empaparnos del estilo y ritmo de vida de los lugareños. Realizamos una parada obligatoria en el supermercado para abastecer el bungalow de cara a nuestras estancias vespertinas. Ya que las tardes estaban destinadas al descanso. Hacer la compra en los lugares que visitamos es algo que nos enriquece mucho. Es como adentrarnos en su verdadera realidad. Una forma de hacer turismo de proximidad total. Carro en mano y recorriendo los pasillos, observábamos sus rutinas alimenticias y sus formas de comerciar. Una experiencia muy interesante. A la salida, buscamos un lugar para comer. Un take away cercano al puerto fue el lugar elegido. El menú, una hamburguesa, un fish&chips y un pollo frito. Sí, ya… Pero era lo que había… Allá donde fueres, haz lo que vieres… Un breve paseo por las tiendas cercanas fue suficiente para bajar la comida a la vez que confirmamos la importancia del comercio de joyas, especialmente de perlas, en la isla. Ya en nuestro humilde resort, dimos buena cuenta al «Trout Valley» durante toda la tarde. Sin movernos del porche escuchábamos la lluvia a la vez que nos bebíamos estas dos botellas de vino blanco que resultaron una buena compra en el mercado. Conversaciones, descanso, paz… El mar de fondo y las palmeras flanqueando la postal perfecta de una «verdadera luna de miel». Visita al Cross Island Track. Jueves, 19 de marzo. (Miércoles, 18 de marzo) Después del día tan nublado y lluvioso de ayer, no teníamos ninguna esperanza de ver el sol en el día de hoy. La intención era realizar la ruta Cross Island Track, pero...

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Diario de un viaje a Nueva Zelanda https://moreocio.com/diario-de-un-viaje-a-nueva-zelanda/ https://moreocio.com/diario-de-un-viaje-a-nueva-zelanda/#comments Thu, 30 Apr 2020 13:00:43 +0000 https://moreocio.com/?p=3541 La antípoda española. Nuestro lugar opuesto en el globo terráqueo. La zona más lejana en La Tierra que cualquier español pueda visitar.  20.000 km de distancia tienen la culpa. Principal razón que atrae a cualquier español nada más nombrar a Nueva Zelanda. Una antípoda que, además, somos de los pocos países afortunados que coincide con tierra emergida. Toda una ironía del destino que escribamos este diario sobre el lugar más retirado de España, cuando llevamos más de un mes de confinamiento sin poder salir de casa por causa del Covid-19… Dicha razón tan solo fue el «cebo» para elegir este destino. Un país, que con la mitad de extensión que España, aglutina una variedad infinita de relieves geográficos. Volcanes, dunas, fiordos, glaciares, bosques tropicales, estepas…  Todo un paraíso para el amante de la naturaleza. Perfectamente organizada y estructurada para recorrerla con un espíritu nómada. Una cultura indígena, la maorí, que convive coordialmente con los descendientes de colonos holandeses y británicos… dando un perfecto ejemplo de respeto, empatía, hospitalidad, simpatía… y puntualidad. Da gusto tratar con sus gentes; correctas y joviales a la vez. Pero no seremos nosotros los que os hablemos de la interesante historia de Nueva Zelanda, para ello hay libros y webs especializadas con cantidad de información de calidad. Aquí simplemente queremos compartir nuestra experiencia vivida durante los 21 días que disfrutamos por aquellos preciosos y lejano lugares. Con el único objetivo de transmitir ideas que os puedan servir a vosotros para crear vuestro propio viaje. ¡Adelante! Preparación Como siempre, antes de viajar, le dedicamos muchas horas a la preparación y documentación. Pero esta ocasión resultaría especial; era nuestra Luna de Miel. Entendíamos que íbamos a estar muy ocupados con otras organizaciones del evento. Es por eso que tanteamos la posibilidad de ceder esta parte de la boda a agencias de viaje para poder ahorrar tiempo en otros menesteres que dominamos mucho menos. Pero las propuestas de estas fueron «sota, caballo y rey», excesivamente turísticas y organizadas. Pero a nosotros nos gusta sentirnos libres para elegir dónde, cuándo y por qué visitar cada uno de los lugares. Por tanto decidimos plantearlo como acostumbramos hacer; buscando información en decenas de blogs de viajes por internet. De esta manera configuraríamos nuestro propio viaje tomando la información necesaria de cada una de las webs visitadas. El país abarca múltiples tipos de opciones; desde las localizaciones de El Señor de los Anillos, hasta su particular flora y fauna autóctona; pasando por su interesante cultura maorí o su impactante historia geológica. Nosotros nos decantamos por la temática de sus paisajes naturales; pero sin dejar de lado algo de cada uno de los otros temas planteados. El objetivo era obtener una idea general del país. Pinceladas de todo, sin profundizar en ningún tema concreto. La concreción la dejaremos para una segunda visita… Disponíamos de 13 días para ello. En nuestro proceso de documentación, todo nos indicaba que, para conocer el país, era necesario mínimo un mes. Y por tanto, para un viaje de dos semanas como era nuestro caso, nos centrásemos en una de las dos islas. Hicimos caso omiso. Intentamos recorrer ambas islas. Obviando la parte sur de la isla sur y la parte norte de la isla norte; confiados en nuestra intensidad de viajes a la que estamos acostumbrados… Pero tuvimos que claudicar en ruta… Más adelante os contaré. Ahora con la experiencia en nuestras espaldas, mantenemos la recomendación del resto de los blogs visitados. Un mes para todo el país, dos semanas para una de las islas. La norte, más cosmopolita. Una cuarta parte de la extensión donde viven tres cuartas partes de la población. Volcánica. Con distancias más cortas. Clima benévolo. Y su cultura maorí. La sur, más rural. Tres cuartas partes del territorio donde viven una cuarta parte de la población. Naturaleza a raudales. Distancias más largas. Clima caprichoso. Y su ritmo lento. Ropa-Clima Y ya que mencionamos el clima. Os recordamos, por si no habíais caído en el detalle, que al ser las antípodas las estaciones son las opuestas a las que tenemos en España. Nosotros viajamos en marzo, lo que corresponde al septiembre español. Final del verano. Buscábamos estabilidad climática… Ingenuos. En un mismo día en Nueva Zelanda te pueden pasar las cuatro estaciones. Frío, calor, lluvia y viento en menos de 24 horas. Esto debes tenerlo muy en cuenta a la hora de organizar tu maleta antes de partir. Y para que, una vez allí, cuando comiences cada jornada, no te fíes del tiempo que haga por la mañana, porque en una hora todo puede cambiar. Nosotros acabamos llevando todos los días una sudadera, con una manga corta debajo y un chubasquero atado a la cintura. No te digo más… Este clima tan cambiante condiciona mucho la forma de viajar en Nueva Zelanda. La info que obteníamos de todos los blogs era que tuviésemos una mentalidad flexible a la hora de programar actividades. Algo que «chocaba» con nuestro planteamiento de viaje. Éramos conscientes de ese «punto débil» de nuestra programación. Pero si queríamos conocer el máximo de lugares en el menor tiempo posible, no teníamos otra opción. Cada día en un lugar diferente, con una actividad distinta. Todo reservado desde casa con un mes de antelación. Arriesgamos. Y en varias ocasiones, perdimos. Es nuestra forma de viajar; que en esta ocasión no comulgaba mucho con el país. Pero al menos, estábamos avisados y mentalizados de ello. Una vez de vuelta en casa, nuestro consejo es que vayáis reservando según el transcurso de vuestro viaje; con 3-4 días de antelación; así evitáis también, no quedaros sin plaza. No obstante, todas las empresas de actividades de allí están adaptadas a estas circunstancias cambiantes y la mayoría te devuelven el dinero de la reserva si por condiciones climáticas no se puede realizar. Algunas ni te retienen el dinero hasta el mismo día de la actividad, incluso habiéndola reservado. En el peor de los casos, solo nos ocurrió en una de las actividades, nos dieron un bono canjeable para otra ocasión que nosotros decidiésemos (que evidentemente no pudimos disfrutar). Teléfono Como ya os hemos mencionado, viajamos por nuestra cuenta. Y para ello es imprescindible la planificación. Pero sobretodo el apoyo de internet en el móvil para gestiones, orientación y comunicación. De esta forma daremos sentido a la  planificación previa. Disponer de datos móviles te da una gran libertad. En este viaje utilizamos la tarjeta SIM de HolaFly. Contratamos por 35€ 5Gb de datos, suficientes para dos semanas. La ventaja de esta SIM es que te la mandan a casa, donde la puedes dar de alta con unos pasos muy sencillos. Y en cuanto llegues al lugar de destino, solo tienes que cambiar tu SIM española por esta de HolaFly. Y ya tendrás tus datos móviles. Sin necesidad de perder tiempo en buscar en el aeropuerto de destino o tiendas locales una SIM. Completamente recomendable. Dinero En Nueva Zelanda su moneda es el dólar neocelandés. En marzo del 2020, el cambio estaba aproximadamente a 0,60 $ por 1 €. Puedes ver el cambio actual aquí. El cálculo mental era sencillo; un poco más de la mitad. A pesar de ello, no es un país precisamente barato. Nosotros no llevamos nunca dinero en efectivo. Para viajar usamos las tarjetas monedero BNext, Reevolut; y en esta ocasión nos estrenamos también con la tarjeta N26. Son tarjetas con ventajas en divisas y en las comisiones de pagos y cajeros automáticos. Nosotros recargamos dichas tarjetas con dinero desde nuestras cuentas corrientes antes de viajar, y en el momento de llegar, en cualquier cajero del aeropuerto puedes sacar dinero en efectivo con la divisa del país. En Nueva Zelanda, el 90% de los pagos de nuestro viaje lo hicimos con tarjeta. Solo sacamos dinero en efectivo para pequeños pagos. Visados España tiene convenio con Nueva Zelanda para un visado turístico de 3 meses. No obstante, desde octubre de 2019, todos los turistas que visiten Nueva Zelanda deben registrarse con el Visado Electrónico.  Debes registrarte y pagar la tasa. Te lo van a exigir en las compañías aéreas para entrar en el país. Otra cosa a tener en cuenta es que te pedirán también el billete de avión de salida del país, para comprobar que no excederás los tres meses de visado turista. Y para terminar este apartado, en el avión de entrada al país te darán una tarjeta donde debes registrar todo lo que lleves en la maleta. Y cuando digo todo, es todo. Ya os hemos comentado lo correctos que son allí. No sirve sacar la típica picaresca española con el «Ay no me acordaba que llevaba esto, perdone». Cualquier tipo de comida (incluso una bolsa de snacks). Entre otras cosas llamativas, se interesan por la limpieza de las deportivas. Te preguntan si has hecho senderismo con esas zapatillas en otros lugares. Todo esto es comprensible con el fin de mantener el equilibrio de su particular ecosistema, entre otras cosas. Enchufe El enchufe a la red eléctrica es de los más raros que he visto. Parecido al británico, con su toma de tierra, pero con dos clavijas planas y oblicuas. Nosotros compramos un adaptador con salidas para usb y nos vino genial. Pero también es cierto que en la furgo había muchas tomas de usb repartidas. No obstante, si te alojas en hostales, apartamentos u hoteles. Es imprescindible que tengas el adaptador. Seguros ¿Es necesarios viajar con seguro de viaje a Nueva Zelanda? No es obligatorio viajar con seguro de viajes a Nueva Zelanda, pero yo no viajaría sin tener uno contratado, teniendo en cuenta lo cara que es la sanidad en el país. Si tu también quieres viajar a Nueva Zelanda asegurado con Mondo, pulsa sobre la imagen para conseguir nuestro 5% de descuento. Furgoneta La decisión de recorrer Nueva Zelanda en furgo se basa en dos razones principales: Particularmente nos gusta este tipo de turismo. Con todos sus «pros y contras» que no vamos a entrar a valorar en este momento (se necesitaría una entrada para hablar de sus partes positivas y negativas). Nueva Zelanda está en la vanguardia mundial para conocer el país en furgo o autocaravana. Con miles de lugares donde dormir (gratis, públicos y privados). No obstante, si no habéis viajado nunca en furgo, no os recomendamos que os estrenéis en este viaje. Este tipo de turismo te da mucha flexibilidad. Pero requiere de ciertos «cuidados» como el vaciado de aguas grises y negras, el llenado de aguas o el control de bombona de gas… Nosotros para equilibrar estos «cuidados de la furgo» con la libertad que se busca en este tipo de viajes, alternamos las pernoctaciones en lugares públicos con campings privados. Si definitivamente decides viajar por Nueva Zelanda con furgo o autocaravana, descárgate desde ya la App CamperMate en tu móvil. Será como tu madre que te indique donde dormir, comer, repostar, lugares de interés… y todo lo que te puedas imaginar. Súper completa e imprescindible esta aplicación. Tanto, que si no quieres programar nada desde casa, con ella tienes toda la info que necesites. Hay cientos de empresas de alquiler de furgos. Unas más conocidas que otras. Muchas internacionales, otras nacionales y bastantes locales. Y no son precisamente baratas. En algunas te puedes ahorrar algunos días de alquiler si utilizas la opción de «recolocación». Esto es porque normalmente la gente alquila en Auckland (en la isla norte) y las deja en Christchurch (en la isla sur). Por lo que a veces hay ofertas para coger la furgo en lugares de la isla sur, y devolverlas en la norte. Pero esto es factible si vas sin programar el viaje, ya que las ofertas salen aleatoriamente. Tras estudiar las múltiples opciones, que no fueron pocas, nos decantamos por la empresa TuiCampers. Una Ford Transit de 2018 de gasoil automática. Con baño y ducha. Os recomendamos que no escatiméis en vuestro presupuesto en la furgo. Una furgo nueva será más cara, pero más fiable (un problema mecánico puede hacerte perder un par de días de vuestro viaje). El hecho que sea automática te...

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Menorca en cuatro días https://moreocio.com/menorca-en-cuatro-dias/ https://moreocio.com/menorca-en-cuatro-dias/#respond Thu, 28 Nov 2019 14:00:24 +0000 https://moreocio.com/?p=3366 Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera y Cabrera. Las cinco islas principales del archipiélago balear. Cada una con su particular carácter. Mallorca, la más grande y cosmopolita; la isla preferida de los alemanes. Ibiza, la más fiestera; la elegida por todos los jóvenes europeos. Formentera, la menos explotada; la más natural. Cabrera, con la protección máxima de Parque Nacional. Y entre todas ellas, Menorca. Que tiene un poco de todas. Cualquiera de todas estas islas son imposibles de disfrutar, según nuestra forma de hacer turismo, en los meses de julio y agosto. Es por ello que recomendamos su visita a principios o finales de verano. En nuestro caso, cuatro días a finales de mayo. Precios más económicos y, sobre todo y lo más importante, poco masificado. Os contamos. Tras la llegada al aeropuerto a última hora de la tarde, alquilamos un coche y nos pusimos rumbo a los apartamentos Blancala. En Cala Blanca, al oeste de la isla. Check-in y todo preparado para comenzar el día siguiente lo más temprano posible. Día 1, zona sur-este. Tras el desayuno tomamos de nuevo rumbo este (el aeropuerto está en esta otra zona de la isla) para dirigirnos a la cala Mesquida. El aparcamiento es pequeño, pero al ser primera hora no tenemos problema para dejar el coche. Un pequeño paseo por la orilla para tocar por primera vez el agua en este viaje. Siguiendo las marcas del Camino de Cavalls encontramos una pequeña cala próxima, pero más rocosa. No es hora de comida, pero el restaurante Cap Roig tiene unas vistas interesantes para disfrutar de la buena gastronomía menorquina. En menos de una hora hemos conocido este bonito rincón que comenzaba a llenarse de bañistas en el momento que la abandonamos en busca de la fortaleza de la Mola. Es el punto más oriental de España. Una gran fortaleza donde merece la pena invertir un par de horas en visitar. Un paseo por sus muros, por sus baterías y por toda esta minipenínsula fortificada que tiene rincones de película. Puedes desplazarte por ella en bici o carrito eléctrico. Pero nosotros decidimos hacerlo a pie siguiendo una de las guías que te ofrecen en la entrada. Mahón Es momento de poner en el GPS del coche rumbo a Mahón. Nosotros no nos complicamos para buscar aparcamiento. Directamente al parking de la plaza de la Explanada. Desde allí, un agradable paseo por la Calle de las Moreras nos introducirá en el bonito casco histórico de la ciudad. Cantidad de tiendecitas, bares y restaurantes brindarán tu presencia… Al final de la calle nos toparemos con la catedral y una zona peatonal que invita al paseo. Junto a la catedral la calle de «las vueltas» desciende directo al puerto. Ubicación de postal que parece sacada de otras latitudes más tropicales. Una vez en el puerto. Es recomendable el paseo para elegir en cuál restaurante pararemos para comer. Tras la comida era el momento de volver en busca del coche, callejeando para conocer nuevas calles de camino a la plaza de la Explanada. Calas y Benibeca El destino, el Fuerte de Marboroug, en Sant Esteve. Pequeña y bonita cala de pescadores. Nos encontramos cerrado la visita por el horario, así que informaros bien antes de ir si estáis interesados en verlo. Y como no hay mal que por bien no venga… paseando hasta el aparcamiento conocimos mejor este bonito rincón menorquín. El tiempo que no pudimos usar en ver el fuerte, lo dedicamos en buscar la escondida cala Fafaelet, en S´Algar. Es difícil encontrar la cala. Pero la aventura nos gusta… En la parte norte de esta urbanización. Junto a un muro que parece que no delimita nada, sale un sendero de menos de un kilómetro que desciende entre la vegetación a este recóndito lugar. Una cala estrecha y larga, un canal al mar. No teníamos bañador, pero mereció la pena el paseo. De vuelta al coche, tomamos rumbo al pintoresco pueblo de Binibeca. Blanco como la cal. Callejuelas laberínticas. Estrechos pasos. Piérdete por sus calles y vuélvete a encontrar. Interesante su visita. Y si lo acompañas con un helado, más aún. Disfrútalo. El objetivo final del día estaba claro. Había que terminar viendo el atardecer desde la Cova d´en Xoroi, en Cala en Porter. Pero antes hasta llegar allí existen varias calas como Binisafuller, Calo Blanc, Biniparax, Binidalí, Es Canutels o Cales Coves. De todas ellas, decidimos parar en Calo Blanc y Cales Coves. Cales Coves y Cova Xoroi Caló Blanc es una minicala que está muy cerquita de la carretera, pero que si no sabes donde se encuentra con exactitud, te la puedes pasar sin darte cuenta. Hay una explanada para aparcar y luego cruzar durante 15-20 m unas encinas o pinos que dan directos a este rinconcito. Nosotros solo nos asomamos, pero es un lugar perfecto para disfrutar en épocas de poca masificación o a primeras horas o últimas del día. Y Cales Coves, es una cala a la que hay que acceder por un camino pedregoso donde el coche sufrirá si no vamos con cuidado. Una valla nos cortará el paso y deberemos seguir a pie no más de un kilómetro. Lo particular de este lugar es que es una necrópolis donde todas las cuevas que veamos en los acantilados son nichos funerarios. La vuelta la podemos hacer por la misma pista o por un escondido sendero paralelo marcado por el GR-223 del Camino de Cavalls. Y ya sí directos a la explotada cueva de Xoroi. Una discoteca creada en una cueva en un acantilado con caída de las que quitan el hipo hacia el mar. La naturaleza explotada. Curioso lugar. Unas buenas «pomadas» (gin local «Xoriguer» con limón) mientras escuchamos música en directo a la espera de la caída del sol. El día, se había acabado, quedaban las fuerzas justas para volver a los apartamentos y cenar para ir a la cama y preparar una nueva jornada. Día 2, zona norte. De nuevo amanecía un día precioso. Las vistas a la piscina y al mar que nos ofrecen estos apartamentos llenan de energía a cualquier persona que se precie. Por eso no nos importaba de nuevo hacernos una buena kilometrada con el coche en busca de nuevos lugares. Primera zona de visita La Albufera en Es Grau. De nuevo nos cruzábamos la isla para poco a poco ir acercándonos a lo largo del día. Una primera toma de contacto con la Albufera la realizamos dando un pequeño paseo por unos miradores desde donde pudimos observar algunas de las aves que viven en este ecosistema tan particular. Tras el paseo, nos acercamos con el coche hasta Es Grau. Dejamos aparcado en la entrada de la localidad y dimos un nuevo paseo. Este más interesante que el segundo puesto que iniciamos la ruta a nivel de las aguas. Unas pasarela nos dirigieron hacia un pequeño promontorio donde había un bonito mirador. Tras disfrutar de las vistas de la amplia albufera, nos dirigirnos por un bonito sendero hasta la playa de Grau. Aquí la recorrimos por su orilla hasta volver al punto de partida donde habíamos dejado el coche. Nuestro siguiente objetivo era busca el faro de Favarix. Situado en un recóndito cabo al noreste de la isla. Un paisaje desértico, casi lunar, rodea la construcción. Ojo, que el acceso en coche estará cortado a partir del primer día de junio, obligando la visita en bus para evitar las masificaciones. Fornels y Cavallería Siguiente objetivo, Fornells. De camino a esta localidad, famosa por sus calderos de langosta, podremos visitar Port Dalaia, Arenal d´en Castells, Arenal de Son Saura y su cala Pudent con un breve paseo a pie. Pero obviamos todos estos lugares por el hambre que arreciaba en nuestros cuerpos. Buscamos varios restaurantes con el objetivo de un buen caldero de langosta. Ojo, muchos tienen precios prohibitivos. Cada uno que adecúe su economía en función de sus posibilidades. Hay otras webs especializadas para este menester culinario. La bahía de Fornels transmite tranquilidad. Sus barcos, sus aguas protegidas de mar abierto, sus vistas de la otra orilla. Será interesante bajar la comida por su paseo marítimo. Pondremos rumbo a punto más al norte de la isla. El cabo de Cavallería. Dejaremos de lado la visita a la cala Tirant para disfrutar de una carretera que nos introduce en un paisaje que parece independiente del resto de la isla La playa de Cavallería, de camino al faro, invita a parar. Un breve paseo hasta su arena nos confirma las características de esta zona norte de la isla. Tierras rojizas y aguas revueltas, menos cristalinas. Chapuzón para evadir el calor de estas horas y vuelta al coche para seguir destripando la zona. La carretera nos dirige sin titubeos hacia el norte. Debemos parar para abrir una portela (que una vez dentro debemos volver a cerrar), si no el ganado que guarda se escaparía. Interesante tarjeta de presentación. Un pequeño estrecho de la tierra marca la cala Viola, donde la vida camper se hace fuerte, miramos de reojo con envidia sana, pero no toca en esta ocasión. Seguimos hacia el faro. Una recta interminable acaba con la silueta de este faro. El más septentrional de la isla. Monte Toro Cerca quedan las exóticas playas Benimela y Pregonda. Pero las dejamos para la próxima visita. Es momento de conducir dirección Es Mercadal para subir al punto más alto de la ínsula, el Monte Toró. 358 metros sobre el nivel del mar. Toda una atalaya para la isla. Con vistas espectaculares a la bahía de Fornells. De camino a Ciudadella, podremos desviarnos a visitar la bonita cala Algaiarens o la urbanización Cala Morrell, donde existe una roca erosionada por el mar con curiosa forma de elefante. Pero no disponemos de todo el tiempo que quisiésemos. Y ya bastante exprimimos los días, como para ser más agonías. Alrededores de Ciudadela Dejamos Ciudadella de lado para seguir hasta las urbanizaciones que hay un poco más al oeste. Allí, dentro de la mole urbanística que hallan varias calas, algunas demasiado preparadas para el turismo, como son las calas Piques, Forcat, Brut y Blanes. Todas ellas rodeadas de apartamentos y hoteles. Elegimos cala n´Brut para conocer este tipo de «piscinas naturales» creadas para las urbanizaciones que las rodean. Bien preparadas. Pero en nuestra ocasión, llenas de medusas… Tiempo ahora de volver a los apartamentos. Cambiarnos. Ducharnos. Ponernos guapos. Y disfrutar de Ciudadella. El atardecer desde el Castillo de San Nicolau dará el punto de partida a la visita nocturna de esta ciudad. El paseo de vuelta hacia la plaza de Born lo haremos por la calle trasera a la principal. Grandes caserones se abalanzan sobre el puerto natural de esta bonita ciudad. Usaremos pasarelas de madera para llegar hasta el final del puerto donde el bullicio de los restaurante animan la noche menorquina. Desde la plaza Born, daremos paso al casco antiguo. Peatonal en algunas partes. Disfrutaremos del ambiente y de visitas familiares. Un paseo que, como en Mahón, nos invita a perdernos por sus calles. El nivel de batería llegaba a su fin. Y aún nos quedaba un tercer día intenso. Día 3, zona sur-este. Camino de Cavalls. Muchas ganas le tenía a este camino que rodea el perímetro de la isla. Camino de Caballos. Caballos que vigilaban la llegada de intrusos a la isla siglos atrás y que ahora se ha recuperado para senderistas y valientes ciclistas. Habíamos encontrado hitos en muchas de nuestras visitas los días anteriores y hoy tocaba conocer la zona sureste de la isla a pie. El plan sería dejar el coche en el parking de la playa de Son Saura a primera hora de la mañana y andar hacia el este para llegar hasta Cala Galdana, donde tomaríamos un taxi que nos llevase de vuelta a por el coche. Un paseo que requiere al menos de calzado preparado para andar por suelo irregular. El inicio por las aún solitarias playas de Son Saura nos hace presagiar una buena jornada recorriendo la costa sur de la isla. Pero pronto nos damos...

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Bélgica Vs Amstel Gold Race https://moreocio.com/belgica-vs-amstel-gold-race/ https://moreocio.com/belgica-vs-amstel-gold-race/#respond Thu, 31 Oct 2019 14:00:12 +0000 https://moreocio.com/?p=3306 Bélgica vs Amstel ¿Se puede organizar un viaje turístico a la vez que deportivo? Sí, se puede. Es más… se debe. Utilizar como excusa una prueba deportiva, en nuestro caso ciclista, para hacer turismo; es un hecho que se está poniendo de moda. Conozco a varias personas que han organizado una escapada a Berlín coincidiendo con las fechas de su maratón. O a Nueva York… Es un tipo de turismo en auge que considero muy atractivo, completo e interesante. Consiste, simplemente, en añadir unas zapatillas deportivas en tu maleta. El «problema» surge cuando no son un par de zapatillas las que debes incluir, sino una bicicleta. Se plantean, pues, dos opciones para responder a este dilema: el alquiler en destino, o desplazar tu propia bicicleta en avión o por empresa privada. En avión supone facturar con la intriga de que todo llegue en perfectas condiciones, amén de tener que llevarla contigo desde el aeropuerto a cualquiera de los hospedajes donde vayas a pernoctar. La opción de la empresa privada es más cómoda (también más cara). Te recoge tu bici días previos a tu viaje. Te la entrega el día antes de la prueba y se la devuelves nada más acabar, para recogerla días después en tu casa. Esta fue nuestra opción. Interesante, ¿no? Bulletbike se llama. Recomendable 100%. Solventado este asunto. Era el turno para que Afri se pusiera a trabajar con los siguientes datos: Semana Santa, seis días libres, amigos ciclistas y Amstel Gold Race en Valkenburg (Maastrich-Holanda). El resultado fue una ecuación perfecta: Brujas, Gante, Amberes; Amstel Gold Race, y Bruselas. Os lo «destripo» con el permiso de Ángel, Guille, Mario, Loli, Manu, Afri y el que escribe. Día 1: Vuelo y visita a Brujas. Tras dejar el martes las bicis con la empresa BulletBike, el Miércoles Santo cogimos un vuelo tempranero con destino Bruselas. En el mismo aeropuerto teníamos una reserva de dos coches con la empresa SixtCar. Tras las gestiones de entrega, pusimos el GPS rumbo Brujas. Unos 110 km separan ambas ciudades. Sobre las 12:00 de la mañana estábamos en el parking de la estación de tren de Brujas (al suroeste de la ciudad). Perfectamente ubicado para visitar a pie la ciudad. Brujas Comenzamos la visita entrando por el sur. El paseo Hendrik Pickery nos conduce directos al Lago del Amor (Minnewaterpark). Aquí se nos presenta toda una declaración de intenciones de lo que nos va a ofrecer este bonito paseo. Su Powder Tower y su Sashuis nos obligan a parar para tomar las primeras fotos del viaje. De camino al centro neurálgico, realizamos un pequeño desvío para adentrarnos en el tranquilo barrio Begginhoff. Volviendo a sus abarrotadas y bulliciosas calles, buscamos la plaza Walplein. Allí ubicaremos la primera parada del día en la cervecería Brouwerij De Halve Maan. Para acceder a ella debemos buscar un corto pasadizo que desemboca en un pequeño y acogedor patio. Lugar perfecto por la hora para recuperar energías. De vuelta a la calle, buscaremos la Stoofstraat. Una calle que no tiene nada peculiar si no fuese por su estrechez, y que momentáneamente nos separa de la muchedumbre de sus calles vecinas. El siguiente objetivo es el Hospital de San Juan. No entraremos en su museo, pero las vistas desde el puente son típicas con las barcas pasando por el canal. Muy cerca está la Catedral de Ntra. Sra. de Brujas con su imponente torre que preside el skyline de la ciudad. Giraremos hacia la derecha hacia la zona De Dijver. Una plaza-muelle repleto de barcos turistas para navegar por sus canales. Un poco más a delante llegaremos hasta el Muelle de la Corona de Rosas (Rozenhoedkaai) donde encontraremos el «ViewPoint» más fotografiado de Brujas. Junto a él, una plazueleta llena de cervecerías invitan a parar. Pero nosotros ya traíamos los deberes hechos y continuamos la visita hacia el Mercado del Pescado de camino a la Plaza Burg. Allí nos encontramos como atrapados dentro de una postal. Centro de Brujas Una abarrotada calle separa la plaza donde nos encontrábamos con la Grote Mark. Otra plaza mucho más amplia y con distinta personalidad. Presidida por la Torre Belfort a la que desestimamos ascender hasta lo más alto por el cansancio que acumulaban nuestros cuerpos. Pero para lo que no estábamos cansados era para entrar en alguna de las tiendas de chocolate Pierre Marcolini o Godiva y degustar algunos de sus exquisitos manjares. Para eso Ángel es todo un maestro. Tomamos la calle Steenstraat, la más comercial de todas por las que habíamos transitado, para llegar hasta la Catedral de San Salvador. De aquí, nos dirigimos hacia el sur en busca ya de los coches. Para ello nos introducimos en una zona residencial mucho más tranquila, lejos del resto de turistas. Un oportuno cartel nos invitaba a tomar una última cerveza en un tranquilo patio interior antes de llegar al coche. No lo desaprovechamos. Serían las 17:00 cuando cogimos los coches, previo paso por la estación de tren para hacer uso de sus servicios y comprar algo de comida. Gante nos esperaba. Gante Unos 45km separan ambas ciudades. El destino para dormir hoy el peculiar Treck Hostel. Una opción económica y diferente. Un conjunto de caravanas decoradas con diversos motivos. La Selva y Betty Boop fueron las nuestras. Servicio de desayuno bastante correcto. La limpieza de su cocina no estuvo a la altura del resto del hospedaje. Buena opción para los que les guste innovar y dormir una noche. Algo menos de dos km al centro es lo que anduvimos para ver, ya anocheciendo, el castillo de los Condes de Gante. Muy próximo a él cenamos en uno de los múltiples restaurantes que hay por la zona. Nos hinchamos. Nos vino bien el paseo de vuelta para bajar la cena y poder dormir. El cansancio era enorme. Día 2: Gante y Amberes A la mañana siguiente, un buen desayuno nos puso las pilas para tomar el coche y desplazarlo hasta el centro de la ciudad. El parking Reep es céntrico y no muy caro. A las 11:00 teníamos concertado un FreeTour. Ismael nos esperaba en la puerta de la Torre Belfort. La primera visita la hicimos al interior de la Catedral de San Bravo, muy próximo al punto de encuentro. Interesante la historia y cultura de la ciudad de Gante, con mucha relación con nuestra historia de España. Breve paso por la fachada del Ayuntamiento para dirigirnos a la Iglesia de San Nicolás. De camino a ella, cientos de pequeñas anécdotas y curiosidades. Muy próximo queda el afamado puente de San Michel. «ViewPoint» de la ciudad de Gante. La mayoría de las fotos tomadas se realizan desde este puente hacia la calle por la que venimos andando. Toda una postal. Descendemos a los Muelles de las Hierbas. El sol que nos acompaña hoy, anima a tumbarse y relajarse sobre él. Los edificios parecen sacados de una película. Ismael continúa contando anécdotas del lugar, de las fachadas, del comercio y de las vidas de aquella época. De nuevo en la otra orilla del canal, nos introducimos en una galería que nos deja junto a la cervecería más pequeña del mundo, la Galgen Huise. El FreeTour acaba en el Castillo de los Condes que ya visitamos el día anterior, después de casi tres horas de paseo. Tras el FreeTour Tocaba ahora buscar un lugar para comer. La económica franquicia Hema fue el lugar decidido. Situado en la mismísima plaza Korenmark que en esos momentos explosionaba de turistas. Un postre a forma de gofree nos endulzó para buscar la plaza Vrijdagmark donde se sitúa la famosa cervecería Dulle Griet. En ella dicen, debes dejar un zapato a modo de fianza para que no te lleves los exclusivos vasos en los que te sirven la cerveza. Cada cerveza tiene su tipo de vaso. A nosotros no nos lo pidieron. Es cierto que no había jaleo y estábamos solos. A la salida, callejeamos directos en busca del coche para abandonar Gante y ponernos rumbo a Amberes. Sobre las 16:30 ya estábamos en la carretera. Amberes Unos 55 km separan ambas ciudades. En hora y media estábamos acomodados en el céntrico apartamento Cuty-Coze que previamente habíamos reservado por AirBnB, en la calle Steenhouwersvest. El coche lo dejamos en el parking subterráneo bajo la plaza Groenplaats. Allí mismo aprovechamos para hacer la compra para la cena de hoy. Sobre las 18:00 iniciamos nuestro paseo turístico por la ciudad. Partimos de la misma plaza donde dejamos el coche para buscar la Catedral y su popular pozo. Callejeando buscamos una calle a la que accedemos casi con precaución. Un bonito y escondido rincón a la que accedemos por una puerta de madera. Paz y tranquilidad en el mismo centro de Amberes. La Grote Mark queda muy cerca de aquí. Su afamada fuente y sus bonitos edificios crean una ambiente que hipnotiza al turista. Pero debemos seguir nuestro paseo en busca del Castillo Steen, el cual encontramos en obras. Tras pasar por el barrio de los carniceros, y la iglesia de San Pablo. Buscamos la Iglesia de San Carlos Borromeo. Desde allí directos de nuevo a la plaza Groenplaats para disfrutar de una cerveza en cualquiera de sus múltiples bares. A la caía del sol fuimos al apartamento donde el gran chef del grupo preparó una cena de lujo para todos. Día 3: Amberes y desplazamiento a Klimen Al día siguiente quedaba por visitar la otra Amberes. La del barrio de los diamantes. Junto a su impresionante Estación Central. Unos decidieron visitar el museo del chocolate. Otros pasear por sus calles, curiosear en su imponente centro comercial Stadsfeestzaal o visitar la casa del pintor Rubens. Una mañana soleada para saborear un helado de pistacho o para tomar una cerveza en cualquier terraza. Antes de mediodía tomamos el coche, que previamente habíamos desplazado hasta esta zona, para dirigirnos definitivamente hacia el destino deportivo del viaje. Unos 130 km separaban Amberes de Klimen. Una pequeña aldea cercana a Valkenburg donde unos amigos de Guille nos habían conseguido una bonita y coqueta casa típica holandesa para el fin de semana. Acomodación, presentaciones y visita a Valkenbourg para recoger el dorsal y la bici para el día de mañana. Unas pocas horas nos sirvieron para cambiar del chip turista al ciclista. Impresionante el ambiente. Hay que vivirlo. Pero el cuerpo no daba para más. Vuelta a casa. Cerveza, cena de nuevo por el cheff Ángel y a dormir. La Amstel Gold Race nos esperaba a las 8:30. Día 4: Amstel Gold Race Powered by Wikiloc A las 7:30 nos esperaban los anfitriones con un desayuno de los que asustan. De todo. Pero de todo. La salida libre-escalonada de la AGR nos permite ir con menos prisas. Pero los 240km que nos esperaban por delante nos quitaba la poca tranquilidad que podíamos tener. De la ruta. Poco voy a hablar. Hay que ir para vivirlo. Nunca he estado en una marcha de esta índole. No es la más clásica, pero es suficiente para hacerte a la idea de lo que es el ciclismo en esta zona de Europa. Muchos kilómetros, sí. Pero poco desnivel relativo. Casi 2.500. Y muchos muros, treinta y pico… perdí la cuenta. El más largo de dos kms. El más duro del 22%. Mucho giro. Cuidado con los látigos. Mucha rueda. Diferente. Actitud «amarrategui», pero con destellos de disfrute. Campos de tulipanes. Molinos. Colinas. Prados. Gente en las calles. Diferente. Recomendable. Unas 9 horas más tarde estábamos subiendo el Cauberg. El último muro. Allí estaban Loli, Manu, Afri y Guille. Los tres primeros habían disfrutado de una jornada entretenida buscando nuestro paso con bicis eléctricas. Guille, como perro viejo que es, disfrutando sin necesidad de sufrir. Todos juntos con cervezas en mano celebramos la gesta. Creo que el récord de kms de todos los allí presentes. Tiempo justo para devolver la bici. Tomar más cervezas en el patio de la casa, e invitar a cenar a los anfitriones. Buenas horas echamos con nuestro inglés hablando de todo un poco. Otro momento difícil de...

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