Garganta de Sta. María. Paso arriesgado.
SENDERISMO

Garganta de Sta María

En esta ocasión nos desplazamos hasta Candeleda para realizar una completa ruta de senderismo que nos adentra en las entrañas de la Sierra de Gredos de la mano de una de las múltiples gargantas de su ladera sur, la Garganta de Sta María.

Garganta de Sta. María
Garganta de Sta. María

Un recorrido de 15 km que acompaña el cauce por ambas vertientes, lo que permite dividir el trazado en dos sectores bien diferenciados. El primero de ida, siguiendo los primeros compases del PR-AV 46 del «Camino del Pto de Candeleda» y un segundo de vuelta por el sendero local «Camino de Pescadores».

Inicio

La salida la realizamos desde el mismo Puente Viejo que salva el mencionado cauce dentro del mismo núcleo urbano de Candeleda. Paralelos a su orilla, vamos dejando la garganta a nuestra izquierda. Tras un breve callejeo, abandonaremos la localidad por el Convento de las Hermanas Concepcionistas, donde se inicia camino del Puerto de Candeleda.

Garganta de Sta. María. Inicio de ruta.
Garganta de Sta. María. Inicio de ruta.

Los primeros metros se presentan duros, con una subida constante de unos 3 km por una pista que nos hará entrar en calor. En este tramo no disfrutaremos de otra cosa que no sean las vistas que surgen a nuestra espalda. Alguna parada para recuperar el aliento, y ver donde va quedando la localidad y la silueta del embalse del Rosarito, al fondo.

Una vez realizado este primer y principal esfuerzo del día, nos despedimos de la aburrida pista que gira bruscamente a derechas siguiendo el GR-180 del Valle del Tiétar. Nosotros nos desviaremos de frente, por el PR-AV 46 de la Trocha Real al Pto de Candeleda.

Garganta de Sta. María. Primeros tramos duros.
Garganta de Sta. María. Primeros tramos duros.

Comienza el espectáculo

Ahora sí podemos decir que comienza la parte interesante y bonita de la ruta. Donde, aún en altura, el paso ancho de la subida anterior se transforma en un bonito sendero que serpentea por la ladera inmerso en un bello robledal.

El silencio de la montaña queda roto por el sonido del cauce de la garganta bajo nuestros pies, aunque la densidad del bosque nos impide tener contacto visual de momento con él.

Al fondo, en algunos claros del bosque, sí que podremos divisar la línea que divide la sierra con el límpido azul del cielo. Allí, aún quedan algunos restos nevados de este duro invierno.

Garganta de Sta. María. Suaviza la cosa
Garganta de Sta. María. Suaviza la cosa

Al cuarto kilómetro de ruta el sendero comienza su descenso al fondo de la garganta. Una bajada leve en su inicio seguido de un tramo de varias zetas termina con el trazado en la misma orilla de la garganta.

Tramo junto al cauce.

Llevaremos poco más de 5 kms cuando, ahora sí, disfrutaremos de estrechos y verdes pasos junto al río, acompañando aguas arriba el trazado de este bonito lugar.

Garganta de Sta. María. Caminando junto al cauce.
Garganta de Sta. María. Caminando junto al cauce.

Unas piedras salteadas en un pequeño prado donde el agua parece ponerse de acuerdo con un pequeño salto, nos invitan a hacer una breve parada para tomar un pequeño refrigerio y recuperar energías.

Una vez recompuestas las fuerzas y el alma, por este bonito lugar e instante que nos regala la montaña, proseguimos el camino hasta llegar al séptimo kilómetro donde nos aguarda una bella sorpresa.

Garganta de Sta. María. La Puente.
Garganta de Sta. María. La Puente.

Un bello puente romano rehabilitado nos ayuda a salvar el cauce y trasladarnos al otro lado de la orilla. Estaremos en un lugar completamente estratégico donde los dos cauces de la garganta unen sus aguas para seguir su camino río a bajo.

Pero además es el lugar donde nos despediremos del PR-AV 46 que continúa su camino hasta lo alto del puerto con una violenta subida que nosotros obviaremos, dejándolo a nuestra derecha, para seguir el cartel del «Camino de Pescadores» hacia la izquierda que nos retornará al punto de salida.  Podemos decir que prácticamente estamos en el ecuador de la ruta.

Garganta de Sta. María. Zona de desvíos.
Garganta de Sta. María. Zona de desvíos.

Comenzamos la vuelta

Tocará ahora salvar el segundo de los cauces de este estratégico lugar, pero el puente no presentará tanta historia, esbeltez y estilismo como el que acabamos de dejar unas centenas de metros atrás.

Todo ello lo suplirá con una chispa de aventura, que servirá como tarjeta de visita para este segundo y «divertido» sector del camino.

Garganta de Sta. María. Paso arriesgado.
Garganta de Sta. María. Paso arriesgado.

(Si no os diese la suficiente confianza, siempre podréis visualizar un paso entra las piedras de la garganta en este estrecho vadeo)

Ya de vuelta, el sendero se torna juguetón, las marcas verdes y blancas del sendero local nos guiarán sin duda por un trazado que acompaña ya aguas abajo por la orilla opuesta a la que traíamos hasta el momento.

Garganta de Sta. María. Vuelta por la otra orilla.
Garganta de Sta. María. Vuelta por la otra orilla.

Un sendero estrecho que transita por una tranquila y llana vega que en ocasiones desaparece, obligando a transitar puntualmente por la abrupta ladera con algunos pasos que pondrán a prueba nuestro equilibrio, haciendo las delicias de los más pequeños del grupo (y de los no tan pequeños también).

En algunos de estos puntos, una cuerda nos facilitará el paso por lugares donde el piso puede estar húmedo y hacernos resbalar entre las amplias lanchas de granito que emergen bajo la tierra.

Garganta de Sta. María. Cuerdas para ayudar.
Garganta de Sta. María. Cuerdas para ayudar.

Descanso.

Aproximadamente sobre el km 10 hacemos la parada oficial en un pequeño rincón con vistas al agua, sentados en el fresco prado verde y al solisombra de algunos árboles.

Garganta de Sta. María. Descanso en un pradito.
Garganta de Sta. María. Descanso en un pradito.

Poco después de reanudar la marcha, la aventura nos vuelve a sonreír. Un regato baja ladera a bajo para verter sus aguas al cauce de la garganta y para salvarlo debemos cruzar por un divertido puente de cuerdas que pondrá a prueba nuestra agilidad y habilidad.

(Al igual que en el puente anterior, podemos visualizar algún paso sobre las piedras del regato para cruzar a la otra orilla sin necesidad de usar este divertido paso)

Garganta de Sta. María. Pasos divertidos.

El trazado comienza poco a poco a despedirse del agua tomando altura por la ladera para salir a una pista que asciende hasta el refugio Albarea.

Pero antes, el denso pinar hace acto de presencia y en un recodo de la garganta podemos disfrutar de una preciosa panorámica de todo el valle que estamos dejando atrás.

Garganta de Sta. María. Saliendo del cauce.
Garganta de Sta. María. Saliendo del cauce.

Tramo final

Una vez en la pista podemos seguirla hasta llegar a Candeleda sin problema de pérdida. Pero si queremos evitar este paso cómodo pero feo, podemos desviarnos en una de sus curvas en busca de un camino donde un cartel nos informa de estar cortado. No le haremos caso y seguiremos hasta toparnos con una puerta de una finca donde justo a su derecha aparece escondido un sendero que nos llevará de nuevo en busca del cauce.

Garganta de Sta. María. Llegando a Candeleda.
Garganta de Sta. María. Llegando a Candeleda.

Terminaremos así esta jornada por este escondido y bonito tramo que ya nos presenta a Candeleda al fondo y sus piscinas naturales bajo nuestros pies.

Terminará justo en ellas donde en verano suelen estar a rebosar de gente. Perfecto para el refresco de nuestro pies.

Solo queda ya callejear por Candeleda para volver al punto de partida que lo marcaba el Puente Viejo, y tomar unas buenas jarras de cerveza en la plaza comentando todas las anécdotas de la jornada.

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