islas - MOREOCIO https://moreocio.com Viaja no para escapar de la vida si no para que la vida no se te escape Fri, 17 Feb 2023 17:02:50 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.0 https://moreocio.com/wp-content/uploads/2018/09/cropped-logo-moreocio-1-32x32.jpg islas - MOREOCIO https://moreocio.com 32 32 Cantabria con bebés; alrededores de Santander. https://moreocio.com/cantabria-en-5-dias-con-bebes/ https://moreocio.com/cantabria-en-5-dias-con-bebes/#respond Thu, 30 Sep 2021 13:00:35 +0000 https://moreocio.com/?p=4256 Cantabria con bebés, nueva etapa en el blog, primera entrada escrita tras el nacimiento de nuestra pequeña India. Justo seis meses después de que la vida nos diese este bonito regalo. Ahora ella marcas los tiempos, pero nosotros seguimos manteniendo las costumbres. Un claro mensaje queremos dejar plasmado en esta, y sucesivas, entradas del blog. Seguiremos viajando, documentando y compartiendo nuestras experiencias; pero de forma sintetizada. Más simple, más práctico: fotos, ubicaciones y breves tips que os sirvan como inspiración para crear vuestro propio viaje. Os contamos nuestra experiencia por los alrededores de Santander durante una semana. Día 1. El Astillero. En un verano en el que los españoles hemos decidido hacer turismo nacional, hallar precios económicos en la costa ha resultado complicado. Nosotros encontramos un ático en El Astillero, mediante Air B&B, casi a estrenar por un módico precio. Jornada usada para el viaje, acomodación, pequeña compra… Y breve paseo por la plaza de los 3 titanes hasta la ría de San Salvador para volver por el centro junto a la plaza del Mercado, donde se congregan los bares y restaurantes de la localidad. Dos kilómetros de ruta que nos dejaron un buen sabor de boca con el verde paseo hasta la ría y la urbanita zona a la vuelta. Suficiente para ubicarnos en la localidad. Día 2. Santander. Centro. Dejamos el coche en el parking Castellar para conocer el centro de la ciudad. Visitamos el Puerto Chico, las esculturas de Los Raqueros y el paseo marítimo, hasta llegar a la Grúa de Piedra y el Centro Botín. Tras la experiencia de subir en el ascensor de este edificio hasta su nivel más alto para disfrutar de las vistas, nos introdujimos hacia el centro de la ciudad por los Jardines de Pereda y la Catedral de Santander hacia la plaza del Ayuntamiento. Detrás de esta plaza se encuentra el Mercado de la Esperanza, en el que nos adentramos para disfrutar del ambiente comercial tradicional. Cambiamos el rumbo en busca de la plaza porticada de Velarde y la iglesia del Sagrado Corazón, la cual nos había llamado la atención su aguja desde el mirador del Centro Botín. Una breve parada en un banco urbano fue suficiente para comer, beber y descansar. Retomamos el paseo por la calle Hernán Cortés hacia por otro Mercado, este ahora restaurado con locales actuales, para llegar hasta la plaza Pombo. En los alrededores de la plaza Matías Montero tomamos un helado y café, antes de tomar el coche para cambiar de ubicación. La Magdalena. Nos desplazamos en coche hasta el parking de la playa de los Camellos. Desde allí daremos un bonito paseo rodeando el perímetro de la península de la Magdalena en sentido antihorario. Ya de entrada la playa de los Camellos bien merece una parada para divisar la estatua del Niño Pez, pero nosotros nos dirigimos directos al interior. Allí observamos el escenario del festival Magdalena Deluxe, a la vez que pasábamos por delante del monumento a Félix Rodríguez de la Fuente. La playa de los bikinis con su espigón lleno de jóvenes y el Embarcadero Real. Un poco escondido el Faro de la Cerda, con algunos bancos que invitan al descanso. Al otro lado asoma siempre el puntal de Somo. Llegaremos al punto clave de este lugar real, cuando divisemos el Palacio Real de la Magdalena, en el punto más alto de esta minipenínsula. Comenzaremos la vuelta, y el descenso, con vistas hacia las playas del Sardinero; y algo más al fondo el Cabo Menor. Aquí sí daremos uso a uno de sus bancos para descansar y disfrutar de las vistas y la temperatura. Antes de salir, pasaremos  por el Museo del Hombre y el Mar y el Parque Marino de la Magdalena. Allí podremos disfrutar de las recreaciones de unos buques, primero; y de algunas especies animales, después. Gratuitas y al aire libre. Cabo Mayor Desde el banco que disfrutamos en la Magdalena, divisamos al fondo el Cabo Menor. Un poco más allá se halla el faro del Cabo Mayor. Hasta allí nos desplazamos en coche, tras cruzar las playas del Sardinero, para dejarlo en el parking del Cabo Mayor. Un lugar de recreo donde hay unas tirolinas para disfrutar de la aventura con niños, campings, restaurantes y un café-bar junto al mismo faro. Un paseo de un par de kilómetros, ahora con porteo de India, fue suficiente para darle ese punto de naturaleza que tanto nos gusta. El faro, el mirador; los acantilados. Cala Angosta. Pico el Gallo y el Burro. Para volver por la bonita ensenada de Mataleñas. Mar, prados, acantilados… Corto, pero intenso. Perfecto para terminar un día muy completo por la capital cántabra. Día 3. Playa de Liencres y bosque de Secuoyas. Playa de Liencres. Si ayer dedicamos la jornada a un entorno urbano, hoy toca visitar lugares alejados de ellos. Por la mañana playa y por la tarde montaña. Nos desplazamos hasta el Parque Natural de las Dunas de Liencres para dejar el coche en alguno de sus amplios aparcamientos. Ya el acceso a ellos, por un denso pinar, bien merece la visita. En condiciones normales podíamos haber realizado el sendero de la Costa Quebrada, pero lo dejamos en tareas pendientes para cuando India sea un poco mayor. En esta ocasión, disfrutaríamos de una tranquila y agradable mañana nublada en la playa. Pero como nuestra inquietud siempre nos puede, aprovechamos la bajamar para pasear a lo largo de toda la playa de Valdearenas hasta la punta Rosco, donde la ría de Mogro da acceso al mar. Una hora y media de paseo para realizar unos 4 km con la peque en brazos… Cuando estás a gusto, el tiempo pasa volando. Tras el descanso en la tumbona y el cortavientos, la partida de cartas y el picnic; recogimos los bártulos, cotilleamos la vecina playa de Canallave desde lo alto. Tomamos rumbo a Cabezón de la Sal, no sin antes hacer una breve parada en el mirador Abra del Pas, en la misma carretera, para disfrutar de las vistas de a ría de Mogro. Bosque de Secuoyas. A la altura del km2 de la carretera CA-135 que une Cabezón de la Sal con Comillas existe un parking adecentado para dejar el coche. Desde este punto hasta el Monumento Natural de las Secuoyas del Monte Cabezón, debemos desplazarnos por un carril habilitado para peatones paralelo a la propia carretera. Una pasarela adecentada para personas de movilidad reducida nos adentra en el corazón de este peculiar bosque. Existen varias rutas, pero solo una recorre íntegro el bosque con esta especie arbórea tan característica. Primero en descenso y luego en ascenso. Es un paseo corto de tan solo un par de kilómetros (incluyendo el carril de peatones). Nosotros lo hicimos porteando a India y disfrutamos de una bonita experiencia. Recomendable. Día 4. Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Si el primer día fue urbano y el segundo natural, el tercero sería un mezcla de ambas. El Parque de la Naturaleza de Cabárceno bien merece una jornada completa para disfrutarlo. No es un safari, como nosotros pensábamos. Es un zoo gigante en el que los animales se encuentran en una «libertad condicionada» y para ir de una zona a otra, necesitas desplazarte en coche o en teleférico. Normalmente los parking adecentados en el interior del recinto permiten la visita andando a dos o tres zonas de animales. Al principio puede parecer un auténtico laberinto, pero con un poco de orientación podemos sacar un recorrido eficiente de manera circular de unos 15 km donde podemos ver todas las especies sin repetir paso por ninguno de ellos. Algunos pasos están restringidos a autocaravanas debido a la pendiente y las curvas existentes. Se puede comer dentro de los lugares habilitados y también se puede visitar en bicicleta. El precio es de 39 € por persona (en verano del 2021), con pase gratuito para las dos líneas de teleférico. Teleférico que usamos para sobrepasar la zona de osos y experimentar las sensaciones de India en este medio, que fueron buenísimas. Nos lo aconsejaron, y lo confirmamos. Merece la pena la visita para niños de a partir de unos 7-8 años. Día 5. Traslado a Somo. Día de traslado. Tranquilamente recogimos las maletas, las echamos al coche y a las 12:00 dejamos el apartamento. Hasta las 16:00 no podíamos hacer el check-in en el Glamping Latas de Somo. Por lo que decidimos hacer una visita a Castro Urdiales. Podía haber sido cualquier otro lugar más cercano, pero había sido el lugar elegido para pasar las vacaciones este verano y por motivos de la vida no salió adelante. Así que, decidimos ir al menos a conocerlo aunque fuese por un par de horas. Aparcamos junto a la playa de Brazomar y dimos un tranquilo paseo por el puerto hasta el amplio parque de Amestoy. Desde allí se observan las siluetas del complejo arquitectónico del Castillo Medieval de Santa Ana, la iglesia de Sta María de la Asunción, el puente medieval y la ermita de Sta Ana. Una tranquila cerveza en la terraza de uno de los bares de esta amplia plaza y vuelta por el mismo paseo. Suficiente para conocer de una pincelada este bonito lugar. La comida en Somo. Check-in en el glamping  y a esperar la llegada de todos los amigos. Día 6. Puntal de Somo y Liérganes. Puntal de Somo. El acceso desde el camping hasta la playa de Somo es muy bonita y próxima. Hasta ella llegamos con el carro a modo de carretilla. Y por la bajamar paseamos hasta el centro urbano donde cogimos el barco Regina para cruzar la bahía de Santander y comer en la capital. A la vuelta, también en esta humilde embarcación, volvimos paseando por la playa hasta el acceso al barrio de Latas. Liérganes. Sin descanso alguno,  tomamos los coches y nos fuimos en busca del cercano pueblo de Liérganes. Pequeño, coqueto y entretenido. Merecida clasificación dentro de la lista de «Los pueblos más bonitos de España». Es interesante un paseo por sus calles para disfrutar de su arquitectura y la decoración de sus fachadas con bellas plantas y flores. Busca el puente sobre el rio Miera y la estatua del Niño Pez, es el lugar ideal para hacer una parada y disfrutar de este bonito rincón que escondido un poco más allá de sus calles. Una cena interesante en la terraza del bar De Leyenda di por finalizada la visita y la jornada. Día 7. Laberinto de Villapresente, Santillana de Mar y paseo por la costa. Laberinto de Villapresente. Curioso y peculiar rincón escondido en esta pequeña localidad. El laberinto más grande de España. En torno a una hora y cuarto para salir de aquel quebradero de cabeza. Risas aseguradas… y alguna frustración que otra. Pero si no quieres usar una de las cuatro puertas de emergencia o las indicaciones de dos de los operarios que se hallan en su interior, deberás esforzarte por marcar algunas referencias y orientarte con las pocas referencias de las que dispones con la torre y lo edificios de alrededor. Al final, puedes subir a lo alto de la torre para divisar desde esa magnifica posición lo intrincado del laberinto. Recomendable. Tras la experiencia, es aconsejable reponer fuerzas en el restaurante de la Posada Camino de Altamira, en el barrio de Herrán, camino a Santillana de Mar. Un paseo por este pequeño, bucólico y sobreexplotado pueblo es suficiente para bajar la copiosa comida. Acantilados de Galizano, Langre y Loredo. Para acabar la jornada decidimos hacer este bonito paseo por la costa cántabra. Desde el parking de la playa de Galizano hasta el mismo camping Latas en el que estábamos ubicados. Trazado que coincide con el Camino de Santiago del Norte. Unos 9 kilómetros que cubrimos en poco más de dos horas y media a un ritmo tranquilo. Disfrutando de las vistas que nos regalan estos bellos acantilados rodeados de campos de maíz. Hacerlo coincidir con el atardecer le dará un punto extra de belleza. La dureza y técnica necesaria es mínima. Tan solo...

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Madeira en 5 días https://moreocio.com/madeira-en-5-dias/ https://moreocio.com/madeira-en-5-dias/#respond Thu, 22 Oct 2020 13:00:35 +0000 https://moreocio.com/?p=4036 Viajar en tiempos de Covid… ¿Irresponsabilidad o adaptación a la nueva normalidad? Las circunstancias han querido que fuese en este momento. Debemos acostumbrarnos a nuevas rutinas en aeropuertos, visitas, restaurantes… Pero con responsabilidad, precaución, respeto y empatía es posible seguir viviendo. Miedo, no; respeto, sí. Madeira Madeira, con una población de 270.000 habitantes, está situada en el océano Atlántico, a menos de 600 km de la costa de Marruecos y a unos 400 km al norte de las islas Canarias. De origen volcánico (nos recuerda mucho a nuestra isla de La Palma), se compone de valles recónditos y sobrecogedores acantilados. Su clima oceánico subtropical, con inviernos suaves y veranos poco calurosos, permiten un bello contraste entre la parte norte húmeda y ventosa; con la sur, calurosa  y seca. Todo ello acumulado en tan solo 58 km de largo y 23 de ancho. Madeira significa «madera», y recibe este nombre por los 7 años que se mantuvo ardiendo la isla debido a su enorme masa forestal. Este hecho fue causado en 1420, dos años más tarde de su descubrimiento, por Joao Gonçalves Zarco, con el objetivo de preparar el terreno para nuevos asentamientos. De flora y fauna muy variada, dispone también de una artesanía de bordados, mimbre y azulejos muy interesante. Respecto a su gastronomía, es especialidad la espetada de carne, el pez espada de preto y el bolo de mel. No debemos dejar de tomar un vino de Madeira con denominación de origen y, para los más atrevidos con el alcohol, una poncha. La isla no dispone de playas naturales, pero sí de imponentes acantilados. Un paraíso para los excursionistas que pueden disfrutar de sus levadas, canalizaciones entre las escarpadas montañas que distribuyen el agua a toda la isla. Tiempos de Covid Como os comentábamos, el viaje se realizó a finales del agosto de este destartalado 2020. Una de las premisas para poder viajar a Madeira en ese momento era presentar un PCR negativo en el aeropuerto antes de las 72 horas de llegada. Y así hicimos. Teníamos la opción de hacer el PCR gratuita en destino, pero con el riesgo de ser positivo y la obligatoriedad de cuarentena. También era obligatorio registrarse en una aplicación donde te pedían una serie de datos sobre tu estancia. Día 1: Funchal. A las 11:30 estábamos en la puerta del Aeropuerto Cristiano Ronaldo de Madeira. En un primer vuelo tranquilo con escala en Lisboa (donde solo viajamos 25 pasajeros desde Madrid) y un segundo pasaje que se esperaba divertido en su aterrizaje. Aeropuerto de Madeira La aventura comenzaba antes de pisar tierra. La escarpada orografía de la isla obliga a su aeropuerto a tener una pista más corta de lo habitual. Algunos pilotos han llegado a confirmar que tienen la sensación de aterrizar en un portaaviones. En 1922 se realizó el primer vuelo, pero con los años los aviones comenzaron a aumentar su envergadura necesitando más longitud de pista. En 1958 un accidente provocó la suspensión del servicio. Por lo que durante años, el acceso aéreo solo era factible en hidroavión. En el 2000, una exitosa obra de ingeniería amplió la pista ganando terreno al mar, zanjando por completo esta historia. Una vez puesto pie en tierra. Una correcta coordinación para entrega de informes PCR y unas fotos junto al busto de Cristiano con mascarilla, fue suficiente para hacer tiempo de cara a la recogida del servicio de Surprice Car Rentals para acercarnos hasta sus oficinas. Coche de alquiler Para movernos por la isla es muy aconsejable alquilar un coche (ganarás tiempo a la vez que vivirás tu propia aventura). Y es más aconsejable aún, que no escatimes en la potencia del motor. Madeira ha hecho una inversión impresionante en su red de carreteras, dando acceso a lugares que hace años era imposible realizar en coche. Creando centenas de viaductos y túneles que permiten reducir exitosamente el tiempo entre ciudades. Pero, a pesar de ello, no estarás a salvo de evitar importantes porcentajes de desnivel en cualquiera de las calles, carreteras o autovías de toda la isla. De cualquier forma, si te gusta conducir y tienes paciencia, creemos que también es interesante experimentar estas carreteras de infarto, estrechas, empinadas y al borde de precipicios, para poder llegar a la Madeira más profunda y auténtica. Es parte del encanto de la isla. Con un humilde, pero coqueto, Fiat Panda de 70Cv iniciamos nuestra aventura por la isla. En el GPS del móvil la Rúa José da Silva, en el corazón de Funchal donde se ubica un amplio parking privado. Durante los 20 minutos de trayecto por la autovía tuvimos tiempo de hacernos a la idea de lo «divertido» que sería conducir por estas carreteras. Ojo a las incorporaciones a la autovía, ojo a las pendientes en la autovía… Estábamos conduciendo por la zona más poblada y con tráfico más denso. El acceso a la capital, tampoco fue aburrido. Paseo por Monte. Una vez aparcados, nos acercamos a uno de los seis teleféricos que hay repartidos por la isla. A tan solo 100m teníamos la entrada del Funchal-Monte. Con un precio de 11 € por persona, solo el viaje de ida, nos adentramos en el cubículo para disfrutar de un viaje de unos 10 minutos sobre la ciudad de Funchal. Mientras disfrutábamos de las bonitas vistas panorámicas de la capital con el mar de fondo y el monte a nuestras espaldas, nos llamó mucho la atención los tejados limpios y cuidados de todas las construcciones de la ciudad en particular, y de la isla en general. La población de Monte, a parte de las vistas sobre la capital, tiene varios atractivos turísticos. Uno de ellos, justo al lado de la cabina de teleféricos, es el Jardim Tropical Monte Palace, con 70.000 m cuadrados repletos de fuentes, estatuas y gran variedad de plantas. Otra opción es tomar un nuevo teleférico que desciende a media ladera hasta el interesante Jardim Botánico de Madeira. Para promocionar el turismo en estos momentos tan delicados, tuvimos que pagar solo el teleférico 10.20 ida y vuelta por persona, ya que la entrada al jardín nos resultó gratuita. En este lugar se concentran todas las especies de la isla. Todas con su nombre y ubicación. Se sitúa en terrazas, por lo que si entramos por el acceso del telecabina, en la parte superior, el paseo será liviano en descenso. Puedes hacer una parada en su cafetería, ubicada en la parte baja, y descansar con las preciosas vistas hacia Funchal antes de ascender al punto de salida. De nuevo en la población de Monte, nos desplazamos para visitar la iglesia de Nuestra Señora de Monte del s. XVIII donde se encuentra la imagen de madera de la patrona de la isla y la tumba del emperador austro-húngaro Carlos I. A los pies de la iglesia se encuentra el punto de inicio de los singulares Carros de cesto, una especie de trineo de mimbre y madera que conducen calle abajo dos guías ataviados con trajes típicos. A pesar de considerarlo una «turistada», el paseo no deja de ser divertido. Para los diez minutos que dura la actividad, deberemos pagar un precio de 20€ por persona y saber que termina en Livramento. Los dos kilómetros restantes hasta el centro de Funchal lo puedes hacer en taxi (están allí mismo esperando), bus o andando por la empinada calle de Camino de Monte. Paseo por Funchal Nosotros bajamos andando y tardamos unos 25 minutos hasta llegar a la Rua do Carmo y tomar un helado en la Gelateria Italiana da Lorenzo. A pesar de ser bajada, cansa un poquito por lo empinado del trayecto. La calle peatonal Fernao de Ornelas acapara nuestra atención y por ella disfrutamos de un paseo ya en plano. Al final de esta bulliciosa calle se encuentra el Mercado dos Lavradores, a las puertas de la Zona Velha de la ciudad. Construido en 1941, es un centro bullicioso donde agricultores y pescaderos venidos de todos los puntos de la isla, ofrecen sus productos. El resultado es un colorido, ajetreado y diverso lugar donde merece la pena mezclarse con los lugareños que van a hacer sus compras diarias. Estaba prevista la visita al corazón de la ciudad. Pero el cansancio del viaje apareció. Por lo que decidimos hacer una pequeña compra y marchar a nuestro apartamento. Aún no habíamos realizado el check-in.  Los Apartamentos do Mar, en la cercana y residencial Sao Martinho nos esperaban para descansar. Día 2: Levada do Caldeirao Verde. El segundo día lo teníamos reservado para realizar una de los cientos de levadas que se reparten por toda la isla. Existe gran variedad de ellas según longitud, desnivel y paisajes según su ubicación. Nosotros decidimos hacer la del Caldeirao Verde que, según las recomendaciones, es una de las más bonitas de la isla. Su inicio está próximo a la localidad de Santana, y dentro del Parque Forestal das Queimadas, al norte de la isla. Personalmente, nos gusta madrugar para llegar al destino pronto y evitar aglomeraciones. No obstante la situación excepcional del Covid nos estaba permitiendo disfruta de la isla sin grandes cantidades de gente. Sobre las nueve de la mañana estábamos en el punto de partida, no sin antes haber disfrutado de las excepcionales conexiones de la isla, para posteriormente sufrir las duras pendientes de la carretera de acceso al Parque Forestal. Calzado cómodo, agua, algo de comida, luz frontal y, chubasquero por si acaso, es lo necesario para afrontar esta ruta. En la zona de recepción de visitantes se encuentran una casas de construcción típica de la zona. En ese momento con cafetería y caseta de información cerradas. Levada do Caldeirao Verde. La humedad era evidente. Estábamos a la misma altura que las nubes. Iniciamos la ruta solos en el monte por un tramo ancho que poco a poco comienza a estrecharse. El canal de agua que nos guiará durante los 7 km siguientes, se hace presente a nuestra izquierda. Un túnel vegetal cubre nuestras vistas que, ayudado por las nubes, nos impiden disfrutar del paisaje. Pero no lo echamos en falta. El camino en sí es espectacular. El aire se siente puro. La humedad y densidad de vegetación nos recuerda a los bosques de laurisilva canarios. Y la canalización nos transporta por momento a los famosos «nacientes» de la isla de La Palma. En realidad es la misma obra de ingeniería y con el mismo objetivo. Trasladar las aguas de la zona norte, al resto de la isla. En lugares puntuales el trayecto se estrecha tanto, que debemos andar sobre el propio dique que dirige el agua. La pendiente es suficiente para que circule el agua y nosotros no tengamos percepción de ascenso. Un pequeño puente colgante da paso a una pequeña caldera, en este momento seca pero llena de humedad. Y más adelante una pequeña cascada salta sobre la pared dejando sus aguas en el canal. Las nubes están perezosas, pero poco a poco comienzan a tomar altura y el paisaje comienza a poder disfrutarse- Una bifurcación de caminos nos obliga a tomar la opción izquierda donde se divisa un túnel en el que se adentra la canalización y deja hueco para nuestro paso. Llegando a la Caldera Verde. Pasamos a una zona donde se alternan una serie de túneles. El más largo de ellos rozando los 200m de longitud. Será necesario frontal para poder cruzarlo. O con la simple linterna del móvil será suficiente. Eso sí forzando las lumbares para no chocarnos con el techo. Las recomendaciones empezaban a quedarse cortas. Estaba resultando un paseo brutalmente precioso y completo, sin ningún tipo de dificultad física más allá de la ligera irregularidad del piso y la longitud del trazado. La soledad ayudaba también a potenciar el disfrute de este lugar. Durante todo el recorrido los precipicios se hacen presentes. Existe unas protecciones para evitar caer al vacío, pero siempre debemos estar alerta. Por momentos, era tal la verticalidad del lugar, que para dar paso al trazado, se había esculpido la roca para crear unos impresionantes balcones naturales....

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Islas Cook https://moreocio.com/islas-cook/ https://moreocio.com/islas-cook/#comments Thu, 28 May 2020 13:00:07 +0000 https://moreocio.com/?p=3747 Las Islas Cook son un secreto del Pacífico. 15 preciosas islas de naturaleza volcánica rodeadas de agua cristalina y atolones de coral. Se dividen en dos grupos. Las islas del norte, de difícil acceso, entre las que se encuentra la famosa Nassau. Las del sur, más accesibles, donde se ubica la isla principal, Rarotonga. Los historiadores creen que este archipiélago fue poblado hace 1.500 años aproximadamente. Donde se dividieron en seis tribus. Hoy en día, su sociedad actual aún sigue repartida en cada una de esas tribus. Se cree que el español Álvaro de Mendana fue el primer europeo en ver las Islas Cook cuando en 1595 navegó cerca de la isla de Pukapuka. Años más tarde, el explorador británico James Cook, cruzó la región en sus expediciones de 1773 y 1777. Pero el primer europeo que pisó tierra en una de sus islas fue Philip Goodenough, en 1814. A partir de 1821 los misionarios ingleses comenzaron a introducir el cristianismo. A pesar de ello, las tribus continuaron con su liderazgo hasta que en 1901 las Islas Cook fueron anexionadas a Nueva Zelanda para compartir su gobierno. En 1965 los isleños consiguieron su independencia, pero manteniendo algunas relaciones muy directas con los neozelandeses. Estos controlan su política exterior a cambio de tener una doble nacionalidad. Vuelo y acomodación. Martes, 17 de marzo. (Lunes, 16 de marzo) Durante la noche en el aeropuerto de Auckland, observamos extrañados el adelanto de las horas de facturación en los paneles informativos La pandemia del Covid-19 nos obligaba a tomarnos la temperatura corporal y realizar un control médico previo para poder embarcar. Por delante tuvimos unas tres horas de vuelo directo hacia Avarua, la capital de Islas Cook, en la isla de Rarotonga. En este desplazamiento cruzaríamos la «línea del tiempo». Os lo intento explicar. Teniendo en cuenta que en Nueva Zelanda existe un adelanto de 12 horas respecto a España; el adelanto de una hora más en el reloj, implicaba que estaríamos 13 horas por delante respecto de España (u 11 horas por detrás)… O lo que es lo mismo, volver al lunes 16 de marzo. Este dato resultó decisivo, puesto que el acceso a las islas estaba permitido si 15 días antes no habíamos estado en países marcados como peligrosos por el Covid-19. Y los españoles ya éramos vistos como tal en ese aspecto. Un pequeño e incómodo problema que solventamos en el control de acceso a la isla. Eran las 13:00 y la isla nos recibía con lluvias. Marzo se sitúa dentro de la temporada húmeda en su clima tropical. A la salida del pequeño aeropuerto nos esperaba una taxista que nos llevaría a nuestro bungalow junto con otro pequeño grupo de turistas. Afri había concertado este tránsfer con el hotel que nos acogería estos días. Un «Kia Orana», seguido de unos collares de flores y una amable sonrisa, fueron suficientes para confirmar la amabilidad y hospitalidad de sus gentes. Tan solo fueron unos 15 minutos de trayecto, con breve explicación de posibles actividades a realizar o recomendaciones de lugares a visitar en la isla. Tiempo suficiente para llegar al Muri Beach Hideway. Allí nos bajamos junto a una pareja de jóvenes neozelandeses. Recibimos una correcta bienvenida por parte de su gerente, que nos expuso toda la  información necesaria sobre las instalaciones y facilidades de las que podíamos disfrutar. Este lugar cuenta con seis bungalows con baño privado, cocina y un generoso porche. Todos giran en torno a la piscina, pero solo uno tiene vistas directas al mar. El nuestro. Informaciones básicas, preguntas imprescindibles y dos conclusiones. La tarjeta SIM no tiene validez. Y para usar wifi, existen dos opciones. Una económica que consiste en comprar datos en cualquier tienda para usarlos en los puntos indicados en la isla o «hotspots» (hoteles, restaurantes y lugares públicos). O la opción cara, de comprar una tarjeta SIM y disponer de datos en cualquier punto de la isla. La primera opción nos duró esa misma tarde, al día siguiente optamos por comprar una tarjeta SIM. El bungalow era espectacular… De película. Las vistas, impresionantes. Pero la acomodación fue rápida ya que teníamos que aprovechar el tiempo para hacer algo de compra para el frigo… y los imprescindibles datos del móvil. Un pequeño paseo nos llevó hasta la primera tienda de «ultramarinos» donde hicimos un pequeño acopio a base de cervezas, leche, galletas y algo de comida para las cenas. Junto a ello, el pequeño pago por los datos de móvil con el que introduciendo una contraseña obteníamos conexión en algunos de los puntos preestablecidos en la isla. Una vez todo en su lugar, nos dispusimos a tomar las canoas que estaban a disposición de los clientes y remar un rato por la Laguna Natural que creaba el arrecife de coral en esta zona de la isla. Durante algo más de una hora con las palas en las manos rodeamos la paradisíaca isla de Taakoka. Típica isla de foto postal. Vimos alguna tortuga nadando bajo nuestras canoas y nos aproximamos a la isla de Koromiri. Allí dejamos varadas los kayaks en una de sus playas para realizar un pequeño paseo a pie. Tras la exploración, volvimos a nuestro bungalow para darnos una merecida ducha y pasear por la blanca playa de la isla. Momento perfecto para tomar nuestro primer cocktel… y ya de paso una merecida cena con vistas a la laguna de Muri Beach. Sails Restaurant fue el elegido. Diversas cervezas artesanas y dos platos de los que quitan el hipo combinando pescado fresco con el hummus, típico de la isla. Se había echado la noche y el cansancio hizo mella. Un breve paseo por la playa de camino al bungalow para bajar la comida fue el broche perfecto para nuestro primer día de aclimatación a la isla. Ruta en coche por Rarotonga. Miércoles, 18 de marzo. (Martes, 17 de marzo) El día amaneció muy lluvioso. Por esta razón cambiamos la idea del alquiler de una scooter por la de un coche. Para recorrer la isla existen también otras opciones como el alquiler de bicis o el uso del autobús interurbano. Tras el desayuno en el porche del bungalow, nos dirigimos a una cercana tienda de Vodafone para comprar la tarjeta SIM. Por 49$ (unos 33€) dispusimos de 5Gb de datos que podían ser compartidos. En la misma tienda realizaron la instalación de la tarjeta en el móvil de Afri, eso sí, previa limpieza de manos con gel hidroalcohólico. La tienda estaba a menos de un kilómetro de distancia, en ese trayecto vimos dos lugares de alquiler de coches, scooters y bicis. Alquilamos nuestro Toyotita manual, sin necesidad de Carnet Internacional. El precio por un día y seguro de todo riesgo, sin necesidad de rellenar el depósito fue de 70$ (unos 40€). El objetivo de hoy era conocer los otros rincones de la isla con total libertad. Así pues, nos pusimos al volante y rápido nos familiarizamos con las dimensiones y velocidades. No fue nada difícil para un coche tan pequeño, cambio automático y con una limitación de velocidad en toda la isla de 30km/h. Respecto a lo de conducir por la izquierda, estaba ya más que superado. La decisión más difícil fue elegir el sentido de la ruta. Horario o antihorario, ya que solo existe una carretera que circunvala la isla de unos 34 km de longitud total. El interior insular es un denso bosque tropical a modo de reserva natural de imposible tránsito. Seguimos el sentido horario y la primera parada fueron los jardines Marie Nui Gardens. Allí aparcamos en la misma puerta. El hecho de que estuviese lloviendo nos dio la exclusividad del lugar. Nosotros solos. Aunque tanta soledad nos mosqueó. Hasta en un par de ocasiones llegamos a pensar que pudiera estar cerrado y nos hubiésemos colado sin permiso. Pero no fue el caso. Una caja en la entrada nos pedía una propina para el mantenimiento del frondoso jardín. Nos adentramos en la densa vegetación que contrastaba con cientos de colores y gran cantidad de especies vegetales. Un aparente laberinto nos conducía por momentos a lugares sin salida. Cada vez que girábamos un paso, parecía cambiar la decoración. Impresionante. Casi sin darnos cuenta nos encontramos con un templete al que recurrimos para protegernos de una fina lluvia que no cesaba de precipitar. Allí, vimos un marco para realizar algunas fotos de postureo que utilizamos para la ocasión. Al salir de este rincón, nos topamos con un bar-cafetería que en estos momentos se encontraba cerrada. En resumen, un pequeño, pero intenso rincón de la isla que bien merece la pena visitar. Si la lluvia hubiese dado paso al sol y hubiésemos podido tomar un breve café en su terraza con vistas al jardín, hubiese sido perfecto. O no… Porque seguramente no hubiésemos disfrutado de esta exclusividad. De nuevo en el coche, en busca del siguiente destino. La paradisiaca playa de Titikaveka. En el extremo sur de la isla. Perfecta para la práctica del snorkel. Sus palmeras jugando con la gravedad, asomando ante las aguas cristalinas y su blanca arena. No muy ancha. Pero perfecta. El clima no acompañaba para esta actividad, tan solo nos asomamos. La divisamos, y pospusimos su visita posterior en caso de que el tiempo mejorase en algún momento de nuestra estancia en la isla. Un poco más adelante se ubica la playa Arorangi, en el suroeste de la isla. Otro tesoro, con mismas características que su vecina. Pero idéntica visita exprés. Tocaba el turno para uno de los puntos más particulares e históricos de la isla. El Black Rock. Localizado en el extremo oeste de la isla, es un lugar perfecto para ver la puesta de sol. Su arena fina con poca profundidad produce una acumulación de calor agradable para los que evitan las aguas frías del mar abierto. La leyenda maorí indica que el Tuoro, como llaman los indígenas a esta roca basáltica de unos dos millones de años, es el lugar donde los espíritus muertos abandonan Rarotonga. Existen evidencias de que este lugar fue explotado desde la época del neolítico, ya que la inexistencia del metal en la isla les hacía depender del basalto para la creación de herramientas. El viaje continuó, tocaba ahora la visita a la capital, Avarua. Situada en el extremo norte, es el lugar de entrada y salida de turistas mediante mar o aire. Pasamos por el aeropuerto y el muelle mercante, sin ningún otro interés que el de empaparnos del estilo y ritmo de vida de los lugareños. Realizamos una parada obligatoria en el supermercado para abastecer el bungalow de cara a nuestras estancias vespertinas. Ya que las tardes estaban destinadas al descanso. Hacer la compra en los lugares que visitamos es algo que nos enriquece mucho. Es como adentrarnos en su verdadera realidad. Una forma de hacer turismo de proximidad total. Carro en mano y recorriendo los pasillos, observábamos sus rutinas alimenticias y sus formas de comerciar. Una experiencia muy interesante. A la salida, buscamos un lugar para comer. Un take away cercano al puerto fue el lugar elegido. El menú, una hamburguesa, un fish&chips y un pollo frito. Sí, ya… Pero era lo que había… Allá donde fueres, haz lo que vieres… Un breve paseo por las tiendas cercanas fue suficiente para bajar la comida a la vez que confirmamos la importancia del comercio de joyas, especialmente de perlas, en la isla. Ya en nuestro humilde resort, dimos buena cuenta al «Trout Valley» durante toda la tarde. Sin movernos del porche escuchábamos la lluvia a la vez que nos bebíamos estas dos botellas de vino blanco que resultaron una buena compra en el mercado. Conversaciones, descanso, paz… El mar de fondo y las palmeras flanqueando la postal perfecta de una «verdadera luna de miel». Visita al Cross Island Track. Jueves, 19 de marzo. (Miércoles, 18 de marzo) Después del día tan nublado y lluvioso de ayer, no teníamos ninguna esperanza de ver el sol en el día de hoy. La intención era realizar la ruta Cross Island Track, pero...

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Diario de un viaje a Nueva Zelanda: Isla Norte. https://moreocio.com/diario-de-un-viaje-a-nueva-zelanda-isla-norte/ https://moreocio.com/diario-de-un-viaje-a-nueva-zelanda-isla-norte/#respond Thu, 14 May 2020 13:00:45 +0000 https://moreocio.com/?p=3669 Continuamos nuestra aventura por Nueva Zelanda. Aoreatoa, como la denominan los maorís. Traducido como «La gran nube blanca» . En esta ocasión saltamos a la isla norte; una ínsula mucho más poblada y urbana. La recorrimos durante 5 días, que se sumaron a los 8 que ya habíamos disfrutado por la isla sur. Según comentábamos en la primera parte de este diario, Nueva Zelanda es un país que te invita a la flexibilidad de planificación. Y fue en esta ocasión donde prácticamente modificamos casi la totalidad de ruta inicial prevista que traíamos de casa. De común acuerdo decidimos ahorrar tiempo en carretera, para invertirlo en visitas más tranquilas y pausadas. Este fue el resultado. Ferry, Wellington y Mangapipi Rd. Jueves, 12 de marzo. Comenzaba la jornada de hoy con la noche aún echada sobre Picton. El Ferry Interislander nos trasladaría a la isla norte. De las tres horas de salida, escogimos la más madrugadora de todas ellas. Así podríamos aprovechar el día al completo. Una hora antes de las 7:30 de la mañana ya estábamos dispuestos para hacer el check-in. Es recomendable hacer las reservas con al menos 3-4 días de antelación. En la fila de acceso al barco vimos el amanecer. Puntuales, partíamos hacia la isla norte. Nuestra furgo en la bodega y nosotros desayunando. Teníamos tres horas de viaje por delante. Dio tiempo a todo. Un breve paseo por la zona exterior fue suficiente para disfrutar de los paisajes que nos ofrecía el Marlboroug Sound por donde transitaba el ferry. Un día completamente despejado nos animaba de cara al resto del viaje. Afri decidió buscar una butaca para descansar mientras yo seguía pululando por el barco. Me desplazaba a babor y estribor, jugando con el sol y la brisa que ofrecía el mar. Mientras, observaba las recónditas calas que se escondían a nuestro paso. Una vez a mar abierto, el ferry se puso «nervioso» y decidí entrar en busca de una de las butacas donde se encontraba Afri. Para evitar el mareo, me centré en uno de los partidos de Rugby del 6 Naciones que retransmitían por la televisión. Sería el único partido que veríamos en nuestro viaje. Sobre las 11:00 de la mañana pisábamos definitivamente la isla norte. La visita a la capital se resumiría en visitar el Mt Victoria para obtener unas vistas panorámicas de toda la ciudad. El acceso al Mt Victoria es muy complicado. Una zona residencial con calles estrechas y giros imposibles. Nosotros con una furgo de 5,30m de longitud pudimos acceder con algún que otro problema. Cuidado. Desde arriba. Vistas 360º para disfrutar. Fue nuestro momento de replantear el viaje. Parecía que el buen tiempo volvía para quedarse. Y ya habíamos echado muchas horas dentro de la furgo. El cuerpo comenzaba a quejarse de tanta conducción. Así pues, abandonamos nuestra hoja de ruta. Esta se había planificado desde casa buscando la costa oeste, con el objetivo de conocer a la zona del Mt Taranaki; y un posterior tránsito por la olvidada carreta 43 con todos los puntos de interés que reúne.  Pero la decisión estaba tomada, subiríamos directos por el centro de la isla hasta la zona de Taupo. Antes de salir de Wellington, una parada para repostar gasoil por tercera vez en el viaje. La app «Gaspy» que nos recomendó Alba para buscar gasolineras económicas, nos resultó muy útil en esta ocasión. Es recomendable instalarla en el móvil al igual que CamperMate. La N-1 sería nuestra directriz en el día de hoy. A nuestra izquierda teníamos la opción de visitar el Queen Elisabeth Park. Un lugar ondulado junto a la playa, con dunas y humedales prácticamente intactos. Una buena opción para aquellos que viajen con más tiempo que nosotros. El desvío hacía Palmerston North nos dirigiría al punto clave de hoy. El sol azotaba con fuerza. Nuestro objetivo, el desconocido poblado de Waituna West y su carretera hacia los campos de Mangapipi. 39º58´51´´ Sur y 175º42´56´´ Este. La coordenada exactamente opuesta a nuestro pueblo, Torrijos. El punto más lejano jamás visitado por un torrijeño. Una frikiada absoluta, que Afri aceptó con resignación. Más aún cuando el GPS nos jugó una mala pasada… Las dos horas de camino desde Wellington, se alargaron más de la cuenta… Casi sin darnos cuenta, circulábamos solos por carreterines asfaltados. ¡Eso sí que era la Nueva Zelanda profunda! Y llegamos…. con dudas de si había merecido la pena. Pero llegamos. Un campo ondulado, con pastos de ovejas. Amarillento… En primavera debe ser espectacular. Pero a finales de verano… No dejaba de parecer el campo de Torrijos en pleno septiembre, pero ondulado. Allí estuvimos. Un par de minutos. No más.. Debíamos retomar el camino hacia Taupo. La N-54, que nos reconducía a la civilización, nos regaló el Stormy Point View. Un mirador de campos ondulados que dejaban paso a un horizonte donde, desde la distancia, el Mt Raupehu se presentaba altivo y desafiante. La claridad del día nos permitió esta bella estampa, que no suele ser muy común en el lugar. De nuevo en la N-1. Conducción paciente. En Waiouru debimos decidir si cruzar el Tongariro National Park por Desert Rd (que suele estar cerrada si el tiempo es adverso). O por su perímetro oeste, donde se encuentran todas las poblaciones con actividades turísticas en este afamado Parque Nacional. El primero en ser nombrado como tal en Nueva Zelanda y el cuarto del mundo. Dos de las actividades que teníamos previstas desde casa eran: El Tongariro Alpe Crossing, considerada la mejor excursión de Nueva Zelanda. 19km y un desnivel significativo de ascensión, te obligarán a pasar una jornada completa disfrutando de esta actividad. Otra opción, más asequible físicamente, es el Ohakune Old Coach Road. Donde podrás recorrer en bici la ladera del Mt Raupehu. La tercera, y opción más corta, es acercarse en coche a la plataforma de acceso al inicio del Tongariro Alpe Crossing para observar de cerca la grandiosidad de estos tres volcanes que componen el Parque Natural más visitado del país. Todas ellas estaban planificadas en el programa inicial, pero descartadas en el replanteo del viaje al cruzar a la isla norte. Es lo bueno que tiene la libertad de la furgo. Así pues, tomamos la Desert Rd, que rodea al parque por el este. Este trayecto nos recordó muchísimo a las Cañadas del Teide. Disfrutamos de las siluetas de los tres volcanes (Raupehu, Ngauruhoe y Tongariro) mientras conducíamos. El auténtico «Mordor» se presentaba ante nuestros ojos. Tras casi tres horas de coche nos encontramos en el borde del lago Taupo. Una breve parada para estirar las piernas vendrá muy bien. Hay merenderos con mesas bajo la sombra de árboles. Aunque estábamos a punto de llegar al destino final, paramos cinco minutos en uno de ellos. Especial. Taupo nos recibió con los brazos abiertos.  La ciudad, que rivaliza con Rotorua por ser el primer centro turístico de la isla norte, nos ganó a las primeras de cambio. Sus restaurantes, su paseo del lago, sus carteles de Ironman, sus gentes tranquilas… las vistas de los tres volcanes más allá del lago más extenso del país. Todo ello nos enamoró. Pero quedó pendiente para el día siguiente. Una jornada entera nos esperaba en Taupo. Nuestro destino de hoy quedaba junto al río Waikato, que nace en este mismo lago y crea las famosas Huka falls y rápidos de Aratiatia en los primeros compases de su cauce. Reids Park era el lugar perfecto para convivir un par de noches con otros furgoneteros como nosotros. Apetecía desconectar del volante y así haríamos a partir de hoy. Una cena rápida, una visita al río donde un grupo de chicos jugaban con una cuerda colgada de una rama a no caer al agua. Un breve paseo y a la furgoneta. Mañana nos esperaba un día intenso. Taupo. Viernes, 13 de marzo. La mañana despertaba fresca a la sombra. Pronto colocamos la mesa y sillas en el exterior para montar el desayuno. Los vecinos aún dormían cuando el café comenzaba a desprender su aroma desde el interior de la furgo. Unos simpáticos patos merodeaban las mesas sabedores de las posibles sobras de comida. Pero debemos ser responsables con el entorno para no alterar el ecosistema. A pesar de que sí nos apeteciese compartir con ellos algunas migajas de nuestro breakfast. No les invitamos. Resultaba agradable sentir como, poco a poco, la sombra desaparecía para dar paso a un sol que radiaba con energía. La sudadera sobraba ya a primera hora del día, pero se quedó atada a la cintura. Recuerda que estamos en Nueva Zelanda… El día de hoy sería intenso. Muchas actividades a realizar, pero todas en el entorno de Taupo. Fue lo decidido en el replanteamiento del viaje, y así lo llevamos a cabo. Quedarnos sin el viaje en helicóptero en la zona de los glaciares, nos escoció. Por lo que propusimos realizar esa misma actividad en Taupo. Las vistas no serían las mismas, pero la emoción  se mantendría. Afri encontró una oferta de un «combo» de actividades. Estas consistían en la visita a unas tallas maorís en barco por el lago Taupo, una excursión en helicóptero con vistas panorámicas del río Waitako y un subidón de adrenalina en jetboat por las cascadas Huka. Plan perfecto para el día de hoy, al que se le sumaría un relajante final… A las 10:00 puntuales partía el barco desde el puerto deportivo de Taupo. Su amable tripulación nos ofrecieron muflins caseros, café y algunos dulces para el viaje. El capitán explicaba las características del lago y su precioso horizonte con los tres volcanes del PN de Tongariro. El día estaba completamente despejado y empezamos a sentir esa fortuna que nos había dado la espalda en la segunda parte de nuestro recorrido por la isla sur. Tras disfrutar del café, salimos a proa para sentir una brisa que resultó algo incómoda. Sudadera de nuevo sobre los hombros. El recortado horizonte que dibujaban los tres volcanes, rompían con la linealidad de las aguas del lago. Esta aparente tranquilidad actual del lago contrastaba con su agitado pasado. Dicen que en el año 180, la erupción de Taupo fue la más grande jamás registrada en la historia. Civilización romana y china anotaron en sus anales, inusuales puestas de sol rojizas durante aquellas fechas. Este lago por el que navegábamos, es el resultado de la caldera volcánica responsable de tan brutal explosión. Sumidos en las historias que nos narraba el capitán, el barco viró y cambió el rumbo. Los volcanes desaparecieron de nuestra vista para darle protagonismo a una roca que, a medida que nos aproximábamos, comenzaba a sugerirnos formas aparentes. Una talla maorí sobre roca granítica, apareció ante nosotros… Un lugar de difícil acceso, que nos hizo preguntarnos cómo pudieron crear tal escultura. Espectacular el lugar donde se halla. Tras una hora y media de navegación. El capitán puso rumbo al puerto, no sin antes enseñarnos algunas de las urbanizaciones de las gentes más pudientes de Taupo. Ahí donde el agua es «menos fría» asomaban algunos valientes con un baño matinal. En puerto nos esperaban para trasladarnos… al helipuerto. 10 minutos de carretera nos separaban de la empresa de helicópteros con la que disfrutaríamos la segunda de las experiencias de hoy. Un breve tiempo de espera fue suficiente para firmar una hoja de consentimiento y ver un vídeo explicativo. El ruido de las aspas nos avisaba que el helicóptero estaba preparado para nosotros. Una foto antes de montar; a sus puestos, cascos… y para arriba. Borrachos de emoción. Era nuestra primera experiencia con este tipo de transporte. El amable piloto nos informaba por radio sobre los lugares que íbamos observando desde la altura. Pero por encima de ello, lo que más nos ilusionaba eran las sonrisas que teníamos tatuados en nuestras caras. Seguimos el cauce del río Waikato hasta sobrevolar Taupo y su lago. De nuevo divisando este impresionante lago, pero ahora desde un punto de vista mucho más espectacular. El giro del helicóptero casi nos colocó contra el cristal lateral, dejándonos una vista «libre» hacia...

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Diario de un viaje a Nueva Zelanda https://moreocio.com/diario-de-un-viaje-a-nueva-zelanda/ https://moreocio.com/diario-de-un-viaje-a-nueva-zelanda/#comments Thu, 30 Apr 2020 13:00:43 +0000 https://moreocio.com/?p=3541 La antípoda española. Nuestro lugar opuesto en el globo terráqueo. La zona más lejana en La Tierra que cualquier español pueda visitar.  20.000 km de distancia tienen la culpa. Principal razón que atrae a cualquier español nada más nombrar a Nueva Zelanda. Una antípoda que, además, somos de los pocos países afortunados que coincide con tierra emergida. Toda una ironía del destino que escribamos este diario sobre el lugar más retirado de España, cuando llevamos más de un mes de confinamiento sin poder salir de casa por causa del Covid-19… Dicha razón tan solo fue el «cebo» para elegir este destino. Un país, que con la mitad de extensión que España, aglutina una variedad infinita de relieves geográficos. Volcanes, dunas, fiordos, glaciares, bosques tropicales, estepas…  Todo un paraíso para el amante de la naturaleza. Perfectamente organizada y estructurada para recorrerla con un espíritu nómada. Una cultura indígena, la maorí, que convive coordialmente con los descendientes de colonos holandeses y británicos… dando un perfecto ejemplo de respeto, empatía, hospitalidad, simpatía… y puntualidad. Da gusto tratar con sus gentes; correctas y joviales a la vez. Pero no seremos nosotros los que os hablemos de la interesante historia de Nueva Zelanda, para ello hay libros y webs especializadas con cantidad de información de calidad. Aquí simplemente queremos compartir nuestra experiencia vivida durante los 21 días que disfrutamos por aquellos preciosos y lejano lugares. Con el único objetivo de transmitir ideas que os puedan servir a vosotros para crear vuestro propio viaje. ¡Adelante! Preparación Como siempre, antes de viajar, le dedicamos muchas horas a la preparación y documentación. Pero esta ocasión resultaría especial; era nuestra Luna de Miel. Entendíamos que íbamos a estar muy ocupados con otras organizaciones del evento. Es por eso que tanteamos la posibilidad de ceder esta parte de la boda a agencias de viaje para poder ahorrar tiempo en otros menesteres que dominamos mucho menos. Pero las propuestas de estas fueron «sota, caballo y rey», excesivamente turísticas y organizadas. Pero a nosotros nos gusta sentirnos libres para elegir dónde, cuándo y por qué visitar cada uno de los lugares. Por tanto decidimos plantearlo como acostumbramos hacer; buscando información en decenas de blogs de viajes por internet. De esta manera configuraríamos nuestro propio viaje tomando la información necesaria de cada una de las webs visitadas. El país abarca múltiples tipos de opciones; desde las localizaciones de El Señor de los Anillos, hasta su particular flora y fauna autóctona; pasando por su interesante cultura maorí o su impactante historia geológica. Nosotros nos decantamos por la temática de sus paisajes naturales; pero sin dejar de lado algo de cada uno de los otros temas planteados. El objetivo era obtener una idea general del país. Pinceladas de todo, sin profundizar en ningún tema concreto. La concreción la dejaremos para una segunda visita… Disponíamos de 13 días para ello. En nuestro proceso de documentación, todo nos indicaba que, para conocer el país, era necesario mínimo un mes. Y por tanto, para un viaje de dos semanas como era nuestro caso, nos centrásemos en una de las dos islas. Hicimos caso omiso. Intentamos recorrer ambas islas. Obviando la parte sur de la isla sur y la parte norte de la isla norte; confiados en nuestra intensidad de viajes a la que estamos acostumbrados… Pero tuvimos que claudicar en ruta… Más adelante os contaré. Ahora con la experiencia en nuestras espaldas, mantenemos la recomendación del resto de los blogs visitados. Un mes para todo el país, dos semanas para una de las islas. La norte, más cosmopolita. Una cuarta parte de la extensión donde viven tres cuartas partes de la población. Volcánica. Con distancias más cortas. Clima benévolo. Y su cultura maorí. La sur, más rural. Tres cuartas partes del territorio donde viven una cuarta parte de la población. Naturaleza a raudales. Distancias más largas. Clima caprichoso. Y su ritmo lento. Ropa-Clima Y ya que mencionamos el clima. Os recordamos, por si no habíais caído en el detalle, que al ser las antípodas las estaciones son las opuestas a las que tenemos en España. Nosotros viajamos en marzo, lo que corresponde al septiembre español. Final del verano. Buscábamos estabilidad climática… Ingenuos. En un mismo día en Nueva Zelanda te pueden pasar las cuatro estaciones. Frío, calor, lluvia y viento en menos de 24 horas. Esto debes tenerlo muy en cuenta a la hora de organizar tu maleta antes de partir. Y para que, una vez allí, cuando comiences cada jornada, no te fíes del tiempo que haga por la mañana, porque en una hora todo puede cambiar. Nosotros acabamos llevando todos los días una sudadera, con una manga corta debajo y un chubasquero atado a la cintura. No te digo más… Este clima tan cambiante condiciona mucho la forma de viajar en Nueva Zelanda. La info que obteníamos de todos los blogs era que tuviésemos una mentalidad flexible a la hora de programar actividades. Algo que «chocaba» con nuestro planteamiento de viaje. Éramos conscientes de ese «punto débil» de nuestra programación. Pero si queríamos conocer el máximo de lugares en el menor tiempo posible, no teníamos otra opción. Cada día en un lugar diferente, con una actividad distinta. Todo reservado desde casa con un mes de antelación. Arriesgamos. Y en varias ocasiones, perdimos. Es nuestra forma de viajar; que en esta ocasión no comulgaba mucho con el país. Pero al menos, estábamos avisados y mentalizados de ello. Una vez de vuelta en casa, nuestro consejo es que vayáis reservando según el transcurso de vuestro viaje; con 3-4 días de antelación; así evitáis también, no quedaros sin plaza. No obstante, todas las empresas de actividades de allí están adaptadas a estas circunstancias cambiantes y la mayoría te devuelven el dinero de la reserva si por condiciones climáticas no se puede realizar. Algunas ni te retienen el dinero hasta el mismo día de la actividad, incluso habiéndola reservado. En el peor de los casos, solo nos ocurrió en una de las actividades, nos dieron un bono canjeable para otra ocasión que nosotros decidiésemos (que evidentemente no pudimos disfrutar). Teléfono Como ya os hemos mencionado, viajamos por nuestra cuenta. Y para ello es imprescindible la planificación. Pero sobretodo el apoyo de internet en el móvil para gestiones, orientación y comunicación. De esta forma daremos sentido a la  planificación previa. Disponer de datos móviles te da una gran libertad. En este viaje utilizamos la tarjeta SIM de HolaFly. Contratamos por 35€ 5Gb de datos, suficientes para dos semanas. La ventaja de esta SIM es que te la mandan a casa, donde la puedes dar de alta con unos pasos muy sencillos. Y en cuanto llegues al lugar de destino, solo tienes que cambiar tu SIM española por esta de HolaFly. Y ya tendrás tus datos móviles. Sin necesidad de perder tiempo en buscar en el aeropuerto de destino o tiendas locales una SIM. Completamente recomendable. Dinero En Nueva Zelanda su moneda es el dólar neocelandés. En marzo del 2020, el cambio estaba aproximadamente a 0,60 $ por 1 €. Puedes ver el cambio actual aquí. El cálculo mental era sencillo; un poco más de la mitad. A pesar de ello, no es un país precisamente barato. Nosotros no llevamos nunca dinero en efectivo. Para viajar usamos las tarjetas monedero BNext, Reevolut; y en esta ocasión nos estrenamos también con la tarjeta N26. Son tarjetas con ventajas en divisas y en las comisiones de pagos y cajeros automáticos. Nosotros recargamos dichas tarjetas con dinero desde nuestras cuentas corrientes antes de viajar, y en el momento de llegar, en cualquier cajero del aeropuerto puedes sacar dinero en efectivo con la divisa del país. En Nueva Zelanda, el 90% de los pagos de nuestro viaje lo hicimos con tarjeta. Solo sacamos dinero en efectivo para pequeños pagos. Visados España tiene convenio con Nueva Zelanda para un visado turístico de 3 meses. No obstante, desde octubre de 2019, todos los turistas que visiten Nueva Zelanda deben registrarse con el Visado Electrónico.  Debes registrarte y pagar la tasa. Te lo van a exigir en las compañías aéreas para entrar en el país. Otra cosa a tener en cuenta es que te pedirán también el billete de avión de salida del país, para comprobar que no excederás los tres meses de visado turista. Y para terminar este apartado, en el avión de entrada al país te darán una tarjeta donde debes registrar todo lo que lleves en la maleta. Y cuando digo todo, es todo. Ya os hemos comentado lo correctos que son allí. No sirve sacar la típica picaresca española con el «Ay no me acordaba que llevaba esto, perdone». Cualquier tipo de comida (incluso una bolsa de snacks). Entre otras cosas llamativas, se interesan por la limpieza de las deportivas. Te preguntan si has hecho senderismo con esas zapatillas en otros lugares. Todo esto es comprensible con el fin de mantener el equilibrio de su particular ecosistema, entre otras cosas. Enchufe El enchufe a la red eléctrica es de los más raros que he visto. Parecido al británico, con su toma de tierra, pero con dos clavijas planas y oblicuas. Nosotros compramos un adaptador con salidas para usb y nos vino genial. Pero también es cierto que en la furgo había muchas tomas de usb repartidas. No obstante, si te alojas en hostales, apartamentos u hoteles. Es imprescindible que tengas el adaptador. Seguros ¿Es necesarios viajar con seguro de viaje a Nueva Zelanda? No es obligatorio viajar con seguro de viajes a Nueva Zelanda, pero yo no viajaría sin tener uno contratado, teniendo en cuenta lo cara que es la sanidad en el país. Si tu también quieres viajar a Nueva Zelanda asegurado con Mondo, pulsa sobre la imagen para conseguir nuestro 5% de descuento. Furgoneta La decisión de recorrer Nueva Zelanda en furgo se basa en dos razones principales: Particularmente nos gusta este tipo de turismo. Con todos sus «pros y contras» que no vamos a entrar a valorar en este momento (se necesitaría una entrada para hablar de sus partes positivas y negativas). Nueva Zelanda está en la vanguardia mundial para conocer el país en furgo o autocaravana. Con miles de lugares donde dormir (gratis, públicos y privados). No obstante, si no habéis viajado nunca en furgo, no os recomendamos que os estrenéis en este viaje. Este tipo de turismo te da mucha flexibilidad. Pero requiere de ciertos «cuidados» como el vaciado de aguas grises y negras, el llenado de aguas o el control de bombona de gas… Nosotros para equilibrar estos «cuidados de la furgo» con la libertad que se busca en este tipo de viajes, alternamos las pernoctaciones en lugares públicos con campings privados. Si definitivamente decides viajar por Nueva Zelanda con furgo o autocaravana, descárgate desde ya la App CamperMate en tu móvil. Será como tu madre que te indique donde dormir, comer, repostar, lugares de interés… y todo lo que te puedas imaginar. Súper completa e imprescindible esta aplicación. Tanto, que si no quieres programar nada desde casa, con ella tienes toda la info que necesites. Hay cientos de empresas de alquiler de furgos. Unas más conocidas que otras. Muchas internacionales, otras nacionales y bastantes locales. Y no son precisamente baratas. En algunas te puedes ahorrar algunos días de alquiler si utilizas la opción de «recolocación». Esto es porque normalmente la gente alquila en Auckland (en la isla norte) y las deja en Christchurch (en la isla sur). Por lo que a veces hay ofertas para coger la furgo en lugares de la isla sur, y devolverlas en la norte. Pero esto es factible si vas sin programar el viaje, ya que las ofertas salen aleatoriamente. Tras estudiar las múltiples opciones, que no fueron pocas, nos decantamos por la empresa TuiCampers. Una Ford Transit de 2018 de gasoil automática. Con baño y ducha. Os recomendamos que no escatiméis en vuestro presupuesto en la furgo. Una furgo nueva será más cara, pero más fiable (un problema mecánico puede hacerte perder un par de días de vuestro viaje). El hecho que sea automática te...

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Menorca en cuatro días https://moreocio.com/menorca-en-cuatro-dias/ https://moreocio.com/menorca-en-cuatro-dias/#respond Thu, 28 Nov 2019 14:00:24 +0000 https://moreocio.com/?p=3366 Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera y Cabrera. Las cinco islas principales del archipiélago balear. Cada una con su particular carácter. Mallorca, la más grande y cosmopolita; la isla preferida de los alemanes. Ibiza, la más fiestera; la elegida por todos los jóvenes europeos. Formentera, la menos explotada; la más natural. Cabrera, con la protección máxima de Parque Nacional. Y entre todas ellas, Menorca. Que tiene un poco de todas. Cualquiera de todas estas islas son imposibles de disfrutar, según nuestra forma de hacer turismo, en los meses de julio y agosto. Es por ello que recomendamos su visita a principios o finales de verano. En nuestro caso, cuatro días a finales de mayo. Precios más económicos y, sobre todo y lo más importante, poco masificado. Os contamos. Tras la llegada al aeropuerto a última hora de la tarde, alquilamos un coche y nos pusimos rumbo a los apartamentos Blancala. En Cala Blanca, al oeste de la isla. Check-in y todo preparado para comenzar el día siguiente lo más temprano posible. Día 1, zona sur-este. Tras el desayuno tomamos de nuevo rumbo este (el aeropuerto está en esta otra zona de la isla) para dirigirnos a la cala Mesquida. El aparcamiento es pequeño, pero al ser primera hora no tenemos problema para dejar el coche. Un pequeño paseo por la orilla para tocar por primera vez el agua en este viaje. Siguiendo las marcas del Camino de Cavalls encontramos una pequeña cala próxima, pero más rocosa. No es hora de comida, pero el restaurante Cap Roig tiene unas vistas interesantes para disfrutar de la buena gastronomía menorquina. En menos de una hora hemos conocido este bonito rincón que comenzaba a llenarse de bañistas en el momento que la abandonamos en busca de la fortaleza de la Mola. Es el punto más oriental de España. Una gran fortaleza donde merece la pena invertir un par de horas en visitar. Un paseo por sus muros, por sus baterías y por toda esta minipenínsula fortificada que tiene rincones de película. Puedes desplazarte por ella en bici o carrito eléctrico. Pero nosotros decidimos hacerlo a pie siguiendo una de las guías que te ofrecen en la entrada. Mahón Es momento de poner en el GPS del coche rumbo a Mahón. Nosotros no nos complicamos para buscar aparcamiento. Directamente al parking de la plaza de la Explanada. Desde allí, un agradable paseo por la Calle de las Moreras nos introducirá en el bonito casco histórico de la ciudad. Cantidad de tiendecitas, bares y restaurantes brindarán tu presencia… Al final de la calle nos toparemos con la catedral y una zona peatonal que invita al paseo. Junto a la catedral la calle de «las vueltas» desciende directo al puerto. Ubicación de postal que parece sacada de otras latitudes más tropicales. Una vez en el puerto. Es recomendable el paseo para elegir en cuál restaurante pararemos para comer. Tras la comida era el momento de volver en busca del coche, callejeando para conocer nuevas calles de camino a la plaza de la Explanada. Calas y Benibeca El destino, el Fuerte de Marboroug, en Sant Esteve. Pequeña y bonita cala de pescadores. Nos encontramos cerrado la visita por el horario, así que informaros bien antes de ir si estáis interesados en verlo. Y como no hay mal que por bien no venga… paseando hasta el aparcamiento conocimos mejor este bonito rincón menorquín. El tiempo que no pudimos usar en ver el fuerte, lo dedicamos en buscar la escondida cala Fafaelet, en S´Algar. Es difícil encontrar la cala. Pero la aventura nos gusta… En la parte norte de esta urbanización. Junto a un muro que parece que no delimita nada, sale un sendero de menos de un kilómetro que desciende entre la vegetación a este recóndito lugar. Una cala estrecha y larga, un canal al mar. No teníamos bañador, pero mereció la pena el paseo. De vuelta al coche, tomamos rumbo al pintoresco pueblo de Binibeca. Blanco como la cal. Callejuelas laberínticas. Estrechos pasos. Piérdete por sus calles y vuélvete a encontrar. Interesante su visita. Y si lo acompañas con un helado, más aún. Disfrútalo. El objetivo final del día estaba claro. Había que terminar viendo el atardecer desde la Cova d´en Xoroi, en Cala en Porter. Pero antes hasta llegar allí existen varias calas como Binisafuller, Calo Blanc, Biniparax, Binidalí, Es Canutels o Cales Coves. De todas ellas, decidimos parar en Calo Blanc y Cales Coves. Cales Coves y Cova Xoroi Caló Blanc es una minicala que está muy cerquita de la carretera, pero que si no sabes donde se encuentra con exactitud, te la puedes pasar sin darte cuenta. Hay una explanada para aparcar y luego cruzar durante 15-20 m unas encinas o pinos que dan directos a este rinconcito. Nosotros solo nos asomamos, pero es un lugar perfecto para disfrutar en épocas de poca masificación o a primeras horas o últimas del día. Y Cales Coves, es una cala a la que hay que acceder por un camino pedregoso donde el coche sufrirá si no vamos con cuidado. Una valla nos cortará el paso y deberemos seguir a pie no más de un kilómetro. Lo particular de este lugar es que es una necrópolis donde todas las cuevas que veamos en los acantilados son nichos funerarios. La vuelta la podemos hacer por la misma pista o por un escondido sendero paralelo marcado por el GR-223 del Camino de Cavalls. Y ya sí directos a la explotada cueva de Xoroi. Una discoteca creada en una cueva en un acantilado con caída de las que quitan el hipo hacia el mar. La naturaleza explotada. Curioso lugar. Unas buenas «pomadas» (gin local «Xoriguer» con limón) mientras escuchamos música en directo a la espera de la caída del sol. El día, se había acabado, quedaban las fuerzas justas para volver a los apartamentos y cenar para ir a la cama y preparar una nueva jornada. Día 2, zona norte. De nuevo amanecía un día precioso. Las vistas a la piscina y al mar que nos ofrecen estos apartamentos llenan de energía a cualquier persona que se precie. Por eso no nos importaba de nuevo hacernos una buena kilometrada con el coche en busca de nuevos lugares. Primera zona de visita La Albufera en Es Grau. De nuevo nos cruzábamos la isla para poco a poco ir acercándonos a lo largo del día. Una primera toma de contacto con la Albufera la realizamos dando un pequeño paseo por unos miradores desde donde pudimos observar algunas de las aves que viven en este ecosistema tan particular. Tras el paseo, nos acercamos con el coche hasta Es Grau. Dejamos aparcado en la entrada de la localidad y dimos un nuevo paseo. Este más interesante que el segundo puesto que iniciamos la ruta a nivel de las aguas. Unas pasarela nos dirigieron hacia un pequeño promontorio donde había un bonito mirador. Tras disfrutar de las vistas de la amplia albufera, nos dirigirnos por un bonito sendero hasta la playa de Grau. Aquí la recorrimos por su orilla hasta volver al punto de partida donde habíamos dejado el coche. Nuestro siguiente objetivo era busca el faro de Favarix. Situado en un recóndito cabo al noreste de la isla. Un paisaje desértico, casi lunar, rodea la construcción. Ojo, que el acceso en coche estará cortado a partir del primer día de junio, obligando la visita en bus para evitar las masificaciones. Fornels y Cavallería Siguiente objetivo, Fornells. De camino a esta localidad, famosa por sus calderos de langosta, podremos visitar Port Dalaia, Arenal d´en Castells, Arenal de Son Saura y su cala Pudent con un breve paseo a pie. Pero obviamos todos estos lugares por el hambre que arreciaba en nuestros cuerpos. Buscamos varios restaurantes con el objetivo de un buen caldero de langosta. Ojo, muchos tienen precios prohibitivos. Cada uno que adecúe su economía en función de sus posibilidades. Hay otras webs especializadas para este menester culinario. La bahía de Fornels transmite tranquilidad. Sus barcos, sus aguas protegidas de mar abierto, sus vistas de la otra orilla. Será interesante bajar la comida por su paseo marítimo. Pondremos rumbo a punto más al norte de la isla. El cabo de Cavallería. Dejaremos de lado la visita a la cala Tirant para disfrutar de una carretera que nos introduce en un paisaje que parece independiente del resto de la isla La playa de Cavallería, de camino al faro, invita a parar. Un breve paseo hasta su arena nos confirma las características de esta zona norte de la isla. Tierras rojizas y aguas revueltas, menos cristalinas. Chapuzón para evadir el calor de estas horas y vuelta al coche para seguir destripando la zona. La carretera nos dirige sin titubeos hacia el norte. Debemos parar para abrir una portela (que una vez dentro debemos volver a cerrar), si no el ganado que guarda se escaparía. Interesante tarjeta de presentación. Un pequeño estrecho de la tierra marca la cala Viola, donde la vida camper se hace fuerte, miramos de reojo con envidia sana, pero no toca en esta ocasión. Seguimos hacia el faro. Una recta interminable acaba con la silueta de este faro. El más septentrional de la isla. Monte Toro Cerca quedan las exóticas playas Benimela y Pregonda. Pero las dejamos para la próxima visita. Es momento de conducir dirección Es Mercadal para subir al punto más alto de la ínsula, el Monte Toró. 358 metros sobre el nivel del mar. Toda una atalaya para la isla. Con vistas espectaculares a la bahía de Fornells. De camino a Ciudadella, podremos desviarnos a visitar la bonita cala Algaiarens o la urbanización Cala Morrell, donde existe una roca erosionada por el mar con curiosa forma de elefante. Pero no disponemos de todo el tiempo que quisiésemos. Y ya bastante exprimimos los días, como para ser más agonías. Alrededores de Ciudadela Dejamos Ciudadella de lado para seguir hasta las urbanizaciones que hay un poco más al oeste. Allí, dentro de la mole urbanística que hallan varias calas, algunas demasiado preparadas para el turismo, como son las calas Piques, Forcat, Brut y Blanes. Todas ellas rodeadas de apartamentos y hoteles. Elegimos cala n´Brut para conocer este tipo de «piscinas naturales» creadas para las urbanizaciones que las rodean. Bien preparadas. Pero en nuestra ocasión, llenas de medusas… Tiempo ahora de volver a los apartamentos. Cambiarnos. Ducharnos. Ponernos guapos. Y disfrutar de Ciudadella. El atardecer desde el Castillo de San Nicolau dará el punto de partida a la visita nocturna de esta ciudad. El paseo de vuelta hacia la plaza de Born lo haremos por la calle trasera a la principal. Grandes caserones se abalanzan sobre el puerto natural de esta bonita ciudad. Usaremos pasarelas de madera para llegar hasta el final del puerto donde el bullicio de los restaurante animan la noche menorquina. Desde la plaza Born, daremos paso al casco antiguo. Peatonal en algunas partes. Disfrutaremos del ambiente y de visitas familiares. Un paseo que, como en Mahón, nos invita a perdernos por sus calles. El nivel de batería llegaba a su fin. Y aún nos quedaba un tercer día intenso. Día 3, zona sur-este. Camino de Cavalls. Muchas ganas le tenía a este camino que rodea el perímetro de la isla. Camino de Caballos. Caballos que vigilaban la llegada de intrusos a la isla siglos atrás y que ahora se ha recuperado para senderistas y valientes ciclistas. Habíamos encontrado hitos en muchas de nuestras visitas los días anteriores y hoy tocaba conocer la zona sureste de la isla a pie. El plan sería dejar el coche en el parking de la playa de Son Saura a primera hora de la mañana y andar hacia el este para llegar hasta Cala Galdana, donde tomaríamos un taxi que nos llevase de vuelta a por el coche. Un paseo que requiere al menos de calzado preparado para andar por suelo irregular. El inicio por las aún solitarias playas de Son Saura nos hace presagiar una buena jornada recorriendo la costa sur de la isla. Pero pronto nos damos...

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Croacia en 4 días https://moreocio.com/croacia-en-4-dias/ https://moreocio.com/croacia-en-4-dias/#respond Thu, 29 Aug 2019 13:00:00 +0000 https://moreocio.com/croacia-en-4-dias/ Hoy os contamos nuestra escapada de cuatro días por Croacia. Son muy pocos días para conocer de lleno el país, pero lo suficiente para descubrir sus dos ciudades más importantes de la costa sur y alguna de sus islas bañadas por el mar Adriático. La costa Dálmata nos recordará en ocasiones a nuestra mediterráneas islas baleares. Día 1 Dubrovnik El vuelo directo al aeropuerto de Dubrovnik nos permitirá disfrutar del día completo en esta preciosa ciudad. Pero nada más llegar, cometimos el primer error del viaje; bueno, fueron dos errores en uno. No os aconsejamos contratar un coche de alquiler en el mismo aeropuerto para llegar a Dubrovnik, y mucho menos para moveros por allí. Y si lo hacéis, que no sea con la empresa Surprice. Una ineficiente empresa que nos hizo perder un valioso tiempo con el papeleo para tomar el coche. Nosotros lo alquilamos porque la idea era usarlo durante los cuatro días de estancia en el país. Pero Dubrovnik no es una ciudad amiga de los coches. No hay sitio para aparcar. Por lo que, al tiempo perdido en la recepción del renting, debimos sumarle las casi dos horas para aparcar. Os recomendamos ir en taxi desde el aeropuerto hasta el centro de Dubrovnik, que están separados por unos 20km y el día que abandonéis la ciudad, alquilar el coche para desplazaros por la costa. Una vez conseguimos aparcar, entramos en la amurallada ciudad por su monumental puerta Pile. Callejeamos por sus estrechas calles. En una primera toma de contacto, llegamos a la conclusión de que tiene bien ganada su fama. Una mezcla de Toledo, Ávila y Conil. Dejamos las maletas en Kaboga Rooms (c/Marojice kaboge, 4). Una habitación limpia, baño privado y aire acondicionado (imprescindible debido al calor y humedad). Un paseo por la calle principal Stradun nos confirmó la evidencia. La ciudad estaba hasta arriba de turismo. Para intentar escapar de la masificación, compramos dos entradas para ver la ciudad desde la altura de sus perfectas murallas. Existen varios accesos, nosotros lo hicimos por el más cercano a la puerta Pile, junto al Monasterio Franciscano y la fuente de Onofrio. Dos kilómetros de perímetro que nos permite conocer esta mediterránea urbe desde otro punto de vista. Los tejados el sol cayendo, y el mar de fondo. Toda una preciosidad. Imprescindible. Haciendo el recorrido en sentido antihorario nos topamos con la zona sur que recorre la zona de costa, con varios bares que invitan a para y tomar algo. El paso por el puerto nos adentra a la zona norte que la separa de la tierra hasta llegar a la torre Minceta. A la tarde, decidimos visitar la otra parte de la ciudad, la cercana al puerto. En torno a la plaza Luza se encuentra el Palacio del Rector, el palacio de Sponza, la Catedral, la torre del campanario y la iglesia de San Blas. Vuelta a la habitación para darnos una ducha y salir por tercera vez a recorrer esta preciosa ciudad. Ahora tocaría cenar junto a la famosa escalinata de la iglesia de San Ignacio y pasear en busca del Buza bar, una terraza extramuros situada en el mismo acantilado que baña el mar. Toda una recomendación. Día 2. Krka y Split Al día siguiente tocaba visitar el Parque Natural de Krka previo paso por alguna playa de aguas cristalinas. Para llegar al destino, debemos pasar brevemente por la franja de la frontera bosnia. Tranquilos, simplemente os pararán, pedirán el pasaporte. Les indicáis que estáis de turismo en Croacia y que vais dirección a Split. A nosotros casi ni nos miraron. Pero estarían en su derecho de pedirte visado y demás, recuerda que Bosnia no es terreno de la Unión Europea. Serán solo 8 km de trayecto y tendrás que cruzar de nuevo por el paso fronterizo para volver a entrar en Croacia. De camino por la carretera de la costa A-8, si vais con tiempo de sobra podéis parar a ver un par de playas que pillan de paso. Punta Rata y Promajna, ambas protegidas por las montañas del Parque Nacional de Biokovo. Si queréis ir directos al Parque Natural de Krka, es mejor tomar la autopista E-65. Tened en cuenta que esta opción rápida os llevará unas tres horas y media. Ya en Krka, compramos las entradas y montamos en el bus que nos aproxima desde la zona de taquillas y restaurantes hasta el inicio de la ruta. A penas tarda 5 minutos en dejarte en las puertas de este monumento natural. Accesible para niños y mayores donde en menos de una hora podemos ver la totalidad de sus cascadas. El paseo por el parque es muy interesante, a penas llega a los 4 km y puedes ver lagos que forma el río e incluso está permitido el baño en uno de ellos. Las cascadas de fondo lo hacen un baño particular. En España lo podemos asemejar a las Lagunas de Ruidera, pero con más encanto. Aunque no tanto como el Parque Natural de Plitvice, en Croacia también, que son mucho más monumentales. Pero quedan lejos de esta zona que estamos visitando. Powered by Wikiloc La vuelta a Split en coche es de una hora aproximadamente. Antes de buscar nuestro alojamiento, nos dirigimos a la playa de Kasjuni, donde nos dimos un baño fresquito. Es una playa situada al otro lado del Parque Marjan, un pequeño promontorio al oeste de la ciudad de Split. Llegaríamos a media tarde a nuestro alojamiento Rooms Secer (c/Ulica Petra Svacica, 10). Tres veces tuvimos que pasar por delante de la puerta para confirmar que ese era el alojamiento. De feo aspecto exterior, pero una limpieza y un trato exquisito interior. Con los consejos y recomendaciones de la «casera», porque alquilamos una habitación de un piso que parecía particular, cambiamos el coche de lugar y nos dispusimos a conocer la ciudad. Cena en el restaurante Fife para recargar energías y directos a conocer el Palacio Diocleciano. Perderte por sus estrechas y blancas calles, sus puertas de acceso como la puerta de Oro al norte. Gran ambiente y bonitos rincones donde parar y disfrutar de una ciudad con magia. Al salir de este laberíntico trazado urbanístico nos dirigimos al paseo marítimo o de la Riva para tomar un mojito y disfrutar de los fuegos artificiales que casualmente aparecieron en el horizonte del mar. Día 3. Hvar A la mañana siguiente nos esperaba el ferry de la empresa Jadrolinija para desplazarnos hasta la isla de Hvar. Un buen madrugón bien mereció la pena para disfrutar de las vistas del skyline de Split. La ciudad se alejaba ante nuestros ojos mientras surcábamos las aguas del Adriático. Poco más tarde de una hora llegamos al puerto de Stari Grad y de ahí con nuestro flamante Fabia llegamos a la capital de la isla, Hvar. La llegada no fue muy satisfactoria puesto que perdimos la excursión contratada, sin embargo tras varias gestiones conseguimos alquilar una barquita con un pequeño motor de 50cc para pasar el día en el mar. Y ahí que nos vimos de capitanes por la pequeñas islas que se sitúan frente a la ciudad de Hvar. Casi 20 km recorriendo islitas y parando a comer en calas. También echando el ancla y disfrutando de una buenas cervezas en algunos de los chiringuitos repartidos por esta bonita costa. O incluso practicando snorkel. Primero visitamos la parte trasera del Carpe Diem Beach Bar. Un poco de snorkel y continuamos para ubicarnos frente al Baccus Palmizana (isla que rodeamos para visitar su puerto al norte) y finalmente en el Tri Grede Bar. Este último es donde pasamos la mayor parte del tiempo, con aguas azules cristalinas, cervezas y buena comida. Toda una recomendación. Al atardecer, dejamos la barca para ir en busca de nuestra residencia de hoy donde nos trataron con una atención exquisita. Barko Rooms en la calle Kroz Burak, 99. Nos llamó especialmente la atención este tipo de alojamientos. Donde la gente alquila habitaciones de sus casas con su aire acondicionado, sus baños, cocinas e incluso patios. Es como alojarse en casas rurales. Muy recomendable. Por la noche, la ciudad de Hvar parece otra. Nos recuerda mucho a Split y Dubrovnik, pero más acogedor. Un paseo por sus calles, el puerto, la amplia plaza. Espectacular. Cena en uno de sus cientos de restaurantes turísticos, mojito y después fiesta en la discoteca Carpe Diem. Curioso lo de esta discoteca que se sitúa en una de las islas que visitamos por el día. En el precio se incluye, a parte de la entrada y una consumición, el traslado en barco hasta la isla. En definitiva un final de fiesta por todo lo alto, aunque aún nos quedaba un pequeño apéndice. Día 4 Playa Sveti El día de vuelta. Tocaba recorrer la isla de Hvar de punta a punta para coger el ferry en Sucuraj, en su lado opuesto. De esta forma conoceríamos de otro modo el resto de la isla. Interesante conducir por ella, pero llénate de paciencia, la carretera es muy sinuosa. 1:30 horas para 80km. El ferry, también de la empresa Jadrolinija, nos deja en Drvenik Volvimos al continente con la idea de disfrutar de la última playa del viaje. Cruzamos la frontera bosnia sin problemas y llegamos a Dubrovnik. Pasamos de largo la ciudad, para ir en busca de la playa Sveti, la de los croatas, lejos del núcleo turista. Llegar a ella no fue fácil. Nos costó encontrarla, y una buena sudada llegar a ella por su escalinata. Pero mereció la pena. Playa de piedras redondas y agua cristalina. Comimos en uno de sus chiringuitos disfrutando de bellas vistas a la ciudad. Perfecto para un fin de viaje. Solo quedaba volver al aeropuerto. En la misma playa hay duchas públicas para refrescarte. Te vendrá bien, hay una buena escalinata de salida para llegar al coche. Solo quedaba devolver el coche de alquiler y esperar el retraso de dos horas del vuelo, que fue compensado con la presencia de Luis Figo entre nosotros. Aquí os dejo el enlace con todos los lugares visitados en esta pequeña escapada. Necesitarás Google Earth para poder abrirlo. Ya sabéis que si tenéis alguna duda. Aquí estamos para ayudaros y recomendaros.

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Indonesia en 17 días https://moreocio.com/indonesia-en-17-dias/ https://moreocio.com/indonesia-en-17-dias/#respond Thu, 08 Aug 2019 13:00:24 +0000 https://moreocio.com/?p=2937 Indonesia, un archipiélago de más de 17.000 islas, de las cuales unas 8.000 están habitadas. Y en las que en nuestro viaje visitamos una decena de ellas. Es uno de los países con mayor biodiversidad del planeta y, por ello, un destino favorito para todos los amantes de las actividades al aire libre como nosotros. Situado sobre el «cinturón de fuego», Indonesia ofrece desde trepidantes trekkings en diferentes volcanes aún en actividad, a veces peligrosa; hasta inmersiones de buceo en los fondos marinos de coral más ricos del globo. Todo ello pasando por blancas playas de coral, profundas junglas vírgenes; y un enclave que siempre está entre los «top 10» del turismo mundial, como es la isla de Bali. Con más de 250 millones de habitantes, es el mayor país con población musulmana, una religión que profesan con tendencias muy liberales y que conviven con la minoría hinduista de la isla de Bali o la cristiana de la isla de Flores. Colonia holandesa hasta 1945, fueron los europeos los que dieron cierta homogeneidad administrativa a la infinidad de culturas existentes en todas estas islas. De gentes amables, hospitalarias, tolerantes y respetuosas. Indonesia posee precios muy competitivos en alojamiento y comida. Su devaluada rupia (1€=15.500 rupias) permite visitar el país sin mucho esfuerzo económico. Os contamos nuestra aventura. ¡Adelante! PREPARATIVOS Y RECOMENDACIONES PREVIAS Como ya sabéis, nuestro estilo de viaje no es, digamos, tranquilo. Queremos ver lo máximo posible dentro del escaso tiempo del que disponemos. Entendemos las vacaciones, no como descanso, si no como una oportunidad para empaparnos al máximo de todo lo que nos ofrece el país que visitamos. Es por ello que la política económica del viaje tiende a ahorrar gastos en los alojamientos, puesto que solo los utilizaremos para dormir (siempre con una higiene decente y adecuada). En beneficio de excursiones, desplazamientos y entradas; donde invertimos el mayor porcentaje de nuestro presupuesto. Para que os hagáis una idea. Gastamos más de la mitad del presupuesto solo en los vueltos de ida y vuelta. Un total aproximado de unos 2.000 € en los 18 días. En busca de la practicidad, decidimos llevar unas mochilas de unos 40 litros de volumen para no facturar y ahorrar tiempo en lo aeropuertos; amén de poder disponer libertad de nuestras manos para diferentes gestiones sin tener que desprendernos de nuestras pertenencias. Ropa que llevar Su situación sobre el ecuador, permite una temperatura que oscila entre los 22 y 30 grados, siempre hablando de la época seca en la que viajamos. No obstante, la ropa que usamos será muy variada. Desde una camiseta térmica y sudadera; hasta bañador, pasando por ropa de paseo. Esto es debido a que visitaremos playas y ciudades; pero también haremos trekkings nocturnos en lo alto de los volcanes donde las temperaturas bajarán de los 10 grados. Tampoco está de más algún chubasquero finito que haga las veces de cortaviento. Y para las playas blancas, pero de coral, es recomendable unos escarpines, aunque tampoco imprescindibles. No obstante, no os agobiéis, existen infinidad de lavanderías que por unos 17.000 rupias (1,20€)/Kg te lavan y planchan la ropa de un día para otro a la perfección. Y si se os olvida algo en casa, las prendas textiles allí son baratísimas. Monedas y tarjetas Respecto a la moneda. Nosotros usamos las tarjetas BNext y Revolut. Ambas «Visa» con las que puedes sacar rupias un número limitado de veces sin comisión de los cajeros indonesios. De esta forma, no es necesario realizar el cambio de divisas en ningún banco. Además, son tarjetas que puedes ir recargando desde tu cuenta corriente, por lo que si la pierdes o sufres algún infortunio, solo perderás el dinero trasvasado a dicha tarjeta. En Indonesia prefieren el pago en efectivo, así que intenta llevar al menos 1.500.000 rupias (unos 100€) en la cartera. Nosotros los sacamos nada más llegar al aeropuerto de destino. El máximo de dinero que puedes sacar en un cajero oscila entre 1.500.000 y 3.000.000 de rupias (unos 200€). Con el pago con tarjeta siempre te cobrarán el 3% de la cuantía a pagar. Seguro de viaje Siempre que salgas de España es muy recomendable, por no decir obligatorio, el tener un seguro de viajes. Nunca sabemos lo que nos puede pasar. Y ojalá nunca pase nada. Pero siempre da seguridad disponer de un chat médico, una asistencia en viaje o gestión de incidencias que nos saque de posibles apuros que nos puedan surgir lejos de casa. Si lo queréis contratar, pincha en este enlace de la empresa Mondo donde os harán un 5% de descuento. Teléfono móvil Es muy recomendable comprar una tarjeta SIM local para poder disponer de datos en tu móvil. Lo puedes hacer en el mismo aeropuerto, pero también hay cantidad de tiendas donde las venden en cualquier ciudad. Nosotros compramos la tarjeta de la marca XL con 8Gb por 46.000 rupias (3€) y así no tienes que depender del Wifi de hoteles y restaurantes. Hoy en día no somos nadie sin datos, merece la pena. Si en algún momento del viaje, necesitáis recargar vuestra tarjeta BNext o Revolut, y tenéis puesta la tarjeta SIM indonesa en vuestro móvil. Recordad que el SMS de confirmación de la transferencia llegará a vuestro número español. Simplemente debéis cambiar momentaneamente la tarjeta SIM española para poder recibir el código de confirmación de la transferencia.  Visado y medicinas Respecto al visado. Los españoles podemos entrar sin pagar visado hasta 30 días como turistas. Por tanto, solo necesitas llevar el pasaporte al día. No está demás ir a vuestro médico de cabecera con unos meses de antelación para indicarle sobre vuestro viaje y os recomiende algunas vacunas que deberéis tramitar por prevención. Transporte En Indonesia puedes desplazarte con los Grab o GoJet, son los «Uber indonesios». Puedes descargarte la aplicación en el móvil para hacer uso de ellos. Son más baratos que los taxis normales. Pero como en España, tienen una guerra abierta con ellos y en algunos lugares puntuales no les dejan acceder. En Ubud (Bali) vimos carteles que prohibían su acceso. También existen los taxis oficiales de color azul y nombre «Bluebird». Aunque nosotros lo que más usamos fueron los «drivers» o taxis privados. Si piensas alquilar una moto, es recomendable que te saques el carnet internacional en España. Cuesta unos 10€ y tiene validez de un año. Aquí puedes ver los trámites a seguir. Y ahora sí con estas recomendaciones previas… Nos lanzamos a compartir nuestra experiencia para que cojáis ideas de cara a vuestro propio viaje. O ¿quién sabe? Lo hagáis exactamente igual a nosotros. ¡Adelante! Día 1: Desplazamiento a Yogyakarta (Java Central). Miércoles, 10 de julio. Debemos tener en cuenta que usaremos al menos una jornada para desplazarnos los 13.000 km que separan España de Indonesia. Existen varias opciones de vuelos, siempre con escalas, para llegar al destino. Nosotros escogimos con unos cinco meses de antelación la ruta Madrid-Munich-Singapur-Yogyakarta. Con dos escalas, salía algo más económica. Unas 16 horas de vuelo en total, a las que hay que sumar las 5 horas de diferencia horaria y las horas de los trasbordos. Salimos un miércoles 10 de julio desde el aeropuerto de Barajas a las 7:10 para llegar a Munich a las 9:35 (poco más de dos horas de vuelo). Unas tres horas de escala para tomar el vuelo a las 13:10 destino Singapur. A Singapur llegamos a las 7:00  (6 horas más que en España, según el uso horario), ya del jueves 11 de julio. Lo que se traduce a unas 12 horas de vuelo. Y por último salida a las 8:20 destino Yogyakarta, para llegar definitivamente a las 9:30 (5 horas más que en España, según el uso horario) del jueves 11 de julio. Dos horas de vuelo. Día 2: Visita a Yogyakarta. Jueves, 11 de julio. En nuestro caso teníamos planificado visitar Yogyakarta a pie durante todo el jueves. Los lugares más interesantes de esta ciudad se centran en torno a la calle principal. Una artería que recorre de norte a sur toda la urbe. Para llegar al centro de la ciudad desde el aeropuerto, cogimos un taxi al que pagamos 70.000 rupias (4,80 €) La calle Malioboro es un hervidero de gentes. Los turistas se mezclan con los oriundos en esta avenida comercial con denso tráfico, tiendas por doquier y «becaks» (bicitaxis) aparcados esperando la demanda del viandante. Un poco más al sur de esta avenida se halla el Palacio del Sultán, que da acceso al Kraton. Es esta una ciudadela amurallada donde se encuentra el puro centro de la ciudad y que puede ser recorrida a pie. Allí podemos visitar el Taman Sari, o «Palacio de Agua» y disfrutar de sus estanques y canales. En el mismo recinto, en su parte posterior, unos túneles nos llevarán a dos mezquitas subterráneas Sumur Gumuling. Al otro lado del Kraton se halla la plaza Alun Alun, la cual es recomendable visitar por la noche. En ella hay dos árboles en el centro y la leyenda dice que si eres capaz de pasar entre ellos con los ojos tapados, es que tienes un alma limpia. Prueba. Para terminar el paseo puedes visitar la calle turística Prawirotaman y comer en el Warung Heru para empezar a tomar contacto con la comida local. Tras el largo paseo, debíamos dirigirnos a nuestro primer homestay del viaje. Griya BatikGiri Sekar Homestay. Una habitación privada dentro de una casa con baño-ducha privada, sin agua caliente (aunque allí el agua del tiempo es templadita). Día 3: Visita a los Templos Prambanan y Borobudur. Desplazamiento a Semarang. Viernes, 12 de julio. Amaneció pronto. Al estar en el ecuador el sol sale a las 6:00 y se pone a las 18:00. Doce horas de día y otras tantas de noche. La idea previa era la de usar transporte público para visitar los dos templos y luego desplazarnos hasta la ciudad de Semarang, al norte de la isla. Esto nos ahorraría costes, pero nos alargaría el tiempo de desplazamientos. Y, sinceramente, las dos jornadas anteriores fueron una paliza. Así que decidimos contratar un taxi privado para toda la jornada. A las 9:00 teníamos a Tomo, así se llamaba nuestro «driver», esperando en la puerta del homestay. Amable y simpático nos llevó directos al Templo Prambanan. Una media hora de coche. Allí decidimos comprar un ticket combinado para los dos templos que visitaríamos en la jornada de hoy por 630.000 rupias cada persona(40€). Tienes la opción de comprar un ticket para ver la puesta de sol en Borobudur; pero es más caro y no merece la pena. Fue una recomendación de Tomo, y acertó. Tomo nos explicó que en Borobudur, cuando empezase a caer el sol, nos situásemos en lo alto del templo; y que a medida que los guardias de seguridad nos fuesen echando, aprovechásemos para hacer las fotos con el sol casi en el horizonte. Así que, ya sabéis…  Candi Prambanan Pero volvamos a templo hinduista de Prambanan. En este recinto le dedicamos unas 2:30-3:00 horas. Nada más entrar te ofrecen café, té o agua y puedes coger un folleto informativo para introducirte en lugar. El Candi Prambanan es imponente. Disfruta de su visita, siempre y cuando los indonesios te lo permitan… Es muy curioso este hecho. Tanto en Pranbanan como en Borobudur, los oriundos te pedirán permiso para hacerse fotos con vosotros. Te sentirás como un famoso. Y ojo, que en el momento que accedes a la foto con un grupo, los de al lado estarán al acecho para tomarse otra foto con vosotros. Eso si no os las hacen «de estrangis». Según Tomo, nuestro conductor, las gentes se sienten orgullosas de que vayamos a visitar sus templos y deciden tener un recuerdo con nosotros. Curioso. Otros templos de menor importancia Tras disfrutar de este espectacular templo; en lo aledaños, sin salir del recinto, puedes visitar otros tres de menor magnitud. El más lejano está ubicado a unos dos kms de distancia. Puedes visitarlos andando, en trenecito o en bici. Nosotros alquilamos un tándem por 20.000 rupias (1,20€)...

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Diario de un viaje: Costa gallega y portuguesa en autocaravana. https://moreocio.com/diario-de-un-viaje-costa-gallega-y-portugesa-en-autocaravana/ https://moreocio.com/diario-de-un-viaje-costa-gallega-y-portugesa-en-autocaravana/#comments Thu, 25 Jul 2019 13:00:00 +0000 https://www.moreocio.com/uncategorized/diario-de-un-viaje-costa-gallega-y-portugesa-en-autocaravana/ Esta semana sacamos a la luz nuestro primer viaje nómada. Nuestras primeras vacaciones juntos. Desempolvamos todo lo que vivimos y planificamos en aquel viaje de hace ya cinco veranos. Queremos compartir con vosotros donde empezó todo. Ordenado por si alguno quiere coger alguna de nuestras ideas… o todas, ¿quien sabe? Es esta una aventura de dos personas con espíritu nómada e ilusión infinita. Unas personas ansiosas por conocer nuevos rincones y lugares desconocidos. Personas ávidas de libertad; que anhelan escapar de la rutina. En definitiva… Unos «agonías» que querían ver el máximo de lugares en el mínimo tiempo posible. Por ser tan larga la lista de anécdotas y vivencias, esas nos las guardamos para nosotros, me ceñiré a describir puntualmente el libro de ruta diario al que fuimos, casi, fieles. Indicando cada uno de los puntos visitados y lugares de pernoctación. Serán muchos los lugares a conocer, pero tristemente, también serán muchos los que pasaremos por alto, puesto que en un viaje de este índole es imposible detenerse en todos y cada unas de las ciudades de paso. Para ayudar a localizar y ubicar dichos emplazamientos, sería de gran ayuda descargar este archivo con todos los wayponits que sitúan cada uno de los sitios visitados. Para ello debes tener previamente instalado en tu ordenador el programa Google Earth Waypoints en el Google Earth Para ayudarnos a realizar esta enérgica, dinámica y compleja empresa; tuvimos que recurrir al alquiler de una autocaravana que nos permitiese llevar la casa a cuestas para agilizar nuestros desplazamientos. Así como también, de bicis plegables que nos facilitarían el acceso y callejeo a nuestras visitas en las ciudades seleccionadas. Avisos previos Atención, porque el vivir durante 12 días en un medio como este puede resultar tan satisfactorio como repulsivo, según la adaptación de cada persona. Una autocaravana requiere de paciencia; en las carreteras no pasa de 90-100km/h. Orden de objetos en su interior; por su reducido habitáculo. Y una autonomía energética/hídrica reducida; cada tres días parábamos a reponer aguas y disfrutar de aseos y servicios de campings. Ojo también con los lugares donde pernoctar o acampar; porque la libertad de la autocaravana es relativa, puesto que muchas ordenanzas municipales prohíben estas prácticas en lugares donde a nosotros nos pueden parecer ideales para aparcar o pasar la noche. No obstante, en el archivo con waypoints, sitúo todos nuestros lugares de aparcamiento de la caravana en todo el viaje. Los desplazamientos de unos lugares a otros, tampoco los describiré; con saber al punto que quieres llegar y tener un GPS actualizado es suficiente. Habrá casos en los que para llegar a un rincón deberemos transitar por carreteras rurales estrechas muy incómodas (sobre todo en Galicia) para la conducción de estos autos. Y en otras ocasiones salir incluso del asfalto, nada recomendado para este tipo de vehículos. Por lo que no estaría de más supervisar los desplazamientos en casa antes de ponernos al volante. Como última advertencia, es este un viaje que te permitirá conocer muchos lugares, pero en el que debemos tener en cuenta que el precio a pagar son muchas horas de carretera y donde el descanso se ciñe prácticamente a las horas nocturnas. Por lo que debemos también saber disfrutar de esos paisajes que nos ofrece la carretera, donde aprovecharemos para comer mientras conducimos. Tomadlo como parte interesante del viaje, mirando más allá del negro asfalto. Sin más dilación, os presento nuestro viaje resumido en imágenes, breves anotaciones y recomendaciones. Día 1: Viaje de ida. Viaje desde casa hasta el lugar de inicio de la ruta. En nuestro caso, toda una tarde entera de desplazamientos por carreteras, principales y secundarias, que nos sirvieron para conocer e intimar con Caracolito, como así bautizamos a nuestra autocaravana. El primer destino es la playa de las Catedrales. Como llegamos antes del ocaso, tuvimos tiempo de dar un breve paseo por sus acantilados, sin bajar a la playa por estar con marea alta. Y tomar una cerveza en el bar situado junto al parking donde pernoctaríamos. Día 2: Costa norte gallega. – Visita a la Playa de las Catedrales. Es imprescindible que se realice con la marea baja. También es necesario, llevar una autorización para el acceso. – Paseo en bici por la costa lucense, aprovechando el carril bici hasta la ría de Foz, con cervecita incluida. – Punta Estaca de Bares. Punto más septentrional de España. Con breve paseo desde su faro por un sendero. – Acantilados de Loiba. «El banco más bonito del mundo«. Ojo, para llegar se han de transitar carreteras locales muy estrechas. Es un lugar que cada vez tiene más visitas y a día de hoy (verano 2015) aún no está adaptado el acceso al volumen de turistas que cada vez es mayor. – Costa Cedeira. Acantilados A Capelada. Los más altos de Europa. Existen numerosos miradores que salen desde la carretera que asciende desde Cariño hasta este punto. Atento a la carretera. – Cruceiro de Teixido y Placa de la muerte de Leslie Howard. Se nos echa el tiempo encima y debemos llegar a nuestro destino final. Obviamos visitas del cuaderno de viaje. Noche en A Coruña. Día 3: Costa da Morte – Paseo en bici por A Coruña. Torre de Hércules, playa de Riazor, plaza de María Pita… – Malpica de Bergantinhos. Paseo por puerto y cervecita «Estrella Galicia» en la playa. – Muxía. Subida al cruceiro y visita al Santuario Virgen de la Barca. – Finisterre. El fin del mundo. Parada en su mirador, antes de llegar. Destino final del Camino de Santiago. – Ézaro. Desembocadura al mar en casacada más alta de europa. Para llegar aquí desde Finisterre, se recomienda el paso, sin parada, por Cee y Concubión. – Gran duna de Corcobeiro. Sí dunas… Como las de los áridos desiertos, pero en Galicia. Noche en la isla de Arousa en el Camping Edén. Día 4: Rías Baixas – Recorrido sin parar por la isla de La Toja y O Grove. – Istmo de la playa de La Lanzada, desde el mirador. – Santuario de A Lanzada. – Combarro. Bonitos Hórreos. Paseo con un buen Albariño. – Cangas del Morrazo, Aparcamos autocaravana. Abastecimiento de comida en supermercado para los siguientes días. Cogemos el barco de las 18:30, previa reserva, para pasar la noche en el Camping de las islas Cíes. El viaje no dura más de 45 minutos, y sirve como de antesala a la jornada de relax y paz que vamos a vivir las próximas horas. El camping es obligatorio hacerlo con reserva. No tiene puntos de luz, por lo que debéis llevar los móviles y demás objetos electrónicos cargados. Allí la gente lucha por coger un enchufe del baño; o en el mejor de los casos, tener sitio en el lugar disponible para cargar con tomas de luz (cobran por ello). Aunque sinceramente, os recomiendo que por un día intentéis vivir sin ellos. Merecerá la pena desconectar del resto del mundo durante una jornada en este lugar, que además invita a ello. Desde el embarcadero hasta el camping no hay más de un kilómetro de distancia pero unos carritos a disposición de los campistas nos esperan para aliviar el transporte de las mochilas. Allí hay un pequeño mercado donde comprar cosas básicas de higiene y alimentación. También un bar donde poder comer o tomar una cerveza. Lo que queda de tarde la usamos para para hacer el check-in, montar la tienda, asearnos y sentarnos a ver el atardecer sentados en el dique y cenar y tomar unas cervezas en la terraza del bar mientras jugamos al cinquillo… Día 5: Islas Cíes Es muy recomendable madrugar. Despertarse al amanecer. Todo el mundo que ha pernoctado en la isla aún duerme, y los primeros barcos no llegan hasta las 10:00. Es un momento perfecto para patear la isla, que en estas primeras horas está desierta. Sola para ti. Os recuerdo que esta isla pertenece al archipiélago que forma el Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia y permite tres rutas senderistas muy sencillas que bien merecen la pena recorrer en solitario. Al menos dos de ellas, antes de que empiece a poblarse de nuevo según avanza el día. Nosotros escogimos las rutas del Alto del Principe y del faro Peito, ambas hacia el norte. A la vuelta de nuestro paseo vespertino, el camping comenzaba a despertarse. Momento que aprovechamos para desayunar, hacer el check-out y visitar la afamada playa de Rodas. Esta en su día, fue nombrada como la playa más bonita del mundo en algunas listas internacionales. El Caribe en Galicia. La isla comienza a habitarse. Tras paseos por la orilla y descansos sobre la toalla. Es momento de comer (cuidado con las gaviotas), recoger los bártulos y para dirigirnos al embarcadero para decir adiós a esta bella ínsula, y sus amenazantes gaviotas. A las 17:00 partía nuestro barco de regreso a Cangas. Justo un día después de haber abandonado a «Caracolito», que nos esperaba con las despensas llenas para continuar nuestro camino. – La Guardia. Monte y Castros de Sta Tecla. Junto a la desembocadura del río Miño que hace de frontera natural con Portugal. Directos a Oporto para cenar y dormir. Ojo, cambio de hora (ganamos una hora de camino) Camping Orbitur Canidelo. Día 6: Oporto-Aveiro-Figueira – Oporto. De nuevo hacemos uso de las bicis plegables para acceder al centro urbano desde el camping por un bonito paseo por la ribera del río Duero. 7 kilómetros. La mañana la dedicaremos para tomar un vino Oporto en las bodegas con vistas al Duero en la avenida Diogo Leite, cruzar por el emblemático puente de Luis I, pasear por la transitada Calle Ribeira o callejear por las estrechas calles del barrio de pescadores. Rodar la comercial Rua das Flores. O visitar algunos edificios emblemáticos como la Iglesia de San Francisco, Capilla de nuestra señora de la Piedad, Iglesia de los Clérigos o la plaza de la Libertad. – Aveiro. La tarde la pasaremos en la «Venecia» portuguesa. Paseando por sus calles, disfrutando de sus cafés y helados. Y comprando un Oporto para seguir disfrutando se su sabor. – Figueira da Foz. La noche la pasamos aquí. Tocaba ya un poco arreglarse, cenar bien. Mojitos y discoteca. Día 7: Nazaré-Bahía de San Martín-Isla Baleal-Peniche – Nazaré. Paseo para ver el balcón, el faro y visitar la iglesia de Nazaré. – Bahía de San Martín. Peculiar playa con forma de concha con aguas tranquilas para descansar y comer. – Isla Baleal. Peculiar enclave con dos playas que crean un istmo que une a la isla de Baleal con la línea de costa. Playa surfera para tomar una cerveza, pasear por la orilla, visitar el istmo con su particular carretera y un breve paseo por la pequeña isla. – Peniche, de camino a Lisboa, sin bajarnos del coche, para ver sus murallas defensivas, rodar hasta su faro y volver a salir por uno de dos únicos pasos para acceder a esta minipenínsula. – Noche en Lisboa en el camping Lisboa. Separado de la ciudad pero muy grande con muchos servicios y línea de bus que da acceso al centro. Día 8: Lisboa Pasaremos el día completo en la capital de Portugal. En bus desde el camping hasta la parada de Belem. Allí un paseo para visitar el Jardín de la plaza del Imperio, el Mirador de los Descubrimientos, la Torre de Belem y la Iglesia de los Jerónimos. Comida en el Mc Donals (se estaba resistiendo). Y asaltar un tranvía, típico transporte de Lisboa, dirección Plaza del Comercio, a la zona centro. De nuevo, paseo por la plaza Figueira, café con pastel de Belem en una terraza de las calles centrales, visita al Mirador de Sta Justa, visita de las ruinas de la catedral del Carmo, plaza de Pedro IV. Rua Augusta para acabar en la plaza del Comercio, visitar la catedral de Se y tomar el autobús que nos lleva de nuevo al camping. La noche la pasaremos en un tranquilo parking de la localidad de Almograve, ya en la costa Vicentina, en el...

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Volcán de La Corona https://moreocio.com/volcan-de-la-corona/ https://moreocio.com/volcan-de-la-corona/#comments Thu, 27 Jun 2019 13:00:00 +0000 https://www.moreocio.com/uncategorized/volcan-de-la-corona/ Esta semana nos desplazamos de nuevo a las Islas Canarias. Esta ocasión visitaremos la volcánica isla de Lanzarote. Una isla que no deja indiferente a nadie. La isla de los volcanes del Parque Nacional de Timanfaya.  Nosotros, en nuestra búsqueda de salir de la rutina turística, evitamos espacios potencialmente turísticos para indicaros otros rincones menos conocidos, más solitarios, más reales… Muy cerca del afamado Mirador del Río se haya el Volcán de la Corona, que curiosamente es el culpable de los tubos volcánicos de los archiconocidos Jameos del Agua. Nosotros os proponemos una espectacular ruta por el Volcán de la Corona, en el norte de la isla de Lanzarote. Todo un viaje al centro de la Tierra. Intenso trekking por el filo de su cresta e increíble sensación la de estar en el fondo de su caldera.  Además, en las fechas que fue realizado, contamos con las afortunadas vistas de Lanzarote vestida de verde gracias a las inusuales lluvias de este invierno.      Partimos desde la localidad de Ye. El primer tramo desde la ermita de este pueblo hasta el cráter es de nivel sencillo, apto para todo tipo de público. Por un ancho camino, que se abre paso entre estos particulares viñedos, llegaremos a un punto donde aparentemente no hay continuación.  Tan solo tendremos que buscar un pequeño paso entre el muro que nos rodea y continuar la marcha, ahora ya por una senda, que sigue estando bien definida pero con un poco más de pendiente y algo peor el piso. Así ascenderemos hasta la parte más baja de la cresta de la corona. Una vez arriba, podremos disfrutar de las asombrosas vistas que nos regala esta pronunciada caldera. Hasta aquí llega la ruta oficial. Estaremos en el punto donde tomar varias opciones.    Deberemos decidir entre descender a lo más profundo de la caldera, bordear el filo del cráter o volver por nuestros pasos. Las dos primeras opciones son muy atractivas, pero requieren un buen nivel físico y una especial agilidad. A partir de aquí debemos tener especial precaución y ser muy consciente de nuestras posibilidades físicas. El blog no se hace responsable de los actos voluntarios que puedan llevar el seguir la recomendación que en adelante se relata. Nosotros decidimos descender primero y bordear, después. Aumentando así el nivel físico y técnico de la ruta.   Al bajar hasta el centro de la caldera deberemos tener en cuenta que el camino tiene un elevado porcentaje de desnivel y el piso está muy suelto de arenilla roja, lo cual dificulta la pisada al bajar y complica la subida por ser fácil resbalar. Habrá tramos para subir que posiblemente debas usar las manos. Pero la sensación de está ahí abajo divisando las paredes verticales desde lo más profundo del cráter no tiene precio.  Una vez de nuevo en el punto inicial, comenzamos a bordear la cresta. Antes de nada debes tener en cuenta que hay dos grandes peligros. Uno de desprendimientos al transitar por el filo de esta; y otro, el del característico viento de la isla, que puede desestabilizarte y darte algún susto si realizas este tramo muy cerca del borde. Además, no hay camino marcado como tal y deberás hacer campo a través guiándote por el propio filo de la cresta. Transitando por un piso bastante irregular con piedras magmáticas dispersas y líquenes que pueden hacer resbalar. Comenzamos la subida por la parte oeste (vistas hacia La Graciosa). La pendiente es muy inclinada si queremos ascender por el mismo filo del cráter, así que decidimos hacerlo separados de ella, para realizar un ascenso algo más progresivo.    Una vez en la arista, seguiremos en el sentido antihorario con numerosas aberturas a modo de balcones hacia el interior del volcán desde donde podremos observar cortados de más 100m de altura. ¡CUIDADO!  Siguiendo hacia adelante y mirando hacia la parte externa, iremos cambiando de paisaje constantemente. Primero La Graciosa, luego el valle de Guinate, Máguez y por último Arrieta y la zona de Jameos. En esta ocasión, tuvimos la suerte de disfrutar de un Lanzarote vestido de verde gracias al invierno tan húmedo de este año. En la parte más al sur de la arista del volcán estaremos en el punto más alto, 609 m de altura, la segunda más alta de la isla.    El camino ahora se hace más cómodo, ya con las vistas de la costa este. Pero el tramo más técnico está por llegar. Una vez pensamos que la vuelta ha concluido, llegarán los puntos más conflictivos.   Tendremos la opción de descender la ladera abajo para continuar el camino dando un rodeo mayor, pero evitando estos puntos conflictivos creados por una segunda arista del volcán.  Si seguimos fieles a la cresta llegará un momento en el que debemos descender escalando un desnivel que no llega a los 10m. ¡¡¡CUIDADO!!! Asegura bien el agarre o la pisada antes de apoyar tu peso, puedes quedarte con alguna piedra en la mano.  Una vez superado este peligroso punto, seguiremos con la referencia visual del punto inicial, aunque habrá un momento en el que ese punto desaparezca detrás de una pared.   A nuestra izquierda se presenta otro punto de escalada en esta nueva cresta que sale del volcán. Ahora habrá que ascender no más de 5m.  Al asomar la cabeza nos daremos cuenta de que estamos definitivamente en el descenso hacia el punto inicial. Ya tan solo quedará desandar los pasos por el sencillo sendero inicial hasta la localidad de Ye, echar la vista atrás y despedirnos de esta pequeña aventura.  

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