El Banco.
VIAJES

Dolomitas. «Las montañas más bellas del mundo»

Para mí, de todos los lugares visitados hasta hoy, los Dolomitas son las montañas más bellas del mundo.

Siempre mantengo en mis conversaciones que «volver a un lugar ya conocido, es perder tiempo de conocer otros lugares desconocidos». Pero, como en toda regla, siempre existe la excepción. Y en este caso volvería una y otra vez a esta bella región del noreste italiano.

Ya en el verano del 2015 estuve por aquellos lares visitándolos con la bici. Me prometí volver. Y volví. Pero no solo. Ahora acompañado. Y con un objetivo mucho más romántico.

Dolomitas. "Las montañas más bellas del mundo"
Dolomitas. «Las montañas más bellas del mundo»

Os cuento como programé esta escapada sorpresa. Una visita fugaz a un lugar concreto. Val di Funes. Para mí, el rincón más bonito de las montañas más bonitas del mundo.

Preparativos

Afri no sabía nada. De hecho, pensaba que ese fin de semana viajaríamos a Cuenca… Pero ya había alquilado casi con un mes de antelación una Volksvagen California en el aeropuerto de Venecia.

La plataforma Yescapa permite el alquiler de furgos entre particulares. Era el lugar donde «pescar» el coche perfecto. Tuve la suerte de encontrar a Alessandro, propietario de una hermosa California. Muy amable y simpático que me facilitó mucho la planificación. Concretamos las condiciones del alquiler para recoger en el mismo aeropuerto «Marco Polo» de Venecia. Muy recomendable si queréis visitar Dolomitas en camper.

Aterrizamos en el aeropuerto, y allí estaba Alessandro esperando para entregarnos el vehículo. Media hora de explicación fue suficiente para ponernos rumbo a Val di Funes. Poco más de tres horas de viaje bajo la lluvia nos separaba del destino final en San Pietro.

Val di Funes.
Val di Funes.

Allí hicimos noche. Tiempo justo para buscar un lugar donde dormir sin molestar a nadie de cara a la jornada principal del día siguiente.

Val di Funes

Amaneció encapotado. Salimos de San Pietro en busca de la cercana localidad de St. Maddalena Alta, objetivo principal. Solo 10 minutos de desplazamiento para llegar «al lugar».

Un desayuno con vistas a la bucólica iglesia de Sta Maddalena, entre tranquilos prados ondulados y verdes. El fondo con los abruptos acantilados graníticos que caracterizan los Dolomitas. Energía repuestas de cara a un relajante paseo por el valle.

Desayuno especial.
Desayuno especial.

Muy cerca del inicio quedaba «El banco». El verdadero objetivo de esta visita exprés. Lo dejamos de lado mientras ascendíamos por un bonito sendero que recortaba el zig-zag de la estrecha carretera. A nuestra espalda aún quedaba el paisaje. Cada vez que volvíamos la cabeza, una explosión de belleza saltaba a nuestros ojos.

Paseo especial.
Paseo especial.

Por momentos el sol asomaba entre pequeñas oquedades de las densas nubes. Era perfecto.

Pronto llegamos al punto más alto. Nos sentamos en un nuevo banco y disfrutamos de las vistas. Impregnadas en nuestras retinas. El paseo se tornaba sencillo y fue «el momento».

Nervios y risas flojas en medio del paraíso. «Sí, quiero». No había lugar más bello. Solos los dos en medio de los Dolomitas. Rodeados de naturaleza pura. Paz. Serenidad. Belleza.

Fuente.
Fuente.

Nos introducimos en un tramo pequeño de bosque donde empezaban a caer regatos ladera abajo. Un pequeño zig-zag para descender hasta el pueblo donde globos con forma de corazón de una celebración ajena a la nuestra quedaban en nuestro paso. Todo un regalo del «karma».

El karma.

Las nubes que amenazaban lluvia, cumplieron tibiamente su propuesta. Debíamos recortar la ruta. Visitar la  iglesia y esperar en la furgo a que remitiese la lluvia.

El banco nos esperaba, con la botella de Champange que Alessandro nos había preparado para la ocasión. Y ahí, sentados ante la naturaleza, empezaron los primeros preparativos. Ilusiones.

El Banco.
El Banco.

Corvara in Badia

En Dolomitas, cualquier lugar es perfecto para patear. Miles de opciones teníamos en la cabeza, pero solo apetecía disfrutar.

Tomamos la furgo rumbo Corvara in Badia, lugar donde establecimos el «cuartel general» en el verano del 2015.

El valle de Gárdena es precioso… disfruta del trayecto como si fuese parte del viaje. Carteles de los Dolomitas nos confirmaban que estábamos allí, por si lo dudábamos.

Disfrutando del viaje.
Disfrutando del viaje.

Un pequeño desvío nos llevó hasta el Passo Sella. Precioso, imponente, espectacular. Sassolungo al frente. Y sus telecabinas sin estar en funcionamiento. Daba igual. Nieve perfecta para conducir y disfrutar del paisaje.

Passo Sella. Sassolungo.
Passo Sella. Sassolungo.

Volviendo sobre nuestros pasos, retomamos sentido hacia el Passo Gardena y la espectacular vista al valle de Corvara.

En esta localidad buscamos lugar para comer. La temporada de mayo es complicada porque ya no es de tiempo de esquiadores y aún no hace tiempo para el trekking o el ciclismo. La encontramos deshabitada. Pero pudimos comer y dormir la siesta con otras espectaculares vistas desde el ascenso al Campolongo y el Sassongher presidiendo la foto de postal.

Campolongo. Sassongher.
Campolongo. Sassongher.

Alleghe

Continuamos el rumbo hacia Alleghe, previo paso por Araba y Caprile.

Una cerveza en un kiosko antes de entrar a Alleghe nos permite tener una primera toma de contacto con su precioso lago. Debíamos cruzar la ciudad y a su salida desviarnos a la derecha para ubicar la furgoneta a la otra orilla del lago. Desde allí unas vistas impresionantes de la que denominan el pueblo más bonito de los Dolomitas.

Noche en Alleghe.
Noche en Alleghe.

Pasamos la noche con ganas impresionantes de que amaneciese para disfrutar de un apacible paseo por el perímetro del lago.

A la mañana siguiente, amaneció lloviendo livianamente. Pero las ganas de disfrutar del lugar pudieron a la lluvia. Chubasquero y paseo.

En sentido horario. Empezamos por la cola del pantano, cruzando su cauce por un adecentado puente. Aquí pudimos observar la bravura de sus aguas. Poco más adelante pasamos por el kiosko del día anterior para llegar a un bonito balcón cercano a la localidad.

Alleghe.
Alleghe.

El paseo por su orilla nos descubre una playa artificial preparada con sus hamacas y sillas para el disfrute del turimo. Pero hoy no era el día adecuado.

Salimos de la localidad, con el lago siempre a nuestra derecha donde algunos patitos se nos presentan en nuestra marcha.

Cruzamos de lado sobre la presa del lago para llegar a un lugar residencial que cruzamos para observa una de las mejores perspectivas del paseo con el lago, la ciudad y la imponente montaña de telón, escondida por las densas y bajas nubes.

Alleghe.
Alleghe.

Tras algo menos de dos horas de paseo, tomamos nuestro desayuno. Tocaba volver camino a Venecia.

En el recorrido, disfrutamos del paisaje donde poco a poco va desapareciendo la montaña.

Venecia

Llegamos a Venecia. Afri ya lo conocía. Yo no. Aparcamos en uno de sus parking privados (ojo 48€ por ser furgo por unas 4 horas).

Nos introdujimos en sus callejuelas en busca de la plaza de san Marcos. ¿Qué contar de Venecia? Tan bella como masificada. Me gustó, pero no me gustó. Aún en mente tenía la soledad y tranquilidad del Val di Funes y lago de Alleghe.

Venecia.
Venecia.

Una vez visitada la plaza de San Marcos, el puente Rialto, la galería de la Academia y demás lugares pertinentes…Nos perdimos adrede por sus calles. Ahí disfrutamos de verdad… de nuevo solos, en Venecia. Merece la pena. Calles cortadas, callejones sin salida. Canales.

Puente Rialto.
Puente Rialto.

Comimos en uno de sus restaurantes para seguir el paseo por la parte izquierda del Canal Principal. Siempre con el objetivo de salir de las calles principales. Cuanto menos gente veíamos, más bonita me parecía la ciudad.

Sinceramente no entraba en los planes del viaje. Pero… ¿por qué no? Y no me arrepentí a pesar de ello. Gracias Afri.

Galería de la Academia.

Quedaba el tiempo justo para recoger la furgo, limpiarla y entregarla a Alessandro en el mismo lugar de recogida. Pero allí estaba el propietario en horario adelantado. Furgo llena de depósito, pero no limpia. Una sonrisa recibimos a cambio de haber cumplido a medias lo acordado.

Un guiño pícaro y una pregunta «¿Tutto bene?». Todo bien, Alessandro. Gracias por tu complicidad. Volveremos.

El avión nos esperaba puntual para dar regreso a casa tras tres días y dos noches por el paraíso montañero italiano.

Hasta la próxima.
Hasta la próxima.

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