viñales - MOREOCIO https://moreocio.com Viaja no para escapar de la vida si no para que la vida no se te escape Wed, 20 Mar 2019 22:05:41 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.0 https://moreocio.com/wp-content/uploads/2018/09/cropped-logo-moreocio-1-32x32.jpg viñales - MOREOCIO https://moreocio.com 32 32 Cuba Occidental https://moreocio.com/cuba-occidental-2/ https://moreocio.com/cuba-occidental-2/#respond Thu, 13 Dec 2018 14:00:31 +0000 https://moreocio.com/?p=1700 Visitar la isla de Cuba es uno de los viajes más sentimentales que se puede realizar. El español en Cuba no es un turista más. La vinculación histórica entre ambos países ha permitido un constante intercambio de relaciones entre ellas, incluso en los momentos más difíciles. La Habana es una ciudad en la que el presente se mezcla con el pasado. Ciudad de emociones fuertes. De puro contraste; que parece arrasada por una guerra o catástrofe que nunca existió. Su situación política y económica causada por los años de aislamiento han hecho que permanezca inmutable, como víctima del abandono universal. Coches americanos que parecen sacados de museos, calles deterioradas, anuncios publicitarios de los años 50… Sus gentes, su particular sistema político, y un futuro que aún está por escribir… Esta es nuestra particular visión de la Cuba Occidental que queremos compartir con vosotros. La Habana, Pinar del Río, Viñales, Matanzas y Varadero fueron nuestras visitas. Introducción. Nada más llegar a La Habana, lo que debemos hacer es adaptarnos a ella. A su ritmo, a sus costumbres, a su clima, a sus olores, a su economía, a sus gentes… La diferencia horaria con España (seis horas menos), lejos de ayudarte en este proceso, lo que hará será ralentizarlo. No obstante, seguro será compensado con las ganas de conocer y vivir la ciudad. Nuestro cuartel general en La Habana lo establecimos en el hotel Mercure Sevilla; céntrico, limpio y con aire acondicionado. Todo un acierto, siendo consciente de lo que es la realidad hotelera en esta ciudad. El ritmo de la ciudad es lento, nadie trabajará más rápido que ningún otro sea cual sea el negocio que regente. Esto viene dado por dos razones; uno, cualquier negocio es del estado, por tanto, todos son funcionarios; y dos, el clima no ayuda, puesto que las altas temperaturas, unidos a la gran humedad, produce en todo organismo una bajada de tensión continúa que permite una actividad física realmente básica. Las costumbres nos llamarán la atención, sobre todo su forma de vida en la calle. Merecerá la pena un simple paseo doblando las esquinas de las avenidas principales para adentrarnos en la realidad de La Habana. Realidad que empieza a perder poco a poco con las nuevas políticas de apertura al turismo con las Casas Oficiales y Paladares. Habitaciones y restaurantes, respectivamente, que desde la entrada del Comandante Raúl Castro, permiten crear un negocio «privado» ofreciendo dichos servicios en casas de los cubanos. Su olor, a gasolina quemada en motores de los años 50, será permanente en toda la ciudad, acentuada en cada paso de esos coches de museo aún vivos que ayudan a dar ese carácter propio de la ciudad. Su economía se basa en el peso cubano o moneda nacional, completamente devaluada. Pero también su nuevo peso convertible, equiparado al euro, demuestra su intención económica dirigida hacia el turismo. Las Cajas de Cambio (CADECAS), bancos Metropolitano u hoteles, son los sitios oficiales para el cambio de nuestra moneda por la cubana. Siempre con billetes bajos, de uno, tres, cinco o diez pesos convertibles (CUC). 1€=1,07 CUC el cambio en julio del 2016. Cuidado con no confundiros con pesos cubanos (CUP) más devaluado. A casi 25 pesos cubanos por cada CUC. Sus gentes son tan extrovertidas y simpáticas como pícaras. Ojo. Si llevas pocos días en el hotel, se abalanzarán sobre ti para ofrecerte ron, habanos, sitios donde comer o bailar… De primeras parecen agradables, pero resultan más pícaras que otras cosas. Parecen querer ayudarte, pero realmente intentan hacer negocio. Ojo, sobre todo en las puertas de los hoteles y zonas turísticas. Violencia cero, pero picaresca, mil. No os dejéis embaucar con sus buenas palabras y maneras. Os preguntarán de dónde sois, cuántos días lleváis en la ciudad, e incluso os contarán historias para acercar posturas. No os sintáis violentos si tenéis que ignorarlos, o simplemente decirles que ya lleváis muchos días en la ciudad y que no necesitáis nada. Teniendo todo esto en cuenta, estaremos preparados para iniciar nuestra visita por la ciudad. La Habana Vieja. La primera intención es la de conocer a pie todos los edificios, calles y monumentos posibles pertenecientes a La Habana Vieja. Zona tomada por turistas; y de cubanos en busca de turistas, que posiblemente acabarán con tu paciencia. Nuestro primer viaje peatonal parte desde el Castillo de San Salvador de Punta. Nos costará encontrarlo, ya que aparece escondido bajo el suelo con el fin lógico de defensa a través del camuflaje. Desde allí obtendremos una gran perspectiva del Malecón, así como de la Fortificación del Morro, al otro lado de la bahía. Un leve paseo por la bahía de La Habana, donde dicen hay centenas de buques en sus aguas (entre ellos el Acorazado Maine, artífice de la independencia cubana de España) será suficiente para adentrarnos en la ciudad. Llegaremos a la plaza de la Catedral, previo paso por el cuartel de la Policía Nacional Revolucionaria. Para entonces ya habrá sido un reto no acabar con una botella de agua en nuestras manos debido al calor y humedad. Las sombras que ofrecen los soportales de la plaza nos permitirá un primer descanso en la jornada de hoy. Muy cerca de esta plaza se ubica el Paladar de Doña Eutimia, uno de los más recomendados de la ciudad; y el bar de La Bodeguita del Medio, donde dicen es el origen del mojito cubano. Pero esto lo dejaremos para más tarde. Nuestra caminata continuará hacia el sur, en busca de la Plaza de Armas. Ésta fue el centro neurálgico de la ciudad en la época colonial. Varios edificios sitian este bullicioso rincón. Merecerá la pena una segunda parada para disfrutar de la vida y dinamismo que ofrece la plaza. El Palacio de los Capitanes Generales, donde residían los españoles que gobernaban la isla. El Templete y el Castillo de la Real Fuerza, bien merecen una observación detenida y paciente. Todos ellos junto a la mencionada plaza. Siguiendo hacia el sur, llegaremos a la amplia plaza de San Francisco de Asís, presidida por la iglesia que la da nombre. En su puerta existe una estatua de un afamado mendigo que falleció en las calles habaneras. Dicen que si le tocas la barba y el dedo índice, te dará suerte en tu viaje. No lo dejes pasar. Cerca, un poco más al sur, llegaremos a la Casa-Museo del Ron Havana Club, donde podremos observar cómo la caña de azúcar es aprovechada para sacar el jugo del ron. Callejearemos ahora en busca de la Plaza Vieja. Aunque de vieja solo le queda el nombre, puesto que parece un oasis dentro de la realidad de La Habana. Rehabilitada, con bares y soportales que parecen recién construidos. Y con cañones que hacen las veces de pivotes evitando el tráfico rodado dentro de ella. Un hotel en remodelación (antiguo palacio del Cueto); la Cámara Oscura (donada por la Diputación de Cádiz); y la Casa de los Condes de Jaruco, componen este bello lugar. Si jugamos a buscar el Capitolio desde cada una de las bocacalles que parten de esta plaza, habremos acertado si encontramos la calle Brasil. Ésta permite observar a lo lejos la inequívoca silueta de la «Casa Blanca cubana». Hasta llegar a ella, deberemos andar por esta larga calle que nos permitirá observar realidades del día a día. Nos daremos de bruces con el contraste de esta ciudad. Edificios casi derruidos, pero habitados; casas coloniales restauradas; puestos callejeros de bananas; bares para turistas (y no turistas); tendederos que cuelgan ropas de un lado al otro de la fachada. Un ir y venir de bicicletas, coches y viandantes sin dirección aparente. Carteles y pintadas con lemas revolucionarios. Y de frente, la cúpula del Capitolio. Sin duda, merecerá la pena. Una vez en el Capitolio, tendremos la sensación de haber vuelto a una realidad transformada; de cara a la galería. Avenidas con semáforos y farolas como si de una ciudad europea se tratase. Si no fuese por que los coches de los años 50 nos recuerdan que seguimos en esta extraordinaria ciudad. Tocará ya descansar. La humedad y el calor así nos lo impondrá. Nos refrescaremos tomando un daikiri en La Floridita, donde Ernest Hemingway se refugiaba de la vida de la ciudad. Toda una obligación, a pesar de los 6€ por copa (caro para los precios de la ciudad). El combinado es excelente, por su sabor y frescura. Así como por el aire acondicionado del local que nos permitirá hacer un paréntesis dentro del aterrador calor puertas afuera. Lugar con historia donde dicen, se creó el primer daikiri. Suele estar amenizado por unas bachatas en directo. Es por todo esto que merecerá la pena pagar por el cómputo global del momento. Tras reponer la temperatura de nuestro organismo, tocará volver al exterior. Ahora por la calle más comercial de la ciudad donde aprovechar a hacer algunas compras o souvenirs. Estamos hablando de la Calle Obispo, peatonal para favorecer el tránsito y comercio. Nos dirigirá de nuevo a la plaza de la Catedral donde, ahora sí, tomaremos un mojito en La Bodeguita del Medio. Posiblemente con música en directo dentro del claustrofóbico local que mana historia y vida. Será más que suficiente para hacer de aperitivo previo a la comida en el Paladar de Doña Eutimia, situado en un callejón de la misma plaza. Allí nos dejaremos aconsejar, pero siempre con un buen plato de «Moros y cristianos», o lo que es lo mismo, arroz con frijoles, la comida típica del país. Tras la comida, si hemos probado sus cervezas Cristal, Bucanero o Presidente. Y le añadimos el daikiri y el mojito previo; lo mejor será volver a descansar al hotel para reponer fuerzas de cara al atardecer. Sobre las 19:30 podremos alquilar un taxi (el nuestro no tenía licencia, allí todo vale) por 7CUC que nos llevará por el túnel al otro lado de la bahía. Allí disfrutaremos de sus tres edificios emblemáticos con unas vistas excepcionales de la ciudad. El primero la Fortaleza del Morro, que vimos a la mañana desde la otra orilla. Rodeado de sus vetustos cañones, nos ofrecerá las mejores vistas de la ciudad y el mejor atardecer de La Habana. Merecerá la pena sentarse o tumbarse para relajarse viendo como el sol desciende sobre el horizonte. A las 20:15 horas a principios de julio. Después no debemos caer en el error de visitar el Cristo de La Habana (como nosotros hicimos). Eso lo dejaremos para el final. Previo a ello, visitaremos la fortaleza de La Cabaña y disfrutaremos del espectáculo del Cañonazo que simboliza el cierre de las puertas de la ciudad a las 21:00 (debemos estar a las 20:30 para verlo desde el principio) Tras disfrutar del espectáculo, podremos pasear por la oscuridad hasta la privilegiada posición del Cristo de La Habana. Esta gigantesca estatua vigila la ciudad desde la altura, donde, iluminada en la noche, nos ofrecerá unas vistas muy interesantes desde su ubicación. La vuelta directa al hotel, con el mismo taxista y por el mismo precio. Con un episodio anecdótico que suma a la aventura de vivir en esta ciudad. La Habana Centro En nuestro segundo día por La Habana nos alejaremos de la zona turística para adentrarnos en la verdadera ciudad, la de los cubanos. No sin dejar de ver algunos lugares que todavía nos quedará por visitar. Lugares como la Plaza de la Revolución cuyo turista normal suele visitar en taxi, debido a la lejanía con el centro de la ciudad. Pero no fue nuestro caso. De esta manera conocimos más a fondo la verdadera Habana. Para llegar hasta ella, salimos del hotel por el Paseo de José Martí (o Paseo del Prado) hasta llegar al Capitolio, previo paso por el imponente edificio del Teatro Nacional. Al llegar al Parque de la Fraternidad, cruzamos el arco que nos situaba dentro del Barrio Chino, junto al edificio de telecomunicaciones ETECSA. Una vez en el Parque del Curita, nos daremos cuenta que el ambiente ya habrá cambiado. No será común ver turistas a partir de esta zona y sí, el quehacer diario de...

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