soledad - MOREOCIO https://moreocio.com Viaja no para escapar de la vida si no para que la vida no se te escape Mon, 15 Jan 2024 22:46:27 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.0 https://moreocio.com/wp-content/uploads/2018/09/cropped-logo-moreocio-1-32x32.jpg soledad - MOREOCIO https://moreocio.com 32 32 Arribes del Duero, con niños. https://moreocio.com/arribes-del-duero-con-ninos/ https://moreocio.com/arribes-del-duero-con-ninos/#respond Thu, 18 Jan 2024 14:07:59 +0000 https://moreocio.com/?p=4689 Retomamos la rutina del blog, que teníamos bastante olvidada, con esta nueva escapada de 4 días a una zona con gran proyección turística. Nos referimos a «las» (si estás en Salamanca) o «les» (si estás en Zamora) Arribes del Duero. Una comarca poco conocida, ya que pilla muy a «trasmano» para llegar hasta allí, pero donde tienen muchas ganas de darse a conocer. Lo confirman las últimas inversiones económicas de su comunidad en vista a potenciar el turismo rural. Las arribes no son otra cosa que un profundo tajo que ha producido el río Duero a lo largo de su historia a los largo de 180 km de recorrido, creando una frontera natural entre España y nuestra vecina Portugal. Un cauce que a la vez que ha separado países, también a unido a sus comarcas más próximas. Estos acantilados de hasta casi 400 metros de desnivel tienen un interés propio por sí mismo, pero no por ello debemos olvidar los pueblos y costumbres que rodean todo este Parque Natural de Arribes del Duero. De entre todos los núcleos urbanos que salpican este bonito rincón de la península, podemos destacar dos. Ambos son los que cuentan con más servicios para poder asentar el «campamento base»; Fermoselle, en Zamora y Aldeadávila, en Salamanca. De los dos, el primero es más interesante como núcleo urbano y el segundo tiene su atractivo por la proximidad de puntos de interés más cercanos. Nosotros elegimos Fermoselle, concretamente el Hotel Rural Dos Aguas Arribes. Allí nos sentimos durante estos tres días como en casa. Dispone de solo cuatro habitaciones lo que permite un trato muy personal, con un desayuno muy abundante y productos caseros. La posibilidad de usar la cocina nos dio mucha flexibilidad para poder guardar las comidas de la peque; y también para economizar el viaje pudiendo preparar nuestras propias cenas. Jueves, 12 de octubre. Fermoselle. Desplazamiento. Tres horas y media de coche nos separaban desde nuestra casa hasta Fermoselle, de las cuales más de la mitad por carretera convencional. Decidimos madrugar para evitar que India nos diese el «viaje». Así pues, a las 6:00 ya estábamos con el coche cargado de camino al destino. Me gusta conducir de noche y ver el amanecer, me relaja. Pero hay ciertas carreteras que no son propias para ello como fue el caso. Podíamos haber parado en Ledesma a desayunar, pero llevamos el café en el termo. Quedaba poco para llegar cuando comenzamos a observar lo que se suponía que era el embalse de Almendra. Seco, sequísimo. Casi sin darnos cuenta estábamos cruzando por la carretera por su propia presa, la más alta de España con 202 m de altura. Existen dos miradores en el propio tramo donde poder detener el coche con seguridad para admirar esta obra de la ingeniería. No es que seamos muy fan de este tipo de construcciones tan artificial y completamente opuesto a nuestros gustos naturales. Pero debemos reconocer que nos impresionó. Es una obra no exenta de polémica respecto a la «muerte» que produce al propio caudal del río Tormes en sus últimos 15 km antes de ceder sus aguas al Duero. Ya en Fermoselle Un poco más tarde de las 9:30 estábamos entrando a Fermoselle. Es muy difícil transitar con vehículos por sus estrechas calles, y mucho menos aparcar. Existe un parking municipal a las afueras donde asegurar el aparcamiento del coche, pero arriesgamos a entrar hasta dentro por ser horas muy tempranas sin a penas tráfico… y tuvimos suerte. Dejamos el coche en la misma plaza de la iglesia, a penas a 50 metros del hotel. Según Booking, el check-in no se podía realizar hasta las 16:00, pero llamamos a Ana y nos abrió las puertas en cuanto llegamos, justo en el momento que India comenzaba a despertarse. El hotel rural, como hemos mencionado, excepcional. Y el trato de Ana, superior; como si de una madre se tratase. Todo tipo de ayudas, recomendaciones, facilidades… Los desayunos muy abundantes, se alargaban con interesantes conversaciones. Recomendable 100%. *Atención con confiar los desplazamientos 100% al gps del móvil en la zona, porque la cobertura falla mucho en toda la comarca. No está de más usar mapas físicos o confiar en las indicaciones de los vecinos. Foto02. Arribes del Duero. Fermoselle, plaza Mayor. Tras asentarnos en nuestra habitación, salimos en busca de la plaza Mayor donde a las 12:00 teníamos concertada la visita guiada a las Bodegas Subterráneas.  El reloj del Ayuntamiento no marcaba aún las 11:00 de la mañana cuando nos sentamos en una mesa de la terraza del restaurante El Medieval para desayunar como nos merecíamos. La plaza, cerrada al tráfico, perfecta para que India corretease junto a los rayos de un sol que ya comenzaba a apretar.  Eran los últimos coletazos de este verano que se había adentrado hasta mediados de octubre. Mañana en Fermoselle Poco antes de las 12:00 nos acercamos al Ayuntamiento donde la gente comenzaba a arremolinarse en torno a la guía que nos aconsejaba otras visitas naturales en la zona para el resto del puente. Consejos que no incluía la visita al afamado Pozo de los Humos o cualquier otra cascada de la zona debido a las escasas lluvias y a las características temporales de los saltos de agua del lugar. Con puntualidad inglesa, comenzamos nuestra ruta por Fermoselle para visitar cinco bodegas en orden cronológico desde la más antigua hasta la más moderna, desde el centro de la localidad hasta la más exterior. Una visita donde el carro de bebés no tiene cabida, pero India ya «es mayor»… al menos lo fue hasta la tercera bodega. Dos horas y media donde aprendimos el porqué de estas bodegas tan particulares, de cómo se fueron heredando y ampliando, de los tipos de uvas característicos de la zona, de sus usos como sinagogas escondidas, de costumbres traídas del norte a modo de «chocos»… Y todo ello aderezado con interesantes apuntes históricos de la localidad y otros datos de interés que nos íbamos encontrado por las calles entre unas bodegas y otras. Como decía, India aguantó más de la mitad del recorrido, pero la proximidad del hotel nos permitió coger el carro para poder continuar con la visita, aunque fuese de forma alterna entre Afri y yo. A las 14:30 había terminado esta interesante y acertada actividad. Muy recomendable. Tomamos rumbo al centro de la localidad para comer en alguna de las terrazas de los bares de la plaza mayor, pero estaban hasta arriba. Nos quedamos en una mesa de la Cafetería Plaza para tomar unos vinos, junto a dos pequeñas y sencillas raciones de croquetas, embutido ibérico y «preñás» típicas de la zona. Algo rápido, para aprovechar la siesta que ya se estaba echando India y que nosotros queríamos alargar en el hotel. Tarde en Fermoselle. Tras la siesta, volvimos a la cercana Plaza Mayor para tomar un café y desperezarnos por completo de cara al paseo integral por el casco urbano de la localidad. Había muchos puntos de interés que visitar marcados en el mapa… La primera parada era la visita al castillo, que estaba cerrado al público; por lo que nos obligaba a iniciar la ruta por la calle Tenerías en busca de su perímetro norte. Por esta zona disfrutamos de las vistas con paisajes menos abruptos y de las casas colgadas que rodean todo el perímetro del núcleo urbano. El mirador de los Barrancos, escondido entre estrechas y desordenadas calles, nos dará una perspectiva interesante de la parte norte de la ciudad, la menos conocida. Antes de llegar a él podremos visitar El Arco que da acceso a la población. La iglesia de Santa Colomba nos regala la amplitud que nos privaba las calles aledañas. Un un punto de inflexión que nos invita a iniciar la segunda parte de la ruta, la de la zona sur, más abrupta y turística. El escondido mirador de las Peñas nos muestra un horizonte más interesante que la de su lado opuesto, toda una carta de presentación para lo que se nos venía por delante. De camino al mirador del Torojón, el más afamado de todos, los amables y simpáticos vecinos nos saludaban e intentaban relacionarse con India desde las puertas de sus casas. Una vez en el Torojón, su fama quedaba más que justificada. Foto postal de presentación de la población desde el punto más alto de la urbe. Ahora tocaba descender hacia el sur. Dos calle tienen nombre propio: la calle Palomberas, que desciende en zigzag con algún que otro bonito rincón; y la calle Nogal, con estilo completamente medieval y un desnivel significativo. Debes elegir bajar por una de las dos; si vas con carro, mejor por Palomberas. Con este paseo era suficiente por el día de hoy. Ponemos rumbo al hotel para cenar y descansar. Viernes, 13 de Octubre. Crucero fluvial y miradores. Amanecía el día algo más nublado de lo esperado. Ana nos presentaba el desayuno a la par que nos daba exquisitas recomendaciones de lugares y zonas que visitar. No teníamos ninguna prisa que no fuese el horario de embarque del crucero fluvial. Hoy tocaba visitar la zona sur de las Arribes, la de la provincia de Salamanca. Decenas de miradores salpican los precipicios encajonados del cauce del Duero, pero había que elegir de entre todos ellos y adaptarnos a India. Foto11. Arribes del Duero. Desayuno Hotel Dos Aguas. De todas las recomendaciones de Ana, le tomamos prestada la visita a la zona de Ambasaguas. Para después hacer el Crucero Fluvial y visitar el mirador de El Fraile. Con ello, estaríamos más que servidos en este día plomizo y amenazante de lluvia. Más tarde de lo programado salimos hacia la localidad de Trabanca. Para ello hay que «bajar el puerto  de San Lorenzo» por un descarnado y zigzagueante asfalto que nos desciende hasta el puente del mismo nombre que salva el cauce del río Tormes. Es esta también la frontera natural entre las provincias zamoranas y salmantinas. Paraje de Ambasaguas En Villarino de los Aires, tuvimos que rezar y poner en el mapa del móvil el «paraje de ambasaguas» para que nos facilite el callejeo por la pequeña localidad. Con ayuda de algún vecino, dimos con la pista que nos descendía hasta este tranquilo y especial enclave. Una zona de picnic, las tímidas aguas del Tormes por la derecha, de frente el cauce del Duero y al fondo el color chillón de la presa de Bemposta. Un pequeño paseo para estirar las piernas, algunas fotos y mucha tranquilidad en este punto donde las aguas de ambos ríos se juntan para continuar un camino común. Vuelta al coche para desandas nuestros pasos y dirigirnos hacia Corporario. Allí nos esperaba nuestro paseo fluvial. Durante el camino obviamos varios de los miradores, como el de la ermita de Nuestra Señora del Castillo; y también el Pozo de los Humos, por su escasez de agua en estas fechas. En Corporario, pocos kilómetros antes de llegar a Aldedávila, tomamos el desvío hacia la playa del Rostro. 4 kilómetros de vertiginoso asfalto, para descender casi 400 metros de desnivel, nos dejaron en la playa fluvial con el respectivo embarcadero. Paseo Fluvial Las entradas las habíamos reservado con antelación. Con puntualidad inglesa se presentó el barco a las 13:00 para iniciar un paseo de poco más de una hora aguas a bajo; justo en el momento que la lluvia cumplía su promesa de aparecer. Sentido sur, hacia la presa de Aldeadávila, comenzaba la ruta con interesantes explicaciones sobre la flora, fauna y costumbres del lugar. También de sus características particulares atmosféricas. Y de las similitudes y diferencias de los acantilados españoles y portugueses. Media hora de tranquila y magistral explicación a la ida que daba paso a una revoltosa y observadora vuelta. Tras la experiencia del barco, tocaba comer. No habíamos preparado picnic y teníamos que buscar algún lugar cercano. Las horas y los pocos establecimientos de la zona no ayudaron a saciar nuestro hambre, hasta que encontramos un verdadero oasis en la plaza de Aldeadávila. El Bar El Encuentro, en...

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Fuente de Marimuñoz, para niños. https://moreocio.com/fuente-de-marimunoz-para-ninos/ https://moreocio.com/fuente-de-marimunoz-para-ninos/#respond Thu, 04 Jan 2024 14:00:43 +0000 https://moreocio.com/?p=4714 Aquí volvemos a la carga con nuestra ya clásica ruta de primero de año. Le cogimos el gusto hace tiempo a eso de empezar el año en contacto con la naturaleza, dejando atrás los inicios de año cansados y resacosos. Y aquí seguimos. Desde que India está con nosotros, nos hemos adaptado a las circunstancias. Buscando rutas cercanas; para ello la zona del Piélago es perfecto. Pero también cortas y con poco desnivel, por lo que la zona de Cardiel o Castillo de Bayuela resultan exclusivas para unificar estos factores. En el 2021, la ruta la realizamos con porteo. En el 2022, usamos la mochila. Y este año, ya a pie adaptado a India. El Piélago nunca falla, y mucho menos en estos meses donde todo se vuelve más verde de lo que nos acostumbra y sus temperaturas son muy suaves. Además esconde rincones que son verdaderos paraísos. Zonas que he podido descubrir gracias a la afición por la bici de montaña. Es por ello que el objetivo era claro. Recordar algún sendero que quedase lo más cerca posible de la carretera. Y lo encontramos. Os contamos. El coche lo hemos dejado en el mismo lugar que iniciamos nuestra ruta de inicio de año en el 2021. En la entrada a un camino, dos kilómetros más adelante de Castillo de Bayuela (sentido El Real). Desde allí hemos iniciado nuestra sencilla ruta de dos kilómetros y casi 50 metros de desnivel, donde hemos invertido en torno a hora y media para realizar el recorrido. Lo que menos nos importa ahora son justo los datos que acabo de describir. Nuestro objetivo era que India disfrutase del paseo, viese algún animalito, jugase con Kenya, respirase aire fresco… y también desarrolle habilidades motoras que en casa o en la calle le es imposible. La encanta andar por las aristas de los muros de piedra que separan los caminos de los rediles ganaderos, correr detrás de Kenya por suelos inestables, descubrir nuevas flores y sorprenderse con la presencia de animales inesperados. Así pues, tras bajar del coche y recoger una flor del suelo y regalársela a su madre, hemos comenzado la ruta en ascenso subidos por un muro de piedra. En la bifurcación de camino, hemos cogido el tramo de la izquierda (la vuelta sería por la derecha). Y nos hemos encontrado con una granja de cabras… Había decenas de ellas y de varios colores. Subidas en piedras, pastando por el prado, recogidas bajo el porche. Pequeñas, grandes, melenudas y pelonas… India se aferraba a la valla señalando a cada una de ellas. El piso de hormigón desaparece justo en la entrada de la granja. Ahora el camino sigue igual de ancho pero se torna más salvaje. En descenso, India corre detrás de Kenya, que ya anda suelta por el campo. Tememos un tropiezo, pero no aparece. Llegamos a la altura de Kenya e iniciamos el típico juego de lanzarle un palo, así vamos entretenidos hasta una nueva bifurcación que ahora tomamos a la derecha. El camino se estrecha y las piedras emergen con más intensidad. A la par podemos observar a media distancia en medio de un prado a decenas de vacas pastando. Afri le indica con el brazo el lugar exacto donde tiene que centrar la atención India para poder verlas. – ¡Quiero comer!- nos indica la enana. Pues a ello. Sacamos el sándwich, los arándanos, un poco de queso… y al lío. Tras la parada, llegamos al paraje de la Fuente de Marimuñoz. El camino salvaje da paso a un precioso sendero. Seguimos en descenso. La humedad se hace palpable, tal vez por la proximidad del arroyo de Cañadillas. Estamos en el segmento del recorrido que justifica el paseo. De nuevo India pide subirse al muro de piedra. Ahora peligroso por la cantidad de musgos que los recubren. La vegetación crea un precioso túnel y solo se oye los ruidos de la naturaleza. Estamos justo en el ecuador de la ruta, tan solo un kilómetro de paseo. Un leve ascenso, aun por este bonito sendero nos presenta algunos lanchares y berrocales de granito. El suelo ahora comienza a llenarse de bellotas. Algunos frutos rojos del espino blanco llaman la atención de India. Este tramo se lo «ahorra de esfuerzo» a costa de los riñones de sus padres… Una vez arriba el piso, aun siendo sendero, se vuelve más estable. India vuelve al suelo mientras llamamos a Kenya que había desaparecido por delante. Llegamos a un nuevo camino que ya en bajada, que a medida que nos conduce directos al punto de partida va mejorando el piso. Tomamos a Kenya de su correa para evitar que llegue a la carretera en el momento que nos encontramos en la primera bifurcación que habíamos tomado a la izquierda al inicio del paseo. El coche ya se veía al fondo. Un agradable paseo, corto, sencillo… pero lleno de intensidad que compartimos con vosotros. Perfecto para niños en torno a los tres años. Si luego acompañas con un calentito café en el corral de La Posada de Bayuela, en la misma plaza del pueblo. La jornada habrá sido redonda.

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Castañar de Santa María del Tiétar, con niños. https://moreocio.com/castanar-de-santa-maria-del-tietar-con-ninos/ https://moreocio.com/castanar-de-santa-maria-del-tietar-con-ninos/#respond Thu, 16 Nov 2023 14:31:36 +0000 https://moreocio.com/?p=4693 Introducción. Estamos en otoño (este año más tardío de lo habitual), y no podemos dejar pasar estas fechas sin publicar nuestra ya clásica escapada de octubre (noviembre en este caso) por los castañares de la zona. Además, desde que India está con nosotros, nos acompaña la coletilla «con niños». Ya vamos a por el tercer año consecutivo; desde el primero por Casillas, con porteo; el segundo por Las Rozas de Puerto Real, con mochila; y este tercero por Santa María del Tiétar, por su propio pie. ¡Qué bonito, y triste a la vez, disfrutar de esta evolución! Siempre con el objetivo de evitar aglomeraciones. No nos gustan. Entendemos que el monte es de todos, que estas fechas son muy señaladas por su belleza y, además, esta se concentra en solo dos o tres fines de semana al año. Es por ello que evitamos el clásico de El Tiemblo, donde ya hay un control de acceso mediante pago. Y también Casillas; donde de seguir este ritmo de visitas, en breve tomarán las mismas medidas que sus vecinos. Por tanto, buscamos alternativas por la misma zona, del mismo bosque, pero de accesos más complejos y, por tanto, más desconocidos. Mi afición por la bicicleta de montaña, junto a mi «frikismo» por los mapas, facilita el conocimiento de ciertas zonas «escondidas» como esta. Otra opción para evitar coincidir con muchos excursionistas es visitar el monte en horas impopulares; esta era la que utilizábamos antes de que India estuviese con nosotros. Un buen madrugón o pernoctar con la furgo en el mismo inicio de ruta nos facilitaba este objetivo.  O escapadas en días laborables… Dicho lo cual, me planteo seriamente si compartir este rinconcito con vosotros… no sea que en unos años se convierta en el «nuevo» Tiemblo… No obstante, este humilde blog no tiene la capacidad, ni el efecto llamada tan amplio como para que esto suceda… Así que, ahí va. Pero que no salga de aquí. Shhhh… ¿Cómo llegar? Los dicho, ruta con castañas, con poca gente en temporada alta y adaptado a una niña de dos años y medio. Aquí os presento la ruta de Los Molinos de Santa María del Tiétar. Esta localidad, perteneciente a Ávila, hace de límite provincial con la Comunidad de Madrid. Para llegar a ella, debemos buscar la carretera CL/M-501, la conocida como la de «los pantanos» por todos los madrileños. Una vez en la travesía, tenemos que cruzar el pueblo, ascendiendo por sus empinadas cuestas y con algún que otro quiebro de necesaria habilidad al volante. Siempre en busca de la base de la Presa del Pajarero. El terreno siempre es asfaltado, aunque a veces algo desgarrado. Si tenéis dos coches en casa, escoged el más corto para ir. Creo que hay otra posibilidad de acceso para llegar a la misma presa, aunque a la parte alta de esta, siguiendo el camino de la ermita de San Marcos. Este tramo, aunque lo valoramos, decidimos partir desde abajo. Podéis considerarlo siempre y cuando queráis evitar el desnivel inicial de la ruta que salva todo el murallón de hormigón de la presa. Un tramo este que, aunque sea de subida con vistas a la artificialidad del hormigón, también resulta interesante. Dicho lo cual, en torno a las 11:30 estábamos en el punto de partida. Coche aparcado junto con, tan solo, otros dos vehículos más. Panel informativo de la ruta, fuente de agua, barbacoa de piedra, varias mesas de picnic y un gimnasio para tercera edad. Todo ello vigilado muy de cerca por la presa de Pajarero, que soltaba agua a raudales tras estos días de intensas lluvias… Esto nos hacía presuponer que cuando ascendiésemos, nos encontraríamos el pequeño embalse completamente lleno. La ruta oficial es básicamente circular al pantano. Con la única dificultad física del desnivel inicial de ascenso desde la base de la presa.  Y unos 4km de longitud. Pero nosotros quisimos adaptarla con el objetivo de que India hiciese íntegro el camino andando, recortando a 2 km la distancia y haciéndola lineal de ida y vuelta. Comenzamos. Iniciamos el camino vadeando el propio arroyo Pajarero y aquí comenzaba la primera aventura de India con sus botas katiuskas. No llevábamos ni 50 m y ya estábamos «bautizados» para el resto de la ruta. El giro a derechas nos ofrece varias alternativas para ascender; no hay pérdida, siempre en zig zag, hasta la arista de la presa por su parte izquierda (según la vemos de frente). India y Kenya se los pasaban pipa; una cogiendo hojas «marillas» y la otra correteando de un lado para otro. Algunos momentos por pista, otros por estrecho sendero y a veces por escalones de piedra. Algún pino atravesado que saltar y varias retamas que esquivar. Una «cueva vegetal» estrechaba el paso, ¡qué divertido! El sonido de la caída del agua siempre nos acompañaba a la derecha de nuestro sentido. A mitad de subida pudimos tocar la propia mole de hormigón con nuestras manos. Una puerta cerrada de «astillo» (castillo) evitaba el acceso a la entrañas de la presa. Daba gusto ver disfrutar a la pequeña con tanta imaginación, pero a este ritmo no llegaríamos a hacer ni la ruta adaptada. Así que, enana a los hombros para llegar a lo más alto de la presa. Ya en la parte alta. Arriba, más charcos. A la derecha la presa, que permite el paso hasta el otro lado, donde se hubiese iniciado la ruta de haber accedido por la ermita. De frente, una pista ancha nos invitaba a continuar el camino. Entre carreras, saltos y abrazos íbamos adentrándonos en el frondoso bosque. Algún que otro charco embarrado ponía a prueba el equilibrio de toda la familia. De momento, castaños pocos, pero experiencias infinitas. La bolsa azul para recoger castañas ya iba medio llena de diferentes tipos, formas y colores de hojas. Era también los deberes de la «guarde» de su profe «Anesa». Poco a poco comenzaron a aparecer los castaños con sus correspondientes frutos por el suelo. Increíble, cientos de castañas sin haber sido recogidas… No hacía falta salir del camino para acceder a ellas. Pero ojo… que las castañas «viven en unas casitas con pinchos«. La mayoría están fuera, pero otras aún están dentro. India escuchaba atentamente la historia que Afri le contaba, y a la vez miraba con intensidad cómo había que sacar las castañas de sus «casitas». Poco después se lanzaba a coger las castañas con cuidado, con más sufrimiento por parte de sus padres que ella. El suelo estaba lleno de «casitas con pinchos» y acercar la mano era casi motivo de pinchazo. Pero no. Es increíble como nos sorprenden estos enanos dejándoles hacer. Siempre estando atentos, y mordiéndonos la lengua para evitar asustarla, y no crear un miedo sin necesidad…  Alucinante como ella misma gestionaba la situación particular de cada castaña para no pincharse… y una vez entre sus dedos, a la bolsa. Paredes con musgo… húmedas «como pañal» y suaves «como osito»… Podemos coger un poco para el «Belén»… No mucho, que hay que respetar la Naturaleza. Ay, si está sobre un muro… «altar»… pues a saltar. ¡Y una cueva, mira ahí! Más castañas y un susto… un abejorro que nos quiso acompañar… No pasa nada, pero hay que tener respeto y cuidado ante lo desconocido. Desvío del recorrido original. En el primer claro de vegetación nos encontramos a los únicos senderistas que vimos en toda la jornada. Bajaban por una bifurcación a la izquierda marcada con una baliza amarilla. Baliza que indicaba el recorrido oficial. Una breve conversación con ellos seguida de una pequeña inspección de pocos metros por donde descendían nos dio buena sensación. A pesar de sus advertencias técnicas, parecía un sendero sin mucha dificultad que se adentraba de nuevo en el bosque. Decidimos seguir nuestra ruta adaptada, bordeando el embalse si tomar más desnivel… Poco más adelante una nueva bifurcación, esta vez con una valla a la izquierda, impedía el paso motorizado, ¿pero quien va a venir hasta aquí con coche? En esta ocasión sí tomamos el desvío a la izquierda en leve ascenso. Estábamos en la cola del pantano y esta pequeña subida nos permitió verlo con una perspectiva espectacular. Mirada atrás para descansar momentáneamente mientras seguíamos disfrutando. El verde que brotaba del suelo, el marrón acompañaba por los laterales y al fondo, el recortado horizonte de los montes de Toledo. En el centro, la pausa de la linealidad del agua de un embalse lleno hasta sus topes. Bosque de castaños. Pero debíamos seguir, ahora adentrándonos definitivamente en el verdadero rincón y objetivo de la ruta. Un frondoso bosque de castaños que creaba una perfecta cúpula evitando todo paso de luz solar. El pausado pantano se había transformado en unas nerviosas aguas que creaban una relajante banda sonora. Casi sin darnos cuenta nos encontramos en un camino completamente tapizado por los erizos de las castañas. Kenya, ya no correteaba tanto como antes; a penas había huecos libres donde no pincharse. Increíble. Marrones, naranjas y amarillos habían ganado la partida a los verdes. Una temperatura perfecta, y puntuales brisas producían breves lluvias de hojas. «Otoño llegó, marrón y amarillo, otoño llegó, hojas secas nos dejó… Para la lluvia saca tu paraguas, y no te olvides las botas de agua. Otoño llegó, marrón y amarillo, otoño llegó, hojas secas nos dejó. Si el viento sopla, no le tengas miedo, escucha su canto, quiere ser tu amigo. Otoño llegó, marrón y amarillo, otoño llegó, hojas secas nos dejó… India cantaba una de sus canciones preferidas, y nosotros con ella. Era el momento perfecto. Si poco antes teníamos vistas infinitas hacia el horizonte, ahora estamos completamente inmersos en un denso bosque donde solo se pueden ver castaños mirases hacia donde mirases… Bueno, y agua… El camino llegaba a su fin justo cuando el cauce del arrollo Pajarero se cruzaba en nuestro camino. Punto de vuelta. Se nos presentaba alegre, saltarín y enérgico. Tal vez en otra época del año pudiese vadearse, a pesar de que no se percibiese continuación alguna al otro lado del arrollo. Sea como fuere, para nosotros era más que suficiente. Bonita guinda para este delicioso pastel. Descansamos un rato, escuchando los sonidos del bosque. Algunas castañas más para la bolsa. Setas; pero sin tocar, que no tenemos ni el más mínimo conocimiento micológico. Algo más de una hora nos había tomado llegar hasta aquí. Tan solo un kilómetro, pero con tantas experiencias que parecía que llevábamos toda la mañana haciendo kilómetros. Tocaba desandar nuestros pasos. Ahora con paso un poco más ligero, alguna que otra parada para hacer juegos con hojas, las correspondientes fotos y perder de vista durante unos segundos a Kenya. Intuíamos que habría bajado a mojarse al pantano, pero estaba todo su perímetro completamente vallado… Excepto por una tímida puerta que daba acceso. Allí descendimos todos hasta la orilla para disfrutar de una nueva perspectiva. No sabemos a quien le gusta más el agua, si a Kenya o a India. Si nuestra perrita ya volvía empapada de su ansiado chapuzón, la peque de la casa amenazaba con quitarse la ropa para meterse en el agua… Le costó a su madre hacerla razonar que estaba fría y no se podía bañar. Descenso. De vuelta al camino, paso de los anteriores puntos embarrados hasta llegar a la presa. El descenso mucho más cómodo pero sin relajar la tensión, zarzas y escalones húmedos nos esperaban con ganas de fiesta. La inmensa pared de hormigón nos advertía que estábamos llegando a nuestro final. Allí se podía ver el coche, ya solitario. Con las mesas de picnic para poder elegir. Agua fresquita de la fuente y una barbacoa que en esta ocasión no utilizamos. A India aún le quedaban fuerzas y energía para probar todas las estaciones de ejercicio para tercera edad, que por allí se ubican. Al final un paseo de 2,2 km. 85 m de desnivel positivo y algo más de dos horas de intensas experiencias para India. Que se lo pasó genial mientras aprendía y desarrollaba múltiples habilidades cognitivas, físicas y sociales....

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Dehesas de Cardiel https://moreocio.com/dehesas-de-cardiel/ https://moreocio.com/dehesas-de-cardiel/#respond Thu, 19 Jan 2023 14:00:58 +0000 https://moreocio.com/?p=4566 Volvemos a la carga con una nueva y sencilla propuesta. Últimamente estamos dedicando las entradas a paseos con niños, en porteo o no, con un nivel de dificultad inexistente. Esta es nuestra realidad hoy en día. Nos gusta la naturaleza, el aire libre… y disfrutarlo en compañía de India potencia nuestro gozo, a pesar de tener que renunciar a otros objetivos más ambiciosos desde el punto de vista físico y técnico. Es complejo buscar lugares o rutas que sean sencillas, de fácil acceso y no estén masificadas. Pero esta es una excepción. La zona baja de la Sierra de San Vicente guarda rincones interesantes que se alejan de su zonas altas, mucho más transitadas. Nosotros nos hemos basado en un tramo de la Senda de Viriato que conocí en bici en mis inicios ciclistas. Y a pesar de coincidir parte con el GR-63 de la Senda de Viriato, no está marcada con balizas, por lo que se recomienda llevar un GPS o aplicación en el móvil que te permita seguir nuestros pasos. La ruta es un clásico de primeros de año que tenemos como costumbre hacer desde hace tiempo Afri y yo. Una forma de empezar el año con buenas sensaciones. El paseo que os proponemos consta de tan solo 4 km y es completamente plano. Tan solo hay que salvar dos arroyos, uno al inicio /final y otro en el ecuador del recorrido. Primera parte, ida. Cardiel Partiendo desde la plaza de Cardiel de los Montes, saldremos por el sur de la localidad donde nos encontraremos algunos paneles informativos que nos recordarán que vamos a caminar por un tramo de la Senda de Viriato. Tras vadear el reguero del Palo, que vierte sus aguas al arroyo Saucedoso, el camino nos obliga a cruzar una puerta canadiense. Esto nos hace pensar que tal vez tengamos suerte y nos crucemos con alguna res mansa a la que India pueda saludar. El tiempo encapotado amenazaba una ligera lluvia que por momentos hacía su presencia, pero nunca llegó a incomodar. Durante el primer kilómetro cruzamos un pequeño prado donde ya podemos ver algunos terneros. India alucina al verlos tan cerca y tan reales. Ver su cara no tenía precio. – ¿Cómo hace la vaca, India? – Muuuuuu… Y no paraba de señalar. Al pasar junto a ellas, se levantaron y desplazaron hacia otro lugar. Fue el momento en el que tomamos un sendero que se desviaba a la izquierda para seguir más de cerca el cauce del arroyo que siempre nos acompañaba a nuestra izquierda. Fue en este momento cuando nos adentramos en un bonito encinar. Kenya no paraba de correr de un lado para otro, e India señalaba todo lo que la llamaba la atención… los charcos de agua, las hojas de las encinas y olivas, el canto de algunos «pipis»… Una fuente de sensaciones completamente natural para la más peque. Pronto llegamos al punto de vuelta, el bonito y escondido sendero desemboca en la pista forestal que ahora nos llevará de vuelta al punto de inicio. En este momento llevaremos dos kilómetros exactos de ruta Segunda parte, vuelta. Ahora con la carretera CM-5002, guiaría nuestros pasos desde la distancia. Durante un kilómetro tomamos la pista que desembocaría en el mismo camino que habíamos tomado al inicio. El del prado donde estaban los terneros, ahora un poco más escondidos entre las encinas. Quedaba tan solo realizar la parte final, común a la inicial para llegar a Cardiel y tomar una buena cerveza en alguna de sus terrazas de la plaza peatonal con vistas a la iglesia y su campanario. Allí arriba una elegante cigüeña captó la atención de India, al igual que el «guagua» que la invitaba a lanzarle su propia pelota. No más de hora y media dedicamos a este tranquilo paseo donde todos disfrutamos de un rato al aire libre y donde India continuó ampliando sus experiencias y estímulos.

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Cantabria: Valles Pasiegos. https://moreocio.com/cantabria-valles-pasiegos/ https://moreocio.com/cantabria-valles-pasiegos/#respond Thu, 01 Dec 2022 14:00:27 +0000 https://moreocio.com/?p=4509 Llevábamos mucho tiempo queriendo visitar esta zona de pastos y grandes praderas. De montes suaves y ondulados. A caballo entre la costa cantábrica y las merindades burgalesas. Rincón escondido y olvidado de la infinita Cantabria donde se respira paz, tranquilidad y serenidad. Justo lo que necesitábamos. Total desconexión. El lugar estaba elegido, solo quedaba buscar alojamiento. Un hospedaje que aunase un criterio bien definido; una estancia rural que se ubicase alejado de cualquier núcleo urbano. En esto, Afri es toda una experta. Encontró un refugio en forma de casa típica pasiega en medio de la ladera, salpicada por la compañía de algunos otros caseríos dispersos por la zona. El valle de Luena, al que se accede desde la meseta por el puerto del Escudo, servía de puerta de acceso a la vega del río Pas. Concretamente en Tablado, pedanía de San Miguel de Luena, es donde ubicamos nuestro retiro familiar durante estos tres días. El refugio. Tenía razón el casero cuando nos recomendó llegar de día para acceder al refugio. De la N-623, se desviaba una pista con porcentajes superiores al 20%, algún que otro cruce y un tramo final de hormigón desgarrado que ponía a prueba nuestra pericia al volante. Si a la oscuridad le añadías la lluvia, la llegada a nuestro retiro supuso toda una aventura. ¿No queríamos estar aislados? Pues toma dos tazas… La cabaña nos esperaba iluminada en medio del prado. Toda una casita de juguete con su porche exterior y su propio prado cercado para el disfrute de nuestras mascotas. Pero lo mejor estaba por llegar al abrir la puerta y ver como en solo 2o m2 se disponía la cocina en la planta baja, el salón y baño en la primera planta y la habitación en la buhardilla. Tan acogedora y coqueta, como de accesibilidad compleja a cada una de sus estancias. Y seguridad relativa para niños pequeños. Con todo tipo de comodidades de nuestra vida actual; nevera, microondas, vitro, lavadora… Pero con un guiño al pasado por su calefacción a base de chimenea de leña. Un lugar perfecto para no salir en tres días… Una de las cosas que más nos gustaban de viajar furgo era llegar de noche al lugar de destino para que por la mañana la luz solar nos sorprendiese con el entorno en el que nos encontrábamos. Algo similar ocurrió al día siguiente. Viernes. Asomarse por la ventana y no ver otra cosa que no fuesen prados, bosques, nubes, vacas, caballos… El sol abriéndose paso entre los cristales. El olor a café y unos buenos sobaos pasiegos artesanos nos esperaban en el alféizar de la ventana. India jugando con las zapatillas de papá y mamá riendo por la torpeza que ello le implicaba… ¿Se podía pedir más? Pues sí. Churrón de Borleña. Decidimos salir para aprovechar el buen tiempo que nos estaba regalando la meteorología… Tomar el coche y desplazarnos valle abajo hasta Borleña. Existe allí una senda muy sencilla, apta para cualquier tipo de personas, sin ningún tipo de dificultad física más allá de andar por un piso irregular típico de sendero montañoso con sus respectivas piedras, raíces y hojas… Perfecto para realizar con niños o iniciarse en el senderismo. Ruta lineal que se inicia en el parque de Borleña, junto al río Pas, dispuesto con columpios infantiles y mesas de picnic. Dos kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, sin apenas desnivel significativo que transcurren paralelos al arroyo de la Llana en busca del churrón de Borleña. O lo que es lo mismo, una cascada de unos 20 m de altura que vierte sus aguas a una amplia poza que deja escapar sus aguas por el arroyo que hemos ido disfrutando en todo el camino. La postal otoñal le daba un punto más de interés al recorrido. India disfrutó de su porteo sin rechistar, empapándose de múltiples sensaciones durante el trayecto. Infinitas tonalidades de colores, frescor del aire, chapoteo del agua, olores diversos, sonidos del bosque, reconocimiento de animales, tacto de diferentes texturas… Toda una experiencia multisensorial para ella. Y a la vez jugando e interactuando con Kenya. Tal fue su disfrute que medio camino de vuelta lo realizó descansando sobre el regazo de su madre sobre la mochila. Poco más de hora y media después estábamos de vuelta al punto inicial. Nosotros dejamos el coche junto a las pistas polideportivas, acortando así un poco el trayecto que tiene inicio y fin en el parque anteriormente citado. Tocaba tomar unas cervezas aprovechando el sueño de la enana de la casa. El Mesón de Borleña podía haber sido una buena opción de no haber estado cerrado en ese momento. Puente Viesgo. Optamos pues por seguir la carretera aguas abajo hasta Puente Viesgo. Localidad más conocida por sus aguas termales y lugar donde la selección española de fútbol se concentraba en la época del mítico Javi Clemente. Aquí existen varias posibilidades de visita. En caso de lluvia estaba planificado ir a las cuevas del Castillo o de las Monedas. Pero como el día acompañaba, nos tomamos una cerveza doble junto con unas costillas con patatas en la terraza del restaurante El Marqués. Allí disfrutamos de unas vistas privilegiadas del Gran Hotel Balneario de Puente Viesgo al que se accede por el puente peatonal que da paso sobre el río Pas. Una vez recompuestos, decidimos dar un paseo por el trazado lineal de la Vía Verde del Pas. Iniciando la ruta desde la iglesia de San Miguel Arcángel, pasando por la Casona de Fuentes Pila, el apeadero junto a la antigua locomotora «La Reyerta», el parque infantil y llegando hasta la pasarela peatonal sobre el río Pas. La vuelta, sin no vas con carrito o persona de movilidad reducida, la puedes hacer por la senda de pescadores que inicia su recorrido por el otro lado del río. Es fácil ver su inicio una vez cruces la pasarela. Te llevará directo a la plaza de España, junto al restaurante donde tomamos la cerveza. Nosotros, como íbamos con carro, optamos por volver sobre nuestros pasos y comer en el parque infantil mientras India disfrutaba de los columpios. Lugares de interés cercanos El sol empezaba a perder fuerza, las nubes comenzaban a ganar la partida. Decidimos entonces tomar el coche y desplazarnos hasta Socobio para disfrutar de la Colegiata de Santa Cruz de Castañeda. De estilo románico, se encuentra en segunda posición en importancia después de la de Santillana de Mar. La lluvia hizo su presencia y tocaba retomar el valle aguas arriba de camino al refugio. Pero antes un breve desvío a Soto-Iruz para ver el convento franciscano de El Soto con su torre octogonal. De paso por las localidades de Ontaneda y Alceda, paramos para hacer una pequeña compra y de paso disfrutar del inmenso parque de Alceda junto al río Pas. Con tirolinas y numerosos columpios para niños en medio de un bosque adecentado para el paseo, incluso de nuestras mascotas. Allí echamos un buen rato de la tarde disfrutando también del paisaje otoñal que llenaba el suelo de hojas de múltiples colores. La idea era dar un paseo por el pueblo y ver, desde fuera, el Palacio de Mercadal y la Casona-Torre de Los Ceballos, pero la lluvia cumplió su amenaza. En la cesta de la compra llevábamos unas buenas carnes, algunos sobaos y una espectacular quesada . Todo ello para disfrutarlo en el refugio en vistas a las previsiones de lluvia para el día siguiente. En noviembre, a las 18:30 ya es de noche cerrada. Momento perfecto para disfrutar en familia durante unas horas junto a la hoguera comprobando las evoluciones de India, que ya no es tan bebé como nosotros quisiéramos. Sábado El sábado amaneció lluvioso y plomizo como avisaron las previsiones meteorológicas. Plan perfecto para no salir de la cabaña en todo el día… Regodeo en la cama durante un buen rato, desayuno sin prisas, y algunos juegos en familia… Estábamos muy a gusto, pero nos picaba el gusanillo de seguir conociendo el entorno. Mirábamos por la ventana y el cielo no tenía pinta de abrir por ningún lado. En la cabaña se estaba genial, pero también teníamos la inquietud de seguir conociendo la zona. Solución al problema, adelantar la comida (sacando partido a la barbacoa ubicada en el porche del refugio) y salir a hacer una ruta en coche con breves paradas en puntos de interés a la vez que disfrutábamos del paisaje en sí. Además, India acababa de caer rendida. En Entrambasmestas el río Pas hace un recodo simbólico. Ayer recorrimos sus aguas hacia el norte, río a bajo. Hoy tomaríamos sentido este, aguas arriba en busca de la población Vega de Pas, núcleo principal de la comarca en la que estamos. Recorrido en coche. La carretera CA-263 es preciosa en sí misma, el joven cauce nos acompaña siempre a nuestra izquierda. A la altura de Ocejo existe un puente peatonal colgante que te permite aproximarte al agua para saludar al principal protagonista del viaje. Hay un espacio muy pequeño para dejar el coche a la izquierda de la calzada y poder salir para pasear unos metros y rendir el homenaje que se merecen estas aguas. Continuamos con nuestro camino. Pasada la localidad de La Gurueba sale a la derecha un carreterín que da acceso a las cascadas del río Troja, opción que obviamos. Casi sin darnos cuenta, un nuevo desvío también a nuestra derecha nos da la posibilidad de acceder a San Pedro del Romeral, segundo de los tres pueblos considerados capitales pasiegos junto a Vega de Pas y San Roque de Riomiera. Una carretera que de continuarla nos ascendería hasta el puerto de la Matanela, el segundo de los tres pasos a la meseta que ofrece esta comarca junto con el Escudo y Estacas de Trueba.   Pero nuestro objetivo era claro. Vega de Pas. En menos de media hora estábamos allí, pero la lluvia no había cesado y la pequeña de la familia dormía aún tranquila en la silla. Solución, continuar en el coche en busca de los paisajes de montaña que nos ofrecían los pasos de Estacas de Trueba, primero; y la Braguía, después. Miradores del Pas Por orden, el puerto de Estacas de Trueba me recordaba a puertos pirenaicos franceses. La carretera surcando su trayecto entre enormes praderas de múltiples colores. El río Yera que se presenta tranquilo en sus últimos compases antes de ceder sus aguas al río Pas, nos ofrece dos bellas estampas de sendos molinos con sus correspondientes puentes del Camino Viejo y del Molino de Yera. No nos podíamos imagina lo que estas tranquilas aguas nos iban a regalar kilómetros más adelante de esta carretera comarcal CA-631. Abriéndose paso entre decenas de cabañas típicas pasiegas con sus paredes de piedra y sus tejados a dos aguas de pizarra. Las más cercanas a la localidad, aún en uso o remodeladas para viviendas rurales. A medida que tomábamos altura, muchas de ellas con cartel de cabaña y fina en venta. Muy tentador. Pero no habíamos venido a hacer negocios, sino a conocer la comarca. Y cuando volvimos a centrar la mirada en la imponente naturaleza observamos a lo lejos varias caídas de agua que rompían con la uniformidad de la orografía. Entre ellas una más llamativa que las demás, la cascada del arroyo Enverao. El asfalto pasa junto a ella, perfecto para disfrutar de su fuerza sin a penas casi bajarse del coche y gracias una pequeña explanada que facilitaba la detención del vehículo. Poco más a delante se presentaba el mirador de la Vega del Pas, también con una pequeña explanada que facilita la detención del coche con total seguridad para la circulación. Es aquí donde la niebla comenzaba a hacer su presencia a la vez que observábamos en la cuneta la aparición de restos de nieve. Es por estas razones que decidimos dar media vuelta sin la necesidad de llegar hasta el propio puerto, un par de kilómetros más adelante. En la bajada observamos al otro lado del valle una estación de tren abandonada...

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Camper con bebés: Alarcón y Cullera https://moreocio.com/camper-con-bebes-alarcon-y-cullera/ https://moreocio.com/camper-con-bebes-alarcon-y-cullera/#respond Thu, 20 Jan 2022 14:00:00 +0000 https://moreocio.com/?p=4431 Es nuestra pasión. Viajar. Y hacerlo de forma «nómada», nuestro estilo. Hoy aquí, mañana allí, y pasado en otro lado. Entendemos que es la manera de conocer el máximo de lugares en el menor tiempo posible. Disfrutando a pinceladas de cada uno de los lugares… Ya tendremos tiempo de volver con más tranquilidad a esos sitios que nos hayan llamado más la atención. Pero con la llegada de India, el ritmo lo marca ella. Y por tanto debemos modificar y flexibilizar este estilo de viaje. Es por eso que en esta ocasión tomamos la base nómada de un viaje en camper, pero a expensas de la respuesta que nos vaya dando la enana. Vendimos nuestra furgo con la llegada de India porque por aquel entonces la camperizamos para viajar y dormir dos personas. Pero queremos seguir viajando de esta manera, y antes de volver a lanzarnos a por una furgo adaptada a la nueva situación familiar, queremos ir probando poco a poco. India aún no llegaba a los 3 meses de edad. Es por ello que alquilamos una preciosa Fiat Ducato en la empresa Caravan Go. Quedamos enamorados tanto de la furgo, como del trato por parte de los propietarios. Vamos al grano. El viaje se organizó coincidiendo con un puente de tres días que nos regalaba la festividad de C-LM, 31 de mayo, lunes. El objetivo, la costa más cercana, Valencia. Pero con la mentalidad de tanteo al viajar con India, con posible parada y noche a mitad de camino, en Alarcón (Cuenca). Desplazamiento hasta Alarcón. Viernes, 28 de mayo de 2021. Por la mañana, Afri fue a Escalona (Toledo) a por la furgo con ayuda de mi madre para dejar allí el coche y traer la camper a Torrijos. A medio día cargamos, colocamos la sillita de bebé y nos preparamos para salir a la hora del café. Tras casi unas tres horas de camino donde India tuvo momentos tranquilos y otros no tanto, decidimos parar en Alarcón para ver el atardecer, cenar y no forzar el viaje nuestra princesa. La pernocta la hicimos en el mirador de Alarcón, una pequeña explanada que sale a mano derecha de la carretera local que da acceso a la localidad, pocos metros antes de entrar en el núcleo urbano. Cuando llegamos, allí ya se encontraba otra furgo con el mismo objetivo. Un pequeño cañón sobre un meandro del río Júcar, nos presenta una panorámica espectacular de la ciudad. Tras un pequeño paseo por la explanada y el baño diario de India, preparamos la cena a la vez disfrutábamos del bello atardecer mientras que el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte. La primera noche de India en camper fue perfecta. Alarcón y desplazamiento a Cullera. Sábado, 29 de mayo de 2021. Un desayuno tranquilo, a ritmo de bebé. Disfrutando ahora de la luz matutina que ilumina esta postal a través de la ventana de la furgo. Muchos coches llegan, hacen fotos y continúan su camino hacia el pueblo. Sus torres defensivas, su castillo transformado ahora en Parador Nacional y sus puertas de acceso almenadas le imprimen una silueta de ciudad medieval propia de aquella época. Es momento de abandonar esta ubicación en la periferia y adentrarnos en el núcleo urbano para aparcar en una pequeña explanada adaptada para visitas turísticas de un día (prohibida la pernocta y acampada). Son las 11:00 y conseguimos el último hueco disponible. Hoz de Alarcón Desde ahí mismo comienza el sendero de la Hoz de Alarcón (PR-CU-71) de unos 10 km que recorre la hoz y lugares próximos, pero adaptamos el recorrido a tan solo 4 km en torno al sendero que recorre la hoz junto al río Júcar. Con el porteo de India preparado y el calzado apropiado, descendimos por el sur desde la población hasta el mismo cauce del río. Tras cruzar la puerta de Chinchilla, la senda oficial continúa recto cruzando el puente del Picazo. Pero nosotros nos desviamos a la derecha para tomar un sendero que se abre camino junto al río. La vegetación de ribera nos acompañará durante todo el recorrido. Los cañones que ceden el paso al cauce del río hacen de hogar para numerosas aves rapaces que nos vigilan desde sus posiciones. La límpida agua del río nos ofrece su frescor en nuestra piel. También se agradece el ruido de su suave chapoteo entre alguno de los saltos de debe conquistar. Es un paseo muy agradable. Según vamos ganando terreno al meandro, aguas arriba, se nos van presentado al otro lado del cañón las diversas torres defensivas. Cañavete y Alarconcillo. Cuando llegamos al puente de Tébar, que nos da paso al otro lado del cauce, lo obviamos y comenzamos el ascenso de nuevo hasta el núcleo urbano. Un total de unos cuatro kilómetros y un desnivel de unos 150 m para recorrerlo en algo más de hora y media con total tranquilidad. Camino a Cullera Era la hora de la comida y antes de salir, aprovechamos para recuperar fuerzas. Quedaba la opción de disfrutar algo más de Alarcón, pero la desestimamos en beneficio de continuar nuestro camino hacia la costa. En poco más de dos horas llegamos a nuestro destino. Uno de los pocos reductos vírgenes sin urbanizar que existe en la costa valenciana. La playa del Brosquil nos esperaba para descansar. Ubicada entre las turísticas Cullera y Tavernes y al amparo de los campos anegados por las aguas del río Júcar, muy próximo a su desembocadura. Escondido entre calles y casas medio urbanizables, se halla este escondido lugar. Pero que a pesar de ello, nos encontramos lleno de furgos tanto nacionales como internacionales. Una campa de unos 15 vehículos conviviendo en el más absoluto respeto mutuo y con la naturaleza. Tiempo más que de sobra para ubicar la camper, sacar el toldo, las mesas, las sillas… Saludar a los «vecinos». Reconocer el lugar con un tranquilo paseo por la playa virgen y preparar la cena antes de que el sol cayese por completo. Una tarde-noche tranquila, relajada, disfrutando del verdadero ambiente camper. Col de Barx y playa el Brosquil. Domingo, 30 de mayo. La noche de nuevo resultó muy tranquila. India se estaba adaptando a la perfección y nosotros lo agradecimos. Antes de amanecer, ya estaba preparado para salir con la bici al cercano col de Barx. A las 7:00 se me presentaban unos 60 km y algo más de 700 m de desnivel para hacer en unas dos horas y media. Perfecto para dejar descansar un poco más a Afri e India y llegar justo a la hora del desayuno. La ruta es muy sencilla con unos 15 primeros kilómetros de rodaje hasta Simat de Valldigna, con muy poco tráfico debido a las horas tan tempranas. Disfrutando de este paisaje valenciano del valle de Valldigna. Antes de iniciar el ascenso, una breve parada para disfrutar de la Capilla Mare de Deu de Gracia, en Simat. Y desde ahí 6 km de ascenso con 8 «tornantis» que va elevando el asfalto para ofrecernos una nueva perspectiva de este valle. Col de la Visteta En el Col de la Visteta, la carretera ofrece varias alternativas. Entre ellas el acceso al Camping la Falguera donde ya estuvimos ubicados en otra de nuestras visitas a Valencia. Pero en esta ocasión apetecía explorar una nueva carretera que daba acceso a una de las múltiples urbanizaciones que existen. Pequeño trayecto de ida y vuelta (2+2km) que añadía algo más de dificultad al recorrido. De vuelta al Col de la Visteta, tomábamos camino hacia la localidad de Barx, ya con un porcentaje mucho más suave para coronar el col que lleva su mismo nombre. Antes del definitivo descenso quedaba un falso llano hasta La Drova, lugar desde el que sale el ascenso al macizo de Monduver. Pero lo obviamos para poder llegar a la hora del desayuno y no robar tiempo a la familia. El Collado dels Mollons indica el inicio del descenso hasta la localidad de Gandía. Unos 9 km hasta llegar al nivel del mar. Cruzar la turística localidad por su casco antiguo y por sus amplias avenidas que la unen al Grau, donde se encuentra su archiconocida playa. Por el paseo marítimo recorremos esta espectacular playa, por la mismísima puerta del CocoLoco. Poco después, volvemos a la carretera regional CV-605 hacia Xeraco y tras una rotonda enfilamos el camino asfaltado que nos irá introduciendo poco a poco hacia la playa de Tavernes y nuestro destino final. 15 rápidos kilómetros paralelos a la costa, siempre a nuestra derecha que nos permiten llegar a la hora acordada y con todo un día por delante para disfrutar en familia. Playa el Brosquill Tras el desayuno, nos dirigimos a la playa. Un plácido paseo por la orilla con pies en remojo y bien protegidos del sol. Regalos sensoriales nuevos para un bebé de poco mas de dos meses que parecía disfrutar de ellos. La ligera brisa en la piel, el susurro de las olas, el olor del mar… Una sonrisa en su cara nos lo confirmaba. Desplegamos un cortavientos bajo la sombra de una de las retamas que salpicaban la arena de la playa para protegernos de la brisa que comenzaba a aumentar y de los rayos solares. En las horas centrales, abandonamos la playa para refugiarnos en la furgo, preparar la comida en nuestro pequeño porche y echarnos la siesta. A media tarde… vuelta a la playa, nuevo paseo y descanso en el cortavientos esperando a la puesta de sol. Cena de nuevo en la furgo, película, noche estrellada y charla con los vecinos. Paz. Tranquilidad. Y paso de alguna patrulla de la Guardia Civil para controlar que todo estuviese en orden. Un buen detalle este. Vuelta a casa. Lunes, 31 de mayo. Curioso como el domingo por la noche casi nos quedamos solos en la campa. Tan solo aguantábamos algunas furgos internacionales (franceses y holandeses principalmente) y un par de nacionales que resultaron ser castellanomanchegos… Nos despertamos sin prisa. Noche tranquila. Desayuno consistente. Recogida de furgo y paseo por la playa de despedida. 13. Alarcón y Cullera. Buenos días. Tocaba paliza de vuelta con breve parada en Castillo de Garcimuñoz donde hay un área de servicio para autocaravanas. Allí cambiamos aguas grises y negras. Repusimos las aguas. Tomamos un tentempié. Y nos quedamos con las ganas de visitar su castillo, junto al que se ubica esta estación. A las 16:00 debíamos estar en Escalona para dejar la furgo, previo paso por casa para dejar descansando a India. Se había portado genial todo el viaje, pero este último día nos estábamos excediendo con ella. Una escapada para repetir, que nos ha dejado con ganas de más. De volver a tener una camper, de seguir disfrutando de este estilo de turismo… Paso a paso…  

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Mérida en familia https://moreocio.com/merida-en-familia/ https://moreocio.com/merida-en-familia/#comments Thu, 06 Jan 2022 14:00:33 +0000 https://moreocio.com/?p=4444 Nueva escapada, ahora con formato familiar. En esta ocasión el objetivo principal era disfrutar de tiempo de calidad con los seres más queridos, la familia. Es por ello que, en esta ocasión, las visitas turísticas pasarían a un segundo plano.   No obstante, para motivación de los más mayores, concretamente del abuelo…  Se buscó un lugar que derrochase historia por todos sus costados y, además, las distancias entre los puntos a visitar no estuviesen muy alejados unos de otros. Una de las ciudades españolas que cumplen a la perfección con estos dos requisitos es Mérida. Ciudad relativamente pequeña con una alta densidad de restos romanos.   Así pues, un viernes después de comer nos pusimos rumbo a la capital de Extremadura. Dos horas y media después nos hallábamos a las puertas del apartamento Tíbula Teatro.   Con muy buena ubicación, en zona tranquila, con supermercados cercanos y a tan solo 10 minutos andando del núcleo histórico emeritense. Limpio y amplio. Nos sentimos como en casa. Recomendable. El tiempo restante sirvió para acomodarnos en el apartamento, hacer unas pequeñas compras en el súper, cenar y disfrutar de los peques de la casa en el amplio salón.   No seremos nosotros los que descubramos o propongamos qué visitar en Emérita Augusta. Para ello hay webs mucho más especializadas e historiadores que pondrán sobre la pantalla todo tipo de datos y apuntes históricos de esta civilización romana que tanto nos dejó hace ya dos mil años.   Tan solo nos atrevemos a proponer una ruta pensada para realizar en familia, al ritmo que nos permitan los más pequeños de la casa, sin olvidarnos también del más longevo.   Mañana Tras un gran desayuno en familia, sobre las 11:30 salimos del apartamento para dar un breve paseo de unos diez minutos hasta llegar a la plaza de Margarita Xirgu. Lugar donde se ubica el puesto de Información turística y núcleo principal donde se halla el acceso al Anfiteatro-Teatro romano, el Museo Nacional de Arte Romano y la Casa del Anfiteatro.   Desde esta web oficial puedes sacar las entradas on-line para visitar cualquiera de los monumentos del conjunto histórico-arqueológico del consocio emeritense. Te recomendamos la opción de pagar 16€ para el acceso a cualquiera de los siguientes recintos monumentales, sin necesidad de gastarlo todo en un día (no caduca): Teatro y Anfiteatro romano, circo romano, alcazaba árabe, conjunto arqueológico de la morería, cripta de la basílica de Santa Eulalia, casa del Mitreo-Columbarios, casa del anfiteatro y centro de interpretación del templo de Diana.   Nosotros comenzamos con la visita al anfiteatro y teatro, en este orden. Solo por ello merece la visita la ciudad. No cogimos guía porque no sabíamos si los peques aguantaría toda la explicación, así que nos fuimos documentando con las breves informaciones que nos iban dando los diversos paneles que nos íbamos encontrando a nuestro paso. Y con los humildes datos que el abuelo nos iba comentado, gracias a su pasión por la historia. Fue nuestro particular guía.   Todos disfrutábamos; los pequeños por estar al aire libre en este buen día del mes de septiembre, el abuelo por las explicaciones que nos daba a los nóveles papás, y la abuela viendo a la familia unida. Allí estuvimos casi dos horas. Las suficientes para adentrarnos en aquella rica civilización y sentirnos casi un romano más como espectador en las gradas… o luchador en la arena. Una breve pausa sentado en el teatro admirando la belleza del conjunto que teníamos ante nuestro ojos y valorando la construcción levantada hacía ya mas de dos milenios.   Medio día Tras esta primera visita, era la hora de la comida. Perfecto momento para sentarnos a descansar y recuperar energías en alguna de las terrazas de la calle Jose Ramón Mélida y pagar la «tasa turística» de la comodidad.   Con las fuerzas renovadas, seguimos con nuestra visita en busca del Pórtico del Foro, escondido entre los edificios de la calle Sagasta. Curiosa la sensación de ir paseando para bajar la comida y, en tan solo 400 m, darte de bruces con esta construcción en medio de la ciudad como si de un edificio más se tratase. Pero no era nada más que el aperitivo de lo que nos esperaba un poco más adelante. Siguiendo por la misma calle, 200 metros más adelante, nos toparíamos con el Templo de Diana. Este monumento cuenta con más presencia y se ubica en un espacio algo más abierto que el anterior. Pero siempre rodeado de edificios que parecen querer protegerlo y mimarlo.   Solo quedaban otros 400 metros más para llegar al conjunto de la Alcazaba y el puente romano sobre el río Guadiana. Ambos lugares vigilados bajo la presencia de la loba capitalina. No visitamos la Alcazaba por dentro, pero sí la disfrutamos por fuera desde la perspectiva que nos daba el puente romano. Habíamos conseguido «engañar» al abuelo con estos pequeños hitos en el camino que habían ido saciando su curiosidad… y sin querer había caminado más de lo que estaba acostumbrado.   Primera hora de la tarde Tocaba realizar una segunda parada en la jornada de hoy y la plaza de España estaba a tan solo 200 metros de nuestra ubicación.   La tarde acompañaba y tras unos cafés en una de las terrazas de esta bella plaza, y algún que otro baile por parte del primo mayor, comenzamos el regreso por la calle Santa Eulalia previo paso por el arco de Trajano, hasta la puerta de la villa.   Buscábamos el punto inicial de ruta para visitar el Museo Nacional de Arte Romano, y para ello desandamos por calles paralelas al camino de ida sin para alguna. El cansancio se iba acumulando por lo que decidimos volver a descansar a la vez que seguíamos haciendo turismo. Para ello, tomamos el trenecito turístico que sale desde la misma puerta del museo. Los más pequeños disfrutaron de este viaje de aproximadamente media hora, y los mayores aprovechamos para conocer algunos de los lugares de interés más alejados del centro urbano a la vez que descansaban. De todos ellos, el acueducto de San Lázaro y sobre todo el de Los Milagros son los puntos más interesantes de todo el recorrido. También pasamos junto al puente Lusitania y la zona arqueológica de Morerías.   Si no vas con niños o personas mayores, te puedes ahorrar los 4,50€ que cuesta este paseo de poco más de 5 km. Segunda hora de la tarde Para completar el día, el abuelo quería visitar sí o sí el museo. A pesar de la intensidad de la jornada, su pasión por la historia ganó en la balanza al cansancio. Y con él, toda la familia detrás para seguir empapándonos de esta cultura que no dejaba de impresionarnos.   Los peques, empezaron a quejarse. El abuelo continuó con su visita mientras los más jóvenes esperábamos en la explanada aledaña.   Tras una foto familiar junto a las letras gigantes de Mérida, iniciamos la vuelta al apartamento para descansar, cenar, y seguir disfrutando de la familia. Quedaban en el tintero para visitar en una segunda jornada el Circo Romano, la casa de Mitreo, la Casa del Anfiteatro, la basílica de Santa Eulalia (y sus catacumbas) y la concatedral de Santa María la Mayor. Perfecto para completar un fin de semana turístico en Mérida.   Pero quisimos ser fieles al objetivo principal de pasar tiempo en familia, lo que nos obligaba a posponer esta segunda jornada turística para una futura visita.   Es por ello que el domingo lo dedicamos a recoger, desayunar tranquilamente y volver a casa. El propósito estaba más que cumplido.  

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Zaragoza y Monasterio de Piedra, con niños. https://moreocio.com/zaragoza-y-monasterio-de-piedra-con-ninos/ https://moreocio.com/zaragoza-y-monasterio-de-piedra-con-ninos/#respond Thu, 02 Dec 2021 14:00:04 +0000 https://moreocio.com/?p=4324 Seguimos aprovechando cada oportunidad que tenemos para escapar de la rutina diaria. Siempre con India por delante para que, aunque aún no sea consciente de los lugares que visita, perciba la mayor variedad de sensaciones que irán potenciando su desarrollo neuronal. Olores, colores, ambientes… También, dicho sea de paso, para que se acostumbre a los múltiples desplazamientos y lo adquiera como algo normal en su vida. En esta ocasión, compartimos el puente de Todos los Santos con su primo Martín y sus papás. Viajes activos en familia que enriquecen el tiempo de calidad. Se presentaban unos días lluviosos por toda la península, concentrándose principalmente en nuestra zona centro. Decidimos escapar hacia el noreste, donde también había previsión de chubascos, pero algo más intermitentes. Aragón, Zaragoza; era nuestro objetivo. Día 1. Alhama de Aragón. Establecimos nuestro cuartel general en Alhama de Aragón. Un pequeño pueblecillo en la misma carretera A-2, a las puertas del Sistema Ibérico que nos sorprendió muy gratamente. Desde casa hay unas dos horas y media en coche de continua estepa y paisaje monótono asomando por la ventanilla. Es lo que se suponía que íbamos a tener al coger el desvío de la autovía hacia nuestro destino. Pero no fue así.. Ubicado en plena falla tectónica, la misma entrada al pueblo nos avisa de que nos ubicamos en un lugar pintoresco. «Laguna termal más grande de Europa», reza una pancarta gigante justo antes de encontrar una pasarela sobre la carretera donde se puede leer «Termas Pallarés». Un edificio de arquitectura del S.XIX da la bienvenida al turista y casi transporta mentalmente a aquella época. Justo después nos aparece una orografía que parece fuera de lugar, como desubicada, apuntando verticalmente hacia el cielo. El río Jalón y los túneles para el paso del ferrocarril. La antigua carretera nacional. Era evidente que este pueblo resultó en su momento un lugar estratégico de paso. Antes de llegar a nuestros apartamentos rurales El Rapallo, nos llamó la atención el bullicio de la gente en las terrazas de la localidad, dando un ambiente inusual en un pueblo que, aún sin bajarnos del coche, nos acababa de enamorar. Y el apartamento; muy recomendable con un guiño al aficionado ciclista. La Vuelta, El Giro y El Tour eran los nombres en los que se dividían las estancias. Fotos en el recibidor de un ciclista profesional que me quería venir su nombre a la cabeza. Resultó ser Ángel Vicioso, que junto a su mujer, invirtieron en el turismo rural de su tierra natal bautizando al negocio con el mismo nombre que la localidad donde consiguió su  «única» victoria en las tres grandes vueltas. Resuelto el enigma, y ubicados todos en este cómodo y coqueto lugar, nos dispusimos a estirar las piernas por el acogedor pueblo. Entre la trenza que forma el cauce del río, la vía de tren y la antigua nacional se abren paso las calles del pueblo. Su torreón del s.XV se alza vigilante entre los tejados de las casas. Un breve paseo por las afueras nos permite llegar hasta las puertas del lago termal. Allí los hospedados en los hoteles pasean en albornoz blanco entre los jardines… A la vuelta, parada en una de las terrazas de cualquier bar del centro, frente a su iglesia. Charanga que anima aún más el ambiente. Alguna foto. En cuanto cae el sol, directos a la acogedora casa rural. De camino a ella, un panel informativo bajo el paso de la carretera nacional informa sobre rutas senderistas en torno a la población. Interesantes. Pero que no pudimos llevar a cabo. Cena tranquila y a descansar. Día 2. Zaragoza. Entre Alhama y Zaragoza hay unos 100km por la A-2 que se recorren en una hora. Visitar Zaragoza con niños es muy sencillo, ya que todo lo turísticamente importante gira en torno a la Plaza del Pilar. Perfecto para un cómodo paseo. Los coches los dejamos en el Parking Indigo del Ayuntamiento que tiene su salida peatonal por la misma plaza. Allí nos encontramos con una competición de pruebas de atletismo en la misma calle. La previsiones de lluvia no se harían efectivas hasta por la tarde, por lo que aprovechamos la mañana a pasear y conocer los lugares previstos. Comenzamos por la Basílica del Pilar, de acceso libre y gratuito. Mediante un breve paseo por una de sus galerías, la patrona de la hispanidad guarda entre sus muros la pequeña talla. Custodiado por enormes banderas de todos los países que alguna vez tuvieron relación histórica con España. Es posible la opción de subir hasta lo alto de una de sus torres (la ubicada al noroeste) por un módico precio de 3€. Las vistas desde arriba deben ser impresionantes, pero no lo vimos factible con los dos pequeñajos de la casa. También podemos acceder al Museo Pilarista, pagando una pequeña entrada. En la propia plaza, desplazándonos hacia el oeste podemos encontrar la Bola del Mundo, la Fuente de la Hispanidad, y la Iglesia de San Juan Bautista. Cierra el perímetro peatonal uno de los pocos vestigios que restan de la antigua cuidad romana de Caesar Augusta, su muralla romana. Nos dirigimos hacia el cauce del río más caudalosos de España. El Ebro baña por su orilla derecha la imponente basílica. Cruzamos la gran masa de agua por el Puente de Piedra hacia el mirador de San Lázaro. Desde allí se realiza la «foto postal» de la ciudad. Preciosa perspectiva. Para volver, podemos hacerlo por el moderno puente de El Pilar, o desandar nuestros propios pasos, como así hicimos para regresar al entorno de la plaza. Ahora por el extremo este cierra su perímetro la Catedral del Salvador, levantada sobre los restos del antiguo Foro Romano. Muy próximos se encuentran el edificio de La Lonja y el Ayuntamiento. El primero, de acceso gratuito, bien merece un paseo por su interior para disfrutar de su bella arquitectura renacentista. Ahora hace las veces de sala de exposiciones. El segundo, con cierto aire mudéjar, no es visitable, pero ya que está ahí… Salimos del entorno de la Plaza del Pilar por la avenida Don Jaime I hacia la Plaza de España. Pero poco antes de llegar a ella, nos desviamos hacia la derecha por la calle Estébanes. Estamos llegando a la zona de El Tubo. Lugar de calles estrechas con decenas de cervecerías y restaurantes donde hacer un alto en la jornada. Pasea y déjate llevar por esta laberíntica zona de Zaragoza con muy buen ambiente. Nosotros hicimos dos paradas. Una primera en El Champi, para tomar su mítica tapa de champiñones. Paralelismo perfecto con la calle Laurel de Logroño. La segunda parada, en El Truco. Aquí unas cuantas raciones nos detuvo para disfrutar del ambiente y el tránsito de personas mientras dábamos buena cuenta de la comida sobre la estrecha y alta mesa pegada a la pared de este angosto, pero cómodo, lugar. La plaza del Sas desahoga la zona e invita a tomar un dulce como postre en cualquiera de sus terrazas, estas ya con mesa baja. Un paseo por la comercial calle de Alfonso I nos permite bajar la comida y volver de regreso a la plaza del Pilar con bonitas vistas y perspectiva de la Basílica. Pero quedaba por tomar el café. Para ello nos adentramos en el Pasaje del Ciclón, a la derecha de la calle justo antes de desembocar en la plaza. Las previsiones de lluvia comenzaban a confirmarse, por lo que nos sentamos en una terraza dentro de esta bella galería de estilo industrial para resguardarnos del agua. En el interior hay varias opciones de cafés. Recomendación de visita al Café Botánico. La jornada quedó aquí. Pendiente de visitar los museos romanos de Cesaraugusta. Un paseo por el casco que conecta el Teatro, las Termas, el Foro y el Puerto Fluvial. Existe una entrada conjunta para la visita de los cuatro espacios romanos por 7€. Perfecto para completar la jornada. El palacio de Aljafería era otro de los puntos a visitar muy recomendables. Pero este se ubica algo más alejado del centro urbano. Una gran obra de la época musulmana que completa el podio junto con la Alhambra de Granada y la Mezquita-Catedral de Córdoba. Es una visita muy interesante por su belleza interior. Alberga las Cortes de Aragón, y es visitable por el precio de 5€. Así pues, tanto la temática romana como la musulmana, quedaron pendientes para una segunda visita. De regreso a Alhama, pasamos la tarde-noche celebrando Halloween con los dos pequeños de la casa. Aún quedaba un día por disfrutar. Día 3. Monasterio de Piedra. El día de regreso nos levantamos pronto para desayunar tranquilamente, recoger la casa y cargar los coches al ritmo que dos bebés nos lo permitían. El objetivo era visitar el Monasterio de Piedra, ubicado en la población de Nuévalos, a tan solo 14 km de Alhama. En 20 minutos de desplazamiento pasamos de una zona de páramo al entorno del embalse de la Tranquera. Las rectas del asfalto se transformaron en curvas que bordeaban el pantano ayudado de algunos túneles y puentes. Era una pequeña tarjeta de presentación de lo que nos íbamos a encontrar poco más a delante culpa del río Piedra. Para acceder al Monasterio de Piedra se debe comprar entradas anticipadas vía on-line por el precio de 15€ por persona. Un precio que parece caro, pero que merece la pena. Bien saben ellos la joya que tienen. Un impresionante vergel que, a pesar de la explotación turística, merece muchísimo la pena. Más aún si la visita es en época otoñal y tras varios días de lluvias previos. Aparcados los coches en las explanadas preparadas para ello (también hay anexo una zona exclusiva para autocaravanas), entramos en el recinto. A la derecha queda el monasterio cisterciense donde la entrada también va incluida en el precio, pero lo dejamos para después. Entrada por los tornos y primera experiencia turística que «rechina», fotos todos juntos, por parejas, con los peques… «A la salida pueden ver sus fotos y si les gusta, adquirirlas por un módico precio». Plano digital en el móvil para seguir la ruta de unos 4-5 km y no perdernos ninguno de los rincones de este espectacular lugar. Siguiendo las flechas azules, no habrá perdida en el camino. Las rojas, solo en caso de emergencia para buscar la salida. Un segundo momento turístico… La foto con la mascota del parque. Un búho real… Mismas palabras que minutos atrás. Desde la amabilidad y la simpatía… Pero el inicio estaba resultando un poco espeso. Descendemos hasta el Vergel de Juan Federico Muntadas, precioso en esta época del año. Hojas en el suelo, hojas en las copas de los árboles, hojas en transito entre ambos lugares cual lluvia de colores… Ahora sí, comenzaba el agradable paseo entre la exuberante naturaleza. El Baño de Diana borraba ipso facto el amarguillo sabor turístico de la entrada. El río Piedra se presentaba con un órdago a la belleza. La base de una bonita cascada que mana agua por allá donde dirijas la mirada. A la izquierda el tímido Lago de los Patos y siguiendo el trayecto, la Cascada Trinidad, que no es otra cosa que un escape de agua de lo que veremos a continuación. Un pequeño tránsito por una serie de grutas nos deja en la base de la Cascada La Caprichosa. Como una cortina homogénea, derrama un constante y abundante caudal sobre el Baño de Diana que vimos previamente. No llevábamos ni 15 minutos en el parque y todo lo que habíamos visto ya merecía la pena… No sabíamos todo lo que aún nos esperaba por disfrutar. Tocaba ascender la caída de agua hasta la zona de Los Vadillos y el Parque de La Pradilla. Un remanso de aguas tranquilas que esperan su turno para caer por la impresionante Caprichosa. Un puente nos permite el vadeo al lado opuesto de la corriente de agua. El bosque selecciona los rayos de sol que calientan de forma irregular con el permisos de las sombras. Posiblemente estábamos en el lugar más alto...

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Benidorm, con niños. https://moreocio.com/benidorm-con-ninos/ https://moreocio.com/benidorm-con-ninos/#respond Thu, 18 Nov 2021 14:00:34 +0000 https://moreocio.com/?p=4271 Seguimos con nuestras escapadas. En este viaje veraniego, India tan solo contaba con cuatro meses (casi cinco) y el Covid parecía remitir gracias a la vacunación masiva. Estas dos razones, junto a otras personales, nos situaron en este punto del levante español. Queremos acostumbrar a la niña a no ser sedentaria, no obstante, es ella la que siempre nos va a marcar el ritmo. Por esta razón establecimos nuestro cuartel general en La Cala de Finestrat; más concretamente en los apartamentos Bellber, en el Tossal de la Cala. Es Benidorm, pero no es Benidorm. Situado en el extremo de la playa de Poniente, pero perteneciente al municipio de Finestrat. Una zona «tranquila», si es que en este verano del 2021 ha existido algún lugar tranquilo en el litoral peninsular. La pandemia ha potenciado el turismo nacional, por razones obvias. Día 1. Acomodación. Antes del nacimiento de India, nuestro primer día en destino siempre lo aprovechábamos para visitar todo lo que nos diese tiempo. Pero desde que está con nosotros, todo hay que tomarlo con más calma. Por tanto, esta primera jornada lo dedicamos al viaje (ahora con más paradas, y más largas), acomodación, pequeña compra… y si sobra tiempo, planificación de algo improvisado. Y así fue como actuamos. En este caso, tuvimos tiempo para improvisar un pequeño plan que consistía en un tranquilo paseo por el extremo de la playa de Poniente hasta llegar al Gastrobar Aruba. Allí cenamos, y poco más pudimos hacer. Suficiente con un bebé. Día 2. Cala de Finestrat y Tossal de la Cala. Semanas previas había reservado una bici de carretera para tres días en CronoBike Benidorm. Por tanto, tras el desayuno, Afri e India me llevaron con el coche hasta la tienda, ubicada en el extremo opuesto de Benidorm. Ellas volverían al apartamento en coche y yo lo haría en bici, previo ascenso a la Cruz de Benidorm y el Tossal de la Cala. Dos pequeños promontorios que flanquean ambas playas, tanto en levante como en poniente. Entre medias, un tranquilo paseo por los carriles bici de ambos paseos marítimos, Levante y Poniente. Tras la comida en el apartamento, inauguramos la piscina del complejo durante la tarde. Después de la cena, nos propusimos ascender hasta lo más alto del Tossal de la Cala. Desde allí se observan unas vistas muy bonitas de toda la playa de Poniente de Benidorm. Un lugar estratégico donde se ubica la ermita de la Virgen del Mar. Poco más arriba existen también unos yacimientos romanos hallados en los años 40 y que datan del s. II a.C. A ellos es posible acceder de manera gratuita pero dentro de unos horarios establecidos. Tras la puesta de sol, descendimos hasta la cala de Finestrat donde dimos buena cuenta a unos helados en La Flor de la Cala y aprovechamos a dar un breve paseo por su mercadillo nocturno. Día 3. Puerto de Tudons y visita a Altea. Puerto de Tudons Por la mañana, mientras las chicas descansaban en el apartamento, y con un buen madrugón con el objetivo de volver lo antes posible; decidí subir el puerto de Tudons con la bici de alquiler. Unos 15 primeros kms de aproximación por Finestrat hasta el cruce de Ortxeta, dieron paso al ascenso desde Sella por un paraje muy bonito y tranquilo (tal vez por las horas tan tempranas). Con 31 km (tras los 16 de ascenso) coroné y volví intentando repetir el trazado de subida lo menos posible. Por esa razón descendí por la carretera que da acceso al Safari de Aitana y posteriormente desviarme hacia Relleu y Ortxeta. La llegada, tranquila por la nacional desde Villajoyosa  hizo un total de 77 km unos 1000 m de desnivel, en unas tres horas y media. Altea La tarde fue planificada para que Kenya también disfrutase de sus vacaciones. Es por ello que nos desplazamos hasta la playa canina de Altea, junto a la urbanización Villa Gadea. Allí mismo hay un chiringuito donde podría ser buena opción reservar mesa en vistas a cenar antes de volver a coger el coche. Pero nuestra opción pasaba por visitar la pintoresca localidad de Altea; en contraposición de las recomendaciones de no hacerlo con un coche de bebé. En la playa canina estuvimos durante la tarde. Como la mayoría de este tipo de playas, tiene muchas piedras; que por un lado se agradece a la hora de subir a nuestra mascota al coche, pero por otra parte, nos obliga a llevar un calzado cómodo para poder desplazarnos por ella. Existe también un islote muy cerca de la línea costera que mucha gente aprovecha para visitarla a nado. Tras el disfrute de ver a Kenya jugando con el agua, tomamos el coche para visitar Altea. Ojo, es cierto que no es recomendable la visita con un coche de bebé debido a sus cuestas y empedrado. Aparcamos en la explanada gratuita prevista por el ayuntamiento y nos atrevimos a ascender hasta el casco antiguo… Subir por sus calles nos puso en alerta. Y una vez arriba, el empedrado y las constantes escaleras usadas para salvar desniveles nos dejaron en evidencia. Confirmado, es posible visitar Altea con un bebé, pero siempre y cuando se use el porteo. A penas tuvimos tiempo para ver un par de bonitas calles entorno al mirador del Portal Viejo. Sus restaurantes con numerosas terrazas invitaban a sentarse en alguna de sus mesas. Muchas de ellas ocupadas o reservadas. La decisión fue la de descender hasta el paseo marítimo, no sin alguna complicación a salvar con el carro del bebé por los pronunciados desniveles. Una vez allí, un tranquilo paseo ya con la noche sobre nosotros y una cena en cualquiera de sus terrazas. Día 4. Torre de Aguiló y Villajoyosa. El día se despertó con amenaza de lluvia. Nos atrevimos a bajar para desayunar en el Alameda Beach una sabrosa tostada de salmón con vistas a la playa mientras los nubarrones se aproximaban por el horizonte. Aprovechando la poca densidad de bañistas debido al escaso sol, nos dirigimos a la playa para instalarnos y saborear una plácida temperatura sobre la arena. Una hora más tarde la lluvia cumplió su amenaza- Recogimos los bártulos para preparar la comida en el apartamento. Durante la sobremesa, observaba la torre de Aguiló que asomaba orgullosa su silueta a lo alto del promontorio opuesto a la cala donde se ubicaba nuestro apartamento. Torre de Aguiló Mientras las chicas descansaban, decidí aventurarme a ascender hasta dicho punto, previas consultas a «San Google». Desde wikiloc, descargué una ruta al GPS de unos 5km para conocer la torre y de paso el Racó de Conill. Una ruta senderista que parte desde la cala de Finestrat, se adentra por un pinar para ir cogiendo altura hacia Villajoyosa y salir a la escondida carretera que da acceso al Racó de Conill. Desde ahí un descenso hasta la misma cala donde mojar los pies y comenzar una dura, pero bonita, subida hasta la torre por una empinada arista. A la derecha el mar, a la izquierda el pinar, detrás la costa de Villajoyosa y al frente estaba por aparecer la torre vigía. Impresionantes vistas desde el punto en destino. Lugar decidido por Felipe II para defender la línea costera de los acosas piratas. Casi 30 km al norte y otros tantos al sur es posible divisar con un simple vistazo. Desde el Peñón de Ifach, en Calpe, al norte; hasta el Cabo de la Horta, en Alicante, al sur. Solo quedaba descender con mucho cuidado por la pronunciada pendiente, pegado al acantilado para disfrutar de las vistas de esta pequeña cala de Finsetrat, con una perspectiva diferente. Villajoyosa Por la tarde-noche tocaba desplazarse hasta Villajoyosa para ver a parte de la familia. En esta vecina localidad existen varios puntos turísticos de interés. Los más golosos cuentan con la presencia de la fábrica de chocolates Valor. Pero nuestro objetivo era una simple y tranquila visita por el paseo marítimo para disfrutar de los más peques de la casa. Aparcamos el coche en una explanada al sur del paseo, justo a la altura de la desembocadura del río Amadoiro. Comenzamos nuestra visita por el paseo marítimo donde nos llamó la atención el colorido de las fachadas que lo presiden. Una cerveza en cualquiera de sus terrazas y vuelta para intentar cenar… pero no hubo oportunidad para ello. No obstante, disfrutamos cantidad viendo a los primos juntos por primera vez tan lejos de sus casas. Día 5. Coll de Rates y Rincón de Loix. Coll de Rates La mañana se presentaba activa por la visita al Coll de Rates con la bici desde la Cala. Kike, que pasa sus veranos en Alicante, se desplazó en coche hasta aquí para compartir la jornada ciclista. A las 8:30 dimos el pistoletazo de salida. Rodamos por la playa de Poniente para salir, en ligero ascenso, por las transitadas carreteras hasta La Nucía y Polop. Desde aquí tomamos dirección hacia Callosa d´en Sarria, donde se encuentras las famosas Fonts del Algar. Es a partir de este lugar donde el tráfico desaparece y comienza el verdadero ascenso. Estamos en Bolulla. 7 km preciosos hasta Tárbena. Lugar estratégico donde la carretera ofrece otra alternativa hacia el col de Bixauca, que obviamos para centrarnos en el Coll de Rates. Un tramo este final, con dos descansos y otros dos ascensos. Siempre con la Sierra de Ferrer presente. Un bonito, tranquilo y escondido valle que merece la pena visitar. Una vez conseguido el objetivo, con casi 40 km en nuestras piernas. Tocaba descender por el mismo trazado hasta el punto inicial. 76 km y 1900 m de desnivel bien merecían unas cervecitas y un baño directo en la playa. Afri e India bajaron del apartamento para unirse a nosotros. Kike marchó y nos quedamos en familia. Comimos en la Tapería Ayala, aunque también pudimos haberlo hecho en el Restaurante Peter. Ambos de buena recomendación. Tras la tarde tranquila en la playa de la cala de Finestrat decidimos que, ya que habíamos visitado el Tossal de la Cala días previos, podríamos conocer el otro punto geográfico que flanqueaba ambas playas de Benidorm. Rincón de Loix Así pues, hasta el Rincón de Loix nos desplazamos con el coche con la idea de hacer la breve ruta de punta Cavall. Ésta transita por una zona asfaltada sin urbanizar que nos lleva hasta un bonito mirador sin necesidad de realizar mucho desnivel. Perfecta para hacerla con niños, e incluso con carro. Pero era tal la conglomeración de coches aparcados en el inicio de ruta y sus alrededores, que cambiamos de opinión. La alternativa fue ascender hasta lo alto de la Cruz de Benidorm. Las vistas desde arriba son mucho mejores que las que habíamos planificado con la primera opción. Aunque sí es cierto que hay que salvar un desnivel mucho más importante. Nosotros lo realizamos en coche, haciendo caso omiso a los carteles que prohibían el paso a vehículos motorizados. Tras las pertinentes fotos coincidiendo con el ocaso, hicimos un breve ascenso a lo alto de la cruz por un corto sendero de firme irregular. Tocaba coger el coche y descender hasta la playa. Un largo paseo al borde de la playa de levante, desde el rincón de Loix hasta el pueblo. Recordando las vacaciones que uno y otro verano repetía con mis padres. Observando los lugares; unos seguían igual, otros completamente cambiados después de más de 20 años sin haber estado por allí. La vuelta hasta el coche, desde la plaza Triangular, lo hicimos por la avenida del Mediterráneo, la segunda línea de playa… Mucho más tranquila. Día 6. Descanso. Este fue un día de transición y relax total. Afri se levantó animada y decidió pasear hasta lo alto de la torre Aguiló.  Mientras, India y yo intentábamos buscarla en la lejanía desde la cristalera que cubría el balcón donde desayunábamos. A la vuelta de su ruta, tocaba llevar la bici de alquiler de vuelta a la tienda. Afri fue a recogerme. Decidimos pasar el día en la playa. Cenar en...

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Castañar de Casillas, con niños. https://moreocio.com/castanar-de-casillas/ https://moreocio.com/castanar-de-casillas/#respond Fri, 15 Oct 2021 13:00:25 +0000 https://moreocio.com/?p=4297 Hoy os proponemos una bonita ruta de montaña, perfecta para realizar con niños. Está basada sobre la oficial que propone el Ayuntamiento de Casillas, recortando un par de kilómetros el sendero local número 3, por el hecho del porteo de la pequeña India. Es una perfecta alternativa para evitar la aglomeración del archiconocido castañar de El Tiemblo, localidad vecina ubicada en la ladera opuesta de la montaña. La pequeña diferencia entre ambas es que en Casillas los castaños se ubican principalmente en dentro de explotaciones privadas. Y en su vecina de la vertiente norte, el bosque se halla dentro de un espacio natural protegido. De cualquier manera, la presencia de estos árboles con sus bonitas tonalidades otoñales, siempre son un lujo para nuestra vista en esta época de finales de octubre. Atención Un dato a tener en cuenta es que, al ser explotaciones privadas, todo fruto que se encuentre en camino público, pero que proceda de un árbol ubicada en una finca privada, pertenece al dueño del árbol. Así pues, por favor, si queremos seguir disfrutando libremente y sin pagar tasas por acceder (como se viene haciendo los últimos años en el término de El Tiemblo), respetemos la propiedad privada y disfrutemos de este precioso paseo al cobijo de la sombra y paisajes que nos brindan. Sin necesidad de hurtar el trabajo ajeno. Ruta La salida oficial del sendero se realiza desde el pueblo, pero con vistas a evitar aglomeraciones de coches en este laberíntico y pequeño núcleo urbano, decidimos iniciar la ruta desde una pequeña explanada que existe en la carretera de acceso a la localidad. Al ser circular, podemos iniciar la marcha en el sentido que queramos. Recordemos que es una ruta de montaña y como tal debemos salvar siempre algún desnivel. Nuestra decisión fue realizar el tramo inicial en ascenso, de cara a tener una segunda parte más relajada. Para ello tomamos el sentido horario. Evitaremos un corto tramo por asfalto tomando una escondida senda que une la explanada donde hemos dejado el coche con el trazado original de la ruta. Una vez en ruta, se inicia un pronunciado descenso por un frondoso pinar en busca del vadeo del arroyo del Pajarero. Una vez cruzado, se inicia la exigente subida hasta el pueblo. El ascenso es duro, pero corto. Ya en el núcleo urbano es cierto que el piso mejora y el desnivel da algo de tregua, pero se mantiene el ascenso. Saliendo del pueblo, y aún por asfalto, comenzaremos ya a disfrutar de castaños centenarios. De su color, de su sombra, de su belleza. El camino se bifurca a la derecha y comenzará un paseo muy liviano y cómodo por el corazón del castañar. Es aquí donde hacemos la parada técnica para que India, que marcha en el porteo disfrutando como la que más, reciba su comida. Lugar idílico donde parar para disfrutar de la naturaleza. Unas lanchas de granito plagadas de musgo hacen de poyete para la ocasión. Tras reanudar la marcha, debemos estar atentos a un camino que sale a la derecha en busca de la pequeña vaguada que forma el arroyo Pajarero. Tras vadearlo, el sendero parece difuminarse entre helechos, pero solo debemos salvar el pequeño desnivel para acceder a una ancha pista. Girando hacia la derecha, el camino nos llevará en suave descenso al punto inicial. Este último y cómodo tramo, discurre por un bosque mixto de castaños, robles y pinos. Nos toparemos con la carretera donde hemos dejado el coche, a la izquierda de nuestra marcha. Será el momento de buscar un lugar para comer. Este sitio puede ser una opción. Aunque otra más atractiva está a tan solo 10 minutos en coche, al otro lado del pueblo. En las Eras del Prado marcado con un «waypoint» en la ruta adjunta. Lo dicho, una bonita alternativa al Castañar de El Tiemblo con un poquito de «picante» en su inicio, pero una segunda parte muy tranquila y «disfrutona». Nos ha llevado un par de horas (con paradas y picnic incluido) para hacer 5km y casi 200 metros de desnivel.  

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